Ahora sí. El considerado como segundo álbum de Frank Ocean ya ha llegado, y no precisamente con el título de “Boys Don’t Cry”, que era el que todos esperábamos. Blonde(o “Blond”, pues para muchos el que vaya sin la letra “e” habla de su versión masculina y con ella de su femenina, viniéndose a referir todo esto a la supuesta bisexualidad del artista) aterriza con 17 canciones nuevas que deberían sumarse a lo que escuchamos dos días antes del lanzamiento del mismo con el recomendadísimo “Endless” que, al final, se ha convertido en una especie de preámbulo de todo lo que nos vamos a encontrar ahora. El goteo de noticias durante el fin de semana de lanzamiento de los dos álbumes no podía ser más estresante y plausible: primero “Endless”, luego el vídeo de “Nikes” y, por último, el lanzamiento de este «Blonde” y de la revista “Boys Don’t Cry”, repleta de fotografías de diferentes autores, entrevistas, autorretratos, poemas de Kanye West o Tyler the Creator… La espera de cuatro años, para los más exigentes que pedían material nuevo en cada retraso y de manera cada vez más desesperante, ha hecho que Ocean haya preparado un banquete de los de traca.

Teniendo en cuenta lo precoz y rápido que ha sido todo en el ultimísimo momento, será más coherente tener como punto de partida el último “Endless” y todo lo que este nos había aportado para ver cuán mucho o cuán poco tiene que ver con este “Blonde”. Recordemos: un Frank que en los terrenos en los que se dedicaba a rapear encontraba una vía para ser más directo que desde la parte cantada, donde tendía a encriptar sus mensajes. Sean cuales sean los paisajes a los que Ocean nos quiere llevar, que aquí vengan.

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Frank Ocean se abre como de costumbre, y a su manera, hacia motivos y temas tanto musicales como personales que hacen de este largo uno de los proyectos más ambiciosos a nivel personal que hemos podido escuchar en tiempo.

Abre la tremendaNikes”, pero en una versión diferente a la que tenemos en el videoclip oficial, que cuenta con una especie de batalla entre la voz aguda y la grave; en el álbum se elimina esta última, y aun así el resultado es tremendo. Aquí Frank viaja hacia diferentes terrenos musicales extraños y atrayentes ante una base atrapante por la cual nos lleva su voz autoeditada incluso cuando parece que la oímos con normalidad. El momento “We’ll let you guys prophesy; we gon’ see the future first habla de la quintaesencia de la misma canción, totalmente enigmática. De la misma manera en la que lo hace el videoclip (que es bru-tal), la temática de la canción viaja a diferentes espacios habitados por distintos seres extraños y extraterrestres que quedan interpretados bajo la voz de un Ocean que parece continuar, de momento, recorriendo una senda semblante a aquella que vimos recientemente en “Endless”: una más experimental y no tan apta para todos los oídos como algunos (contados) cortes de “Channel Orange”. Hacia terrenos más reconfortantes y quizá no tan oscuros nos lleva la agradable musicalidad de Ivy, donde encontramos a un Frank que sí nos canta desde esa voz tan característicamente suya y que, de nuevo, retiene al oyente tanto en los versos como en los coros, ambos melódicamente brillantes, que incluso recuerdan a una nana. Siempre es de agradecer que un tema de base invariable, aunque cautivante, padezca una evolución y un cambio, como símbolo de aprendizaje dentro de la misma canción, y Ocean nos da la mano de camino a esa transformación finalizando con el desgarre de su voz, electrónicamente rota, justo antes de acabar con unos golpes que no hacen más que reforzar el mensaje de un tema que nos habla de una relación fallida, precoz («I had no chance to prepare; I couldn’t see you coming; it started from nothing), de esas que parece que no sirven para nada pero que, de buen puerto, acaban enseñando a ambas partes («You ain’t a kid no more; we’ll never be those kids again).

