Fotografía: Blue Indigo Studio

Tras una primera edición absolutamente memorable y sorprendente que les llevó a alzarse con el galardón de ‘festival revelación’ en la última edición de los Premios Fest, era obvio que el Fuzzville había agotado el factor sorpresa a la misma velocidad con la que rascan sus guitarras los grupos que acoge su cartel. Ya no valía el jiji-jaja, ni el asomarse a ver qué se cuece (nunca mejor dicho, menuda calóh), la sensación era la de que todos los que asistimos a esta segunda edición del festival teníamos clarísimo que lo queríamos pasar muy bien. Aunque fuera tu primera vez en el festival, montar un fiestón increíble para despedir el verano era lo mínimo que le podías pedir a este Fuzzville!!! #2.

JUEVES 8 DE SEPTIEMBRE: WELCOME PARTY

El jueves arrancó algo perezoso y, al igual que en la primera edición, esta especie de evento inaugural no congregó a un número demasiado grande de asistentes, lo cual responde a las obligaciones, sobre todo de tipo laboral, a las que los fuzzvilleros debían hacer frente al día siguiente. En cualquier caso, tampoco podemos decir que aquello fuera un cementerio, ni mucho menos. Un poco más tarde de las 22:30 arrancó el glam-punk de los Slick!, una de las bandas a las que más ganas tenía de hincar el diente. El hecho de que este año los conciertos se celebraran en el piso de abajo de la RockStar me pilló totalmente por sorpresa, el despiste me costó perderme la primera de las actuaciones de la noche. El mal sabor de boca se me quitó en cuanto arrancaron los Big Tits, a los que sucedieron Apache. Los tres grupos procedían de San Francisco, no se trataba de ninguna casualidad, sino que se debía al hecho de que el trío de bandas estaba formado por exactamente los mismos miembros que intercambiaban sus roles dependiendo del nombre bajo el que tocaran. Lo más reseñable de la velada lo pusieron Big Tits (se llaman así cuando Joey Genovese deja la guitarra y coge un micrófono) con el vocalista animando al público a bailar su encendido power pop. Sólo puedo decir que “I Like It a Lot”.

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VIERNES 9 DE SEPTIEMBRE

Amanecía el viernes y lo que pedía el cuerpo era pasar la resaca cerveceando en la playa (sí, esto también forma parte de la programación del festival). La Disco KM abriría sus puertas esa misma tarde con unos más que aceptables Las Señoritas Estrechas. Tras una vuelta de reconocimiento por el Fuzzmarket para conocer la amplia y jugosa oferta de merchandising, LPs, singles y demás joyitas, tocaba coger un buen sitio para ver a La Luz. Me sorprendió sobremanera la temprana ubicación de las de Seattle en la programación del viernes. La organización me aclaró que aquello respondía a motivos concernientes al estilo más o menos reposado que practicaban las muchachas. Lo cierto es que, en mi opinión, hubieran funcionado como un oasis maravilloso entre tanto raca-raca a eso de las 22:00 de la noche. En cualquier caso, sería estúpido manifestar la más mínima queja sobre la actuación de la banda. Inaugurar el escenario grande no era empresa fácil, pero Shana, Marian, Alice y Lena reunieron a un gran número de audiencia que no quiso perderse la que prometía ser una de las citas de la noche. Y lo fue. La cadencia surfera de toques psicodélicos, la superposición de voces con un sonido casi cristalino y una contundencia en la sección rítmica que no me esperaba para nada hicieron del concierto de La Luz el momento mágico del día. La girlband fue capaz de mezclar con gracia su cara más clásica y cincuentera y de pisar de vez en cuando el pedal de distorsión tal y como Ty Segall les ha enseñado durante la grabación de su último disco. Aún se nos estaba cayendo la baba por lo que acababan de hacer La Luz cuando empezó a tronar en el escenario Rufusville gracias a los primeros acordes de Aliment. La verdad es que apenas pude disfrutar de los últimos minutos del show de los catalanes ya que buena parte del tiempo durante el que maltrataron sus instrumentos lo pasé en el backstage realizando una entrevista a La Luz que pronto será publicada.

