Cuando Bastille empezaron a publicar sus singles entre 2011 y 2012 llamó la atención que la formación británica fundamentara su sonido en la construcción de una precisa percusión basada sobre todo en beats electrónicos y pusieran en un tercer plano (después de las modulaciones vocales) los instrumentos clásicos de una brit-band tradicional. Esto demostraba que Bastille como tal fue un concepto cuyo desarrollo estaba ligado casi exclusivamente a su alma mater, Dan Smith. El londinense empezó una aventura musical desde su cuarto y fue tras la concepción de los primeros temas cuando se añadieron los demás miembros de su banda vinculados, eso sí, a la visión de Dan como músico y a sus influencias musicales y audiovisuales, omnipresentes en cada publicación del conjunto.

«Wild World»: La épica de lo genérico

“Wild World” sigue una temática bastante oscura, casi conspirativa sobre los desajustes del mundo, los centros de poder y en cierto modo presenta parajes apocalípticos (no a nivel paisajístico sino anímico).

No se le escapa a nadie que para muchos Bastille fueron sobre todo un ‘hit’: «Pompeii. El primer corte de “Bad Blood” sonó en radios y festivales durante casi todo el 2013. A pesar de ello, se encontraban constantemente a medio camino entre el éxito global y la reliquia teen-hipster gracias a su pose y referencias culturales. Este último estadio se alimentaba también de sus interesantísimos mixtapes de versiones “Other People’s Heartache”, del que lamentablemente sólo trascendió una escueta tercera parte que no incorporaba las fusiones entre bandas sonoras, extractos de películas, series y colaboraciones del nivel de Kate Tempest, Rudimental o Gabrielle Aplin. Pero sí contó con otro ‘hit’ en forma de cover que era “Of The Night. Como puede verse, Bastille han sido mucho más que “Pompeii” para aquellos dispuestos a indagar en sus lares.

El primer disco de los londinenses encajaba bien en su conjunto, era dinámico en su ejecución y formas, pese a tener una estructura interna muy obvia y marcada. Estribillo que despega con fuerza después de una breve pausa, momentos instrumentales sin mucha variación… Eso los hacía una banda fácilmente adaptable a grandes recintos pero a la vez, gracias a la sensibilidad de la mayoría de sus piezas y a su facilidad de adaptarse en acústico, también han ofrecido interesantes versiones que reconfiguran la intimidad de las composiciones. Pese a ello, regresan con “Wild World” con una evidencia explícita de esta fórmula, con el subtexto de querer sonar más contundentes y duros, menos etéreos y más agresivos reformulando los acompañamientos instrumentales, que suenan menos agudos y más variados que en el primer disco. Los londinenses tienen claro su público y quieren asegurar su posición en el cartel de los festivales de medio mundo, y verdaderamente consiguen contentar a ambos: canciones para catapultar una arena y un imaginario sobrado de filtros lo-fi.

En esta ocasión Dan Smith se ha refugiado en una temática al estilo Black Mirror como hilo conductor de las historietas que transcurren en un mundo deshumanizado y alienado por la tecnología, en el que se trazan claroscuros basados en las distintas visiones que el cantante aporta de él.

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Fotografía: http://diymag.com/

Bastille dejan claro que prefieren recorrer matices oscuros y dramáticos a nivel temático y contraponerlos con unos ritmos posesivos e ambiciosos.

Apertura que ya nos resulta conocida por parte de “Good Grief”, el primer single de adelanto del disco que tanto ha sonado en su gira de calentamiento. Destacan su abrupta percusión y un juego de bajo con el que los británicos poco habían investigado anteriormente, quizá el regreso de la sonoridad groove este 2016 ha influenciado en ello. La canción conjuga los ingredientes clásicos de Bastille con un nueva fórmula instrumental, más épica y menos contenida que la mayoría de temas de aquel ya lejano “Bad Blood”. Algo similar sucede con “The Currents”. Pese a que recuperan las cuerdas orquestales con las que conmovieron en “Oblivion”, ahora parecen más interesados en plantearse el preciosismo en pro de cierta agresividad. Dan Smith confía en una percusión constante para sacudir estadios pero a la vez introduce el fragmento de “Make Mine Freedom” a favor del mensaje conceptual del disco.

An Act Of Kindness” tiene un inicio mucho más interesante que sus predecesoras. Jugando a un efectismo lejano, un piano y una percusión muy unidas provocan la atención directa hacia el campo de batalla. Busca claramente más un estado a partir de los efectos y los juegos sintéticos/vocales en lugar de regresar abruptamente al patrón clásico de subidón-estribillo que han explotado antes. Su letra prosigue con el sentimiento de culpabilidad al no quedar saciado por un acto de bondad. Dan se refiere aquí a la bondad que aparece en situaciones oscuras con la que a veces parecemos no tener suficiente. Esta atmósfera se condensa también en “Warmth”, una de las primeras piezas con la que los británicos empezaron a trabajar para determinar el sentido de “Wild World”. En ella la importancia reside en el llamamiento hacia una distracción de raíz amorosa tras la desesperación ante el “Wild, wild world”.

A pesar de que Bastille nos prometieron que podrían tener una voz prominente dentro del panorama global, regresan con un disco que a un servidor le resulta decepcionante por momentos de lo monótono que es.

