Junta a cuatro personas cuyo aspecto es digno de pertenecer a la versión más colorida de la Movida Madrileña, ponles un fondo rosa, rodéalos de zombies (o dinosaurios), mete el dedo en un cuenco lleno de sangre y escribe sus nombres en la pared: la portada de “Ópalo Negro”, el nuevo trabajo de Papa Topo, es así de bizarra (o un homenaje a los B-52’s). Tras realizar un examen exhaustivo del LP, en EQB venció la curiosidad a las dudas resueltas: no podíamos dejar de hablar con la persona que está detrás (y delante) de esta banda tan… ¿Extrañamente genial? ¿Genialmente extraña?

Fue un placer charlar con Adrià Arbona y una pena que no nos viéramos las caras: el abrazo estaba asegurado.

Empiezas a escuchar indie-pop a los 13 años (Camera Obscura) y, a raíz de eso, das con Elefant Records. ¿Qué significa para ti haber llegado a formar parte del sello que te ‘descubrió’ la música?

Cuando sucedió eso, cuando entramos en Elefant, no me lo podía creer. Para mí era como una meta inalcanzable porque yo era el máximo fan de Elefant en Mallorca: todos mis grupos favoritos estaban en Elefant, y mi sueño era llegar a estar allí, pero para nada me lo había planteado como algo real que pudiera suceder. Y, bueno, me acuerdo que al principio cuando colgué mis canciones en Internet nos escribió Guille Milkyway (yo era como súper fan de La Casa Azul) y me dijo que le gustaba mucho lo que estábamos haciendo y tal, y yo ahí ya me quedé flipando. Y después, al cabo de un año más o menos, nos escribieron de Elefant diciéndonos que querían ficharnos y, claro, yo me acuerdo de colgar el teléfono y ponerme a saltar de alegría; estaba que no me lo creía. Era como el sueño ideal, y para la música que hacíamos, no creía que hubiera un sello más adecuado para nosotros. Ahora, yo no contaba con tener ningún sello nunca, yo simplemente hacía canciones, las subía a Myspace, y ya está, era como un divertimento que tenía al salir de clase.

¿Y te pusiste mucho más serio cuando os ficharon?

Sí. Bueno, a ver: nunca nos hemos dedicado a esto profesionalmente, siempre ha sido un hobby más que nada. Pero sí, claro, tuvimos que ponernos mucho las pilas, ensayar mucho y, sobre todo, hacer que no fuera cutre porque al principio yo usaba cuatro cacharros que tenía en casa y juguetes de cuando era pequeño para hacer canciones. Lo pasaba fatal en directo [Risas], era bastante cutre, entonces tuve que ir trabajando en ello, y el grupo ha cambiado mucho desde entonces, somos más profesionales entre comillas.

Desde pequeño siempre he sido un poco outsider. He crecido sintiéndome diferente al resto.

La formación en sí también ha cambiado. ¿Qué supuso la marcha de Paulita?

Para mí fue un golpe duro. Papa Topo empecé siendo yo solo, después entró Paula y para mí ella era una cosa importante dentro de la banda porque yo me había quedado un poco en la sombra: hacía las canciones y los arreglos y todo pero era ella quien las cantaba casi todas. Entonces, claro, evidentemente cuando se fue se notó porque ya no estaba [Risas]… su voz, que era por lo que nos conocían muchos fans. Había mucha gente que relacionaba el grupo con su voz. Y, aparte de eso, Paula era una de mis mejores amigas y para mí fue bastante duro y chocante cuando salió: hubo un momento en el que estuve enfadado y triste por eso pero ya está, lo hemos superado ambos y ahora somos muy amigos. Y, bueno, además de ella también ha pasado mucha otra gente por el grupo que ha ido y venido: hemos tenido como 4 o 5 guitarristas diferentes, bajistas… de todo. Los que están ahora son los que más tiempo han estado, ya llevamos 4 años juntos y la verdad es que yo estoy muy contento con la formación actual.

La mezcla de la imagen de niños (¿traviesos?) que tenéis, junto al bizarrismo que desprendéis llega a tener un punto siniestro, rollo muñecos diabólicos. ¿Refleja tu personalidad?

