El juego de los derechos editoriales: The Beatles, Paul McCartney y Michael Jackson

Michael Jackson era el dueño de los derechos editoriales de las canciones de los Beatles, para sorpresa de muchos. ¿Cómo terminaron las canciones del Fab Four en manos del astro del pop? ¿Traicionó Michael Jackson a su amigo Paul McCartney aprovechándose de su confianza?

Si hay una compra famosa en el mundo de la música, aparte del contrato de Elvis por RCA, esa es la del catálogo de los Beatles por parte de Michael Jackson. Son muchos los que tienen constancia de ella, y es que se trata de una historia que trae cola. El de los derechos de publicación de los Beatles es un negocio que se extiende en el tiempo desde 1963 hasta nuestros días, y es que nadie quiere permanecer ajeno a la rentabilidad del fabuloso cuarteto. Paul McCartney acabaría enemistado con el Rey del Pop ante lo que el primero consideró una traición imperdonable, siendo para el segundo una beneficiosa inversión, mientras que para el mundo entero, y a ojos de la historia, se establecería como una de las transacciones más importantes e inteligentes del negocio de la música. Veamos el cómo, el cuándo y el por qué.

The Beatles en el mundo editorial

El 5 de octubre de 1962, los Beatles hacían un sueño realidad, se presentaban al público británico con el single “Love Me Do”, acompañado en la cara B por “P.S. I Love You”. Tanto los cuatro fabulosos, como Brian Epstein y George Martin, tenían grandes esperanzas en esta publicación. Era pegadiza y sonaba fresca. El sencillo tuvo buena acogida y se posicionaría rápidamente en el número 17 de las listas británicas. Sin embargo, la venta de 17.000 copias con vistas a las navidades de 1962 no parecían suficientes para EMI, ya que los ponían un escalón por debajo con respecto a sus competidores. Un tropiezo que Epstein atribuyó al escaso interés que mostró la editora Ardmore & Beechwood, propiedad de EMI, por publicitar el single, según cuenta Brian Shouthall en su libro Northern Songs: The True Story of the Beatles Song Publishing Empire.

El carismático cuarteto desprendía talento, y Brian Epstein no estaba dispuesto a permitir que las canciones de los Beatles se ahogaran en las listas. Querían el número 1. Por mediación de George Martin, Epstein contactó con Dick James, editor, promotor y ex cantante, para editar su segundo single, “Please Please Me”, en la compañía de este, Dick James Music. Dado el gran éxito del tema (número uno en las listas de las revistas musicales New Musical Express y Melody Maker, y número dos en la lista de ventas oficial del Reino Unido), James no tardó en proponer a los chicos la formación de una editora conjunta donde gestionar los derechos de autor, proyecto que cristalizaría el 22 de febrero de 1963 con la constitución de Northern Songs.  

el-juego-de-los-derechos-editoriales-the-beatles-paul-mccartney-y-michael-jackson-2Dick James era perro viejo en este negocio, y sabemos que más sabe el diablo por viejo que por diablo. James avistó las posibilidades comerciales de los Fab Four y supo sacar provecho.  Northern Songs quedó constituida con un reparto desigual de las ganancias: Dick James y su contable, Charles Silver, serían dueños del 50% de la empresa, a Brian Epstein le correspondería un 10%, mientras que John Lennon y Paul McCartney se repartirían el 40% restante. Qué duda cabe que el negocio para Dick James y Charles Silver fue redondo. Nadie imaginaba por aquel entonces que los Beatles llegarían a ser tan grandes, influyentes y rentables como nos ha mostrado la historia. El éxito es caprichoso y efímero, y los propios Beatles eran conscientes de que todo lo que empieza tiene un final. En aquellos momentos sus pretensiones no eran otras que las de aprovechar lo mejor posible las oportunidades que se les presentaran para ganar dinero mientras hacían lo que más les gustaba. A tenor de los primeros éxitos del conjunto, al ser preguntados por la durabilidad del proyecto, George Harrison declararía: “No sabemos, puede que sea la próxima semana o en dos o tres años, pero creo que seguiremos durante al menos cuatro años”. John Lennon, por su parte, reflexionaba: “podría decir que duraremos diez años, pero luego te quedas pensando que tendremos suerte si duramos tres meses”.