Cuando Beyoncé y Frank Ocean se meten en el mismo estudio pueden pasar cosas tan preciosas como “I Miss You”, “Superpower” o este MARAVILLOSO Pink + White”, que ya se ve de lejos que está producido por Pharrell Williams y uno de sus mejores alumnos, Tyler the Creator. Este cuarteto de traca se marca un relajado corte que, desde la metáfora de los colores rosa y blanco, nos vuelve a hablar de un amor pasado. Aunque la reincidencia al mismo asunto pueda parecer peligrosa, no hay nada de lo que preocuparse: los sobrados elementos compositivos de Frank y el viaje sonoro del tema que pasa desde los elementos típicos de ambos productores (esa cadencia dura oída en los 2000s de Williams en “You Can Do It Too” o “Frontin’” adoptada por the Creator) hasta otros sonidos más mediterráneos o tropicales como los que aparecen a partir de la mitad, nos transporta tranquilamente a un ambiente suave y cadente. Atención a la aparición de Beyoncé, que no se establece como un dueto, como sería lo normal si cualquier otro artista la tuviera en el estudio, sino como una voz que sirve para armonizar el tramo final de la canción (parecido a lo que hizo Coldplay con ella en “Hymn for the Weekend”). Cosas que Frank Ocean puede permitirse.

“Blonde” pasea por terrenos que afectan directamente a la personalidad del oyente, ofreciendo segundas, terceras, cuartas e infinitas lecturas y detalles que precisan que este álbum se tenga que escuchar más de una vez.

Consejos maternales de parte de la madre de Ocean en Be Yourself, tal y como ya hizo en “Not Just Money”. Aunque el propio hermano de Frank niegue que quien habla sea la madre de ambos, el mensaje familiar acerca de ser uno mismo y de no dejarse influenciar por los malos vicios de la vida está ahí, advirtiendo a Ocean (que ya ha tenido sus escarceos) o a cualquier otro. Destaca lo que escuchamos de fondo, una música que ensalza el mensaje como si estuviéramos viendo a la matriarca desde un plano contrapicado. Frank se hace eco de instrumentales ceremoniales (no tan épicas como en “Be Yourself”) enSolo, donde de forma críptica y a escondidas de la madre del anterior tema sigue hablando de drogas («No trees to blow through) y de cómo antes las compartía y ahora las consume, más bien, solo. Alegóricamente, Frank está tan lúcido como de costumbre, construyendo imágenes fantasiosas a partir de sus versos («It’s hell on Earth and the city’s on fire; inhale, in hell there’s heaven) y hablando de aquellos asuntos que cualquier otro artista explicitaría más para facilitar su comprensión al público generalista. Otra cosa que Frank, a raíz del gancho de su música y de su voz, no hace falta que se permita.

De la misma manera que pasaba con Beyoncé temas atrás, la aparición de Kendrick Lamar en Skyline To es completamente anecdótica y sirve para ambientar aún más un track que nos habla de sexo entre sonidos espaciales y futuristas de la mano de Tyler the Creator (que produce enteramente esta pieza). Ese brutal “til God’s strikes us” que suelta, literalmente, Ocean, da paso a sonidos triviales de fondo y marcan la pauta de lo que será la aparición de Lamar, que se convierte en una segunda voz impulsiva de la propia conciencia de Frank, que empezará un duelo entre su voz cantada y hablada dentro de esta amalgama atmosférica que dará paso a Self Control, un romántico tema que se acompaña de la aniñada voz de Austin Feinstein y la agradable tonalidad de Yung Lean. La segura voz de Ocean de la primera mitad se convierte, a partir del segundo estribillo, en una pérdida de confianza ante la ida (temporal o definitiva) de ese amor nuevo por el que se siente ilusionado. El sexo del anterior tema se convierte en un ‘hacer el amor’ con todas sus letras («Keep a place for me, for me; I’ll sleep between y’all, it’s nothing”). Desde su segunda mitad mejora todavía más gracias a la aparición de las cuerdas, la acentuación de la guitarra y los ecos de la voz del artista. En este punto del álbum destaca la tendencia más acústica y relajada de “Blonde”, que no se le está dando nada mal al de Nueva Orleans.

«Blonde», al igual que «Channel Orange», es una obra destinada a trascender con el paso del tiempo, a convertirse en aquel tipo de álbum que marca el recorrido de una generación joven concreta.

