Cenizas. Es imposible pensarlo después de tantos años, un verano de 1971, pero el disco más icónico de la banda fue construido sobre una pira de cenizas. No ha perdido el regusto a renuncia, a fracaso, y ¿puede haber algo más fantástico?

Vuelva a encontrarse con la portada del “Who’s Next”, después de tanto tiempo, y reconozca la escombrera de carbón. Cuatro músicos orinando en una parodia del monolito que recorre el firmamento en 2001: Una odisea en el espacio, cuatro tipos corrientes que pretendieron hacer lo más grande, un espectáculo que cambiara la historia de la música. ¿Por qué nos acordamos hoy de esto? Claro que no lo consiguieron. Habría sido algo sobrehumano, ¿y qué valor puede tener para nosotros el arte sobrehumano, lo que nos aleja de lo que realmente somos?

No hay rebeldía sin «Who’s Next”

El ambicioso Pete Townshend pretendió llevar el éxito de la ópera rock “Tommy” a sus últimas consecuencias, y para ello inició un proyecto musical con temática de ciencia ficción según el cual el rock ‘n’ roll salvaría la Tierra. La grabación tendría lugar en el teatro Young Vic, y durante el desarrollo musical debían entrecruzarse representaciones en las que intervendría la propia audiencia, un arte total parecido a lo que Wagner quería lograr con su tetralogía. «Lifehouse” resultó irrealizable. Demasiadas exigencias por parte del guitarrista, el agotamiento al que había sometido a su fiel productor Kit Lambert, y la incomprensibilidad del argumento terminaron por cesar el sueño.

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El optimismo y la jovialidad del punk deben mucho a este mod depurado

El ambicioso Pete Townshend pretendió llevar el éxito de la ópera rock “Tommy” a sus últimas consecuencias, y para ello inició un proyecto musical con temática de ciencia ficción según el cual el rock ‘n’ roll salvaría la Tierra.

El gran proyecto había fracasado. Quedaban fragmentos, ideas, composiciones sin ilación. ¿Qué podía hacerse? Basta escuchar el comienzo del álbum para saberlo. Con “Baba O’ Riley” las motocicletas de los Who volvían a arrancar con el valor de su primer LP, desde el fracaso, un grito fresco, enérgico y sobre todo humano. Parece que miraban al mundo desde arriba, con la ropa aún sucia del golpe. En honor a la filosofía que ocultaba «Lifehouse», el título del primer tema resulta de unir los nombres del gurú Meher Baba, a quien también dedican el solo de violín final, con el de uno de sus artistas predilectos: Terry Riley. Precisamente a su “Rainbow in Curved Air” debe el tema esa inmersión de sintetizadores, minimalismo que se va complicando para generar un bajo sin llegar a los excesos del compositor. A partir de aquí la tensión va creciendo, la escombrera tiembla, los instrumentos se van sumando sin embrollar el resultado, hasta que llega el clímax: las líneas de «Teenage Wasteland”, el renacer del grupo.

Sería casi imposible superar este inicio de álbum, aunque ninguno de los temas decepciona en este sentido. En general The Who suenan muy diferentes a sus anteriores trabajos. Con “Bargain” se instauran la fuerza y el optimismo propios de la banda. Una introducción difusa que recuerda al progresivo de Yes, y cuando las brumas se esfuman arranca la batería de Keith Moon, soberbiamente producida. Entre este carácter rockero flotan algunos interludios más intimistas, con sintetizadores de por medio, similares a los que emplearían “Camel”, otro listón progresivo que aún tardaría en aparecer en el mercado. Fácilmente esta pareja de temas se incluirían entre los favoritos de los seguidores de la banda.

A medida que la reproducción de «Who’s Next» avanza da la impresión de que casi cualquier tema podría haber funcionado como sencillo. Ninguno desentona con una construcción diferente, pero al mismo tiempo el resultado es original y variado.

La breve “Love Ain’t for Keeping” recupera un sonido más folk acercándose al trabajo de Led Zeppelin. Es un acertado receso desde el que se puede apreciar todo el valle. La atractiva sucesión de acordes de “My Wife” y la atípica voz de Entwistle hacen del siguiente tema otra parada interesante. Prácticamente toda la ejecución y composición son suyas. No titubean los arreglos por su brevedad, una escueta sección de viento que sirvió de base a “5:15” en el próximo álbum. A medida que la reproducción avanza da la impresión de que casi cualquier tema podría haber funcionado como sencillo. Ninguno desentona con una construcción diferente, pero al mismo tiempo el resultado es original y variado, sin llegar al desorden de “The Who Sell Out”. Como una melancólica espera, “The Song is Over” divaga, pero no tarda en salir al aire libre, donde demuestra la juventud y la potencia de ésta. En algún momento el cielo volverá a nublarse, y amenazarán lluvias. Es una despedida, cargada de los cambios de humor propios de la edad.