En 1965 la ‘beatlemanía’ estaba desatada, los Beatles eran conocidos a lo largo y ancho del globo. Las giras no cesaban, las ventas de discos aumentaban día a día, habían conquistado el mercado norteamericano, protagonizaban películas, eran los reyes del merchandising, y sus ingresos crecían implacablemente. Beneficios millonarios que les reportaban, asimismo, recurrentes dolores de cabeza dada la disposición tributaria del Reino Unido, requiriendo a las grandes fortunas hasta un 90% de sus ganancias. Un abuso que George Harrison denunciaría en “Taxman”, el corte que abría Revolver, el sensacional trabajo que el conjunto publicaba en 1966. Con la intención de aligerar tal carga fiscal, se tomó la decisión de hacer de Northern Songs una empresa pública sacando acciones a bolsa, para lo cual se renegoció el porcentaje de participaciones. Dick James y Charles Silver seguirían siendo los accionistas mayoritarios, contarían con un 37,5% de las acciones, Brian Epstein tendría un 7,5%, mientras que Lennon y McCartney ostentarían un 15% cada uno.

George Harrison y Ringo Starr entrarían también en el nuevo reparto, compartiendo un 1,6% del capital, pues su contribución a la banda en cuanto que compositores era menor, una cifra irrisoria que enfadó a Harrison y que le llevó a manifestar su desagrado, nuevamente, a través de una composición: “Only a Northern Song”. A este respecto George Harrison declararía:

Me di cuenta que Dick James me había estafado con los derechos de mis propias canciones al ofrecerse a ser mi editor. Claro, cuando él se ofreció a ser mi editor quedé tan feliz que rápidamente pensé ‘¡genial, alguien va a publicar mis canciones!’. Pero nunca me dijo, ‘y en el mismo acto de la firma de este documento, me estas asignando la propiedad de todas tus canciones’, que es lo que pasó después. Era sólo un robo a mano armada. Cuando me di cuenta de lo sucedido escribí “Only a Northern Song” como una ironía al respecto.

Tras la muerte de Brian Epstein en 1967, los Beatles pretendían renegociar los términos del contrato, pero las conversaciones con Dick James no fueron fructíferas. En marzo de 1969, James y Silver venderían su parte correspondiente de los derechos de autor de las canciones del grupo a ATV Music Publishing sin previo aviso y sin brindar a los interesados posibilidad alguna de compra. Tanto Paul McCartney como John Lennon (de luna de miel en la encamada por la paz en Ámsterdam) se enterarían de dicha transacción a través de la prensa. Tras diversas disputas legales, tanto Lennon como McCartney y Harrison, finalmente, también venderían sus activos financieros a ATV Music. Los Beatles perdían los derechos de publicación sobre la mayor parte de sus canciones. Ahora no participarían de los beneficios de la empresa. Eso sí, seguirían percibiendo las regalías correspondientes en cuanto que autores de las composiciones.

La dupla Lennon/McCartney sería la principal damnificada en dicha compraventa. Ambos eran los principales compositores del grupo y, por tanto, los que más temas perdían. No obstante, George Harrison y Ringo Starr supieron jugar mejor su aparente desventaja en el reparto de la compañía. Ante tan ínfimo porcentaje de ganancias, ambos Beatles dejaron expirar sus contratos con Northern Songs en 1968 para, a partir de entonces, gestionar sus temas desde sus propias editoras musicales, Harrisongs y Startling Music, respectivamente. Compañías que ahora poseen canciones tan rentabilizadas como “While My Guitar Gently Weeps”, “Here Comes the Sun” y “Something”, esta última frecuentemente versionada, lo que procuraría al beatle silencioso numerosos réditos. Por su parte, las populares “Don’t Pass Me By” y “Octopus’s Garden” siguen siendo gestionadas por el risueño batería.  No les fue tan mal después de todo.

