Rubén Pozo da un salto casi mortal hacia adelante y se queda suspendido sobre sus brazos ante los chillidos de más de 20.000 personas. Su compañero Leiva le sujeta un poco los pies y parece invitarle cariñosamente a que recupere la verticalidad. Ya despojados de sus camisetas, pelo rockero en pecho al aire, el último dúo del viejo rock & roll en español se despide del respetable que abarrota el Palacio Vistalegre para dejar paso a las nuevas generaciones.

Si en ese momento tenías menos de 25 años, probablemente estabas allí y Pereza fuera para ti uno de esos grupos con los que disfrutabas. O posiblemente odiaras su eterna pose de rock, sus morritos y su colección interminable de superéxitos que sonaron hasta la saciedad en la radio fórmula española hasta su completa decadencia. No es de extrañar. El grupo forjado a la sombra de la Alameda de Osuna, ese madrileño barrio del que salieron otros parecidos, pero nunca como ellos, vio nacer este grupo que conquistó el estrellato a base de tocar mucho y con todo el mundo.

A finales de su carrera, había pocos (poquísimos) músicos de la escena rockandrollera, grandes, pequeños, leyendas y trileros que no hubieran tocado o grabado una canción con ellos. Iván Ferreiro, Xoel López, Joaquín Sabina, Coque Malla, Burning, Ariel Rot, Loquillo, M Clan, Andrés Calamaro, Fito Páez, Intoxicados, Quique González, Dani Martín, Sidonie, Hombres G, Miguel Ríos, Radio Futura… Nadie quería perderse la oportunidad de tocar con la banda del momento. ¿Casualidad? ¿Buena promo? ¿Un mánager de bandera? Bueno, todo eso era Pereza, seguro. Pero también una banda rodada hasta el milímetro que en sus últimos años incorporó un potente directo de sonido stoniano que terminó de redondear el círculo de su éxito. Esta es su historia.

“Pereza”:

El título de su primer disco ya jugueteaba con la idea incrustada en la mente de toda una generación de jóvenes que no habían venido precisamente a salvar el mundo. Que querían rock & roll urgente y lo querían ya. Sin esperar a que cuajaran, el sello RCA Records reclutó al por entonces trío formado por Rubén Pozo a la cabeza, Leiva y Tuli como batería que estaban pelándose las rodillas en los campos de la Siroco. El primer grupo de Rubén, Buenas Noches Rose, había terminado hace poco, dejando un buen reguero de temas ya para los seguidores de culto. Como soldado del rock con más batallas, le correspondía a él ser el líder de esta banda, en lo lírico y también en lo musical. Por eso la mayoría de canciones de este álbum llevan su firma y su voz, algo que cambiaría pronto.

En “Pompa de jabón“, su segundo single, tras “Horóscopo“, ya se dejaban ver las guitarras burningnianas y las letras desenfadas y sin pretensiones. El disco tiene buenos cortes en general como la genial, lisérgica y adolescente “Serás aún la misma“, pero ninguno les haría rozar la fama. A pesar de esto, el grupo siguió tocando a la puerta de todos los garitos y dejándose ver por toda España, inasequibles al desaliento.

“Algo Para Cantar”:

Sería con el segundo disco cuando Pereza darían ese salto de calidad para convertirse en un grupo a tener en cuenta por crítica y, sobre todo, por una legión de fans pijas adolescentes que empezarían a copar las primeras filas de sus conciertos, aunque la banda lo quisiera disimular. A pesar de esto, es evidente que el cambio de vocalista le dio un nuevo giro comercial al grupo, así como una nueva colección de canciones pegadizas y diseñadas para ser cantadas a voz en grito con una guitarra en el parque para amenizar el botellón de la chica que te gusta del instituto.

De este segundo largo, destaca sobre todo esa canción que hizo click, “Pienso en aquella tarde“, un disparo rockero y fugaz de rabia adolescente que paradójicamente explotó tras ser endulzado en una versión lenta con David Summers y Dani Martín que terminarían haciendo de padrinos de Pereza y catapultándolos al estrellato. Pero lo curioso es que este hecho pasaría tiempo después de que se lanzara el álbum, cuando Sony ya no confiaba en que el disco tuviera más tirón. Entonces, casi como última opción, se grabó esta nueva versión, con videoclip, que sería incluida en una reedición del CD y que, ahora sí, los situaría en el mapa musical español a ojos de todo el mundo.

