El conformismo es una constante en la vida de prácticamente cualquier persona, en mayor o menor medida. Necesitamos encontrar algo que realmente nos motive para dejar de ver la vida pasar mientras nos quedamos tirados en el primer asiento mullido que veamos y entrar otra vez en acción y embaucarnos en algo que nos haga sentirnos realizados. Ese conformismo también suele ir acompañado de cierta comodidad. Te acostumbras a tu sitio, incluso aunque al principio no sea perfecto, al final se acaba amoldando a ti y se convierte en un inseparable, en algo que te da tanto a cambio de tan poco que no te apetece salir de ahí porque aunque sepas que puedes encontrar algo mejor, no tienes ganas de poner más de tu parte para ello. Y nadie te puede culpar, estás en una zona que conoces a la perfección y por la que ya te mueves como pez en el agua. Pero a veces no basta con eso. A veces es necesario recordar que una vez te atreviste a saltar en aguas mucho más profundas y desconocidas, y que saliste victorioso ante semejante temeridad. Porque de lo contrario, te acabará resultando imposible avanzar.

Wilco tienen la suerte de ser uno de los pocos grupos que han conseguido ganarse el respeto y la veneración del público español, hasta el punto en que se les conoce casi como un grupo intocable del que resultaría una osadía decir algo malo. No es para menos, es innegable que el grupo ha entregado algunos de los trabajos más emblemáticos de la década del 2000, destacando especialmente “Yankee Hotel Foxtrot” y “A Ghost Is Born”, discos que revolucionaron el panorama y les llevaron a la cumbre del rock alternativo en su día. Desde “Sky Blue Sky”, publicado en 2007, Wilco contarían con una formación estable por primera vez en mucho tiempo que asentaría al grupo y le brindaría la comodidad y tranquilidad necesarias para seguir haciendo música sin pasar por los períodos de grabación tan complicados de sus anteriores trabajos.

Pero parece que esa tranquilidad ha hecho que con los años, el grupo, o al menos Jeff Tweedy, su fundador, se hayan acostumbrado demasiado. Con el paso del tiempo hemos podido observar cómo han ido tirando cada vez con más frecuencia de piloto automático y han ido dejando a un lado la experimentación de sus álbumes más reconocidos para entregar discos para fans y para ellos mismos. Manteniendo la calidad, eso sí, pues hasta ahora siempre han entregado canciones de un encanto especial y han dejado caer alguna sorpresa para los que añoramos su vertiente más experimental atrevida. Sin embargo, esa regla se rompe hoy con “Schmilco”.

wilco-schmilco-2

“Schmilco”: entre la comodidad y la introspección

Podríamos decir que “Schmilco” es la antítesis de “Star Wars”. Si en el contenido de la ya famosa portada del gato teníamos canciones construidas a base de guitarras tremendamente robustas, aceleradas y con estribillos potentes, en “Schmilco” lo que prima es el minimalismo, las guitarras acústicas y los versos casi susurrados.

Es necesario analizar los últimos movimientos, no sólo de Wilco, sino de su líder, Jeff Tweedy, para comprender un poco mejor el disco que hoy analizamos. En 2014 salía a la luz “Sukierae” bajo el seudónimo artístico de Tweedy, grupo conformado principalmente por Jeff Tweedy y Spencer Tweedy, su hijo mayor. Se trataba de un disco doble compuesto por 20 canciones por lo general mucho más pausadas y minimalistas que las del grupo principal de Jeff, un pequeño capricho con el que el músico quiso conseguir un hecho que hasta entonces parecía un sueño: grabar un disco con su hijo. Tras realizar una gira con él, Jeff volvería con Wilco y en julio de 2015 sorprenderían a todos sus fans con la publicación de “Star Wars”, un disco lanzado sin previo aviso que sería regalado digitalmente a cualquiera que lo solicitara. Aparte de por su salida inminente e imprevista, el disco sorprendería a sus oyentes debido a un sonido más crudo, agresivo y eléctrico que el de sus trabajos previos, algo que hacía tiempo que no se veía en el grupo. Sin embargo, ya entonces avisaron de que “Star Wars” no era todo lo que se traían entre manos, y es que tenían planeado sacar otro disco más en poco tiempo. No sería otro que “Schmilco”, el décimo largo de su carrera, cuyas canciones fueron grabadas durante las mismas sesiones que las de su anterior álbum.