En 1981, Paul McCartney y Lew Grade, dueño de ATV Music, iniciaron conversaciones  con el propósito, por parte del ex beatle, de adquirir los derechos de las canciones de su grupo de juventud. Según las fuentes, unos sostienen que ATV Music decidió vender tales derechos, ofreciéndoselas a Paul por 20 millones de dólares. McCartney no consideraba apropiado quedarse con la parte de John, por lo que ofreció a Yoko Ono, viuda de Lennon, la posibilidad de adquirirlas entre ambos. La muerte de Lennon estaba reciente y, de hacerse con el catálogo en ese momento, el bajista podría haber sido tachado de oportunista dados los términos en los que el grupo puso fin a su aventura conjunta. Yoko no estaba interesada en tal negocio, no le atraía la idea de poseer los derechos de otras canciones aparte de las de su difunto marido. Por su parte, otras fuentes afirman que fue el propio Paul el que se personó en las oficinas de ATV Music para hacer una oferta. Grade no estaba interesado en vender sólo el catálogo de Northern Songs, sino la totalidad de la empresa, para lo que exigía una suma que ascendía a los 40 millones de dólares. El de Liverpool reclamaría la ayuda económica de la artista de vanguardia, la cual diría a Paul que ella conseguiría cerrar el negocio para ambos por la mitad del precio que Lew Grade reclamaba.

Sea como fuere, lo que sabemos con certeza es que finalmente las relaciones con ATV Music se enfriaron, y Grade, dueño de la empresa, decidió vender la compañía, catálogo de los Beatles incluido, al empresario multimillonario Michael Robert Hamilton Holmes à Court en 1982. Las canciones firmadas por Lennon/McCartney cotizaban al alza. Holmes à Court era un hombre de negocios, y eran muchos los interesados en hacerse con las famosas composiciones, así que este no tardaría en vender la empresa al mejor postor. McCartney ofrecería 20 millones de dólares, lo dispuesto por ATV Music Publishing con anterioridad, pero su oportunidad ya había pasado. Había otras ofertas altamente atractivas encima de la mesa.

Michael Jackson: artista y empresario

Era tal la rentabilidad y la seducción del catálogo de los Beatles, que grandes empresas como la CBS, Coca-Cola y EMI, amén de particulares como el músico y empresario estadounidense Lawrence Welk, no tardarían en ponerse al acecho del catálogo cuando, en 1984, salió de nuevo al mercado. Sin embargo, sería Michael Jackson el que compraría la compañía ATV Music. Si bien el cantante de Indiana no hizo oferta más alta, sí fue la más atractiva. El Rey del Pop desembolsaba 47,5 millones de dólares en efectivo. El 10 de agosto de 1985 Michael Jackson era el dueño de 4.000 canciones, entre ellas, casi toda la obra del grupo más grande e influyente de todos los tiempos, algo que Paul McCartney, hasta entonces su amigo, tomó como una traición, pues Michael Jackson sabía de las intenciones de McCartney por recuperar el control de sus canciones.

Ambos artistas se habían conocido en 1981, cuando la incipiente nueva estrella del pop telefoneó a McCartney para proponerle una colaboración musical. Sin duda era una gran idea de la que ambos podrían salir beneficiados, ya que los dos artistas tenían la oportunidad de ampliar su público: mientras que el ex beatle accedería a un público joven, Michael Jackson llegaría al mercado blanco, porque sí, por raro que nos parezca, en los ochenta la segregación racial seguía estando en boga, como más tarde veremos. Ambos habían escrito y grabado “Say Say Say” y “The Man” en 1981, canciones que aparecerían en Pipes of Peace, el álbum que Paul McCartney publicaba a finales de 1983. Por otra parte, el de Liverpool grabaría con Jackson “The Girl Is Mine”, primer adelanto del excepcional y multipremiado Thriller. Evidentes y acertadas maniobras de marketing.

