Hablar de las influencias de una banda puede resultar una tarea compleja. Por más que nos intentemos acercar al mundo de la persona que compone, a las posibles músicas que escucha o a los hechos que suceden a su alrededor, siempre nos quedaremos cortos. Son muchos los factores que provienen del exterior, pero mientras tanto, a nivel interno, cada uno lleva sus propios proyectos, sus propios cambios y todo en suma es lo que nos hace tomar unas decisiones y no otras. En definitiva, los seres humanos somos seres complejos y probablemente sólo mostremos al mundo exterior una cuarta parte de lo que somos. Es por esto que intentar adivinar la causa de la metamorfosis compositiva de Aaron Maine (frontman de Porches), o la de muchos otros artistas es –bajo mi punto de vista– una visión reduccionista del mundo del creador.

Quizá la gracia (o no) de los que nos dedicamos al mundo de las artes sea que nuestros cambios  y evoluciones quedan plasmados en aquello que creamos, a veces como algo inconsciente y a veces como un ataque de plena consciencia, decidiendo transformar nuestro estilo, nuestras formas, nuestros quehaceres y dar un giro de 180º.

En el caso del proyecto del neoyorquino Aaron Maine (a quien acompañan Kevin Farrant, Maya Laner, Cameron Wisch y Seiya Jewell), queda traducido en un cambio a nivel compositivo y de producción radical visible en sus dos últimos álbumes. “Slow Dance In The Cosmos” (2013) supone el cierre de una etapa que comienza con el inicio de la banda en 2010 y donde el rock, el folk e incluso la psicodelia marcan el estilo de este período.

«Pool»: Porches saltan al synth-pop

Durante estos años, EPs y singles dan voz a una banda que se interesa tímidamente en algunos de sus temas por la música electrónica pero que no acaba de adaptar este lenguaje a su producción. Sin embargo, es con “Pool” (2016) cuando todas las ingenuas pinceladas que se daban sobre unos mínimos cortes cristalizan y se da lugar a un cambio sustancial. “Pool” es directamente una pura producción electrónica y synth-pop.

“Pool”, primero de los trabajos de Porches en ver la luz bajo el sello Domino Records, ha sido mezclado por el productor Chris Coady, quien ha trabajado con grupos como Beach House, !!!, Santigold o Wavves, entre otros. En este segundo largo la banda da lugar a un escenario donde la tranquilidad ocupa el espacio. Las influencias ruidistas y las voces apesadumbradas son dejadas de lado a favor de un sonido puramente electrónico y dance pero que sigue acompañando a las letras de estilo directo que caracterizan a Porches.

Las referencias a lo acuático se presentan en varias ocasiones a lo largo del disco, algo que ya veíamos en su EP “Water”, donde encontramos algunas demos desarrolladas posteriormente en este “Pool”.

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Fotografía: Jessica Lehrman

En este segundo largo la banda da lugar a un escenario donde la tranquilidad ocupa el espacio. Las influencias ruidistas y las voces apesadumbradas son dejadas de lado a favor de un sonido puramente electrónico y dance pero que sigue acompañando a las letras de estilo directo que caracterizan a Porches.

Debido a estas referencias la encargada de presentar el disco es “Underwater”, un pequeño poema sobre lo delicados que son los momentos en los que te gusta alguien y quieres hacer las cosas bien, así como lo difícil que puede ser respirar cuando aquello que ansías no llega. Los sonidos que envuelven estas letras están cuidados al límite, no hay brusquedad alguna. Esta canción podría ser perfectamente la banda sonora de alguien que bucea tranquilamente en el mar en busca de pequeños tesoros.

Remarcando el ritmo a esta sonoridad llega “Braid”, en la que la ejecución seca de la percusión contrasta con unas voces arrastradas y ligeras que son protagonistas del tema. Aunque la voz de Aaron Maine es un elemento importante en sus canciones por la personalidad que aporta, a veces es más importante aquello que está diciendo que no la textura que emplea para decirlo. Es el caso de “Be Apart”, donde el texto refleja un cambio importante en su vida: el hecho de mudarse a Nueva York, de esperar el momento adecuado para hacerlo y, finalmente, entregarse a ello. En cambio, “Mood” muestra una voz que juega con las técnicas que conoce para reforzar el estado de ánimo que expresa su letra. Aquí, la sonoridad fría de la voz le sirve para hablar de aquellos momentos de ambigüedad en los que un amigo o pareja se ha enfadado contigo y no sabes por qué, mientras tú esperas que alguien te explique el motivo.