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Fotografía: Blue Indigo Studio

Esperaba algo más de Spray Paint, o quizá algo distinto. Soy el primero en disfrutar de grupos oscuros de post-punk, pero me temo que en su directo todo parecía demasiado calculado en comparación con el desparpajo y dinamismo propio de las bandas de la villa del fuzz. Todo lo contrario a lo que ocurrió justo después en el escenario pequeño sobre el que actuaron Las Venas. Un público que abarrotó el recinto, totalmente entregado a un enérgico punk sin pretensiones, pero que cumplió de sobra con lo que se espera de una banda del Fuzzville. Pero ojo, eso no quiere decir que si no tocas punk o garage no puedes triunfar en este festival. Que se lo digan a La Luz o a los propios Giuda. Su glam de querencia hardrockera convenció a buena parte del respetable para acudir al ya conocido como ‘escenario sauna’ a sufrir un poco. Los italianos ofrecieron un concierto inmaculado; seguramente no sean los primeros en venir a la cabeza cuando uno recuerde lo que ha sido esta segunda edición, pero no se puede dudar de su empeño y su buen hacer sobre las tablas.

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Fotografía: Blue Indigo Studio

No es por sacar pecho y presumir de la escena española (aunque alguien tiene que hacerlo), pero lo mejor de la noche lo trajo la concatenación de dos conciertazos a cargo de sendos grupos nacionales. Los Claveles superaron todas las expectativas levantadas por su regreso y nos tuvieron encandilados desde el primer rasgueo con deliciosas canciones que transitan entre el punk y el pop añejo y que tanto nos recuerdan, para bien, a la movida. Los de Marcos Rojas sabían que contaban con poco tiempo y lo aprovecharon al máximo encadenando auténticos temazos que acabarían por hacer realidad aquello de que “las noches no son para dormir. Y si Los Claveles habían provocado pogos y bailes enfervorecidos, Mujeres en el escenario grande, ni te cuento. ¿Quién es Nobunny? Los verdaderos cabezas de cartel del viernes lo fueron unos chicos de Barcelona que tocan garage pop como nadie. El asunto empezó de manera notable con un par de sus temas en inglés de su último “Marathon”, pero aquello explotó de verdad con “Vivir Sin Ti”, y es que aún se registran casos de afonía crónica por gritar “neeenaaa. A partir de entonces el calor no importó en absoluto: bailoteos, stage diving, pogos, crowdsurfing, litros de sudor y alcohol recorriendo los cuerpos de los allí presentes y todas esas cosas que hacen de un concierto algo maravilloso. La interacción con el público fue inmejorable y no creo que el único factor decisivo en este sentido lo fuera el hecho de hablar el mismo idioma. Se despidieron con un par de covers de Kokoshca y la Velvet y dejando en nuestra memoria el recuerdo de haber presenciado a una enorme banda de rock.

Nobunny y sus secuaces fueron los últimos en llenar la sala del escenario grande de la KM. No puedo decir que ofrecieran un espectáculo ramplón, pero supongo que esperaba mucho más de uno de los nombres grandes del cartel de la villa del fuzz. El conejo loco venía como principal abanderado de Goner Records y no ofreció nada sustancialmente distinto ni mejor que lo visto hasta el momento. A pesar de todo, es de justicia reconocer que la respuesta por parte del público superó lo meramente aceptable.

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Fotografía: Blue Indigo Studio

SÁBADO 10 DE SEPTIEMBRE

La fiesta preparada para la mañana del sábado tenía una pinta increíble, mucho mejor que la mía al despertarme tras apenas dormir unas pocas horas. Tras convencerme a mí mismo de que no podía perderme a Los Bengala en directo y comprobar que era imposible seguir sobando con aquel calor húmedo y sofocante más allá de las 12 del mediodía, tocó recurrir a la receta ducha fría + cerveza para paliar la resaca y poner rumbo a la sala Rockstar. Y vamos que nos vamos. El camino desde el camping no llegaba a los veinte minutos a pie, lo cual teniendo en cuenta el calor (uno es de Castilla y nunca termina de acostumbrarse a la típica humedad asfixiante del Levante) y el consecuente sufrimiento producto de la diversión de la noche anterior, convirtió la travesía en toda una odisea.