En febrero de 1983, Michael Jackson llegaba a la granja que Paul y Linda compartían en Sussex, al sur de Inglaterra, para grabar el videoclip de “Say Say Say”, el single que presentaba el nuevo álbum del músico veterano. Según parece, una noche, en la cocina del inmueble, ambos músicos hablaron de negocios, de la mejor forma de invertir capital para conseguir grandes beneficios. Randall Sullivan, en su libro Untouchable: The Strange Life and Tragic Death of Michael Jackson, afirma que para McCartney: “Los catálogos musicales eran la mejor manera que él conocía para hacer ‘una gran fortuna’. A principios de los setenta, el propio Paul había adquirido para su propia editorial, MPL Communications, los derechos de publicación de Buddy Holly, Carl Perkins y Bessie Smith, entre otros. Grandes músicos a los que admiraba y de los que sabía que le reportarían cuantiosos beneficios. Recientemente había adquirido los derechos de “Love Me Do” y “P.S. I Love You”, el primer single de los Beatles que, recordemos, no formaba parte de Northern Songs, sino que había sido lanzado por Ardmore & Beechwood.

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Fotografía: Archivo

Según se cuenta, en esa conversación Michael Jackson dijo a McCartney que iba a comprar el catálogo de los Beatles, lo que el segundo tomó como una broma: “Pensé que era un chiste cuando me lo dijo. Ni por un momento se me pasó por la cabeza que fuera a comprar mis canciones”. Sin embargo, cuando Jackson volvió a EEUU., dio instrucciones a su abogado para buscar catálogos que pudiera comprar, de manera que en poco tiempo se hizo con canciones que tenían algún significado para él. Bajo esta premisa adquirió los derechos de algunas canciones de grupos como Sly & The Family Stone, Soul Survivor y Dion. Un año más tarde, John Branca, su abogado, le informaba que ATV Music estaba en venta, y con ella, Northern Songs. Branca no tardaría en entrar a negociar para gestionar la compra. Diez meses después, Michael Jackson era dueño de 251 canciones de The Beatles.

A partir de entonces, cada vez que alguien hiciera uso de una canción del cuarteto de Liverpool, ya fuera para interpretarla en directo, hacer una nueva versión, pasarla por radio o televisión, etc., Michael Jackson cobraría por ello. Basta considerar “Yesterday”, la canción que Paul McCartney grababa en 1965 y que figura en el Libro Guinness de los Records como la canción más radiada y versionada de la historia de la música popular, para pensar en las cifras de vértigo que tales licencias deben generar. No cabe duda alguna de que, junto con la adquisición del contrato de Elvis Presley por parte de RCA, esta es una de las transacciones más importantes e inteligentes de la historia de la música. Un negocio que no sentó nada bien a McCartney. En unas declaraciones de 2006 afirmaba: “Sabes que no sienta muy bien salir de gira y tener que pagar por cantar todas mis canciones”. “Lo molesto es que tengo que pagar para tocar algunas de mis canciones. Cada vez que quiero cantar “Hey Jude” tengo que pagar”, manifestaba el músico en otra ocasión.

Los Beatles nunca habían permitido el uso de su música como reclamo promocional para un spot publicitario, pues pretendían mantener la integridad artística de su música. Sin embargo, para mayor disgusto de McCartney, el artista estadounidense no tardaría mucho tiempo en comenzar a rentabilizar su onerosa inversión. 250.000 dólares pagaría la empresa de artículos deportivos Nike en 1987 para que “Revolution”, el tema que los Beatles incluyeron en el conocido “White Album”, apareciera en uno de sus comerciales para televisión, siendo esta la primera vez que una canción del conjunto británico aparecía asociada a una marca. A esta le siguieron otras como “Good Day Sunshine” como sintonía para las galletas Oreo, y la cesión de los derechos de “All You Need Is Love” para un anuncio de Panasonic. Estas canciones eran una mina de oro y, consciente de ello, Michael Jackson estaba dispuesto a exprimir hasta la última gota de su cotizado jugo. Randall Sullivan, en el libro anteriormente citado afirma que el músico y bailarín, además, llegó a contratar personas con intención de hacer una serie de cuatro películas basadas en “Strawberry Fields Forever”, “Back in the U.S.S.R.”, “Eleanor Rigby” y “The Fool on the Hil”. Asimismo, intentaría diseñar tarjetas de felicitación con música y cajas musicales con las canciones de los Beatles. Todo un empresario.

