Pearl Jam

Pearl Jam –
Ten

Seattle era una ciudad turbia a finales de los ochenta y principios de los noventa, algo que se reflejaría en una escena musical que aún hoy en día se recuerda con admiración e ilusión. De entre toda la avalancha de grupos surgirían Pearl Jam, quienes con Ten, su álbum debut, reconstruirían una vez más los cimientos del rock para volver a traerlo a la primera fila gracias a un disco lleno de sinceridad, inconformismo y, sobre todo, grandes canciones.

En el mundo de la música hay historias que se han contado cientos de veces, historias con un encanto especial que junto a la figura del grupo al que corresponden, han llegado a convertirse prácticamente en leyenda. A estas alturas ya son conocidas de sobra por la gran mayoría, pero tienen un atractivo especial que hace que parezca que nunca sean suficientes veces. Porque quién sabe, quizás mediante esta versión consiga que gente poco familiarizada quede encandilada y se vuelva adepta a ese grupo que para mí se volvió tan especial cuando en su día yo lo descubrí y leí su historia. Sólo por eso creo que merece la pena contarla una vez más. Así que no nos entretengamos más. Esta es la historia de cómo se formó Pearl Jam y de cómo surgió ese primer disco con el que revolucionaron la escena de su ciudad y del resto del mundo y que colocaría automáticamente al grupo como uno de los grandes y de los más representativos del rock de los noventa. Ese disco no es otro que el grandioso Ten.

Todos para uno y uno para todos

Ten se convirtió rápidamente en uno de los discos insignia no sólo de la escena de Seattle, sino del rock de los noventa gracias a un puñado de canciones de gran calidad con capacidad de convertirse en el himno de una generación.

Pearl Jam es una banda procedente de Seattle formada en 1990. Se podría decir que su nacimiento fue por casualidades del destino. Un destino con una parte trágica, pero que avivaría aún más la llama de lo que iba a ser uno de los grupos que traería el rock noventero a la primera fila. Todo comienza cuando el guitarrista Stone Gossard y el bajista Jeff Ament forman junto al cantante Andrew Wood el grupo Mother Love Bone. A ellos se unirían el guitarrista Bruce Fairweather y el batería Greg Gilmore. El conjunto alcanzaría la popularidad suficiente como para firmar un contrato discográfico a finales de 1989 con PolyGram, pero el 19 de marzo de 1990, pocas semanas antes del lanzamiento de Apple, su disco debut, Andrew Wood moriría por una sobredosis de heroína.

Esto haría que el grupo se desintegrase y Gossard y Ament volviesen a encontrarse en plena búsqueda de lo que sería su nuevo proyecto. Pronto se uniría a ellos Mike McCready a la guitarra y empezarían a tocar los tres. Poco después, Chris Cornell (cantante de Soundgarden) les llamaría para grabar con él y con el batería Matt Cameron un par de canciones que había compuesto en homenaje al fallecido Andrew Wood, con quien había compartido una fuerte amistad. Ese par de canciones acabarían derivando en un disco completo que llevaría el nombre de Temple of the Dog.

Mientras tanto, los tres componentes seguirían buscando un cantante y un batería para su nuevo proyecto. Para acelerar el proceso, grabarían una maqueta que se conocería como The Gossman Project. Esta demo llegaría a manos de Jack Irons, exbatería de Red Hot Chili Peppers, quien en lugar de conseguirles un batería, le pasaría la demo a su compañero de surf, Eddie Vedder, por entonces residente en San Diego, donde trabajaba en una gasolinera y había cantado en el grupo Bad Radio. La historia cuenta que Vedder se pasaría toda la noche escuchando la demo y al día siguiente, mientras surfeaba, le empezarían a venir las letras a la cabeza, las cuales escribiría y grabaría nada más llegar a casa. Así nacería la trilogía “Momma-son”, formada por “Alive”, “Once” y “Footsteps”. Vedder enviaría de vuelta la demo con las letras a Gossard, Ament y McCready, quienes por entonces habrían conseguido al batería Dave Krusen, y tras quedar impresionados se pondrían en contacto con Eddie Vedder. Una semana después se mudaría a Seattle y comenzarían a grabar el que sería su primer disco a la vez que grabarían con Temple of the Dog con la incorporación de Vedder también a la voz.

Antes de firmar un contrato discográfico, el grupo se haría llamar Mookie Blaylock, nombre de un jugador de la NBA, ya que durante sus primeros pasos se dedicaban a distribuir maquetas grabadas en casete con las portadas ilustradas por el propio Eddie Vedder. Una de ellas tenía un cromo de este jugador y por ello darían sus primeros conciertos bajo ese nombre. Sin embargo, tras firmar con Epic Records se verían obligados a cambiarlo por temas legales, dando lugar al nombre que hoy todos conocemos: Pearl Jam. Sobre su origen hay diversas teorías, siendo las más famosas que este era el nombre de una mermelada que la bisabuela de Eddie Vedder solía prepararle, y otra que escogieron el nombre tras asistir a un concierto de Neil Young en el que una jam suya les impresionó.

