Frank Ocean – Endless

Vamos a ver. Tras las interminables esperas después del aclamado y cacareado “Channel Orange” que datan ya de cuatro años, tenemos entre nosotros… algo. Música nueva, seguro. Disco, quizá no tanto. La información de que la verdadera toma de contacto con el nuevo material de Ocean se dará durante este mismo fin de semana tergiversa toda toma de contacto sólida con lo que tenemos ahora mismo entre manos. Y es que después de todas las primicias, y estando ahora mismo a viernes 19 de agosto, se supone que aún tiene que caer el verdadero segundo álbum de Frank Ocean, y ése no es este Endless que tenemos en forma de álbum visual, y ése tampoco se llamará “Boys Don’t Cry”, que era el que todos esperábamos. Después de la desesperanza de los fans entre tantos dimes y diretes, este ejercicio que ha aparecido por sorpresa tiene pinta de acercarse más a una especie de experimento como el que hizo Kendrick Lamar con aquel “untitled unmastered.” pero elevado al cuadrado, ya que todas las pistas que se nos dan a partir del paratexto de “Endless” nos pueden dejar entrever estas conclusiones; y es que aquí encontraremos covers, colaboraciones, una media de duración de todas las canciones que se queda en torno a los dos minutos…

Sea como sea, Frank Ocean nos ha dado 45 minutos de álbum visual, pero una interpretación del concepto ‘álbum visual’ bastante distinta de la que nos ofrecía Beyoncé con aquel “Lemonade” de hace unos meses. Allá donde ella presentaba un clip para cada tema, en “Endless” tenemos a un(os) Frank(s) trabajando la madera, en una acción estática que no nos cuenta más historia que la realización a mano de una escalera de caracol de la cual nunca sabremos su destinación. El ir a ciegas y la ambigüedad son una constante en el trayecto musical de este artista que, aún y contando con estos sentimientos reservados, nos ha llegado a cantar más cerca que otros y otras que se han dejado abrir en canal más explícitamente.

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Fotografía: http://diymag.com/

Este ejercicio que ha aparecido por sorpresa tiene pinta de acercarse más a una especie de experimento como el que hizo Kendrick Lamar con aquel “untitled unmastered.” pero elevado al cuadrado.

A Frank le gusta lubricar las entradas de sus álbumes, y aquí lo hará de la manera más peculiar posible a partir de una canción que no es originalmente suya, sino de Wolfgang Tillmans, un artista alemán que en estos momentos aún está flipando al ver que uno de sus temas, este Device Control, se encarga de abrir el elepé de Ocean… y también de cerrarlo, pero a eso ya llegaremos luego. Esta pista de ni 25 segundos es una ida de olla extraterrestre terriblemente cómica que da paso a At Your Best (You Are Love), canción que ya conocimos por el 36 cumpleaños de Aaliyah, ya que el propio Frank se apresuró a subirla en su cuenta de Tumblr. Entre el suave sintetizador de James Blake y la colaboración de la London Contemporary Orchestra se asoma la romántica voz de Ocean, que parece poner a prueba su falsete en un tema que pretende hipnotizar en forma de soul suave, incluso cuando suelta un par de improperios, allá por la mitad de la canción. Bien atentos a Alabama, que aun siendo breve, es bien intensa. Aquí el artista hace un repaso a su vida hasta el momento presente, a partir de relámpagos de recuerdos. ¿Qué ha provocado esta necesidad de recapitular? Un nuevo amor, y todo el frenesí que eso implica. El artista divide constantemente sus apariciones a partir de segundas y terceras voces de sí mismo (que irrumpen por la izquierda y la derecha), en un movimiento lírico que tiene que ver con esa rapidez del pensamiento del que hablábamos. Jazmine Sullivan se pasea, muy lejanamente, en los pasajes románticos del de Luisiana. Para acabar de rematar la jugada de diferentes voces, aparece al final Sampha, o bien como un interlocutor, o como un amigo de Ocean, o como el propio Ocean saliendo de sí mismo, necesitando consultarse desde otro prisma. El caos de esta reflexión se evidencia a continuación, en Mine, donde entre los cuchicheos y murmullos caóticos del artista, se deja entrever una sola frase: «How come the ecstasy always depresses me so?«. Breve, nada conciso, pero muy acertado.