Tal vez el lector se pregunte: ¿cómo tenía Michael Jackson tan enorme cantidad de efectivo como para arrebatar a las grandes multinacionales y fortunas personales los derechos de ATV Music?

La estrella más brillante del universo Pop

Michael Jackson había cosechado un gran éxito desde su infancia en The Jackson 5, el grupo en el que actuaba junto a sus hermanos. Desde 1971 el músico compaginaba su carrera solista con el grupo que lo había visto crecer. En 1979 debutaba en Epic Records con Off the Wall, un álbum de enorme éxito comercial que supuso la consolidación como solista del cantante y con el que consiguió erigirse como el primer artista en tener cuatro singles de un mismo compacto en el Top 10 de Estados Unidos. Curiosamente, este registro contiene una versión de “Girlfriend”, el tema que Paul McCartney había publicado en 1978 con Wings, pero que, según se cuenta, fue compuesto pensando en que, tal vez, al joven Jackson le gustaría grabarlo.

Pero sería en 1982 cuando Michael Jackson ascendería a lo más alto del Olimpo musical y se establecería, desde entonces y para siempre, como el incuestionable Rey del Pop. El 30 de noviembre de aquel año salía al mercado Thriller, precedido por el single “The Girl Is Mine”, al cual le siguió “Billie Jean”. Desde entonces, nada volvería a ser lo mismo. Michael Jackson fue, junto con Madonna, el primer astro del pop en entender y concebir el videoclip como obras de arte que relataban una historia. Lejos quedaban los vídeos promocionales añejos que los Beatles habían puesto de moda tres lustros antes, en los que los artistas aparecían simplemente interpretando el tema en cuestión. Ahora las propuestas eran mucho más ambiciosas y conceptuales, y MTV marcaba las pautas de la industria.

MTV se había creado el 1 de agosto de 1981 y, al parecer, no eran muy devotos de los vídeos promocionales de los artistas negros, hecho que el canal desmintió en varias ocasiones. Sin embargo, no fue hasta que Walter Yetnikoff, a la sazón, presidente de CBS Records, amenazó al canal con retirar todos los vídeos promocionales de los artistas de su compañía, cuando MTV aceptó emitir “Billie Jean”. El single alcanzó cotas inimaginables, pero solo era un anticipo de lo que estaba por llegar. El 2 de diciembre de 1983 llegaba a los hogares de todo el mundo Thriller. Un corto de 14 minutos dirigido por el cineasta John Landis que lanzó al álbum al infinito. El vídeo musical más vendido de todos los tiempos, pues se puso a la venta dada la desmesurada demanda por parte del público. El álbum estuvo 80 semanas consecutivas en el Top 10 de EE.UU. y 37 semanas como el álbum más vendido, según Billboard. Asimismo, el álbum sigue siendo, a día de hoy, el trabajo más vendido de todos los tiempos. Decenas de millones de copias que, según apunta Michael Heatley en Michael Jackson (1958-2009): vida de una leyenda, le reportarían unos 100 millones de libras esterlinas, 132.936.000 de dólares. Michael Jackson movía masas, y el fenómeno fue bautizado como la ‘michelmania’.

