Hijo de la Tormenta no es un grupo normal, pero tampoco es exactamente nuevo. Su peculiar estilo (que ellos llaman adecuadamente ‘psicodelia del monte’) evoca imágenes y sensaciones de naturaleza salvaje, apoyándose en un estilo progresivo muy setentero y largas secciones instrumentales que oscilan entre pasajes enérgicos y distorsionados y otros mucho más suaves. Esta especie de ‘King Crimson conoce a Explosions In The Sky’ deja un mejor sabor de boca en este segundo disco, “El manto de la especie”, que en su anterior trabajo (homónimo), que se hacía muy pesado en ciertos momentos.

«El manto de la especie»: King Crimson conoce a Explosions In The Sky

Es cierto que Hijo de la Tormenta no es un grupo para todo el mundo por la agresividad que desprenden sus momentos más volcados en el stoner rock, una de sus principales influencias pero, dado que en su último álbum han ampliado con mucho sus miras, aunque resulten extraños, incitan al oyente a darles una oportunidad. Y no es para menos, dada la objetiva calidad de sus músicos y lo particular de su estilo lírico y sonoro, volcado en la evocación de elementos naturales y en la relación del ser humano con ellos. Mejor dicho, busca crear y fortalecer esa comunión con lo natural, con la vida más allá de lo meramente humano, pasado, eso sí, por filtros de emoción y espiritualidad notablemente personales.

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“El manto de la especie” busca crear y fortalecer esa comunión con lo natural, con la vida más allá de lo meramente humano, pasado, eso sí, por filtros de emoción y espiritualidad notablemente personales.

Este nuevo disco abre con “Rock para huir de una ciudad”, y tanto el título como la (poca) letra hablan de esa inmersión en la naturaleza. Como canta Juan Cruz Ledesma, me voy al monte, nena, porque ya no aguanto más, y mientras tanto el resto de la banda demuestra a las claras que ha evolucionado respecto al stoner del que hacían gala en su álbum anterior. A uno se le hace la boca agua con sus teclados con un toque jazz, su potente base rítmica y su guitarra enérgica. Con “53 cosechas” vuelven a su característica distorsión, pero llevada por infinidad de nuevos caminos en menos de cuatro minutos: pasan del stoner a los sintetizadores, saltan brevemente al doom metal (estilo que ellos consideran característico suyo), entonan la exigua letra del tema, y se deslizan hacia el “Red” de King Crimson. Una declaración de intenciones y una muestra de sus amplias influencias en partes muy bien entrelazadas.

El abuelo” baja un poco la intensidad durante su primera mitad, creando tensión con sus riffs complejos, hasta que rompen con su estilo más doom y la canción se vuelve oscura y densa. Como dato curioso, la banda afirmó que “El abuelo” lleva por letra un poema traducido de Walt Whitman. Hasta que no llega “Manifiesto al sol” no volvemos a encontrarnos con esa clase de sonidos evocadores de la naturaleza, y con un deje más melancólico y calmado (algo en lo que contribuye sobremanera el teclado), nos deja espacio para la contemplación, dejando entrever una sensación de paz como podría vivirse en un bosque de noche. Es quizás el tema más abiertamente natural del disco, y para ello encuentra un importante apoyo en la letra. Al contrario que en otras ocasiones, aquí la letra no resulta una interrupción ni da la sensación de que llegue tarde; nos ha dejado cuatro minutos de contemplación a los que el canto acompaña, y enmarcan el clímax final. Es uno de los temas cruciales del disco, ya que recoge con habilidad la sensación que éste pretende construir en conjunto, y muestra todo aquello de lo que el grupo es capaz.

Lo que una gran cantidad de grupos como Explosions in the Sky lograron hacer con su estilo instrumental y profundamente emocional, los argentinos lo han adaptado y mejorado, sin renunciar ni a la lírica ni apoyarse en ella por completo.

Cuando “Un mañana aún más glorioso nos espera”, el tema más largo del álbum, empieza a arrancar, lo hace con delicadeza, construyendo poco a poco un ambiente sombrío y melancólico, que vuelve a hacer estallar con su distorsión oscura y pesada. A medida que avanza, retorna sobre sus pasos, recordando pasajes calmados del principio, introduciendo inteligentemente luces en sus sombras, como si se disipasen las nubes de tormenta. Las emociones que transmite esta vez son menos naturales y más humanas, confusas y cambiantes, como es la propia canción. A pesar de que en una primera escucha puede resultar derivativo, esta canción organiza con gran habilidad las diferentes sensaciones que quiere transmitir, y al igual que hace “Manifiesto al sol”, los múltiples estilos que imprimen carácter a Hijo de la Tormenta. Por eso es, como la anterior, una de las mejores canciones y más importantes de este álbum.

Y para cerrar este torbellino de sensaciones tenemos la breve “Recibimiento”, una composición acústica que nos devuelve a ese monte otoñal y neblinoso. Con un marcado carácter folk y un agridulce despliegue de melancolía, cierra sin alardes un disco sorprendentemente variado dentro de su brevedad (menos de cuarenta minutos), dejándonos sumidos en la inmensidad de la naturaleza mucho tiempo después de que acaben sus dos últimos minutos.

Reincidimos: ni “El manto de la especie” ni Hijo de la Tormenta podrán contentar a todo el mundo; a decir verdad, no gustarán a muchos. Pero que sea un grupo de nicho no quita para que merezcan una oportunidad de atención por lo distinto de su música y sus letras. Lo que una gran cantidad de grupos como Explosions in the Sky (seguidos por We Lost The Sea, God Is An Astronaut y un larguísimo etcétera de clones) lograron hacer con su estilo instrumental y profundamente emocional, los argentinos lo han adaptado y mejorado, sin renunciar ni a la lírica ni apoyarse en ella por completo. Es cierto que, en ocasiones, la escasez y el carácter críptico de sus letras (sumado al hecho de que, en ciertas ocasiones, cuesta entender literalmente lo que dicen) pueden echar para atrás a un oyente menos avezado, pero son un complemento bien incluido en la línea de sus canciones, y uno de los puntos más interesantes de un buen disco.

Hijo de la Tormenta – El manto de la especie

7.0

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“El manto de la especie” es un interesante trabajo que, aunque no esté pensado para gustar a todos, tiene más que decir que muchos lanzamientos de estilo aparentemente similar. Tiene ciertos fallos que pueden achacarse más a un estilo difícil que a auténticos errores graves, pero sin ser perfecto se las apaña para crear una atmósfera reconocible, distintiva y única.

Up

  • La naturaleza como hilo conductor de su música aparece de un modo distinto a otros artistas, con interesantes resultados.
  • Sus temas más largos no resultan derivativos.
  • Concentran mucho mejor sus momentos más distorsionados y agresivos que en el disco anterior, por lo que resulta mucho menos difícil de escuchar.
  • “Manifiesto al sol” y “Un mañana aún más glorioso nos espera” son el mejor ejemplo del estilo de la banda y del álbum en particular.

Down

  • Los momentos más stoner a veces parecen ‘recaídas’.
  • Sus letras son difíciles de descifrar, pero en ciertos momentos cuesta incluso comprender las palabras por culpa de la distorsión.
  • La repetición de ciertos fraseos a menudo es empleada con habilidad, pero no siempre, y puede resultar cansino.