Bastille dejan claro que prefieren recorrer matices oscuros y dramáticos a nivel temático y contraponerlos con unos ritmos posesivos y ambiciosos. Así lo precisan en “Glory”, que de nuevo juega las cartas clásicas de los londinenses: sintetizadores a juego con cuerdas orquestales y una voz hipersensible. Dan evoca ahora con cierto desaliento un recuerdo de juventud, una noche solitaria con una botella que va mano en mano. Por primera vez en todo el disco se muestra más atrevido en cuanto al tratamiento de su voz, y eso favorece al track, que necesita reanimar un poco un LP que de momento va pasando sin causar mucho impacto. Y así sigue, puesto que empezar a escuchar “Power” es detectar de nuevo el ‘patrón’ con el que han compuesto la mayoría de las canciones de “Wild World”. Pese a que ahora la fórmula resulta más atractiva y popera, la canción carece de elementos propios. Se funde (quizá demasiado) con el resto, pasando sin pena ni gloria.

Más melancólica y desnuda se presenta “Two Evils”, completamente a guitarra y voz. Y ahí es donde juegan para ganar. Claramente no están inventando nada nuevo pero con mucho menos son capaces de transmitir mucho más. Realmente a partir de ahora el disco parece partirse en dos y empezar un recorrido más atrayente y variado. Tenemos, para empezar, “Send Them Off!”: colosal, grandilocuente, épica. El juego de vientos incrementa exponencialmente la epopeya liberadora que canta Dan. Bien ubicada se encuentra “Lethargy”, que tras “Send Them Off!” consigue mantener el pulso, volviendo a la zona de confort de los británicos que ahora se desenvuelven en terrenos más brillantes, coloridos y en cierto modo eufóricos. Temas como este consolidan un cierto estilo ‘barroco’ por la cantidad de elementos y cambios que incorporan en la canción y a la vez dejan ese gusto de boca del ímpetu que transmitía aquella primeriza “Things We Lost In The Fire”.

Falta voluntad de innovar, pero de verdad. No basta con poner cuatro samples o efectos de apariencia más radical. Es fácil acomodarse a los moldes y más cuando uno está bendecido por las radiofórmulas británicas.

Como comentábamos antes, “Wild World” sigue una temática bastante oscura, casi conspirativa sobre los desajustes del mundo, los centros de poder y en cierto modo presenta parajes apocalípticos (no a nivel paisajístico sino anímico). Este imaginario ha sido bastante relevante en ambos discos de Bastille, pero sin duda es en este álbum en el que se han recreado más en esta visión dramática y casi alienada del mundo. Así se cristaliza en “Four Walls (The Ballad Of Perry Smith)”, que se inspira en el famoso asesino para retratar la sensación de una pena capital, de encarcelamiento entre cuatro paredes sabiendo que el desenlace será la cuerda. Llamativa puesta en escena instrumental al final, que se acerca a los ritmos contemporáneos, más desnudos y apoyados en beats electrónicos, solamente contrastados por una entristecida guitarra que invoca el sample de Changing (1971), película que también relata el distanciamiento de los cánones individuales occidentales. Con determinación entra “Blame”, cuya percusión es capital para prefabricar cada estribillo. De nuevo otro tema ‘prêt-à-porter’ que sin duda hará las delicias de cualquier selector de la BBC Radio 1.

Un poquito más específica es “Fake It”, cuya letra habla del intento de ser feliz en una relación amorosa que, por otra parte, es totalmente ficticia. Muy conectada con “Flaws” (no por sonido sino por temática), ahora Dan pide que se ignoren los defectos del pasado y se intente empezar algo a pesar de que todo está totalmente muerto. A nivel instrumental la canción se desenvuelve en un terreno más cauteloso, sin grandes saltos ni gritos (pese a que de nuevo tenemos el incansable toque de percusión seguido del estribillo mucho más subido). Con reminiscencias más épicas resuena “Snakes”, una composición de arena cuyos ingredientes ya nos suenan familiares (percusión, voz y coros modulados, samples…).

La encargada de cerrar “Wild World” es la poco esperanzadora “Winter Of Our Youth”, en la que Dan canta a lo incierto del futuro cuando uno se da cuenta de que se está haciendo mayor. Nostalgia, soledad… Todo se funde en otra canción que no aporta nada significativo y que deja una sensación de haber escuchado un disco muy transparente, sin profundidad alguna salvo en escasas ocasiones. A pesar de que Bastille nos prometieron que podrían tener una voz prominente dentro del panorama global, regresan con un disco que a un servidor le resulta decepcionante por momentos de lo monótono que es. Falta voluntad de innovar, pero de verdad. No basta con poner cuatro samples o efectos de apariencia más radical. Es fácil acomodarse a los moldes y más cuando uno está bendecido por las radiofórmulas británicas.

Que Chris Martin esté tranquilo porque parece que se está alzando su nuevo sucesor.

Bastille – Wild World

5.7

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Dan Smith y los suyos vuelven con un disco que no acaba de despuntar nunca más allá de la ambición de estadio. Pese a ciertos momentos de encanto, el disco aprueba pero es peligrosamente genérico y de duración absurdamente excesiva, sin ganas de profundizar duramente en los temas ni hacer experimentos sonoros, por lo que podría haberse reducido a la mitad. Que total, las radios sólo quieren los cuatro singles.

Up

  • Las buenas letras de algunas piezas contrapuestas por la sonoridad de ‘hit’, enfrentando melancolía con euforia.
  • La inclusión de spoken words de películas para determinar una cierta ‘estética propia’ y, a la vez, resaltar el significado de algunas canciones.

Down

  • Que el disco sea tan genérico, pudiendo haber sido mucho más atrevido y agresivo gracias a su temática.
  • Que sea tan evidente que casi todas las canciones están talladas bajo un mismo patrón formal.
  • La temática del disco daba para muchísimo más, pero también es de cliché ‘posturil’ fácil. Y eso no sólo se nota en los cambios abruptos de temática entre canciones, también en la disparidad estética de los videoclips, o lo poco que ha tenido que ver la campaña promocional del disco con lo que ha sido todo al final.