Siempre nos abruma escuchar a las nuevas voces de nuestra generación. Y en el caso de Margaret Glaspy, no va a ser en absoluto una excepción, ya que lo que nos aporta con su debut resulta una bocanada de aire fresco frente al convencionalismo pop de esta nueva década que, con los años, ya está empezando a apestar a prefabricado.

Esta californiana, afincada en Nueva York desde su adolescencia, no lo ha tenido fácil para llegar al estatus de newbie en el mundo de la música. Sus aptitudes y práctica constante desde pequeña la han llevado al triunfo personal de diferentes y modestas perspectivas: de tocar el trombón en una orquestina a formar parte durante un semestre en el Berklee College of Music de Boston, pagado por ella misma después de haber trabajado. Pero no dará el cante hasta realizar por su cuenta su primera maqueta en forma de EP: «HOMESCHOOL”. 2012 no fue su año, pero lo que no sabía es que una discográfica estaba plenamente interesada en su música.

El culmen de la canción de garaje con tintes blues-rock, por Margaret Glaspy

Será Dave Matthews y su compañía ATO Records quien se encargue de ofrecer una plaza a Glaspy entre reconocidos artistas como David Gray, Alabama Shakes o King Gizzard & the Lizard Wizard. En junio de este año ha publicado su debut oficial, titulado «Emotions and Math”. Este conjunto de doce canciones nos enseña cómo la cantautora quiere hacerse un hueco en el mundillo bajo la fórmula blues-rock más acústica. Se basta perfectamente con una guitarra para mostrar su más variopinta visión de la realidad, su realidad, mientras su particular y rasgada voz da tono a los acordes. Quién sabe, a lo mejor nos encontramos a la Alanis Morissette de hace veinte años, pero para ello, es necesario ir analizando lo que nos ofrece de buenas a primeras.

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Margaret Glaspy se basta perfectamente con una guitarra para mostrar su más variopinta visión de la realidad, su realidad, mientras su particular y rasgada voz da tono a los acordes.

Y de buenas a primeras, Glaspy abre su debut con la pista homónima, «Emotions and Math, una declaración amorosa bastante evidente, pero a distancia. Las guitarras amenizan con su sonido garage la espera Counting all the days ‘til you’re back / Shivering in an ice cold bath / Of emotions and math”) en la que el claro significado de este concepto se basa en la fidelidad y la obsesión por el día en el que lo va a volver a ver. Pero poco tiempo tarda en cambiar las tornas su comportamiento. Con «Situation” el sonido retumba mucho más salvaje y agrio, y es que siempre la presenta en sus conciertos como «una canción para cabrearse de lo lindo”, y con razón después de atender a su mensaje de hastío a.k.a. un digno golpe de sinceridad sobre cómo debe ser tratada.

«You and Isuena a noche de pub, con una jarra de litro de cerveza y un grupo local que intenta amenizar la noche. Pongamos que es ella la que encabeza esa banda, y digamos que no tiene ganas de hacer amigos, ni mucho menos de aclarar las cosas Oh, tonight I’m a little too turned on to talk about us / And tomorrow I’ll be too turned off and won’t give a fuck”). Glaspy asume con total naturalidad que no quiere hablar sobre su pareja, y prefiere apoyarse en un riff juguetón a la eléctrica para aclarar que «una sonrisa es una sonrisa, y un beso es simplemente un beso”. Para ella, el amor no tiene cabida en esta pista claramente hedonista. Pero ciertamente, sonará contradictoria toda esta historia tras los primeros acordes de «Somebody to Anybody, donde la cantautora no quiere sentirse ignorada, ni ser una millonésima parte de alguien cuando puede merecer más atención. Esta pista, a modo de nana guitarrera, rasca su lado más vulnerable y, hasta el momento, su intervención más sincera.

Glaspy consigue apartarse de la radiofórmula con un repertorio que acaricia diversos géneros como el blues de carretera, el garage-rock y el grunge en sus piezas más oscuras.