En marzo de 1984, la revista Time señalaba a Jackson como “el fenómeno más grande desde los Beatles. El fenómeno más caliente desde Elvis Presley. El cantante negro más popular que habrá jamás”. El 25 de marzo de 1983, con motivo del 25 aniversario de Motown Records, la NBC retransmitiría un programa especial para televisión llamado “Motown 25: Yesterday, Today, Forever” en el que se pudo disfrutar de las actuaciones de los principales talentos de la histórica compañía. De The Temptations y The Four Tops a Marvin Gaye y las esperadísimas reuniones de Diana Ross & The Supremes y Smokey Robinson & The Miracles. En esta retransmisión seguida por 34 millones de personas, Michael Jackson hechizaría al mundo con su sempiterno ‘moonwalk’, “lo que alimentó la demanda de algunas de las giras más largas y de mayor recaudación de la historia de la música”, en palabras de Heatley. Con estas cifras, ¿quién puede poner en duda la competencia económica de Michael Jackson? Cantidades tan estratosféricas como inimaginables permitirían al artista la adquisición de la totalidad de ATV Music y hacer efectiva la afirmación que dos años antes le había hecho al propio Paul McCartney en la cocina de su granja.

A vueltas con los derechos

Una década después no podríamos decir que las cosas fueran tan bien para el artista más destacado de la familia Jackson. En 1990 el cantante había adquirido el rancho Neverland, una propiedad de mastodónticas proporciones en la que Michael Jackson tenía su propio parque de atracciones y un zoológico privado. Infraestructuras de mantenimiento altamente costoso. Unos gastos excesivos a los que hay que añadirles su gusto por las antigüedades, los regalos lujosos y demás excentricidades. Asimismo, en 1993, el cantante se vio envuelto en un caso de abuso a menores. Un supuesto delito de gran repercusión mediática que también vaciaba ligeramente los bolsillos del artista. El tiempo y las circunstancias habían transmutado a Michael Jackson. Había pasado de ser la gallina de los huevos de oro a una máquina imperturbable de quemar dinero.

Para recuperar cierta solvencia, el 7 de noviembre de 1995, Michael Jackson decidió vender la mitad de las participaciones de ATV Music a la compañía discográfica Sony, dando lugar a la editora Sony/ATV Music Publishing. Una sociedad enorme que controla los derechos de millones de canciones, entre las que se cuentan los temas de algunos de los artistas más importantes de la historia de la música: de Little Richard a Lady Gaga pasando por figuras icónicas como Bob Dylan, Leonard Cohen, The Rolling Stones, James Brown, Miles Davies, Bruce Springsteen, Eminem, Neil Diamond y, por supuesto, la mayor parte de las composiciones de los Beatles. Una compañía que actualmente ostenta el catálogo de canciones más grande del mundo.

el-juego-de-los-derechos-editoriales-the-beatles-paul-mccartney-y-michael-jackson-4Michael Jackson fallecía repentinamente el 25 de junio de 2009, dejando una deuda que superaba los 500 millones de dólares. El artista de Indiana estaba preparando una gira que solventaría parte de ese déficit. No obstante, en 2006, el cantante ya se había visto abocado a la venta del 25% de su participación en la editora que compartía con Sony para atenuar las dificultades económicas que atravesaba. Pero ante tan fatídicos acontecimientos, la familia no tendría más remedio que responder a tal obligación vendiendo la participación de Sony/ATV Music que Jackson atesoraba por una suma en absoluto despreciable: 750 millones de dólares. Una transacción realizada el 15 de marzo de 2016 que da a Sony el control total de la obra del cuarteto liverpuliano.

El mundo de la música popular es un mundo lleno de leyendas urbanas y rumores. Uno de tantos cuenta que Michael Jackson dijo a Paul que en sus últimas voluntades estaría la de entregar los derechos de The Beatles a los integrantes del conjunto. Nadie ha podido contrastar tal hecho. Sin embargo, Paul McCartney cumplirá parte de su sueño al recuperar los derechos de las primeras canciones del fabuloso cuarteto. Según la Ley de Derechos de Autor de EE.UU. de 1976, transcurridos 56 años, los autores podrán recuperar el control de los derechos de aquellas canciones publicadas con anterioridad a 1978. Al amparo de tales disposiciones, el músico será dueño de aquellas canciones publicadas entre 1962 y 1964 en 2018, teniendo que esperar hasta 2026 para beneficiarse de la totalidad de aquella obra. Eso sí, sólo en territorio estadounidense. Menos es nada.

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