The Spitfires debutaban el pasado año con “Response”, un trabajo que suponía la meta de un recorrido que había comenzado tres años atrás y que, a su vez, marcaba el comienzo de una de las trayectorias discográficas más prometedoras de las iniciadas en los últimos años en territorio británico. Con The Jam y The Prisoners como puntos de partida, siendo el primero el más claro referente, el cuarteto de Watford entregó un disco poderoso, intenso e inmediato que fácilmente evocaba aquel “In The City” que los de Paul Weller lanzaban en 1977. Se hacía manifiesto que tanto la música, como la temática de las letras y la propia voz de Billy Sullivan, líder del conjunto, remitían a aquellos muchachos que, hace más de tres décadas, habían abanderado el renacimiento de la cultura mod, una forma de proceder, un estilo y una actitud que fue acogida con devoción en el circuito underground de las islas británicas.

Un año después, The Spitfires demuestran que han llegado dispuestos a quedarse, que desbordan talento y que tienen mucho que decir. Premisas, éstas, que exhiben abiertamente en A Thousand Times, su segundo e inspiradísimo larga duración. Power pop de excelente factura repleto de matices estilísticos que aportan variedad al conjunto de temas. Estos epígonos del mod revival son conscientes de la extensa tradición musical que los precede, y no dudan en servirse de ella para enriquecer su estilo, haciéndolo diverso y dinámico, lo que no podía dar un resultado más satisfactorio. Despojados de cualquier prejuicio, Billy Sullivan (cantante, guitarrista y compositor), Sam Long (bajista), Matt Johnson (batería) y Chris Chanell (teclados), coquetean con el folk, el soul, el britpop, el punk, el pop barroco y con cualquier estilo que se tercie, integrándolos siempre en una forma de proceder identitaria que uniformiza el resultado final y define su propio carácter.

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“A Thousand Times”: recuperando el espíritu mod

Un álbum de power pop de excelente factura repleto de matices estilísticos que aportan variedad al conjunto de temas.

El crescendo de un ondulante sintetizador será el encargado de llevarnos hasta los primeros golpes instrumentales de este registro. Una llamada de atención explosiva y contundente para exponernos, a continuación, unas letras cargadas de crítica social y hastío adolescente al más puro estilo Weller. Temática que será la tónica general del compacto. Musicalmente, qué duda cabe, A Thousand Times tiene hechuras de éxito: melodías y coros extraordinarios, solos de guitarra sencillos y pegadizos, un uso sensacional de los teclados tanto en su papel melódico como percusivo (que resultan hiperefectivos); y un brillo general que impregna el conjunto para hacer de la pieza el mejor comienzo que podíamos esperar. Chris Chanell se erigirá protagonista enLast Goodbye, haciendo una interpretación magistral al órgano que, desde luego, no pasará desapercibida en absoluto. Las teclas seguirán con su derroche de energía  en  “Day To Day, el corte más punk del LP. Una batería poderosa y guitarras energizantes de ligera fragancia funky en determinados pasajes hacen de esta una composición esplendorosa que explotará irremediablemente, y para el deleite de los oyentes, en el extraordinario solo de guitarra que precipitará el final de la composición.

Llegado este punto cambiamos de tercio. Dejamos momentáneamente la electricidad para refugiarnos en la calidez acústica de Open My Eyes. Un tema reflexivo de marcada tendencia folk que, aderezado por un melancólico violín, nos muestra una vertiente estilística diferente antes de retomar el empuje con la britpopera On My Mind. Gran uso de la sección de vientos y un mejor estribillo para sacar a relucir la cara más pop de este ecléctico cuarteto que, si de algo saben, es de hacer canciones de rica instrumentación y alta destreza instrumental, abundante en matices y con un elevado sentido melódico. Y todo ello sin obviar los ganchos, que afloran en cada canción dispuestos a aferrarse a nuestros oídos para recordarnos constantemente que aquí hay valor y futuro para la música en general y la cultura mod en particular. Siguiendo con el desarrollo de las canciones llegamos al ecuador del álbum con So Long, la cual descubre estrofas con un órgano apremiante y cadenciosas guitarras que brillarán en todo su esplendor con la llegada del puente.

Despojados de cualquier prejuicio, coquetean con el folk, el soul, el britpop, el punk, el pop barroco y con cualquier estilo que se tercie, integrándolos siempre en una forma de proceder identitaria que uniformiza el resultado final y define su propio carácter.

Acto seguido nos topamos conI Don’t Even Know Myself”, una pieza acelerada de power pop ornamentada con unos teclados y sección de vientos de espíritu soul que nos retrotrae a los orígenes mismos del movimiento mod. Un ejercicio de estilo que salvan convenientemente. The Suburbs (We Can’t Complain) supone un dardo directo al ‘establishment’ británico. Una crítica social que trata el hastío y la falta de oportunidades que soportan los jóvenes británicos. Billy Sullivan muestra su descontento en la que es una de las piezas más sombrías del larga duración, pero no por ello menos pegadiza y coreable, pues su estribillo es un bombazo repleto de rabia apto para la comunión colectiva de los asistentes a las presentaciones en directo de la banda. Y sin dilación pasamos a una de las joyas del disco, Return To Me. Pop barroco suntuoso y emocionante que nos pondrá irremediablemente el vello de punta en cada escucha. Una vez degustados los arreglos de cuerda y, especialmente, mientras estos actúan como telón de fondo a un maravilloso solo de guitarra, no podremos sino reverenciar tan fastuosa hazaña. Imprescindible, de ahora en adelante, en cualquier lista de reproducción que se precie.

Como su propio título indica,On My Mind (Reprise) no es sino una escueta revisión del quinto corte del álbum. Probablemente un inicio alternativo de aquella composición que ahora se nos presenta con un esplendoroso inicio interpretado a capela y con armonías a varias voces. Un material demasiado bueno como para desecharlo, pero al que finalmente no se le ha sacado todo el provecho que se hubiera podido extraer. Aquí había material para una gran canción, sin embargo, The Spitfires no nos enseñan más que una pieza de minuto y medio que queda en tierra de nadie. A Better Life será el tema encargado de cerrar el álbum. Iniciado al amparo de una guitarra acústica, Billy Sullivan clama por una vida mejor para sus familiares, amigos, vecinos y compatriotas mientras la música va in crescendo hasta explotar en un puente coronado por una sección de vientos que ponen el broche dorado a una colección de canciones fascinante que no tardará en ocupar el tiempo que muchos dedicamos a la escucha de la música. Aquí hay talento, y no será demasiado extenso el período que ha de pasar hasta que The Spitfires se paseen por los mejores festivales europeos haciendo gala de un repertorio de los que crean legiones de seguidores.

The Spitfires – A Thousand Times

8.6 HOT RECORD

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Tras el éxito cosechado el pasado año por su primer álbum en los circuitos underground de Gran Bretaña, The Spitfires lanzan “A Thousand Times”, un álbum de power pop repleto de matices estilísticos que dan lugar a un trabajo diverso y dinámico, en el que sobresale particularmente su rica instrumentación, un elevado sentido melódico y un saber hacer musical apto para todos los paladares.

Up

  • El eclecticismo y la solvencia de una propuesta que ya sabe a clásico del mod.
  • El gran trabajo instrumental. No bajan la guardia en ningún momento durante las once canciones que contiene el elepé.
  • Son deudores de The Jam y se hace manifiesta su enorme influencia tanto en sonido como en temática, pero The Spitfires han conseguido labrarse una identidad que les es propia.
  • “Return To Me”. Una obra de arte mayúscula.

Down

  • “On My Mind (Reprise)”. Un gran material desaprovechado.