Volvemos a un estado emocional más mustio en Good Guy, donde Frank nos habla de esas típicas citas donde uno, sin buscar tampoco nada emocionalmente comprometido, sí quiere ‘algo más’ que ese deseo fervoroso de sexo que siente la otra persona. Aquí, la voz de Frank se escucha postproducidamente entrecortada, gesto que da a entender que esta es una situación en la que el cantante ha reincidido más de una vez. Esta canción, que habla de algo tan humano e indescriptiblemente íntimo, acaba con una conversación entre dos amigos, donde sobreentendemos que uno es gay y el otro no y, de cómo al charlar acerca de lo mismo, no hablan la misma jerga. Ocean da un paso adelante, y vuelve a plantearnos esa exposición natural de la homosexualidad que ya le haría mover los cimientos temáticos de la música urbana en “Channel Orange”. El (también) rapero hace un repaso a la trayectoria vital de sus noches de joven (incluido su encuentro con el huracán Katrina) en Nights, donde la voz de Frank empieza rapeando chulescamente ante una veraniega base dura, como de cuando se marcha el Sol en una tarde de agosto. Mediante este sonido que hace reminiscencias al hip hop comercial de los 2000s encontramos a un artista que enumera sus pasadas vivencias de joven hasta que, en el tercer cuarto del tema, se decide a hacer un cambio notable que se caracteriza por las duras guitarras que aparecen destrozando a las anteriores, mucho más agradables. Este cambio en el corte marcará lo que resta de álbum, ya que se produce en la mitad justa del minutaje de todo «Blonde”. La transformación del tema, caracterizada por una base que se podría definir como ‘trap-elegante’, sirve para cambiar la musicalidad, que ahora es mucho más intensa y experimental que lo que hemos oído anteriormente y que nos devuelve al mood con el que empezábamos en “Nikes”.

Si las uniones musicales de Beyoncé y Frank siempre solían ser potencialmente notables de entrada, ojito al momento en el que se meten en el mismo estudio Frank y André 3000 (“Pink Matter”, escúchala ya si no lo has hecho) para hacer cosas tan confesionales y arriesgadas como este Solo (Reprise), en el cual Ocean deja toda la batuta en manos del carismático componente de OutKast para marcarse unos versos que nos recuerdan a las mejores épocas del dúo de raperos. Aunque bueno, para experimental, Pretty Sweet. Mucha atención a la toma de riesgo que emprende Frank para hablarnos de lo que cada uno quiera entender en este tema, algo tan personal y subconscientemente caótico como los caminos musicales (trip-hop, hip hop, gospel, psicodelia…) que toma el track en sus dos minutos y medio de duración. Como detalle gracioso y de notable calidad, ojo al coro de niños que cierran el tema proclamando eso de “We know you’re sweet like a sucka. Tremendo aplauso.

Frank Ocean nos sabe hablar de lo que somos como gente joven: siempre un hijo para tus padres, un adulto sabio para esa versión joven de ti, y un caos incierto en el presente. How far is a light year?

Facebook Story se entiende como un trozo de documental, que bien sirve como interludio o bien como elemento continuista entre canción y canción de la misma manera que ha servido antes “Be Yourself”. En este caso, SebastiAn relata una inverosímil (pero cierta) historia con una antigua exnovia que viene a detallar cuan insulsos son los tiempos que vivimos si lo hacemos totalmente acoplados a la tecnología en su vertiente más social, asunto que Ocean ya tocaría en “Endless” con la inclusión de “Device Control”. Continuando esta senda tecnológica, Frank se marca un cover electrificado del Close To You de Stevie Wonder en un tema con el mismo nombre. Aquí la gracia recae en la contraposición y el diálogo que se crea entre esta canción y la anterior, en la cual la voz del rapero parece un instrumento tan poco orgánico como los que suenan, lo cual vendría a reforzar el mensaje de sociedad fría y distante que cae en la perdición de este tipo de comunicación. White Ferrari es la metáfora de un amor puro del que se habla en esta balada llena de detalles sonoros que se tienen que ir descubriendo poco a poco, a medida que se escuche y canalice el disco, pero que demuestra la versatilidad y el paso adelante de Ocean, quien ha decidido que para hablarnos de según qué menesteres debe ecualizar su voz hacia extremos imposibles con tal de crear ese efecto sensitivo y, ante todo, sensorial que tanto anda buscando álbum tras álbum.

Pelos de punta con Seigfried, que nos lleva a un Ocean aún más expuesto para hablar sobre aquellas vidas que estamos dispuestos a vivir e imaginar y que poco tienen que ver con la nuestra («Been living in an idea; an idea from another man’s mind). A su vez, ésta declaración lleva consigo implícitas otras ideas, como la pérdida de un amor o aquellas falsas ideas que se nos venden sobre lo que es vivir una ‘buena vida’. Todo el ejercicio de documentación y referencias de las que Frank toma partido durante “Blonde” desasosiega de lo extenso y cualitativo que es: sin ir más lejos, en este tema aquello de Seigfried puede hacer referencia al héroe de la mitología nórdica, conocido por su valentía (de ahí aquello de repetir la palabra brave tantas veces); podría también hablar del poeta inglés Siegfried Sassoon, cuya vida privada también deja entrever experiencias bisexuales como aquellas de las que nos habla Ocean; o incluso del personaje de “SoulCalibur”, videojuego del cual Frank ya dejaría testimonio precoz en su (aún infravalorado) “Nostalgia, Ultra”.