Con la cara B llega “Getting In Tune”, una balada que sigue la estética del álbum, creciendo a medida que avanza hasta alcanzar la categoría de himno. Parece que Queen no fueron los primeros. Esta nueva sensación está bien, pero resulta inevitable recordar viejos tiempos. El viento de cara una vez más. “Going Mobile” retrata perfectamente, pero con un mayor refinamiento, la etapa en que la carretera y la estética mod eran dogma. Sin excesos, con una línea melódica efectiva y efectos sobre el sintetizador. Sin embargo, la madurez no es completa hasta “Behind Blue Eyes”. No hace falta conocer el idioma natal de la banda para percatarse de que se trata de un parón introspectivo. ¿Acaso no es humano el rencor? Bueno, rencor y queda algo más… Merece la pena volver a derretirse en unos ojos azules para entenderlo. Arrastramos las perneras del pantalón sobre el tizne, mientras las armonías vocales de los componentes y el remate levantan el ánimo a lo más alto de la montaña, donde podemos encontrarnos finalmente con el obelisco que cierra el álbum.

The Who cumplen la tarea que tenían pendiente desde su primer disco

Hay un sentimiento de unidad exquisito en el disco, tarea que los Who tenían pendiente desde su primer LP, pero al mismo tiempo no paran de moverse, gracias en parte a los sintetizadores que soplan como brisa de alta montaña, el piano a manos de Entwistle y del teclista de los Rolling, Nicky Hopkins.

Resulta inevitable relacionar el primer tema con “Won’t Get Fooled Again”, especialmente la introducción entrecortada que amedrenta con nubarrones. ¿Es que éramos unos inocentes, hay algo que se muere con la edad? Pero de entre las tinieblas emerge la banda, con un sonido que nos resulta muy familiar, camuflado por la electrotecnia. No le falta razón a quien recuerde “Pinball Wizard”. Acabadas las palabras grandilocuentes y el sempiterno entusiasmo se suceden secciones más caóticas y destructivas, a las que los Who propinan un codazo para seguir añadiendo estrofas. Por un momento logran transmitirnos la impresión de que el concierto no va a finalizar nunca. No es fácil componer una canción tan larga con tan pocos materiales y que no se vuelva repetitiva. Pero la inestabilidad es necesaria, finalmente una nebulosa vuelve para llevárselos. Que te crees que va a ser tan fácil hacerles callar. Aún envueltos en la nube, el latido de la guitarra y la batería estallan con la última advertencia de Daltrey: «Te presento al nuevo jefe, igual que el viejo jefe”.

Hay un sentimiento de unidad exquisito en el disco, tarea que los Who tenían pendiente desde su primer LP, pero al mismo tiempo no paran de moverse, gracias en parte a los sintetizadores que soplan como brisa de alta montaña, el piano a manos de Entwistle y del teclista de los Rolling, Nicky Hopkins. Al principio puede dar la sensación de que las dos torres que abren y cierran el álbum son muy superiores al resto, pero es cuestión de profundizar, repetir y descubrir que a lo largo del álbum hay un fluir continuo, líneas melódicas elaboradas y un magnífico empleo de los materiales.

The Who – Who’s Next

10 INSTANT CLASSIC

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Obra imprescindible para los amantes del rock y la música en general. La introducción de sintetizadores y su uso frecuente fue un gran aporte al género, especialmente en el terreno progresivo, pero independientemente se trata de una construcción única, con melodías complejas pero fáciles de entender. Superior al resto de sus elaborados pero caóticos trabajos, un niño que finalmente ha madurado. A él se debe regresar y siempre descubrir cosas nuevas.

Up

  • El empleo de melodías con gancho y más elaboradas.
  • Un descubrimiento paulatino de sus temas, empezando por los dos bandera y siguiendo por el resto de joyas en su interior.
  • El uso frecuente de sintetizadores del que tantas bandas se harían eco.

Down

  • Una edición sin bonus tracks adolece de demasiadas curiosidades, como la genial “Pure and Easy”.