Apenas nos dio tiempo a tomarnos una caña mientras pinchaba Ian Svenonius. Le tomó el relevo el gallego Sen Senra; su garage surfero, de ánimo menos eufórico, nos recordó a una especie de Allah-Las de Vigo. Hubo tiempo de repasar los temas de su reciente y notable debut, y no puedo decir que el resultado no fuera satisfactorio, pero hacia el final unas cuantas canciones parecían la misma.

Todos nos asustamos un poco cuando vimos a Borja (batería de Los Bengala) ataviado con un cabestrillo. Que no se me ofenda nadie, pero el hombre representa el 90% del directo del dúo zaragozano. Para suplir la baja recurrieron a los servicios de Alfonso Luna que cumplió de sobra con las baquetas. Así las cosas, Borja pudo entregarse más que nunca a su faceta de showman liderando la banda únicamente como vocalista. Aullidos, headbanging, cerveza por los aires, chistes, chulería, arengas de demagogia apolítica rocanrrolera… Los aragoneses se mostraron cómodos sobre el escenario y en perfecta sintonía con su público. Durante más o menos una hora el improvisado trío nos hizo disfrutar de lo lindo con temazos que en directo se vuelven aún más fieros como “Jodidamente Loco”, “No Hay Amor Sin Dolor”, un cover de los Saicos y la recién estrenada “Sufrir”, que aparecerá en su próximo disco. Cuando terminó el concierto algún histérico (pista: yo) no dejaba de repetir de manera insistente que Los Bengala podrían haberse comido el escenario grande del Fuzzville sin problemas.

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Fotografía: Blue Indigo Studio

La tarde-noche en la villa del fuzz empezó para un servidor con el punk canónico y ramoniano de Bad Sports. Estoy de acuerdo con todo aquel que me venga a decir que estos tíos no aportan nada nuevo, pero si podéis escuchar uno de sus trabajos sin que algo se os agite por dentro, no tenéis solución. Bad Sports, bendita sea vuestra intrascendencia. Lo siguiente en el Fuzzville Stage fueron los Chain & The Gang del carismático Ian Svenonius. La verdad es que se implicaron a fondo, sobre todo el propio Svenonius que no dejó de dirigirse al público y mezclarse con él para corretear de un lado para otro. A mí nunca me han caído demasiado en gracia, pero no puedo negar que montaron un gran espectáculo.

-¿Ahora qué? Falta un rato para The Boys, ¿vamos a tomar unas birras?
-¿Otra vez? Mira, en el Rufusville Stage están a punto de salir Texxcoco
¿Y esos quiénes son?
– Ni idea, no los tengo nada escuchados, pero el nombre mola, ¿no?”

Así, porque el nombre mola, nos dirigimos al escenario pequeño sin ningún tipo de expectativas. El acabose, oiga. Allí encontramos un joven cuarteto que nos dejó a todos con el culo torcido. “¿Esta gente con quién trabaja? Serán de Burger Records, porque son internacionales, ¿no?” Qué va, qué va, los muchachos son de Las Palmas de Gran Canaria, se definen como ‘garage subtropical’ y combinan de maravilla los ingredientes del garage, el punk y el indie americano guitarrero y ruidoso de finales de los ochenta. Los canarios, comandados por una encendida Adriana Moscoso, lo dieron t-o-d-o en la media hora de la que dispusieron y que a muchos nos supo a muy poco. No hay dudas para mí al respecto, Texxcoco han sido mi descubrimiento personal del Fuzzville y si me caliento igual os digo que hasta del año. Texxcoco, os voy a seguir de cerca, venid mucho por la península, os quiero.