Para la grabación de Ten (título en homenaje a Mookie Blaylock, quien solía portar ese número en su camiseta) contarían con Dave Krusen como batería, quien sería sustituido por Dave Abbruzzese debido a sus problemas con el alcohol tras terminar las sesiones en mayo de 1991. El disco vería la luz por fin en agosto de ese año. Su conjunto estaría formado por canciones que en su mayoría ya habían sido compuestas anteriormente, contando con varias de las primeras demos a las que Vedder se encargaría de añadir la letra. Junto a otros pelotazos de ese año como el Nevermind de Nirvana, Ten se convertiría pronto en uno de los discos insignia no sólo de la escena de Seattle sino del rock de los noventa gracias a un puñado de canciones de gran calidad con capacidad de convertirse en el himno de una generación.

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Fotografía: Archivo

Crítica social e inconformismo

Una de las grandes virtudes de Ten son los temas que trata, cargados de crítica, de reflexión y de familiaridad al tratarse de problemas sociales que sobre todo la gente estaba viviendo en el momento.

Metiéndonos por fin en el correspondiente análisis del propio disco, la pieza encargada de abrirlo es “Once”, precedida por una pequeña intro incluida en el propio tema conocida como “Master”, que no es sino un fragmento de una jam del grupo. “Once” pertenece a una mini-ópera de tres canciones junto a “Alive” y “Footsteps”, que fue lanzada como cara B. En ellas se cuenta la historia de un chico que descubre que quien pensaba que era su padre biológico es en realidad su padrastro, y que su padre está muerto, a la vez que su madre lidia con el dolor manteniendo relaciones sexuales con este chico debido a su parecido con el padre. Este suceso le llena de ira y le lleva a cometer una matanza, hasta ser posteriormente arrestado. Este primer tema cuenta la parte en la que el chico se deja dominar por la locura y se convierte en un asesino en serie (“once upon a time I could control myself, once upon a time I could lose myself”), acompañándose de riffs cargados de rabia. Todo un golpe en la mesa para comenzar el disco.

Pasamos a “Even Flow” y ya nos regalan uno de sus temas insignia, en el que el grupo entero hace gala de su virtuosismo y gran habilidad. Otra de las grandes virtudes de este disco son los temas que trata, cargados de crítica, de reflexión y de familiaridad al tratarse de problemas sociales que sobre todo la gente estaba viviendo en el momento. Así, se relata aquí la vida de un sintecho, de su rechazo por la sociedad y de su optimismo por rehacer su vida: “Even flow thoughts arrive like butterflies, oh, he don’t know, so he chases them away, someday yet he’ll begin his life again”.

Todo está perfectamente en su sitio

Pearl Jam utilizarían la influencia del grunge de Seattle para combinarla con el rock más guitarrero con tendencia a las improvisaciones y a los solos, rozando en ocasiones el rock de estadio, sólo que sin rastro de su pretenciosidad habitual.

Pero donde nos encontramos uno de los grandes himnos del largo es en “Alive”, primera parte de la mini-ópera de “Momma-son”. En ella se relata la parte en la que la madre confiesa a su hijo que su verdadero padre está muerto, siendo casi autobiográfica pues esto realmente le pasó al propio Eddie Vedder, quien ha contado que ha cambiado mucho su forma de ver la canción con el paso de los años, pasando de referirse al hecho de estar vivo como una maldición a significar esperanza y positivismo, tal y como lo han sentido la mayoría de fans siempre. No quiero pasar a la siguiente pieza sin mencionar el solo de esta canción, posiblemente de los más reconocibles de los noventa.

Los problemas sociales siguen en “Why Go”, una canción que relata la historia de una chica que fue encerrada en contra de su voluntad en un psiquiátrico sin padecer ninguna enfermedad, haciéndole perder todas las ganas de vivir y sin saber a dónde ir cuando consigue escapar, pues si vuelve a casa su madre la volverá a mandar allí. La batería es la encargada de tomar las riendas mientras que las guitarras sueltan tormentazos cargados de reverb y la voz de Vedder suena con una potencia que muy pocos han conseguido igualar a día de hoy.

