Leiva

Leiva –
Monstruos

Leiva vuelve con "Monstruos”, un tercer disco que resulta la evolución lógica de "Diciembre” y "Pólvora”. Gran sonido de guitarras, muchos arreglos de hammond y metales y las letras de siempre… aunque todo por el camino del mainstream.


Con Leiva pasa eso de cuando ves a tu ex novia. Sabes que fue bonito mientras duró vuestro amor, aunque no durara mucho. Sabes que es mejor así, cada uno por su lado. Sabes que ya ninguno de los dos volverá a ser el mismo. Pero por un momento, desearías que no le fuera tan bien haciendo lo que hace y que le fuera un poquito peor yendo de tu brazo por la acera del pasado. Esto es lo que me pasa a mí, e imagino que algún lector perezoso, cuando descubre que Leiva ya no es (y probablemente nunca volverá a ser) el macarra rockandrollero de «Aproximaciones” o «Aviones”.

Leiva termina una trilogía que lo aleja definitivamente de Pereza

Su vena mainstream ha ido evolucionando hasta que ha dado lugar a este disco que, como él describe, es la culminación de una trilogía que empezó con «Diciembre” y que vivió su giro definitivo hacia un cambio de aires con «Pólvora”.

Su vena mainstream ha ido evolucionando hasta que ha dado lugar a este disco que, como él describe, es la culminación de una trilogía que empezó con «Diciembre” y que vivió su giro definitivo hacia un cambio de aires con «Pólvora”. Podríamos decir que esa evolución empezó más bien en «Aviones», donde Leiva insinuaba el camino que iba a seguir, pero con pies de plomo. Por eso «Diciembre» es la evolución lógica de aquel álbum y es, en mi opinión, el mejor de estos tres trabajos. Más variado, más oscuro y quizás un poco menos orientado a la radiofórmula. Pero en este «Monstruos» Leiva se ha quitado definitivamente la camisa de fuerza que le apretaba y ahora ha terminado de madurar su propio sonido. En este trabajo encontramos las mismas señas de identidad que ha hecho buenos sus dos anteriores LPs: guitarras muy producidas, riqueza instrumental de banda (con mucho hammond y muchos arreglos de viento), su característica voz… Y a todo esto hay que sumarle la altísima producción de Carlos Raya, ese genio del pop-rock en español que ha sido el guía instrumental –y seguramente espiritual– de M Clan, Quique González o Fito y Fitipaldis.

En esta ocasión, el músico madrileño ha delegado todo el trabajo en Raya, al contrario de lo que hiciera en su primer disco en solitario, donde grabó todos los instrumentos y llevó la batuta de la producción. Otro paso lógico si tenemos en cuenta que en «Pólvora” se encargó de producirlo a medias con este mismo productor, que en esta ocasión ha cogido todos los galones y se he rodeado de un gran equipo, en el que destaca Joe Blaney (The Clash, Prince, Los Rodríguez, Andrés Calamaro, Keith Richards o Ramones) como ingeniero de sonido para terminar de redondear el alma del álbum, y el resultado es excelente.

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Producción de lujo con el tándem Carlos Raya – Joe Blaney

En este «Monstruos» Leiva se ha quitado definitivamente la camisa de fuerza que le apretaba y ahora ha terminado de madurar su propio sonido.

La mecha del disco la empieza prendiendo “El último incendio” con un sutil pero elegante hammond y esos ramalazos de Telecaster marca de la casa. Además ya avisa de que algunos cortes van a tener una importante mezcla de los elementos folk más actuales: palmas en mitad de la canción o coros a lo Mumford and Sons. El hammond sigue siendo protagonista en “Guerra Mundial”, uno de los mejores temas de este «Monstruos”. Un medio tiempo con una cadencia perfecta en su estrofa que termina de estallar en un estribillo épico de los que tanto le gustan a Leiva, con una subida preñada de metales que tiene tanto de los Beatles como de Fito Páez, antes de llegar al solo más sucio de todo el álbum. Según ha contado Leiva en alguna entrevista, todos los ‘ruiditos’ añadidos fueron idea de Carlos Raya, que los grabó durante una dura mañana de resaca. De Leiva, claro.

Y siguiendo con las confesiones llega “Sincericidio”, el elegido para ser el primer adelanto de este tercer largo del cantautor madrileño. Un tema creado para sonar en la radio y que contiene esas dos palabras prohibidas en el estribillo de las canciones, salvo para Leiva. Los metales afloran en el estribillo mientras que en los puentes se va construyendo una especie de melodía del Oeste entre coros y guitarras. ¿Lo malo? De nuevo volvemos a la misma temática: amor, desamor, relaciones tormentosas, y «te quieros sin solución.