Si bien volvemos a las declaraciones de amor con «No Matter Who, un destiempo dulce con ciertos tintes de blues en la guitarra, en «Memory Street percibimos la desolación por culpa de una ruptura, con desgarradores punteos y una base rítmica simple y martirizante. Glaspy intenta olvidar, pero no puede Call the guards / I’m at the gates / Peeping through the bars / At a chateau called yesterday”), de esta manera se refugia en el dolor y la pena sin intentar siquiera pasar página ni entender los errores de esta relación. Los coros y el sonido garage vuelven a la carga en una descarada «Pins and Needles, una canción de rebelión que se mueve alrededor de la clásica fórmula noventera y los puentes susurrantes de nuestra protagonista, cuyo carisma aumenta paso a paso.

Puede que en «Anthony” encontremos una lírica más sugerente y directa al referirse a esa persona especial en forma de oda a medias tintas country y surf-rock. Si bien recordamos con anterioridad que Glaspy quería seguir adelante, disfrutando de la vida y sin intenciones de redefinir lo que fue hace tiempo, en este corte la vemos echando en cara con guitarra en mano las carencias que ha tenido que sobrellevar Nights like this / Without a kiss / Oh but Anthony / He never loved me») y la falta de percepción de futuro (Oh but Anthony never brought me anything / No diamond wedding ring / Oh why did I lay by his side?”). Margaret Glaspy en su máximo exponente. Una canción que no falta en el repertorio de la americana es «Parental Guidance, claramente inspirada en el tiroteo al instituto Columbine en 1999, llevada a cabo por dos adolescentes que estudiaban en el centro. Por aquel entonces todavía era una niña, no obstante se escandalizó desde pequeña sobre lo ocurrido y a día de hoy ha decidido plasmarlo en su música con tal de enseñar «cómo los jóvenes pueden ser tan crueles” y acosar a los que menos se lo merecen. Un gran ejercicio de crítica social a un mundo que, en la actualidad, se somete a una constante batalla campal con pistola en mano.

Aunque todavía le queda mucho camino por recorrer y muchos rincones por pulir, nos muestra a una chica que abre sus sentimientos de manera irónica y auténtica, sin temor.

Llegados a este punto, las tres canciones restantes resultan bastante predecibles, que siguen la norma impuesta desde el principio de base eléctrica y percusión profunda ralentizada. «You Don’t Want Me» suena mucho más simpática que las siguientes, con su juego de riffs y la electrizada voz de Glaspy, que suena muy cercana a las actuales HAIM. Por otro lado, «Love Like This» vuelve a recordarnos aquel amor no correspondido y marginado del que la cantante se quejaba, para finalizar con «Black is Blue«, una alegoría a la edad adulta, a la madurez adquirida con los años que no siempre acaba valorándose por igual en el núcleo familiar («I thought I was / Doing fine / ‘Til I knew / Black was blue»).

Margaret Glaspy es una chica joven, diferente al resto de las nuevas voces de nuestra era. Con su debut ha querido constatarlo, y consigue apartarse de la radiofórmula con un repertorio que acaricia diversos géneros como el blues de carretera, el garage-rock y el grunge en sus piezas más oscuras. Aunque todavía le queda mucho camino por recorrer y muchos rincones por pulir, nos muestra a una chica que abre sus sentimientos de manera irónica y auténtica, sin temor a que nadie le llame la atención por ello. Puede que algún día llegue a convertirse en un icono como los que habitan en su interior: puede que Cat Stevens (ahora Yusuf) o Norah Jones levanten la mirada, se fijen en su torrente de voz y finalmente acaben trabajando juntos en una maqueta próxima pero, de momento, ha dado un primer paso digno de mención dentro de nuestro universo melómano.

Margaret Glaspy – Emotions and Math

7.5

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Margaret Glaspy se atreve a dar un golpe de furia y carisma con su voz rasgada en su álbum debut, «Emotions and Math». Catapultada por ATO Records, la californiana de nacimiento consigue el sonido particular y fuera de convencionalismos que buscaba en su incursión al rock más bluesy. Aunque le falte camino por recorrer, este primer disco es digno de escucha, y quién sabe, a la larga puede que se convierta en la Alanis Morissette de esta nueva era.

Up

  • Su portento vocal, digno de otras cantautoras como Alanis Morissette o Joni Mitchell.
  • Letras sencillas pero ingeniosas, en las que consigue llegar a la crítica social.
  • Eficaz fusión del rock más bluesy y garage, consiguiendo sonidos rasgados muy particulares.

Down

  • Compacto a medio terminar en cuanto a calidad de sonido.
  • La ruptura se vuelve monotemática y se hace notar al final del disco.