Con U-N-I-T-Y descubrimos en este “Endless” a un Frank rapero (que a servidor recuerda un poco a Earl Sweatshirt) que ya hemos visto en anteriores colaboraciones con otros artistas, pero que nunca se había dejado ver en su propia obra de una manera tan evidente como aquí. Se empieza a entrever como a Frank el recurso del rap le sirve para airearse y exponerse, hablando de vivencias amorosas con hombres con los que ya no tiene nada que hacer («You still are no match, you get no rematch; Boy, you missed your moment«), refiriéndose a su panda de cuando era niño («Peace to the boys we used to be though«), e incluso haciendo referencia a su perfil ambiguo («Kept it underground, I focus«) en un alarde de dominio del verso, que le sirve para comentar lo que le viene en mente constantemente, y el cual parece haber ido trabajando estos años hasta llevarlo a cotas tan notables como estas. Musicalmente, el artista no para de enlazar momentos con otros, haciendo que interludios como Ambience 001 (In a Certain Way) se vuelvan elongaciones de las canciones predecesoras. En este breve caso en el que nos encontramos, se mezcla la voz motivadora de Crystal LaBeija, una de las muchas pioneras del movimiento LGBTQ de la década de los 60, con la de Wee, creando un mensaje de contradicción entre lo que la una y la otra dicen. Bien interesante. Comme Des Garçons continúa regodeándose en esa ruptura a la que antes también ha hecho referencia. La dureza amorosa de la letra («he was seeing someone; he was dating on the side, he was seeing double«) se ve compensada musicalmente con elementos tropicales, optimistas y bien suaves. Mediante un grito desgarrador que evoca a la futura Gal Costa (ahora no entendéis nada, pero entenderéis la referencia en breve), estos sonidos veraniegos se electrifican para dar paso a la otra cara de la misma moneda, más sofisticada, que le sirve a Ocean para acabar este tema, que es de matrícula. Como bien viene haciendo desde el principio, los temas no parecen tener fin ya que se enlazan los unos con los otros. Incluso las interrupciones, como dan paso a elementos similares escuchados previamente, parecen no existir. De esta manera tan sedosa vamos al grito de la cantante Gal Costa (ahora sí) sampleado para la ocasión en Ambience 002 (Honeybaby), que viene tan pronto como se va, y que conecta con el anterior quejido de Frank.  

Los rumores eran ciertos, Frank Ocean estaba experimentando con el rap y éste le ha servido como arma para experimentar en el terreno más lírico de sus versos los cuales, bajo este amparo tan urbano, se permiten ahondar en una parte más humana detrás del enigmático personaje de Ocean.

En la preciosa Wither, Ocean nos habla del presente y del futuro, momentos en los cuales el artista no quiere que el amor con su (en este caso) amada se marchite con el paso del tiempo, uno de los elementos principales que preocupan más a Frank según podemos ver, y de los cuales intenta ser amo y señor dentro de su propia obra artística, tal y como manifiesta en el recorrido de sus canciones, las cuales navegan hacia dentro y hacia fuera de manera totalmente hipnótica. Aquí enganchan las diferentes armonías de los instrumentos, que nunca acaban de apostar por una musicalidad clarividente. En “Wither” la canción escapa de sí misma todo el rato. En Hublots, Ocean samplea el “Contact” de Daft Punk para hablarnos, junto a la reincidente Jazmine Sullivan, del paroxismo falso del amor ante alguien a quien no se quiere («Trying to love the one you’re with tonight; Try to love the one you’re with«). Aunque el sentimiento sea sincero y reconocible, no acaba de aportar mucho al conjunto, teniendo en cuenta el muy notable camino que lleva. In Here Somewhere es una instrumental de carácter rápido, anecdótica pero de calidad, que remite a sonidos trip-hop. Las voces de Frank al inicio de Slide On Me se distorsionan entre sí y no dejan escuchar con claridad, y ya luego, incluso notando el carácter suplicador y agudo del artista, se dejará escuchar en una amalgama de sonidos de guitarra con base urbana que va dejando caer, de tanto en tanto, unos graves realmente interesantes que hacen crecer la calidad de un tema que se mueve constantemente entre el temperamento punzante de la letra y el mood cautivante que inyecta la melodía, que en el cierre del tema abrirá paso a otro universo, aún más hipnótico que el anterior. Sideways da paso a un Ocean chulesco, que de nuevo vuelve a rapear para volvernos a hablar de un pasado compartido, y de cómo se ve rodeado, en cierta manera, por gente que no le desea precisamente lo mejor. Musicalmente, aquello que oímos va totalmente relacionado con el propio contenido, formando una serie de ondas sonoras que de tan constantes se vuelven sugestivas, y que crean un paisaje ensoñador que nos lleva de viaje aFlorida, un hermoso horizonte formado a través de la voz de Frank, que se convierte en voz principal y secundaria de un coro casi celestial, bajo un sintetizador que torna aún más épico este breve corte de carácter gospel que se convierte en uno de los momentos más emocionantes de todo “Endless”. Esa sensación de estar ante algo tan sagrado da paso, con Deathwish (ASR), a un ambiente más relajado, con toques de influencia trap e incluso vaporwave. Sin duda, el carácter críptico tan típico de Frank Ocean es notablemente más visible en sus momentos cantados, como el que se ofrece en este tema, que tiene reminiscencias de aquella “In here somewhere” que hemos oído no hace tanto.

