Thee Oh Sees

Thee Oh Sees –
A Weird Exits

John Dwyer despeja todas las dudas acerca de la nueva formación de su banda y se marca uno de los discos de su vida en este A Weird Exits. Recomendable para cualquier amante del garage, los sonidos psicodélicos y el rock and roll.


Fieles a su cita discográfica anual, Thee Oh Sees han regresado este agosto, el mes en el que no ocurre nada (já), con nuevas canciones debajo del brazo. Ahora es cuando los que no habéis escuchado a Thee Oh Sees en vuestra vida huís espantados al comprobar la cantidad de obras que componen su discografía. Y yo os entiendo, cuando uno tiene que enfrentarse a una nueva banda con tanto material publicado el agobio aparece junto a la clásica pregunta: “¿por dónde empiezo?”. Bueno, de momento no vamos a tratar de responder esa pregunta, ya habrá tiempo de comentar con detalle el trabajo de Thee Oh Sees; por ahora nos centraremos en explicar por qué (tras más de 11 discos, maquetas, rarezas, cambios de nombre y formación) Thee Oh Sees siguen siendo un grupo que merece la pena descubrir y A Weird Exits un álbum trascendental dentro del historial de la banda.

Vaya por delante que uno es fan declarado de esta ola de garage revival de toques psicodélicos que parte de la West Coast y termina de romper en Australia. Por eso, no me cuesta trabajo disfrutar con este tipo de bandas a las que, en su empeño de sacar más y más discos, se les acusa (a veces con razón) de primar cantidad por encima de calidad. Este no es el caso de Thee Oh Sees, por lo menos no el de la mayoría de sus trabajos, y desde luego no se corresponde con lo que han hecho en A Weird Exits. Así que, querido joven amante de la música de guitarras, no dejes de leer esta crítica ni de escuchar este disco. A Weird Exits no está hecho para un exclusivo grupo de hipsters o frikis del garage-psych. Aunque no te lo creas, este disco, y esta banda, también son para ti.

No hacía falta ya, pero lo han hecho (otra vez)

Que pueda presentar A Weird Exits como uno de los mejores discos de la carrera de Thee Oh Sees es fruto del esfuerzo de toda una vida, la suma de decisiones acertadas tomadas en Mutilator Defeated At Last y la mente e inquieta e inconformista de John Dwyer.

La banda capitaneada por John Dwyer no ha querido dormirse en los laureles y poner el modo automático enganchando una y otra vez temazos guitarreros, y la verdad es que estaban en su derecho de hacerlo. ¿Acaso no era suficiente con haber estado tantos años en la cresta de la ola garajera? Los sanfranciscanos son una referencia constante en la boca de los nuevos grupos de la escena, llegando a ser venerados por nombres ya muy bien asentados de la altura de Ty Segall. Dwyer no soporta la idea de vivir de las rentas y, cuando tras Floating Coffin y Drop parecía que la banda no podía dar más de sí, decidió romper con todo y reaparecer con una nueva alineación en su reciente Mutilator Defeated At Last.

Con una estructura mucho más potente gracias al uso de dos baterías, Thee Oh Sees consiguieron llevar su sonido hacia lugares más pesados, sin perder la frescura garage y potenciando el elemento psicodélico en canciones como “Sticky Hulks” que llegaba a rozar el krautrock. De aquellos polvos, estos lodos: Tras ese arriesgado paso, Thee Oh Sees seguían siendo una apisonadora en directo, ofrecían un sonido mucho mejor producido y abrían nuevas puertas a su sonido. Que ahora pueda presentar A Weird Exits como uno de los mejores discos de la carrera de Thee Oh Sees es fruto del esfuerzo de toda una vida, la suma de decisiones acertadas tomadas en Mutilator Defeated At Last y la mente e inquieta e inconformista de John Dwyer.

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Fotografía: http://exitmusik.fr/

Liderando la evolución de la música garage del siglo XXI

La mejor noticia es que Dwyer y los suyos son dueños en todo momento de su experimento, conscientes de dónde parten y a dónde quieren llegar. Gracias a esa autoconsciencia, humildad y respeto por sus orígenes (al fin y al cabo no dejan de ser un grupo de garage) evitan perderse en sí mismos de manera pretenciosa.

Vamos que nos vamos: “Dead Man’s Gun” arranca suave, con guitarras afiladas y el característico falsete del vocalista, no tardan demasiado en redoblar las baterías y, a la señal de un agudo aullido, guitarra y bajo entran recargados de esa distorsión marca de la casa. El tema hace gala de una buena gama de contrastes sonoros y la habilidad de Dwyer para tratar el sonido en el estudio: riffs de rock setentero, toques de psicodelia, mala uva punkarra cuando toca… ¿Alguien da más?

No obstante, hay ocasiones en las que los californianos deciden restar sutileza a su propuesta y soltar guitarrazos a piñón sin ningún tipo de contemplaciones. Así lo hacen en “Ticklish Warrior”, que arranca con unos rasgueos algo perezosos que no tardan en combustionar junto con un mar de fuzz y una ensalada de hostias a cargo de la percusión de Moutinho y Rincon. Encontramos los habituales alaridos de Dwyer y los juegos de escalas blueseras, todo ello revestido, eso sí, de una potencia mayor a la exhibida en anteriores trabajos.

