No hay ruptura sin dolor. Cuando un núcleo en el que todo era felicidad, energía y sinergia se apaga y se dispersa, los caminos tomados por sus partículas son impredecibles. Las horas de trabajo conjunto, las diferencias a la hora de crear y producir, y la confrontación de egos sobrealimentados ha dado lugar a lo largo de la historia de la música pop a un sinfín de separaciones prematuras en la cúspide. Como en todo divorcio, la progresiva conversión de cada aspecto de la vida en una competición deja en el tiempo como claro ganador de la separación a quien mejor se sobrepone a ella. Así, comúnmente el elemento más carismático de una formación musical, que suele corresponderse con la voz principal, suele llevarse el gato al agua, dejando en el pelotón a quienes un día fueron sus compañeros de carrera. La perpetuación de la carrera musical se corresponde más con el fenómeno de la cara más visible, a quien relacionamos con el alma máter de la carrera de la artista, algo que no tiene por qué coincidir siempre con el más talentoso o quien más carácter otorgó al sonido que hizo reconocible un estilo propio. Y así tenemos a un Mick Jagger con una carrera en solitario más reconocida que la de Keith Richards o a un Phil Collins que recogió los frutos de Genesis. En el pop nacional no menos sonadas han sido rupturas como la de El Último de La Fila, Duncan Dhu, o El Canto del Loco. Todas estas formaciones tienen en común el haber tenido como compositores principales a algunos de los miembros que no tomaban el micrófono para ponerse al frente de la banda en el escenario. Y sin embargo, debido al efecto halo y a la memorización del rostro y la voz que interpretan dichas composiciones, las carreras de Manolo García, Mikel Erentxun o Dani Martín se han desarrollado en un nivel de popularidad muy superior a las de Quimi Portet, Diego Vasallo o David Otero. Sin embargo, toda máxima tiene sus excepciones, y parece que Crystal Castles va a ser una de ellas.

Crystal Castles superan el cisma. «Amnesty (I)» es un material continuista, pero que sigue encumbrándoles como profetas de su género

La muerte se convierte en este disco en el elemento central que rodea a la temática de las canciones, ahondando en ese espíritu de influencia gótica que ha ido in crescendo desde los inicios del dúo.

Después de un nada amistoso cisma que se veía venir, Ethan y Alice tomaron caminos separados. Ella en solitario, en una dinámica más punk, y él a la búsqueda de otra cantante que supliese el hueco dejado por su carismática excompañera. Y así, encontró en Edith Frances a esa nueva musa de voz bipolar, que puede dibujar algunos de los sonidos más dulces de la música contemporánea y a la vez emitir alaridos y chillar con rabia, dando lugar al duro contraste entre voz y producción que ha caracterizado siempre a los canadienses. Si bien es cierto que cuando un grupo de rock se separa su cantante tiende a buscar unos músicos acompañantes que se asemejen a quienes hacían lo propio en su banda, permitiendo un continuismo, en un dúo de referencia electrónica tan acentuada como Crystal Castles ha ocurrido justamente lo contrario. Y es que más allá de la garra y el carácter que Alice Glass proporcionaba a temas como “Baptism”, “Crimewave”, “Untrust Us”, “Alice Practice” o “Vietnam”, el elemento reconocible y significativo siempre ha sido la peculiar producción de Ethan, que colocó a Crystal Castles desde el lanzamiento de su primer álbum como los máximos exponentes del movimiento conocido como witch house. Y prosiguiendo esa línea han dado lugar a “Amnesty (I)”, un álbum que mantiene elementos de “(III)”, en el que presentaban un estilo de producción más cercano a la new wave, con elementos del post-punk, pero recuperando la dureza y el espíritu anárquico de los dos primeros discos que Ethan y Alice facturaron. La muerte se convierte en este disco en el elemento central que rodea a la temática de las canciones, ahondando en ese espíritu de influencia gótica que ha ido in crescendo desde los inicios del dúo.