El conjunto de “Endless”, debido a su naturaleza caótica de la que ya se ha hablado en el inicio de la review y después de haberse dejado oír, viaja a través de direcciones no muy claras, hecho que deja evidente que con Ocean siempre estamos flotando en la hipnótica capa del subconsciente.

Rushes es un punto y a parte en todo lo oído antes. Este tema, que parece casi un dueto con el guitarrista Alex G, es la muestra evidente de la evolución de Frank, que en su anterior disco y mixtape sonaba enérgico y vivaracho, y que ahora nos habla desde lejos, desde el eco, desde algún lugar más profundo donde las breves voces de Jazmine Sullivan parecen implorar su vuelta. No es tristeza lo que destila el tema, es la melancolía de lo vivido, del pasado ya no visto desde la rabia de antes, sino desde la confesión más asentada que, sin quererlo ni beberlo, te lleva a otra suerte de instrumental (que suena tan a demo como las dos anteriores) que no se sabe muy bien a qué se debe. Ocean, en Rushes toy acompañado por una simple guitarra acústica, continúa analizando lo hecho en el pasado, viajando a diferentes capas que lo llevan a la niñez, a su última ruptura, al momento en que dejó su casa… Estos recuerdos, como de costumbre en todo el álbum, se construyen y exponen de manera desordenada. Ahora bien, todo lo desahogado prende, al final del tema, una forma colérica y desgañitada en la propia voz de Frank, que no se deja ni un ápice de sentimiento dentro de sí, vaciándose delante de todos nosotros, tan inescrutable como siempre, pero no por ello menos sincero. Esta exposición, de igual manera que hace cuatro años supuso su famosa carta, le ha servido después de este último tramo del álbum para llegar a un estado liberado y ligeramente más eufórico que el anterior, estado que le lleva de manera casi natural a Higgs, último tema del álbum donde saca a relucir de nuevo esa vena rapera que ya nos ha sido mostrada antes y que define tan bien el nuevo ‘yo’ de Frank Ocean, una vez este ha superado sus diferentes vaivenes amorosos. Donde otros raperos simplemente aprovechan la base para alardear, el de Nueva Orleans da un paso más adelante y propone un ejercicio reflexivo sobre la propia labor egocéntrica del músico comercial, y que tanto tiene que ver con aquello de saber estar atento tanto a las inquietudes artísticas de uno mismo y la compensación monetaria que todo el mundo acaba necesitando («Hit the road and get rich; or stay home and get broke; it’s your choice in the end«). Muchos no acaban de considerar la vuelta de Device control, allá donde se quedó en el principio del álbum con el primer tema, como el último tema de “Endless”. Aunque bien visto, ¿si Frank ha colocado los segundos iniciales de un tema ajeno para abrir su propio álbum, por qué no puede recurrir al resto del mismo tema para cerrarlo, tal y como deja verse en la parte visual del mismo? Sea como sea, el corte de Wolfgang Tillmans, puro techno-pop, sirve de colofón y, sobre todo, para crear el desconcierto máximo de la manera más mamarracha que se pueda imaginar. El tema es una exposición de la conducta humana ridícula ante la tecnologización a la que nos hemos dejado sucumbir; una crítica pura y dura entretenidísima que a lo mejor no tiene nada que ver con “Endless”,  y que a lo mejor tiene que ver muchísimo.

