El festival del campus de la Universidad Complutense arrancó muy fuerte en sus primeras ediciones con nombres como Kasabian, Franz Ferdinand, The Killers, Vampire Weekend o Foals. Al chasco de la cancelación de Sam Smith en la pasada edición de 2015 se sumaba este año la ausencia de una clara referencia internacional fuerte que situase al DCODE por encima de los festivales locales que se suceden a diario. Ante ese panorama, Bunbury cogió el toro por los cuernos y ofreció un show sin un pero; combinando temas de su etapa en solitario y canciones de Héroes del Silencio que emocionaron casi por completo a todos los asistentes a la cita más multitudinaria del día. Más allá del zaragozano, un puñado de buenos directos, sobre todo nacionales, hicieron que el festival contase con grandes momentos.

El hecho de ser un festival de un solo día ha llevado a la organización del DCODE a comenzar a las 11 de la mañana. A primera hora, para los más madrugadores, se celebró un curioso torneíllo de fútbol en el que pudimos ver haciendo unos pinitos con el balón a algunos artistas como Santi Balmes. El hecho de que se asignase la hora del vermut a Belako y León Benavente surtió efecto de reclamo para que el recinto tuviese ambiente desde el mediodía.

Los mencionados Belako dieron toda una demostración de la conexión que tienen con el público, y a pesar de los fallos de sonido con los que arrancaba el DCODE en el escenario Complutense (la carpa), supieron con su buen humor y su dinamismo superar el bache para ofrecer un show enérgico, plagado de riffs potentes de guitarra, haciendo un repaso a su último y brillante álbum “Hamen”. Y si no se comprende el horario asignado a los vascos, más allá de la búsqueda de público desde temprano, aún menos se entiende que León Benavente tocasen a las 2 de la tarde. No importó la hora. Han dado un puñetazo sobre la mesa en 2016 con la publicación de “2”, el cual repasaron de forma casi íntegra. Abarrotaron la carpa con un público entregado que bailó a rabiar cada una de las canciones de Abraham Boba y los suyos, con mención especial al momento de “Gloria” y “Ser Brigada”. Estamos hablando del que probablemente fue el mejor concierto del día, con permiso de Bunbury. No podemos pasar por alto la gran cantidad de niños que presenciaron los conciertos de la mañana.

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La sesión vespertina la abría la ganadora del concurso de bandas BDCODER, Cintia Lund, que no se dejó intimidar por el inmenso escenario que le fue asignado, y a pesar de la escasez de público ofreció veinticinco minutos de buena música, con mención especial para la psicodelia desplegada por su teclado. Y de nuevo tocó ir a la carpa para ver a la protagonista de uno de nuestros últimos The Cavern, BambiKina. La extremeña ofreció un concierto de los que calan en el corazón. Su voz es capaz de combinar la dulzura de Nena Daconte, la rabia oscura de Patti Smith y la poesía de Joan Baez. Pese a su escasa duración y a una congregación de público más baja que en los conciertos de la mañana, temas como “El Primer Loco” o “Pirómana” y el papel destacado del trompetista contribuyeron a ofrecer un espectáculo impecable, que no nos hizo arrepentirnos de la decisión de descartar a M. Ward.

Llegaba el turno para el primer grupo internacional destacado: Jimmy Eat World. Si bien su directo tuvo buen sonido, no llegaron a conectar con el público en ningún momento, y es que, dentro de su estilo, nunca han llegado a tener el tirón de formaciones como Panic! At The Disco. Tampoco engancharon Oh Wonder. Quizá su mayor problema es que la variedad entre sus canciones es nula, por lo que su show comenzó a hacerse aburrido a partir del tercer tema, alcanzando el nivel de soporífero. La hora y el calor no ayudaron tampoco, para ser sinceros. Pero sin duda, la gran decepción de la jornada fue la de Eagles of Death Metal, que a pesar de su pulcritud y su actitud rock en los álbumes de estudio, ofrecieron la performance con peor sonido del día. La guitarra y el bajo no se distinguían entre una amalgama sonora más propia de una banda amateur, y a pesar de que ellos intentasen eludir responsabilidad, cabe decir que el sonido fue impecable en todos y cada uno del resto de los conciertos. Y es que el cambiar melodías y calidad por decibelios acabó por convertir uno de los momentos más esperados en el fiasco del día. No obstante, sus fans aclamaron fieles sus rugidos de rock.

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Una de las incógnitas del día la protagonizaba Zara Larsson. La nueva estrella del pop de radiofórmula sueco hizo un concierto perfecto en su estilo. Acompañada de seis incombustibles bailarinas, no paró de moverse y de edulcorar con su voz un puñado de canciones que combinaban acompañamiento instrumental en directo con una producción cuidada al milímetro. Hizo bailar a todo el público con “This One’s For You”, y especialmente con su número uno mundial, “Lush Life”. Si de conexión con el público hablamos, unos expertos en la materia son los omnipresentes en cada festival español, Love of Lesbian. No obstante, el exceso de repertorio de su último álbum “El Poeta Halley” y la negativa a tocar en festivales temas de los brillantes “Maniobras de Escapismo” y “Cuentos Chinos Para Niños del Japón”, más allá del dueto “Domingo Astromántico” junto a Carla Morrison, dieron como resultado un show de aprobado raspado. Mención aparte para la camiseta de Santi Balmes: icono del “Unknown Pleasures” de Joy Division con el letrero ‘Rocío Jurado: Como Una Ola’.

Por fin llegaba el gran momento del día: Bunbury. El maño no dejó indiferente a nadie, y en el mismo escenario en que Eagles of Death Metal achacaron su pésimo sonido a terceros ofreció junto a su banda un espectáculo impecable, en el que todos y cada uno de los instrumentos brillaron en los momentos adecuados. Llevó al público al éxtasis combinando éxitos en solitario como “Porque Las Cosas Cambian” o “Que Tengas Suertecita” con temas de Héroes del Silencio como “El Camino Del Exceso” o “Avalancha”, para cerrar con las dos canciones insignes de cada una de sus dos etapas. “Maldito Duende” y “Lady Blue” terminaron de poner los sentimientos a flor de piel a un público entregado.

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Unos sorprendentes Jungle hicieron bailar a quienes no abandonaron el recinto (que como vaticinamos fueron bastantes) después de Bunbury. Los británicos llevaron al DCODE una propuesta diferente, basada en un electrofunk de lo más bailable, y no dejaron descansar al público un ápice, brillando especialmente con “The Heat” y “Busy Earnin’”. Sin duda fueron los ganadores en el plano internacional. El último concierto del día lo protagonizaron los donostiarras Delorean, centrados en su último álbum “Muzik”, que si bien en su versión de estudio suena más flojo que los anteriores, queda demostrado que es un disco que gana enteros en el directo. Convirtieron la carpa en una auténtica rave continuando la fiesta que habían iniciado Jungle en el Escenario 2.

Resumiendo: más allá de la garra de Jungle y del pop bien elaborado de Zara Larsson, lo de casa despuntó muy por encima de lo de fuera gracias a propuestas muy interesantes como Delorean, León Benavente, Bunbury, Belako o BambiKina. Y como dicen León Benavente “por ahora es todo lo que podemos contar. Quizá el año que viene podamos continuar.

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