Guitarras que suenan de maravilla

La sobreproducción de algunas canciones y que Leiva siga cayendo en la trampa de hacer canciones sólo para que suenen en la radio son dos de los peros más grandes a este «Monstruos».

Hace años leí una entrevista en la que Leiva explicaba que tenía que escribir canciones tirando de sus experiencias personales porque no tenía la imaginación de Joaquín Sabina para construir personajes. Puede que algo así pase en “Breaking Bad”. Otro tema con una excelsa producción, melodías pop que crecen con ese hammond omnipresente a lo largo de todo el disco y una guitarra que suena al mismo cielo. Referencias a una de las mejores series de todos los tiempos y de nuevo miedos que afloran. Una temática muy recurrente en el imaginario de Leiva. Tan recurrente o más que el silbidito de “Dejándose caer”. Un recurso que puede resultar un poco manido, pero en esta canción suena natural y casi te lo pide el cuerpo. De hecho, acompaña a la guitarra y sostiene la melodía, dándole un punto de respiro al resto de la canción que nos vuelve a contar la historia de una femme fatale.

A estas alturas, uno casi siente pena de que Leiva haya tenido que pasar por todo esto para dar a luz este disco, tal y como Mark Oliver Everett tuvo que aprender a vivir con sus fantasmas para escribir esa confesión vital e imprescindible que es “Cosas que los nietos deberían saber”. De eso va este disco. De vivir con los monstruos y sacarles partido a sus jugarretas. Porque si se trata de hablar de relaciones tormentosas, está claro que Leiva tiene un catálogo interminable de buenas historias que contar. “La lluvia en los zapatos” es una buena muestra de infidelidades y amor del de tirarse al barro, aderezado eso sí, con melodías que ya nos suenan a clásicos dentro de su repertorio.

Ciertos altibajos y dos últimas canciones que no encajan

El trabajo en general es bastante bueno, un disco que destila toda la esencia del mejor Leiva, aunque ya no nos guste en lo que se ha convertido.

Y por el mismo camino sigue “Hoy tus ojos”. Una canción de amor romántica y con alguna frase a destacar, pero quizá la más ramplona del disco, si la comparamos con otras que rayan a un mejor nivel. En este caso, los metales tiran para abajo de la melodía y hacen que el tema canse un poco. “Monstruos” sigue la misma dirección pero con un punto de ternura que aporta ese carrillón casi infantil. Ya casi al final llega el mejor tema del disco: “Electricidad”. Aquí la letra está más cuidada, suena más sincera y desgarradora y en esta ocasión sostiene el tema que explota en un grandilocuente y maravilloso estribillo. Todo lo contrario que en “Medicina”, un tema en el que vuelven las Telecaster sucias a sonar a todo volumen pero que no termina de explotar, o al menos no como explotan otras canciones de este álbum. Supongo que nos tiene mal acostumbrados a esos estribillos y claro, es difícil mantener el mismo nivel.

Hasta aquí todo bien. Muy buenas canciones y algunas excelentes, pero “San Sebastián – Madrid” supone otra caída en un camino con algunos altibajos. Una pieza que tiene buena pinta para tocarla acústica en mano, pero que tiene una letra demasiado sentimental y la melodía no es de las más inspiradas de este trabajo, de hecho desentona un poco en el conjunto. Ni que hablar del micro puente homenaje a los 70 que mete casi al final y que parece más un recurso de última hora por meter algo, que un elemento que aporte realmente. Esto no podía quedarse así, claro, y Leiva termina por todo lo alto con otra “Llévame al baile” pero esta vez en versión argentina: “Palermo no es Hollywood”. Un corte que empezó en aquel país donde primero Pereza y luego Rubén y Leiva han hecho tan buenas migas. Desde luego, muchas de esas influencias se notan en este homenaje en forma de canción. Lo mejor: el slide de las guitarras al final. Por ponerle una pega, esperaba un poco más después de la versión en acústico que Leiva grabó para un mini documental en 2015. Es como si en las dos últimas canciones se les hubieran acabado las ideas de superproducción y quisieran dejarlas más naturales. El resultado es que desentonan un poco con los diez cortes restantes.

Pero el trabajo en general es bastante bueno, un disco que destila toda la esencia del mejor Leiva, aunque ya no nos guste en lo que se ha convertido. Ahora que ya ha terminado esta trilogía podemos esperar que siga llenando estadios, haciendo giras casi interminables y sonando en todas las radios. Aunque siempre recordaremos cuando hacía rock and roll de consumo rápido y directo y esperaremos que vengan tiempos mejores.

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