El nivel de magnetismo llega a un punto en el cual al oyente le cuesta diferenciar una pista de otra. Es en estos terrenos tan trabajados donde a uno le cuesta discernir si realmente estamos o no ante el verdadero segundo álbum de Ocean.

Los rumores eran ciertos, Frank Ocean estaba experimentando con el rap y éste le ha servido como arma para experimentar en el terreno más lírico de sus versos los cuales, bajo este amparo tan urbano y tan propio de sus amigos (desde Tyler the Creator hasta Kanye), se permiten ahondar en una parte más humana detrás del enigmático personaje de Ocean, el cual se presenta más comprensible para el oído profano rapeando que cantando. En cambio, en esos temas en los que Frank hace alarde de su (impresionante) voz, notamos el sentimiento y el lugar al que nos quiere llevar, pero nunca sabremos exactamente de qué nos está hablando; ese terreno únicamente queda al entendimiento del propio Frank. El conjunto de “Endless”, debido a su naturaleza caótica de la que ya se ha hablado en el inicio de la review y después de haberse dejado oír, viaja a través de direcciones no muy claras, hecho que deja evidente que con Ocean siempre estamos flotando en la hipnótica capa del subconsciente.

Ese carácter hipnótico, por otro lado, es el que ha evolucionado tanto en lo musical como en lo lírico. En este (¿) álbum (?) el nivel de magnetismo llega a un punto en el cual al oyente le cuesta diferenciar una pista de otra. Es en estos terrenos tan trabajados, donde a uno le cuesta discernir si realmente estamos o no ante el verdadero segundo álbum de Ocean, ya que lo que nos puede llegar este mismo fin de semana puede ser absolutamente cualquier otra cosa: otro disco, esa revista que también nos tenía preparada, contenido que a día de hoy no nos podemos ni imaginar… A saber. Sea como sea, “Endless” sí que se mueve entre ese peligroso terreno en el cual Frank tiene ya la absoluta libertad como para hacer absolutamente lo que le venga en gana (“Device Control” es el ejemplo definitivo), y ese otro terreno aún más pantanoso en el cual el artista no quiere dejarse nada en el tintero (como las instrumentales que suenan aquí de tanto en tanto, interrumpiendo temas). Aun así, esa ambivalencia y ejemplificación de posibles inseguridades de Ocean ante la enorme presión que tenía con este (o no) segundo álbum, y que se cristalizan en las dieciocho canciones, acaban llegando a buen puerto: sí, “Endless” es un muy buen disco. Como el propio Frank, suena intrigante, confuso y único.

Frank Ocean – Endless

8.9 HOT RECORD

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Sea lo que sea “Endless” (un álbum, un álbum teaser, un compendio de caras B… ) es algo realmente bueno. Es tan único, transversal e hipnótico como el propio Frank que, en este conjunto de diecinueve canciones, se deja exponer un poco más a través de su incursión definitiva en el rap. Siempre manteniendo el halo de personalidad ambigua y tremendamente talentosa, Frank Ocean continúa experimentando ya no únicamente con sus propias capacidades, sino con los límites de la propia música.

Up

  • Parece que con Frank nunca se acaba de tocar techo del todo, siempre hay algo nuevo a probar, por muy descabellado que sea.
  • El crecimiento de Ocean es notable álbum tras álbum. El elemento hipnótico, tanto de su voz como de su musicalidad, ha evolucionado tremendamente en este “Endless”.

Down

  • Algunos temas incluyen en su propio conjunto momentos instrumentales que no acaban de aportar nada al conjunto, que suenan incluso a demo, y que hacen bajar ligeramente la calidad del conjunto.