Si tenemos que hablar de una gran diferencia provocada por el cambio en la mitad de la formación, esta radica en que a pesar de que la manija de la producción siempre la ha llevado Ethan, Alice tomaba en contadas ocasiones las riendas de los samplers y las mesas de mezclas, especialmente en aquellas pistas que reflejaban un sonido más duro. Sin embargo, el papel de novata de Edith o el máximo respeto por la labor de su compañero han hecho que en este disco la división de tareas sea geométrica. Ethan produce y Edith canta. Y lo hace maravillosamente. Atrás quedaron tres de los mejores discos del siglo XXI. Una nueva etapa comienza para Crystal Castles, y aunque en “Amnesty (I)” no encontramos ningún tipo de innovación con respecto a lo que ya conocíamos, sí podemos apreciar la grandiosidad de quienes siguen siendo los máximos exponentes de su género.

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A pesar de que la manija de la producción siempre la ha llevado Ethan, Alice tomaba en contadas ocasiones las riendas de los samplers y las mesas de mezclas. Sin embargo, en «Amnesty (I)» la división de tareas es geométrica. Ethan produce y Edith canta. Y lo hace maravillosamente.

“Amnesty (I)” se abre con “Femen”, un corte que evidencia un claro paralelismo con su anterior álbum, a través de un sonido con enormes influencias de la new wave ochentera y del new age. Con una base de trap que ya quisiera para sí el actual niño mimado del hip-hop comercial, Drake, actualizan y dan un carácter vanguardista al sonido retro que da forma a la parte melódica. Si hablamos de la letra, nos encontramos con algo que ya había aparecido en la apertura de discos anteriores, y es que se basa en la remezcla de una sola frase. Podemos acordarnos de aquel “Untrust Us” que abría su ópera prima, en el que repetían una y otra vez “Cocaine is not good for you”, haciendo así un juego etimológico con el título del tema. En este caso la letra se presenta más enigmática, con un mero “for a reason”, por lo que si pretende ser una reivindicación de la feminidad o de los derechos de la mujer, queda realmente difusa. Con “Fleeze” cambian radicalmente de tercio, y pasamos del apacible universo creado por “Femen” a un ambiente de rave industrial que ya había dado forma a temas del pasado como “Doe Deer” o “Insulin”. La distorsión en la producción y la embarrada voz de Edith demuestran que siguen siendo los Crystal Castles de siempre, con mucho que ofrecer. La letra es una de las más sexuales que el dúo haya pergeñado jamás, haciendo gala de la libertad sexual y de la descarga de agresividad que a través de ella puede darse: “I need your penetration… freedom is hostility”.

Char” abandona esa dureza y se mueve en un plano más cercano al synth pop. Los sintetizadores principales se asemejan con los empleados por CHVRCHES o Tegan & Sara, aunque la firmeza y la notoriedad del resultado les hace ir un paso por delante de las dos formaciones mencionadas. En su parte lírica aparecen las primeras referencias a la muerte, a través de la metáfora de la preocupación por que alguien “sea encontrado”, y la imposibilidad de hacer nada al respecto más que apaciguar el alma con susurros. La distorsión vuelve a ser protagonista en “Enth”, con un sonido del rock electrónico alemán y del industrial noventero similar a los primeros álbumes de :wumpscut, similar al que hizo M.I.A. en su tema “Warriors”, que dio tanta polémica por ser acusado de un evidente al oído plagio del mítico y carismático productor de la noche valenciana Ximo Bayo (recomendado comprobar a los más escépticos). La letra de nuevo es confusa, pero escuchamos a alguien obsesionado con un error irreparable.

Aunque en “Amnesty (I)” no encontramos ningún tipo de innovación con respecto a lo que ya conocíamos de Crystal Castles, sí podemos apreciar la grandiosidad de quienes siguen siendo los máximos exponentes de su género.