Las conexiones que guarda “Schmilco” con los discos mencionados anteriormente son más estrechas de lo que se puede pensar a primera vista. Podríamos decir que “Schmilco” es la antítesis de “Star Wars”. Si en el contenido de la ya famosa portada del gato teníamos canciones construidas a base de guitarras tremendamente robustas, aceleradas y con estribillos potentes, en “Schmilco” lo que prima es el minimalismo, las guitarras acústicas y los versos casi susurrados. En general es un trabajo mucho más parecido a aquel “Sukierae”, y esto es algo notable desde que arranca “Normal American Kids”, con nada más que acordes acompañados de la voz de Jeff y una guitarra tímida que da pequeñas pinceladas de sonido. Si hay alguna de las grandes cualidades que permanecen en este disco son las letras. Desde que arranca, Jeff ya nos deja con algunas de las composiciones más personales de su carrera, hablando aquí de su niñez y de lo que odiaba a la mayoría de niños americanos, mientras que en “If I Ever Was A Child” hace referencia a las jaquecas que siempre le han acompañado y le han impedido tener una infancia como la de un niño cualquiera (“I saw behind my brain a haunted stain, I’m never fade, I hunt for the kind of pain I can take”). Las guitarras siguen primando, sólo que ahora se suma una batería también bastante discreta. Es en “Cry All Day”, el tema más largo del disco, donde el grupo saca a relucir en mayor medida sus habilidades, especialmente Glenn Kotche, que se marca una gran actuación en la batería, a pesar de que Jeff sigue empeñado en no levantar la voz y hasta los solos permanecen en acústico.

No podemos decir que sea un mal disco, pues Wilco cuentan con una serie de características inherentes que les impiden hacer malas canciones. Pero sí hacen canciones sosas. Faltas de garra, de energía. Muy introspectivas y personales, pero sin nada nuevo que ofrecer. Porque la negatividad positiva que reina en el álbum tampoco es algo que no hubiéramos visto ya.

Con tres canciones ya está más que claro lo que vamos a encontrar en este disco. Canciones íntimas sin ningún sobresalto, con el grupo más comedido que nunca. Ni siquiera Nels Cline, cuya presencia siempre es especialmente notoria, destaca aquí. Nanas para dormir entre las que a veces se cruzan piezas como “Common Sense”, que tienen un toque de suspense, evocando los peligros de la noche a través de diferentes arpegios y guitarras disonantes con un bajo in crescendo que tensa la canción sin llegar a romper. Puede que “Nope” y “Someone To Lose” sean el tramo más ‘Wilco’, con el sonido más reconocible del grupo en estos últimos años, siendo la primera una canción rota en su mitad, en la que la banda da rienda suelta al ruido característico de algunos de sus temas clásicos, si bien a estas alturas tampoco llega a sorprender. La segunda es probablemente la única pieza del disco con alma de hit, sin ser tampoco un temazo, al menos tiene un estribillo más potente y recupera las guitarras eléctricas. Jeff le habla a alguien que actúa de manera despreocupada, deseándole que encuentre alguien a quien tenga miedo de perder algún día y así sepa lo que significa (“I hope you find someone to lose someday”).

Pasando el ecuador suena “Happiness” y el sonido puramente “Sukierae” vuelve, recordando en esta ocasión además al Beck más acústico. Si prestamos un poco de atención podemos escuchar un xilófono de fondo que da gracia a un tema muy personal en el que Jeff nos habla de la muerte de su madre y nos canta la frase con la que se puede definir la tónica del disco en general: “happiness depends on who you blame”. “Quarters” nos trae de vuelta los arpegios marca Wilco que tanto recuerdan a aquella “Sky Blue Sky”, desvaneciéndose lentamente como si estuviésemos flotando a la deriva, mientras que “Locator” vuelve a la épica minimalista, al ruido que no quiere despertar a nadie. “Shrug And Destroy” contrapone el paso del tiempo y el constante ruido y movimiento de la sociedad con el canto introspectivo en una habitación, un refugio en el que aislarse y lamentarse de ello (“I wonder who destroys when nothing is left, rejoice”).

No se puede negar la monotonía que impera actualmente en un grupo que antes no dejaba de sorprender y que ahora parece totalmente relevado a un segundo plano hasta el extremo de parecer otro disco en solitario de Jeff Tweedy.