Pero no nos quedemos en la superficie, en este trabajo también caben homenajes a sus ídolos Burning con ese “Pelos de Punta” que con el tiempo terminarían grabando con ellos. “Manager“, un potente clásico de sus conciertos, y por supuesto la canción que da nombre al disco, “Algo para cantar“, una evolución del “Adiós Papá” de Los Ronaldos, con arreglos de metales para cerrar el primer acercamiento al cielo.

“Animales”:

Si “Algo para cantar” sentaba las bases del éxito, “Animales” fue la confirmación de que Pereza era la banda del momento en español, con permiso de El Canto del Loco (risas enlatadas). En este disco, la banda llamó a ese productor que parece cagar éxitos, Nigel Walker, para que hiciera de ellos una banda de leyenda. El resultado fue, por decirlo rápido, un disco de doce singles. Doce canciones producidas al milímetro para convertirse en pegajosos himnos que sonaran en la radio hasta que consiguieras aborrecerlos como la Cachaça después de una noche bebiendo con amigos. Es casi imposible ponerle una pega al álbum, si lo miramos claro está desde la óptica del más puro e inteligente mainstream. “Princesas” quizá sea el más claro exponente de esto, una canción que me consta que muchos fans del grupo pasan nada más poner el CD, una canción que el grupo aborreció hasta el punto de no querer tocarla en directo durante bastante tiempo, pero una canción que cualquiera cantará por la noche en un sucio antro de Madrid si se dan las cervezas con Jagger adecuadas a cierta hora de la noche, aunque sólo sea por recuperar una parte de su espíritu juvenil.

Como decía, es complicado elegir unas canciones y dejar otras fuera sobre todo porque en este disco está también parte de mi vida y la de mucha gente de mi edad. “Animales” o “Lo que tengo yo adentro” describen los primeros amoríos, “Todo” es la forma en la que hacen el amor los caracoles, “Niña de papá” evoca un estereotipo que todo el mundo conoce (sobre todo en la noche madrileña), “Qué alegría más tonta” te invita a pasar de todo (incluso de ir a votar) y “Caramelo” es una dulce declaración contra esa chica que no te hace ni caso. “Matar al cartero” es un himno de Rubén Pozo, junto con su “Madrid“, ese dibujo a mano alzada de la capital en los felices años 2000. En “Superjunkies” se ríen de sí mismos y sus supuestas adicciones (se decía que había que ir a verlos antes de que se murieran, allá por el 2009) y “Quiero hacerlo esta noche contigo” es la canción que te puedes poner todavía, si es que sigues haciendo eso de “salir a matar” por la noche.

la-historia-de-pereza-en-40-canciones-de-alameda-de-osuna-al-cielo-de-madrid-2

“Amigos de los Animales”:

Tal fue el tremendo éxito de este disco, comparable en ventas (aunque no en excelencia) con otros de la talla de “Sin Documentos” o “Sin Enchufe”, que los madrileños se vieron obligados a volver a grabarlo con toda una generación de músicos que no dudaron en colaborar con la banda. De nuevo, podría ser que tenían buenos contactos, pero la realidad (pese a los haters que les pese) es bien distinta. Estos chicos tienen algo y lo van a demostrar en versiones de su anterior álbum grabadas a la imagen y semejanza de músicos tan respetados como Quique González, Bunbury, M Clan, Xoel López (por aquel entonces en Deluxe), Sidonie, Amaral, Ariel Rot o Iván Ferreiro. El resultado es un disco casi reinventado y que se erige casi como la voz de la generación pop de ese momento.

“Aproximaciones”:

Pasado el huracán, la banda se tomó un respiro creativo de dos años (2005-2007) para dar a luz su siguiente trabajo. El más completo que han grabado y también el que alcanza una riqueza musical y lírica mayor. En “Aproximaciones” vuelven a contar con Nigel Walker a la producción, que se llevó a los chicos a un complejo rústico francés (en la onda del famoso castillo del “Exile on Main St.“) para grabar el que sería su cuarto trabajo de estudio, sexto si contamos el anterior disco de versiones y un concierto acústico grabado en Barcelona, donde destaca la inédita Bicho.

El algún vídeo para los más perezosos se ven las tiranteces de este guiri autoritario y perfeccionista que igual te produce un éxito que le dice con sorna a Rubén Pozo que no tiene ni puta idea de tocar la guitarra y se queda tan pancho. Desde luego este disco refleja esa lucha entre repetir el éxito de “Animales” con una buena ración de singles para la radio y el espíritu de evolucionar y madurar en sonido y letras de la banda, tanto por parte de Leiva como de Rubén.

