Tras seis años de silencio The Divine Comedy vuelven a publicar disco, “Foreverland. Supongo que el líder de la banda irlandesa, Neil Hannon, anda en ese punto en el que puede permitirse madurar un trabajo el tiempo que sea necesario para que éste termine impregnado hasta en el último de los rincones de su personalidad. En ese sentido, no encontramos nada novedoso en este nuevo trabajo y podríamos decir que “Foreverland” supone una maduración, en términos evolutivos, dentro del reconocible estilo musical de la banda. Una actualización o puesta a punto de la misma forma en la que las referencias vocales de Hannon (Jacques Brel, Scott Walker o Burt Bacharach) se ponían al día ‘rematerizándose’, sin necesidad de tocar nada que pudiera suponer un cambio en las reglas de un género que dominaban por completo.

“Foreverland”: Una puesta a punto de una fórmula que siempre ha funcionado a The Divine Comedy

Es fácil encontrar sonidos que hace veinte años resultaban novedosos pero ahora parecen parodias de una época. Esas melodías han terminado siendo como esas fotos que  la gente de cierta edad esconde porque no quiere que nadie vea la facha que lucía hace 20 o 25 años. El pop está lleno de ejemplos, que evitaré, y es en esa peligrosa línea que separa lo estrafalario de lo clásico, en el sentido de reconocible y reivindicable a lo largo del tiempo, donde The Divine Comedy se mueven como pez en el agua. Bien es cierto que la banda siempre ha contado con el toque de britpop que todo lo salvaba o justificaba. Es al diluirse el movimiento musical, casi a la misma velocidad de descomposición que las bandas que lo constituían, donde uno ve lo que era exactamente cada uno de sus integrantes. Los Gallaguer, Damon Albarn, Richard Ashcroft, Jarvis Cocker y demás personalidades entre las que podemos situar al estiloso Neil Hannon. Todos quedaron en cierta manera descubiertos y a toro pasado casi podemos asegurar que el solista irlandés fue de los más coherentes de aquella generación, quizás el mejor preparado para la fama, y puede que también fuera el que más se preocupaba por la música como arte más que como medio de ganarse vida. Quizás la frase que mejor resuma todo esto sea una dicha por Hannon hace unos años acerca de su situación dentro de la movida britpop: Ellos ganaron la batalla quizás, pero yo gané la guerra porque todavía sigo aquí.

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No encontramos nada novedoso en este nuevo trabajo y podríamos decir que “Foreverland” supone una maduración, en términos evolutivos, dentro del reconocible estilo musical de la banda.

Napoleon Complex da inicio al disco con una melodía muy similar al comienzo de “Baba O’Riley” aunque a los pocos segundos adquiera toques tropicales. La elegancia de la voz de Hannon, que recuerda en ciertos tramos a la de Bowie en “Young Americans”, nos cuenta todos los pros, y alguna que otra contra como el desmedido orgullo, de ser pequeño pero matón. Una especie de auto-homenaje, o auto-parodia, ya que el irlandés mide poco más de 1,70. Los primeros compases de viento y mandolinas de Foreverland” nos trasladan a una tierra soñada en la que un coro nos recibe leyéndonos el pensamiento: What are we looking for?”. Hannon enumera elementos naturales envolviéndolos de muchos sonidos procedentes de muy diferentes épocas, como si quisiera capturar toda la historia en un instante. Se vuelve más concreta la banda irlandesa en Catherine the Great. Hace unos meses me examiné de historia moderna y, aunque aprobé, creo que ahora no sabría ni ordenar los siglos. Supongo que es al añadir detalles cuando alguien o algo se torna memorable. Eso hace el cantante irlandés al omitir todo el proceso reformista que Yekaterina Alekséyevna llevó a cabo para centrarse, a golpe de melodías pegadizas, en la parte más delicada y romántica del despotismo ilustrado de la época. Tema con doble sentido ya que está dedicado a la pareja de Neil. Según el propio cantante, quería saber algo más acerca de su compañera (Cathy Davey) indagando en la figura de la célebre monarca rusa. Manteniendo el aire de musical del tema anterior, llega Funny Peculiar. Silbidos, notas de piano y rimas fáciles que dan forma a un adorable diálogo, gracias a la colaboración de la ya mencionada Cathy Davey (The Great). 

“Foreverland” es un contra-ejemplo de aquello de que la ‘la letra con sangre entra’ y su escucha supone, como suele ser habitual en los discos de The Divine Comedy, un agradable traspaso de conocimiento.