Sintetizadores de piano abren la preciosa Godspeed, un mano a mano con la cantante de gospel Kim Burrell. Aquí en menos de tres minutos ambos nos llevan hacia un lugar donde el amor existe casi de manera esperanzadora, quizá de ahí todo ese toque celestial que impregna la canción y que la convierten en un bonito número antes de que llegue Futura Free, tema que sólo sería uno al cual se le añade una pieza documental. Primeramente, tenemos un paseo de Ocean a través de diferentes temas: su nueva reputación y su sorpresa ante ella, su sexualidad, su entendimiento de la religión, sus posibilidades como ser humano… Un número que parece casi improvisado por la cantidad de franqueza que destila, convirtiéndose en algo casi literal a partir de la segunda parte, donde oímos una entrevista acerca de las preguntas más típicas e infantiles que se pueden hacer, pero que en el contexto del álbum trascienden hacia los límites de la metafísica. Así, con este trozo de veracidad, llegamos al final de uno de los álbumes más esperados de los últimos años.

Y es posiblemente ‘veracidad’ la palabra que mejor define este “Blonde”, ya que aun manteniéndose fiel a su ambiguo personaje indescriptible, Frank Ocean se abre como de costumbre, y a su manera, hacia motivos y temas tanto musicales como personales que hacen de este largo uno de los proyectos más ambiciosos a nivel personal que hemos podido escuchar en tiempo, llegando a límites que van más allá de lo que el artista hizo con “Channel Orange”. Allá dónde “Endless” se encriptaba para darnos mensajes difícilmente abarcables, “Blonde” pasea por terrenos que afectan directamente a la personalidad del oyente, ofreciendo segundas, terceras, cuartas e infinitas lecturas y detalles que precisan que este álbum se tenga que escuchar más de una vez.

De hecho, donde “Mixtape, Ultra” fue la sombra de “Channel Orange”, “Endless” será la hermana menor de “Blonde”, estamento que no tiene por qué hacer ninguna obra mejor que otra necesariamente. Tanto “Mixtape, Ultra” como “Endless” (incluso siendo caóticas), son más accesibles a primera escucha de lo que lo son “Channel Orange” y el álbum que nos ocupa. Estas dos referencias están destinadas a trascender con el paso del tiempo, a convertirse en aquel tipo de obras que, por un lado, marcan el recorrido de una generación joven concreta (llámanos Millenials, o como te apetezca) y que, por otro lado, se convierten directamente en creaciones inabarcables de buenas a primeras, pero desgranables y de culto a medida que los años pasen. Tal y como apuntan sabiamente desde Pigeons and Planes, Frank Ocean nos sabe hablar de lo que somos como gente joven: siempre un hijo para tus padres, un adulto sabio para esa versión joven de ti, y un caos incierto en el presente. How far is a light year?

Frank Ocean – Blonde

9.1 HOT RECORD

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Frank Ocean es una de las principales voces para entender la generación joven que se avecina dentro de los próximos años, generación que queda resumida a partir de inquietudes y viajes introspectivos del propio artista que lo llevan al pasado, al futuro, al presente y a las diferentes versiones de sí mismo en un “Blonde” que ha nacido para ser entendido y disfrutado poco a poco, como las mejores obras.

Up

  • Ocean mejora lo hecho anteriormente al continuar hablándonos muy al oído de aquellos asuntos que pensamos que sólo nos pasan a nosotros.
  • Frank toca palos más acústicos y no tan ceñidos al R&B, y el notable resultado le lleva a una versión más intimista y, seguramente, acorde al momento vital del rapero y cantante, hecho que demuestra sus inquietudes artísticas.
  • La experimentación de Ocean con sus diferentes voces a través de los temas le hace encarnar otros personajes que son elongaciones de sí mismo, algo interesantísimo a nivel musical.

Down

  • Quizá pueda resultar menos accesible que, por ejemplo, “Endless” (para según qué paladares).