Hemos tenido que prender fuego a un becario belieber como sacrificio al dios del rock para que nos perdone la ofensa de haber tardado tanto en reseñar el último disco de uno de los grupos más potentes del panorama actual: Rival Sons. Como han dejado de llover amplificadores en la redacción de El Quinto Beatle, parece que el pecado ha sido redimido.

Es innegable que estamos ante una época dorada en cuanto al resurgimiento del rock ‘n’ roll más zeppeliano, clásico y setentero. Los aquí presentes, y muchos otros como Kadavar, The Temperance Movement, Blues Pills, The Vintage Caravan o Radio Moscow conforman ya una auténtica oleada de bandas que hacen suyo el sonido del rock pesado cargado de psicodelia de los de Plant, Cream, Blue Cheer y compañía y le aportan sus propios ingredientes, a veces innovadores, a veces nostálgicos, a veces cargados de distorsión, más cercanos a la oscuridad de los Sabbath o incluso al blues de The Doors, como en este caso.

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Rival Sons: cómodos en la frontera entre el revival zeppeliano y el blues rock psicodélico

Los de Jay Buchanan nos han traído este año una nueva dosis de blues rock de la mejor especie, rezumando elegancia y contundencia a partes iguales.

De esta extraordinaria generación, los californianos son sin ninguna duda unos de los más prolíficos. El que presentamos hoy es su quinto disco en siete años, y todo parece indicar que la curva ascendente en la que venían situados no se ha frenado. Los de Jay Buchanan nos han traído este año una nueva dosis de blues rock de la mejor especie, rezumando elegancia y contundencia a partes iguales. Hollow Bones Pt. 1así nos lo hace saber desde el primer momento, sin perder el tiempo en rodeos inútiles. Ir al grano es la especialidad de estos tipos, y qué mejor para demostrarlo que un primer tema breve, directo y a la yugular, perfecto adelanto de lo que nos va a deparar el álbum en su conjunto, más allá de algunas agradables sorpresas puntuales.

En la misma línea de whiskey, melenas y cuero continúaTied Up, con un final un tanto deslucido en comparación con lo alto que vuela la mayor parte del tiempo, y Thundering Voices, cuyo aroma tribal la convierte de inmediato en una de las joyas de este disco. También una de las que más huele a Led Zeppelin, pese a lo dolorosas que sean las comparaciones. Este “Hollow Bones” no se desvía apenas de la carretera que tomaron definitivamente los de Long Beach en su anterior y estupendo Great Western Valkyrie, aunque podemos apreciar algo más de colorido en la mezcla final. Una vuelta de tuerca más bluesera que se traduce en un disco algo menos directo y más complejo que aquel.

Este “Hollow Bones” no se desvía apenas de la carretera que tomaron definitivamente los de Long Beach en su anterior “Great Western Valkyrie”, aunque podemos apreciar algo más de colorido en la mezcla final. Una vuelta de tuerca que se traduce en un disco algo menos directo y más complejo.

En ese camino de blues con curvas se adentra Baby Boy, con cierta carga de psicodelia que le sienta francamente bien. A destacar tanto en esta como en general en todo el álbum en su conjunto el tremendo trabajo a la batería de Mike Miley, que se erige como uno de sus puntales. Por su parte Pretty Faceno pierde el pulso groove, aunque no logra destacar demasiado entre sus semejantes más allá de otro gran punteo retro de Holiday. Todo lo contrario queFade Out, que demuestra una vez más que nunca está mal meter un tema con el que hacer bailar a los mecheros. Su riff final es para enmarcar y poner en el salón entre las fotos de la boda y la bandeja de plata de la abuela. Qué monstruosidad de guitarrista demuestra en esta ocasión ser el bueno de Scott Holiday, a menudo eclipsado por el poderío vocal de su socio Buchanan. La segunda mitad del álbum supone una mejoría con respecto a la primera, con mayor variedad melódica y de géneros. Mismamente, Black Coffeecamina con paso firme entre el blues y el soul, con unos coros femeninos sorprendentes y encajados a la perfección. Esta gran cover de Humble Pie, que ya presentaron en el Record Store Day, termina con Jay recordando enormemente a Jack White en sus fraseos más inspirados.

Ya enfilando el final del álbum,Hollow Bones Pt. 2 sigue combinando esa deliciosa bipolaridad entre tramos de rock lento y pesado y riffs veloces y puntiagudos. En realidad no tiene demasiado que ver con la primera parte; es, si acaso, una versión desarrollada, madura, psicodélica y casi religiosa de aquella, que por momentos parece transformarse en una jam de Phish.  Y qué decir de ese desnudo brutal hacia el final del tema, cuando dejan todo el escenario vacío con un foco en Buchanan y su portentosa voz, tan confiado en ella que termina marcándose un a capela demoledora. Si el momento mechero ya lo hemos gastado, habrá que sacar antorchas y kleenex para soportar el chaparrón al que nos somete Jay Buchanan en la balada acústica de All That I Want, acompañado únicamente por violas durante buena parte de la canción. Quién iba a decirnos hace escasos cinco minutos que los norteamericanos tuvieran no ya una parte sentimental, sino que además se movieran en ella con tanta soltura como cuando agarran las guitarras y la emprenden a golpes de acorde. Si quedaba algún corazón rockero por conquistar, con esta maravillosa rareza es de esperar que le hayan derretido hasta los tatuajes.

Habrá quien opine que esto es una muestra más de que los referentes clásicos siguen inamovibles e insustituibles y que desde los 2000 para acá todo son revivals en el rock. Personalmente, si es así, me importa un comino. Mientras sigan saliendo discos del calibre artillero como este de aquí, seguiré viviendo feliz anclado en la década que haga falta. Porque las guitarras no tienen época, y si se sigue venerando con tanta pasión a The Biggest Band in the World, por algo será. Los hijos rivales lo saben, y quieren que tú también lo sepas.

Rival Sons – Hollow Bones

7.8

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Rendir homenaje a la época dorada del rock con tanta clase que se convierta en un disco digno de ser homenajeado por sí mismo. Eso es lo que hace este “Hollow Bones” de la que es quizá la banda de rock setentero más en forma de nuestros días.

Up

  • Los californianos no se bajan de la cresta de la ola, con un frontman más curtido con cada disco.
  • El bajo de Dave Beste y la atmósfera espesa que se respira en todo el álbum son la mejor ilustración posible de lo que es el ‘groove’.
  • Su espectacular portada.

Down

  • No se puede decir que mejore a “Great Western Valkyrie”, pero al aportar cosas diferentes tampoco se puede considerar una versión inferior de aquel.
  • No estaría de más un punto extra de riesgo e  innovación que les sacase definitivamente de la larga sombra del zepelín.

1 Comentario

  1. ¡¡Muy buenos estos tíos!! El problema de estas bandas es que, aún siendo muy buenas, cojonudas incluso, les falta despegarse un poco, como bien dices, de la sombra de los grandes clásicos… Les pasa lo mismo que a Greta Van Fleet: son impresionantes, pero parece que estás escuchando a unos Led Zeppelin renacidos, ¿es eso un problema? No para mí que podría estar escuchando nuevos discos de los Zep para siempre, pero sí que podría ser un problema para el Rock que, seguimos a vueltas con ello, no acaba de renovarse…

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