Aunque los versos de la segunda mitad del LP siguen moviéndose entre lo personal y lo emotivo, las canciones se caracterizan por mostrar esos acontecimientos o emociones de forma más concreta y a la vez abstracta.

De nuevo en “Hours” los elementos percutivos toman protagonismo mientras la voz sigue jugando con la emotividad y sensibilidad de quien piensa en la persona a la que ama en sus momentos de soledad. Siguiendo con lo personal, “Even the Shadow” es la encargada de reflejar la oscuridad  emocional desde la simplicidad lírica, sin excesos.

Como hemos visto, en la primera mitad del LP el tratamiento de lo personal y lo emotivo es algo recurrente en los versos de Porches. Aunque la segunda parte sigue moviéndose en esos planos, las canciones se caracterizan por mostrar esos acontecimientos o emociones de forma más concreta y a la vez abstracta. Ejemplo de esto es “Pool”, donde se compara la percepción del movimiento de la persona que es querida por alguien con el ‘slow motion’. El sentimiento es llevado al plano fílmico desde lo musical mientras que en “Glow” es llevado a lo visual. “Glow” es la muestra de una serie de pensamientos y cruces de palabras plasmadas en papel y presentadas a un espectador que desconoce qué ha sucedido. Los pensamientos abstractos hacen que el oyente pueda percibir un estado de ánimo, pero este queda vacío ya que no se dan detalles. “Glow” es como quien mira un objeto que brilla en exceso pero no es capaz de distinguir la forma del cuerpo debido al exceso de luz.

A pesar de abordar una sonoridad completamente diferente a la de sus trabajos anteriores, la buena producción y estructuración de los diferentes recursos que emplean Porches crea una sonoridad de calidad y un estilo homogéneo a lo largo de todo el álbum.

El juego entre la claridad total y el perfilado a medias sigue patente en las cuatro últimas canciones del disco. “Car” y “Security” muestran directamente en sus títulos de lo que hablan, mientras que “Shaver” y “Shape” tratan con segundas aquello que pretenden decir. “Car” es directa y simple en cuanto a significado. Maine piensa en el coche como lo que es, una máquina, pero una máquina que en ocasiones le permite huir de la ajetreada Nueva York en busca de tranquilidad. No obstante, “Shaver” y “Shape” se acercan a sus ideas de forma más abstracta, algo a lo que Maine, al igual que Greta Kline (Frankie Cosmos), recurre de forma habitual para expresar sus entrañas. Aunque musicalmente son canciones que transmiten esa paz que caracteriza a “Pool” mediante ritmos andantes y sintetizadores elegantes, en el caso de “Shaver” al final sorprende un solo de saxo a modo de free-jazz que rompe con la sutileza que entrega esta nueva forma de producir de Aaron Maine.

Finalmente, tras habernos mostrado algunas de sus inseguridades y emociones, Maine acaba declarando que lo único que necesita es un poco de seguridad. “Security” es la encargada de demostrarnos que al fin y al cabo siempre andamos buscando un lugar en el que sentirnos bien.

“Pool” parece demostrar que Aaron Maine se siente seguro con este cambio de producción musical. A pesar de abordar una sonoridad completamente diferente a la de sus trabajos anteriores, la buena producción y estructuración de los diferentes recursos que emplea crea una sonoridad de calidad y un estilo homogéneo a lo largo de todo el álbum. Su música desprende una sensación de paz idónea para abordar temas emocionales a partir de pequeños poemas que a veces son directos y otras veces juegan con la vaguedad del lenguaje para mantener la tensión.

Porches – Pool

7.9

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Porches abordan en “Pool”, su último largo, un estilo al que antes se habían acercado tímidamente. Cierran con este álbum una etapa que comenzó en 2010 y donde el rock, el folk e incluso la psicodelia marcaron su estilo musical para dar paso a la electrónica, utilizada para seguir poniendo música a las letras breves y directas, y en ocasiones abstractas, que caracterizan a la banda neoyorquina.

Up

  • Producción delicada y elegante que da lugar a un estilo cuidado y minucioso.
  • Expresión de sentimientos, emociones y sensaciones mediante letras breves que parecen poemas.

Down

  • En ocasiones las letras se manifiestan de forma muy abstracta, haciendo que el oyente se pierda en el mundo personal que expresa Porches.
  • Quizá los seguidores de Porches que comenzaron con ellos en sus inicios consideren el cambio estilístico como algo demasiado diferenciado respecto a su lenguaje inicial.