Estrella Polar“, por ejemplo, es el ejemplo de la línea de anteriores trabajos, mientras que “Por mi tripa” hace lo propio pero con una ternura que la hace más humana, dedicada al hermano de Leiva, Juancho. Al margen de este tipo de canciones, encontramos también los mismos temas sexys y guarros de los Pereza de toda la vida como “Super Hermanas” o “Ella tiene un don“. También es un disco de transición de los Stones a los Beatles. César Pop entra a la banda para tocar las teclas y deja su sello en algunas grandes canciones, como “Tristeza“, y Mick Taylor (sí, el guitarrista de los Stones) se marcó las guitarras de “Grupis” y “Super Hermanas”, cortesía del bueno de Nigel, que lo contó en una de sus desternillantes publicaciones en spanglish en el muro de su Facebook.

Rubén, como decíamos, también crece en este disco, y probablemente juntando sus canciones del “Animales” y del “Aproximaciones” podemos hacernos una idea del sonido y la lírica que le servirán para tirar adelante cuando Leiva decida divorciarse y llevarse la casa, el coche, los niños y hasta la maldita moqueta. Pero no adelantemos acontecimientos. Estábamos hablando de temazos como “Talibán“, o “Grupis”. Divertidos, desenfadados y muy pegadizos y también de esa canción eterna que es “Margot“, según cuenta la leyenda, dedicada a una grupie que se quedó en el camino, como aquella que aparecía en “Manager”.

El álbum lo cierra toda una declaración de intenciones cantada a voz en grito con su gran amigo Quique González, “Yo nací para estar en un conjunto“. Una canción que contiene la mejor metáfora sobre los comienzos de un grupo que ningún grupo haya vomitado nunca: “el primer combo es la primera novia, el primer bolo es como el primer polvo, a fuego queda grabado en tu memoria, aunque haya sido un desastre como todos”.

“Aviones”:

Llegaba el tiempo del adiós. La fórmula del éxito de Pereza tocaba a su fin y algunos de nosotros debíamos abandonar los veranos del amor vividos para entrar en la universidad. Se acababa el sueño dorado de la nueva banda del rock & roll del momento, de los nuevos Tequila, Ronaldos, ECDL, Rodríguez… pero se empezaba a dejar ver el de una bandaza con letras mayúsculas. Una banda que sólo grabaría, por desgracia, un único y último álbum.

En “Aviones”, el folk más cálido se entremezcla con alguna que otra canción que parece que se les ha colado como un descarte de su anterior trabajo pero que sigue funcionando, como “Que Parezca un accidente“. Aunque las canciones que se van a llevar la palma aquí son los nuevos temas de Leiva, quien comienza a tomar un camino en solitario que terminará con la disolución de la banda.

Nadie sabe a ciencia cierta qué ocurrió exactamente, aunque podemos vislumbrar que se gana más dinero como solista que como socio de una banda. El problema llega cuando te vas llevándote todo lo construido durante años, la banda con la que tocaron en los últimos dos discos y sobre todo en este fenomenal “Aviones”. En este punto de la historia, ambos músicos emprendieron su carrera en solitario, pero uno partió con ventaja y todo el viento a favor, mientras Rubén Pozo se quedaba sin recibir el apoyo que por trayectoria le correspondía.

Pero antes del momento final, el rockero que nació en Barcelona y fue destetado en Madrid se sacó de la chistera “4 y 26“, “Backstage” o “Pirata“. Esta última, evidencia de lo que ocurría dentro de la discográfica, que obligó a la banda a grabar un nuevo single para las radios en el que Leiva se cantaba toda la canción de su colega él solo. ¡TOMA YA!

Al margen de estas tiranteces que me indignan un poco, la realidad es que el trabajo de Leiva en este disco está varios puntos por encima, no es de extrañar teniendo en cuenta que ya estaba planeando su salida. La perfecta y erótica “Champagne“, la sentimental “La Chica de Tirso” (escrita a esa chica del barrio por la que están enamorados todos tus colegas, pero la canción se la escribes tú), “Amelie” –acompañada por la voz rota de Calamaro–, el homenaje a Intoxicados y al rock argentino con “Señor Kioskero“, y por último el brillante final de “Llévame al baile“, con la guitarra de Ariel Rot. Otro gran y completo disco.

Después de tanto éxito, de grabar y tocar con Sabina, de ser cabezas de cartel en el Rock in Rio, de llenar Las Ventas, el Palacio de Deportes de Madrid o el circo del Vistalegre, Rubén mira bocabajo a sus fieles mientras hace el pino. Y piensa que no le ha ido tan mal en la vida. Se pone de pie de un salto, se abraza a Leiva y se retira a beber en el backstage. Se cierra el último telón sobre Pereza, pero se abre un horizonte para dos grandes músicos: Leiva y Rubén Pozo.