El tono se suaviza en “Sadist”, que con influencias del trip-hop retrata la soledad y el coraje de quien tiene que enfrentarse ineludiblemente a ella. Puede apreciarse de nuevo cierta referencia a la muerte como un concepto freudiano, como un descanso ante el sadismo que es la autoimposición de la vida para quien ésta supone una tortura. Dicho sadismo parece producir sus efectos sonoros en “Teach Her How To Hunt”, cuya agresividad puede ser contemplada como una metáfora de algo que una persona no quiere hacer, y a lo que se ve obligada a través de la sociedad. Podemos tomarlo de modo literal y hablar del maltrato animal, algo de lo que en numerosas ocasiones se han posicionado en contra, o verlo simplemente como un modo de comportamiento humano en una concepción del mundo muy relacionada con la perspectiva de Rousseau. En cualquier caso, el título nos lleva a una acción despreciable que ha de ser transigida y realizada para obtener la aceptación de quienes nos rodean.

Chloroform” introduce de nuevo una base rítmica desarrollada en el trap norteamericano, pero combinada con los sonidos new age del álbum anterior de Ethan y Alice, y con voces sampleadas al estilo de Salem. Referentes góticos aparecen de nuevo en una letra que encumbra la evasión ante la tristeza.

“Amnesty (I)” es un álbum que supera las expectativas tras la ruptura de la pareja original que conformaba Crystal Castles, y que aunque tiene detalles que la complicidad creciente entre Ethan y la nueva vocalista acabará por pulir, suena tan brillante y sólido como siempre.

Hace más de un año que conocimos “Frail”, el que a la postre fue el primer adelanto del álbum, y sigue sonando igual de enigmática que el primer día. Sus samplers propios del industrial y los juegos de voces embarradas exponen el brillo de la fragilidad que la voz de Edith narra en este caso. Su estribillo, perfecto para una rave, va a convertir este tema en uno de los estandartes de la próxima gira de los canadienses sin ninguna duda. Otra de las que ya habíamos conocido, “Concrete”, utiliza un recurso similar al de “Femen”, al mezclar la voz de tal manera que la letra resulta prácticamente ininteligible. Aunque este ha sido un recurso ya utilizado por el dúo, nunca antes habían tomado como single principal un tema de estas características. La referencia a la muerte vuelve a aparecer en una instigación a esperar junto a la corona funeraria ante la desidia. Al igual que en el corte anterior, la dureza de su mezcla la sitúa como bomba perfecta para las raves en que se convierten sus conciertos. Ornament” aparece como un tema tranquilo, de transición, después de las dos bofetadas que suponen las dos pistas anteriores. En un plano más trip-hop enlaza a la perfección con “Kept”, que es quizá la única pega del álbum. Este tema busca situarse a la altura de “Femen”, “Frail” o “Concrete” en cuanto a intenciones, sin embargo sus teclados no acaban de funcionar, y acaba por resultar uno de los episodios más flojos de la discografía de Crystal Castles.

Their Kindness Is Charade” supone un cierre con aires místicos, de la misma forma que ocurría en álbumes anteriores con “I Am Made Of Chalk” o “Child I Will Hurt You”. Después del bajón de “Kept”, la combinación de voces angelicales de Edith con la dureza de los teclados distorsionados vuelve a dar con la varita mágica para dar cuerpo a una pista en la que de nuevo se trata el tema de la sumisión, y que se convierte así en una de las más completas de “Amnesty (I)”, un álbum que supera las expectativas tras la ruptura de la pareja original que conformaba Crystal Castles, y que aunque tiene detalles que la complicidad creciente entre Ethan y la nueva vocalista acabará por pulir, suena tan brillante y sólido como siempre.

Crystal Castles – Amnesty (I)

8.6 HOT RECORD

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Tras la ruptura de la pareja original, Ethan Kath regresa con nuevo proyecto junto a la vocalista Edith Frances, demostrando que Crystal Castles continúan siendo pura energía y misticismo, y que él es el auténtico dueño y promotor del sonido del grupo, dando lugar a uno de los álbumes de electrónica del año.

Up

  • El cambio de vocalista no ha afectado en absoluto al sonido y a la calidad del grupo.
  • La portada vuelve a ser un reflejo puro de su sonido.
  • Que sigan siendo los máximos exponentes de su género sin nadie que les haga sombra.

Down

  • La complicidad con Edith aún no iguala a la que hubo en los mejores momentos con Alice. El tiempo puede dar la vuelta a esto.
  • “Kept” es una de las pocas canciones que en cuatro álbumes no funciona.