No obstante, es en “Black” donde hace verdadera muestra de que es una de las voces con más personalidad y capacidad de transmitir de toda su generación. “Black” es el baladón del disco, una canción que habla sobre una ruptura y que marca la diferencia entre Pearl Jam y el resto de bandas de la escena de Seattle de los 90, alzándolos como un grupo más reposado y con un mayor desarrollo en los temas (los anteriores ya son una muestra de su capacidad para las jams y los solos). Una pieza que comienza con un deje melancólico que poco a poco se convierte en un canto desgarrador a manos de una melodía de guitarra y voz que ponen el corazón a flor de piel a cualquiera.

Atmósfera y magia

Ten son las ganas, la sinceridad y la habilidad de cinco chicos inconformes con el mundo que les rodeaba y que juntos se encargarían de revitalizar una vez más la música de guitarras y marcar el camino a seguir.

Me resulta impensable que alguien pueda no emocionarse o no sentir nada por temas como “Jeremy”. Una canción inspirada por una noticia en un periódico en la que se relataba que Jeremy Wade Delle, un estudiante de Texas, se suicidó pegándose un tiro delante de su clase en el instituto a la vez que por un compañero de instituto de Vedder que sufría acoso y realizó un tiroteo en su instituto (afortunadamente no hubo heridos). Vedder recogería el testigo y compondría otro gran himno en homenaje a este estudiante, contando cómo el abandono por parte de sus padres y el acoso escolar le llevarían a acabar con su vida, siendo este acto su forma de manifestar el dolor que sufría: “Jeremy spoke in class today”.

En “Oceans” Eddie combina sus reflexiones y sentimientos en cuanto al surf con una historia de amor, siendo un tema bastante melancólico con unas guitarras que consiguen representar muy fielmente el sentimiento de encontrarse perdido en el mar, asemejando el vaivén de las olas. El amor sigue siendo un tema vigente en “Porsch”, pieza que recupera el ritmo más acelerado y cabreado del grupo y que relata la historia de alguien que nunca declaró su amor y vive arrepentido tras haber perdido de vista para siempre a la persona que le gustaba.

Un arpegio lleno de tristeza introduce “Garden”, balada que sin estar a la altura de la grandiosa “Black”, habla del existencialismo y la alienación de la sociedad moderna, cuestionando y denunciando las necesidades de esta sociedad y su sometimiento: “I’ll go with my hands bound, I will walk with my face, blood, I will walk with my shadow flag into your garden, garden of stone”.

Icónico de principio a fin

Pearl Jam reconstruyeron una vez más los cimientos del rock para volver a traerlo a la primera fila gracias a un disco lleno de sinceridad, inconformismo y, sobre todo, grandes canciones.

Ninguno de las guitarras da un segundo de respiro a lo largo de Ten. Muestra de ello es “Deep”, penúltimo track, en el que nos regalan algunos de los riffs con más fuerza de todo el conjunto y que sólo se calman para dar paso a la voz de Eddie, que arrampla con la misma furia. Sólo en “Release”, último corte del disco, bajan las revoluciones con un desarrollo muy pausado y evocador al tratarse de un tema surgido de una jam en el que el propio Vedder improvisó la letra, reflexionando una vez más sobre la existencia y sobre su padre biológico, al que le pide que lo libere del dolor que siente por su muerte. Partidario de mantener el misticismo y la magia de esta canción, Eddie siempre se ha negado rotundamente a escribir la letra en papel, pues habría roto uno de los cierres con más encanto que recuerdo en un trabajo, no sin recuperar la segunda parte de aquella jam que abría el disco, “Slave”.

1991 fue un año especialmente destacable para la música. Las grandes bandas de rock como Guns N’ Roses, U2 o Queen tocarían techo en aquel año mientras que la escena que llevaba unos años cociéndose en el underground a manos de grupos como Pixies saltarían a primera plana gracias a grupos como Nirvana o los protagonistas de esta crítica, Pearl Jam. Dentro de todo el panorama tan turbio, Seattle contaría con un microuniverso propio del que saldrían algunos de los grupos más grandes de la década, proclamando el grunge como característica común. No obstante, desde el principio se vio (y grupos como los propios Pearl Jam se empeñaron en hacer ver) que la etiqueta de grunge no era admisible ni aplicable para todos. Es cierto que la influencia del lugar al que pertenecían y en el que nacieron sería palpable de un modo u otro en todos, pero nada más allá de eso. En el caso de Pearl Jam, utilizarían esa influencia para combinarla con el rock más guitarrero con tendencia a las improvisaciones y a los solos, rozando en ocasiones el rock de estadio, sólo que sin rastro de su pretenciosidad habitual, tan sólo las ganas, la sinceridad y la habilidad de cinco chicos inconformes con el mundo que les rodeaba y que juntos se encargarían de revitalizar una vez más la música de guitarras y marcar el camino a seguir.

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