We Aren’t The World (Safety Girl)” es una canción de amor bastante dulce acompañada de teclados y piano que hace referencia a “USA for Africa”, un tema escrito por Michael Jackson y Lionel Richie en 1985 para recaudar fondos para Etiopía. Jeff rompe con su afirmación aquí y se deja llevar sencillamente por el momento y por la persona con la que lo comparte (“we aren’t the world, we aren’t the children but you are my safety girl”). Llegamos al final con «Just Say Goodbye” y como no podía ser de otra manera, nos despiden con el mismo minimalismo con el que se abre el disco, un tema en el que la batería impide cualquier atisbo de aceleración y Jeff reflexiona sobre su incapacidad de encontrar respuestas ni de dar su opinión al igual que el resto (“well, I don’t know how it works so I just say goodbye”). Con un adiós se despide, dejando ante nosotros un ejercicio de reflexión, de sacar todo lo que lleva dentro sin otro propósito que poder seguir adelante con la esperanza de hallar las respuestas que tanto ansía un día.

Hace tiempo que Wilco dejaron de buscar sonar universales, de querer trascender y de intentar ir siempre un paso más allá. Si hay algo que define sus trabajos desde “Sky Blue Sky” es esta sencilla frase: para fans. El propio Tweedy ha confesado que no se encuentra en condiciones de realizar otro trabajo revolucionario lleno de trabas y complicaciones, que sólo quiere dejarse llevar y ver lo que sale. Por eso son discos para fans, porque son conscientes de que si hay alguien que va a poder seguir disfrutando de su música, son ellos. El problema es que a estas alturas, incluso para estos resulta complicado a veces seguir disfrutando de su música como siempre, hasta para ellos (o nosotros, pues me incluyo) discos como este pueden requerir unas cuantas escuchas antes de poder apreciar lo que ofrece. No podemos decir que sea un mal disco, pues Wilco cuentan con una serie de características inherentes que les impiden hacer malas canciones. Pero sí hacen canciones sosas. Faltas de garra, de energía. Muy introspectivas y personales, pero sin nada nuevo que ofrecer. Porque la negatividad positiva que reina en el álbum tampoco es algo que no hubiéramos visto ya. Quizá sea otro de esos discos que pueden emplearse como refugio, a los que volver en los momentos difíciles en los que necesitas aislarte de todo. Pero no se puede negar la monotonía que impera actualmente en un grupo que antes no dejaba de sorprender y que ahora parece totalmente relevado a un segundo plano hasta el extremo de parecer otro disco en solitario de Jeff Tweedy. No hay sorpresas, ni siquiera una “Random Name Generator” con la que sí contaban en “Star Wars”. Y si bien aprecio que sigan queriendo y continúen sacando discos después de más de veinte años de carrera, no puedo evitar sentir discos como este como un mero premio de consolación. No les culpo, a estas alturas ya no tienen nada que demostrar y pueden hacer lo que les dé la gana, que lo recibiremos con agrado. Pero no puedo evitar pensar que una vez me conquistaron a base de intentar romperme el corazón.

Wilco – Schmilco

6.8

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115Get_it_on_iTunes_Badge_ES_0209

Tras publicar “Star Wars”, un disco sobrio, eléctrico y agresivo, Wilco vuelven un año después con “Schmilco”, la antítesis de este: un trabajo minimalista en el que los cantos a base de susurros y las guitarras acústicas reinan por encima de todo lo demás, siendo el trabajo más personal de Jeff Tweedy hasta la fecha. Tanto, que a veces se echa de menos al resto del grupo.

Up

  • Como antítesis de “Star Wars” puede funcionar.
  • Las letras, muy personales y muy introspectivas, fácilmente reconocibles.
  • Para una noche tranquila o melancólica también puede servir.
  • La voz de Jeff suena tan acogedora como siempre y quizás eso sea lo que a día de hoy les hace destacar por encima de otros grupos de folk.

Down

  • Monótono y sin ningún sobresalto, ni por innovación ni por canciones con olor a temazo instantáneo.
  • Algunas canciones casi suenan a cara B.
  • Durante casi todo el disco da la sensación de que la mayor parte del grupo está totalmente ausente, parece un disco de Jeff Tweedy en solitario, apenas hay pasajes instrumentales tampoco.
  • Requiere bastante atención y varias escuchas y las letras no son justificación suficiente para todos.

1 Comentario

  1. Demasiado alejado de mi opinión.
    Muy influenciado por otros críticos.
    El talento no solo está en la guitarra cruda.
    Recomiendo que amplies los tonos musicales.

Comments are closed.