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Fotografía: Blue Indigo Studio

La plaza de grupo viejuno de esta segunda edición estaba cubierta por The Boys, ¡casi nada! Si no has escuchado su debut de 1977, háztelo mirar. Los británicos pusieron sobre la mesa su veteranía y know how, lo que en ningún momento estuvo reñido con una puesta en escena desenfadada y contundente. A La Moto de Fernán ya les pudimos ver en la primera edición del Fuzzville y en quinientos conciertos más por toda España. Es igual, a todos nos gustan las canciones de menos de dos minutos y las chicas jóvenes “sin futuro, sin dinero, pero con el culo duro”.

No hace falta que pierda el tiempo en escribirlo ni vosotros en leerlo, todos lo sabíamos de sobra, no tendría que repetirlo, pero ahí va: Thee Oh Sees eran el principal reclamo de este Fuzzville #2. ¿Les pudo la presión? Já. Dwyer y sus amigos saltaron al escenario y empezaron a fundir cerebros desde el primer minuto. ¿Escenario-sauna? Aquello era un jodido volcán. La cosa arrancó con “The Dream” y yo pensaba que me moría. Pogos, algún codazo, gente por los aires, sudor propio y ajeno (sobre todo ajeno) empapándome la camisa… Había algún temor respecto al sonido y cómo ecualizarían a la banda, sobre todo teniendo en cuenta el potente arsenal que trae consigo Dwyer con sus dos baterías machaconas. Al parecer, en algún otro festival (hola, Primavera Sound) las baterías se comían la guitarra y la voz del líder de la banda. Nada de eso ocurrió en el Fuzzville, no sólo la sección rítmica sonó apabullante, sino que las diferentes líneas se distinguían a la perfección en aquel maremagnum psicodélico. Los fans, porque allí todos amábamos a los de San Francisco, apenas tuvimos un pequeño respiro cuando interpretaron un par de piezas de corte más kraut y reposado de su último y fantástico “A Weird Exits”. Dicen que lo mejor es acudir a un concierto con pocas expectativas y encontrarte a una banda que te descoloca por completo. Eso está muy bien, pero lo que no pasa casi nunca es ir a ver a uno de tus grupos de cabecera con las expectativas por los aires y que aún así sientas que te han dejado en fuera de juego. Thee Oh Sees lo han hecho y seguramente lo seguirán haciendo, por eso los necesitas en tu vida.

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Fotografía: Blue Indigo Studio

Los siguientes en pasar por el Fuzzville Stage fueron Radioactivity. Los de Jeff Burke no alcanzaron las cotas de entusiasmo y entrega por parte del respetable que acababan de cosechar Thee Oh Sees, pero es que aquello son palabras mayores. A pesar de precederles la bandaza del festival, no se arrugaron y dieron todo un recital de riffs de punk clásico. Especialmente reseñables fueron las interpretaciones de canciones como “World of Pleasure” y “Sickness”. Terbutalina cerraron la fiesta en el escenario Rufusville con un show potente y gamberro que centrifugó en un pogo a quien todavía tenía fuerzas para saltar. Los Chicos remataron el asunto en el Fuzzville Stage mediante un bolo con sabor a celebración. Una celebración del rock and roll que viví con cierta nostalgia al caer en la cuenta de que el Fuzzville #2 estaba ya agonizando.

Van dos de dos y seguimos para Bingo, y es que con el Fuzville siempre hay premio. Si estás leyendo esto preguntándote cómo has podido perderte algo así, recibe desde mi escritorio un cálido abrazo virtual. Como decía al comienzo de la crónica, tantos buenos comentarios e impresiones hacen que el Fuzzville se esté consagrando, de alguna forma, como fiesta underground del verano por excelencia demasido rápido (bendito problema). Pero uno no va a un festival sólo a sorprenderse; yo al menos (y salvando el descubrimiento de Texxcoco) me recorrí la península hasta Benidorm sabiendo muy bien lo que esperaba y con unas expectativas que han hecho mucho más que cumplirse. Si tienes claro que te gusta el garage, el punk, los sonidos psicodélicos de los sesenta y el rock and roll, nos vemos dentro de un año en Benidorm.

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Fotografía: Blue Indigo Studio