A ritmo de vals llega “The Pact, un pacto sellado con el minimalismo de un organillo de feria al que se van sumando gradualmente cuerda y coros para dar seriedad al tratado. Uno para todos y todos para uno, dice Hannon, auto-proclamándose invencibles: Together we’ll beat the bastards back”. Con un tono más actual, sin necesidad de cambiar de instrumentos, llega  To The Rescue”, en mi opinión, la mejor canción de “Foreverland”. Se trata de la confirmación, cambiando el tono pero no el mensaje, de ese pacto entre mosqueteros del que hablaba en el anterior corte: When nobody else will come you’ll come to the rescue”.

Las fanfarrias finales del rescate se transforman en los rebuznos con los que da inicio How Can You Leave Me, cuyo ritmo noventero, rozando lo hortera, se nos hace más antiguo que las canciones que nos transportaban a la edad moderna. De nuevo unos rebuznos finales, que sirven de paréntesis de la parte más estrafalaria del álbum, casi se solapan con los aplausos iniciales de I Joined The Foreign Legion (To Forget), una sencilla y nostálgica  canción  sobre la que flota una épica, y obvia por el título del tema, reminiscencia bélica. Aunque suene a nana entonada por Hannon, podría asustar si fuera cantada por un coro de tristes soldados de voz grave, a lo “Well Meet Again” de Vera Lynn. En plena búsqueda del olvido, llegamos a My Happy Place. Una especie de lugar de vacaciones, por lo leve que resulta su escucha, al que iríamos desde una localización temporal en el que todo goes to shit”

Referencias culturales que se entrelazan con las vivencias personales del propio Hannon situadas sobre una cuidada puesta en escena que, quizás en algún momento resulte agobiante o recargada, pero en el que siempre, como por arte de magia, queda espacio para contemplar la naturaleza.

Ritmo tropical al comienzo de la oscura A Desperate Man. Una gran letra a la que creo que no le favorecen esos tonos cálidos, a lo Beetlejuice, que resultan originales pero que no le dan la fuerza que habría tenido con un ritmo más primitivo, a lo “Bone Machine” de Tom Waits. Siguiendo con el ejemplo, una voz más gutural, menos luminosa que la de Hannon, habría transmitido mejor esa sensación de desesperación. Con aroma a blanco y negro llega Other People. Inicio de grabación casera, una que podría haberse escuchado en los tan recurridos contestadores automáticos de antaño, que se va sofisticando hasta transformarse en un envolvente sonido de orquesta. Uno de los temas más bonitos, inteligente y fría letra acerca de los celos, que termina con la sencillez y terrenalidad con la que empezó: And, eh, blah blah blah”.  Da cierre al disco The One Who Loves You, que sigue el abc que la banda irlandesa ha utilizado durante todo “Foreverland”. Melodía muy simple, poco más que un piano y un banjo, que termina recurriendo a la grandilocuencia que tanta declaración de amor requiere: “The one who loves you. Really, really loves you”.

“Foreverland” es un contra-ejemplo de aquello de que la ‘la letra con sangre entra’ y su escucha supone, como suele ser habitual en los discos de The Divine Comedy, un agradable traspaso de conocimiento. Referencias culturales que se entrelazan con las vivencias personales del propio Hannon situadas sobre una cuidada puesta en escena que, quizás en algún momento resulte agobiante o recargada, pero en el que siempre, como por arte de magia, queda espacio para contemplar la naturaleza. Horizontes lejanos, si uno tiene vista y sobre todo fe, en el que podría estar la soñada Foreverland

The Divine Comedy – Foreverland

7.3

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The Divine Comedy publican “Forverland” tras seis años de silencio. Sin salir de la zona de confort la banda irlandesa vuelve a hacer un muy agradable despliegue de pop barroco tirando de referencias culturales, teatralidad y estilo, aportado por la inconfundible personalidad de su líder, Neil Hannon.

Up

  • “Foreverland” es un disco efectivo que funciona desde la primera escucha.
  • Gran ejercicio lírico de Hannon en la composición de las letras, encajando a la perfección referencias culturales con las suyas propias.
  • Escuchar a The Divine Comedy sigue siendo muy entretenido gracias a sus cambios de ritmo o de registro dentro de un mismo tema. Por mucho que sea predecible o poco sorprendente, conociendo la trayectoria de la banda, se agradece esta teatralidad sonora.

Down

  • The Divine Comedy no abandonan la zona de confort. Quizás sea cierto eso de no cambiar lo que funciona pero creo que tras seis años de silencio Neil Hannon podría haber apostado más fuerte con un producto más rompedor.
  • Creo que “How Can You Leave Me” rompe con la conceptualidad sonora y quizás temática que había tenido el disco hasta su escucha. Supone una ruptura, un desenganche, mal ubicado dentro del tracklist del disco.