Jammed Entrance” vuelve a dar muestras de la evolución en el sonido de la banda. Las baterías, más hipnóticas que nunca, se entrelazarán invitando al sintetizador y a tu cuerpo moreno a bailar junto a ellas. Un tema enteramente instrumental que posee aquellas maneras kraut que ya asomaban ligeramente en su referencia anterior y en el maravilloso Putrifiers II. La mejor noticia es que Dwyer y los suyos son dueños en todo momento de su experimento, conscientes de dónde parten y a dónde quieren llegar. Gracias a esa autoconsciencia, humildad y respeto por sus orígenes (al fin y al cabo no dejan de ser un grupo de garage) evitan perderse en sí mismos de manera pretenciosa.

Más experimentación

Mirando con retrospectiva, no podemos decir que la carrera de Thee Oh Sees se haya ido a la mierda en ningún punto, pero, cuando parecía que podrían convertirse en una imitación de sí mismos, Dwyer fue valiente para remontar todavía más alto el vuelo.

Por favor, escucha “Plastic Plant”, si esto no te agita por dentro, yo no sé ya. El grupo se sirve de la estructura loud-quiet-loud tan explorada por el indie de Norteamérica para que las explosiones sonoras y el groove sean irresistibles. Nuevamente tenemos una genial coordinación en la sección rítmica, un aroma psicodélico difícilmente ignorable y guitarrazos por doquier. La experimentación se agradece, pero de vez en cuando vienen bien uno de estos chutes de adrenalina para el cuerpo, Thee Oh Sees lo saben y nos proporcionan en “Plastic Plant” una de las dosis más vigorizantes de su carrera.

La robustez de su sonido alcanza el máximo en “Gelatinous Cube”. ¿Pero es que quieren los Oh Sees tocar metal? Nos adentramos peligrosamente en los lodazales del género stoner. Los de San Francisco tienen demasiada personalidad como para soltar ahora una pieza canónicamente stoner, así que durante el desarrollo de la canción aparecerán guitarras cortadas, punteos desordenados que parten de la guitarra de 12 cuerdas y los clásicos gemidos de John Dwyer.

Todavía no he mencionado a Timothy Hellman, nuevo bajo de la formación que parece responder fenomenal a ese nuevo sonido que Dwyer andaba buscando y que aquí realiza un trabajo soberbio. Más experimentación y lucha contra sus propios límites estilísticos es lo que encontramos en “Unwrap The Fiend Pt. 2”. Esta vez, en un ejercicio de versatilidad, no tirarán hacia el stoner sino hacia una psicodelia juguetona que, me va a perdonar la policía del krautrock, me recuerda mucho a la primera época de los alemanes Can.

Todo lo bueno de su último disco, pero mejor

La sensación que deja A Weird Exits es la de una banda joven, que sigue en la buena dirección y que ha ganado en madurez y espontaneidad al mismo tiempo. Y todo esto lo han hecho empujando poco a poco sus propios límites compositivos.

En “Crawl Out From The Fall Out” ya debo quitarme el sombrero. Realmente nunca creí capaces a Thee Oh Sees de hacer un tema así. No es que no me guste cuando se ponen a rascar sus guitarras como posesos (de hecho eso me encanta), pero debo admitir que con este séptimo track me han cogido por sorpresa. Es como si, a través de ocho embriagadores minutos, quisieran reflejar un sentimiento depresivo y de alienación al mismo tiempo.

Cuando parece que ya lo han hecho todo, se despiden con una especie de medio-tiempo espacial llamado “The Axis”. Quién me iba a decir que Thee Oh Sees estarían a punto de sacarme una lagrimita con una balada; pero así es, John Dwyer y yo también tenemos nuestro corazoncito. Entre teclados de finales de los sesenta, trémolos de guitarras distorsionadas y suaves baterías, Dwyer (a quién jamás veréis hablando de su vida personal) dedica unos crudos versos a su ex-pareja. En definitiva, una gran break-up-song de corte clásico cuya producción space seguro os sorprenderá.

Don’t you know how much I don’t love you?
Don’t you know how much I don’t care?
And can’t you see how much I don’t need you?
Just like you were never really there

Cuando se supo que Thee Oh Sees iban a sacar otro disco, y a pesar de ser un gran fan de su música, no me veía escribiéndoles una crítica demasiado entusiasta, no me terminaba de fiar de las intenciones de Dwyer para con su nueva banda de toda la vida, y aquí me tenéis. Mirando con retrospectiva, no puedo decir que la carrera de Thee Oh Sees se haya ido a la mierda en ningún punto, pero, cuando parecía que podrían convertirse en una imitación de sí mismos, Dwyer fue valiente para remontar todavía más alto el vuelo. Tras una década y pico de trabajos (más, si contamos la carrera del vocalista en solitario) Thee Oh Sees siguen teniendo algo que decir y liderando la evolución de la música garage del siglo XXI.

La sensación que deja A Weird Exits es la de una banda joven, que sigue en la buena dirección y que ha ganado en madurez y espontaneidad al mismo tiempo. Y todo esto lo han hecho sin grandes sobresaltos, sin transiciones musicales demasiado forzadas, sino empujando poco a poco sus propios límites compositivos, quedándose con lo bueno y aprendiendo de sus errores. John Dwyer, ¡que viva la madre que te parió!

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