[Risas] Sí, supongo que sí. Aunque eso era más antes, que tenía 16 años y me lo podía permitir más. Ahora tengo 24 y ya no somos tan niños… [Risas] no sé. Aunque seguimos teniendo ese toque un poco edulcorado, creo que cada vez es menos. Por ejemplo, pienso que el disco nuevo es ya mucho menos aniñado que otras cosas que habíamos hecho antes.

Pero se mantiene un punto importante, ¿eh? Para mí es parte de vuestra esencia.

Sí. Hacemos canciones que aparentemente son como muy tontas y naif y tal pero en realidad estoy hablando de cosas de mi vida que para mí son serias. Me gusta mezclar las dos cosas: una parte más oscura con una más infantil.

¿Podríamos considerarte un “Chico de Plutón” o más bien un «Monstre”?

[Risas] Desde pequeño siempre he sido un poco outsider, digamos. He crecido sintiéndome como diferente al resto, también porque mis padres eran muy hippies y tal: en mi casa no había tele, teníamos problemas en el cole… muchas cosas. Siempre me he sentido un poco fuera de la masa, por eso supongo que la canción de “Chico de Plutón” también es un poco sobre mí.

¿Y qué música has mamado en casa?

Mis padres escuchaban mucha música mallorquina, folk y eso, que es música que a mí me gusta mucho pero no tiene nada que ver con lo que yo hago. Ellos no me introdujeron en el indie ni nada, eso ya fue cosa mía a través de Internet.

Escuchándoos y viéndoos, se me viene a la cabeza que hay en vosotros una especie de ‘neomovida’. ¿Cuánta influencia ha tenido la Movida Madrileña en Papa Topo?

Mucha. Es una música que nos encanta a todos nosotros. Por ejemplo, somos muy fans de Alaska, Pegamoides, Dinarama, Fangoria… y otros muchos grupos de la Movida nos encantan. Nos hubiera gustado mucho vivir esa época, por eso también estamos un poco nostálgicos de una cosa que nunca hemos conocido.

Se nota. He visto fotos vuestras con Alaska y el nuevo hit de la banda, “Ópalo Negro”, es casi una oda a Fangoria. ¿Crees que es cierto eso de que ‘Dios los cría y ellos se juntan’?

[Risas] Sí, supongo que sí. Con quien más relación tengo es con Nacho Canut: hemos hablado bastante por Internet y tal, cuando hemos sacado disco se lo hemos dado… Eso al principio para mí también fue un poco chocante porque de repente me enteré de que Nacho Canut era fan de Papa Topo y fue como: “¡Woooow!”. No me lo podía creer. Y luego, hace poco Óscar y Sonia (bajista y guitarrista de Papá Topo) salieron en un videoclip de Fangoria porque justo coincidió que lo dirigía el mismo director que nuestro nuevo videoclip y estuvimos allí todo el día en el rodaje con ellos y tal. No somos súper amigos pero nos conocemos y guay.

Pasaste de “hacer canciones chorra para pasártelo bien” a que dichas canciones supusieran un hype tremendo en la escena. ¿Cómo lo viviste?
entrevista-papa-topo-septiembre-2016-2
Fotografía: Elefant Records / El Jueves

Yo empecé a hacer canciones para un novio que tenía: le escribía canciones en plan románticas con 14 años, en plena edad del pavo, y se las mandaba por Internet. Y cuando se me agotó el registro romántico catorceañero, ya empecé a hacer canciones de otras cosas: compuse “Oso Panda”, que para mí era una tontería, y de repente nos llamaron de la tele de Mallorca (una tele súper cutre que ya no existe o si existe es algo muy marginal) para ir a tocar allí en directo. Entonces como estábamos grabando la maqueta de esa canción, dijimos: “Venga, vamos a tocar “Oso Panda”, “Lo Que Me Gusta Del Verano” y “Robots”” (otra canción que sacamos más tarde).

Tocamos esas tres canciones allí, alguien colgó el vídeo de la actuación en Internet y a partir de eso empezó a visualizarse un montón, nos hicieron una caricatura en El Jueves y fue como un súper hype. A raíz de eso nos fichó Elefant, sacamos el videoclip de “Oso Panda”, y ya fue aún más hype. Más que nada fue como un fenómeno friki de Internet, no tanto a nivel musical. Luego sí que hubo gente que se quedó escuchándonos y tal, pero fue más una cosa de ese momento, de esa canción. Y claro, yo estaba flipando, de pronto teníamos 1 millón de reproducciones en YouTube. No esperaba nada esa reacción, pero bueno, lo pienso ahora y es normal: con las pintas que llevábamos en ese momento (yo iba con un casco ahí Beatle y Paulita con lacitos y no sé qué)… Éramos un poco pintorescos [Risas].

Yo te imagino en casa en plan: “¡¿¡¡¿Qué está pasando?!!?!”

Sí, sí, sí, estaba flipando [Risas]. Me acuerdo de estar ahí con taquicardia mirando en Internet diciendo: “¡¿Pero bueno?!”. Porque además, no es que la gente fuera amable y tal, había gente que se metía mucho con nosotros, cebándose un montón y para mí era como una cosa súper nueva y estaba un poco sufriendo. Pero bueno, ahora visto con perspectiva me parece divertido y me da igual todo lo malo que pudieran decir. No obstante, en ese momento me puse nervioso.

Algunos piensan que es un poco iluso, con la forma de escuchar música que hay hoy en día, apostar por el formato LP. Pero vosotros lo habéis hecho con 14 canciones y mezclando francés, castellano y mallorquín, ni más ni menos. ¿Qué opinión tienes sobre el tema?

Sí, la verdad es que en la época en la que estamos parece que tiene más sentido sacar singles y tal y no LPs porque la gente escucha canciones sueltas en Spotify y ve vídeos en YouTube, no escucha discos. Pero bueno, es un formato que a mí sí me gusta mucho, llevo muchos años queriendo hacerlo y estoy muy contento de haber creado algo más grande, con más unidad. Creo que es bonito poder escuchar un disco de principio a fin y verlo como una obra completa, no como canciones sueltas, pero entiendo que en los tiempos en los que estamos lo normal sería sacar singles.

Respecto a esas 14 canciones, según a cuál le demos al play, nos podemos encontrar desde un sonido clásico-romántico, hasta ska y punk, pasando por el italodisco y el jazz. El eclecticismo es evidente pero, ¿cómo salen de una misma cabeza cosas tan dispares?

Pues porque yo escucho muchísima música… Bueno, yo y los demás del grupo, escuchamos muchos tipos de música de todas las épocas y de todos los estilos, entonces queríamos que el disco fuera un poco el reflejo de nuestra manera de escuchar música que es así como todo mezclado. Cada canción se nos ocurría hacerla de una forma diferente y nos gustaba la idea de hacer una especie de colección dispar de cosas, es parte de nuestro estilo hacer cosas muy variadas. Es un poco raro e incluso un poco cortarrollos porque estás escuchando un tema súper disco y lo siguiente es una balada lenta, pero bueno, buscábamos ese contraste y por eso lo hemos hecho así.

Nos hubiera gustado mucho vivir la Movida. Estamos un poco nostálgicos de una cosa que nunca hemos conocido.

Si hay un tema que me llama especialmente la atención es “Lágrimas de cocodrilo”. ¿Nos explicas qué es eso de la Egiptosophia?

Yo empecé a estudiando filosofía (luego me pasé a composición). Entonces la canción habla de un profesor que tuve de filosofía aquí en la Universidad de Barcelona, que tenía un libro que se llamaba precisamente Egiptosophia. Cogí los apuntes de clase e hice una canción a partir de esos apuntes, básicamente [Risas].

Para terminar, ¿estáis contentos con la recepción del disco? ¿La gente se mueve al ritmo de los tambores del infierno?

[Risas] ¡Pues sí! Yo me he quedado flipando porque en los últimos conciertos había mucha gente cantando las canciones nuevas, incluso las que yo pensaba que nadie escucharía (las baladas y cosas así). Y sí, estamos muy contentos, hay gente a la que le ha gustado mucho y tal y en general la recepción por lo que nos ha llegado ha sido muy buena: mucha gente a la que antes no le gustaba lo que hacíamos, ahora sí. Y también hay gente que nos ha descubierto a partir del disco, que eso tampoco me lo esperaba.