Crónica Sonorama Ribera 2016: jueves 11, viernes 12 y sábado 13 de agosto

El festival más indie de nuestro país sigue creciendo un año más y suma otra gran edición



El Sonorama es más grande que nunca. Este hecho ha sido tan evidente para todos los asistentes a la edición de este año que no ha dejado a nadie indiferente. Tanto los primerizos y los que se alegran por el crecimiento del festival en prácticamente todos los sentidos, hasta los sonoritos más veteranos que tuercen el gesto ante lo que entienden como una masificación de uno de los festivales más especiales de nuestro territorio. El Sonorama el año pasado se hizo mayor de edad, y parece que no fue sólo un decir.

Al margen del aumento de público, escenarios, bandas y días que ha sufrido la cita, no se puede negar que de nuevo el Sonorama ha sido un tremendo éxito, mirado desde el punto de vista musical además de financiero. Aunque se haya perdido parte de esa familiaridad y sensación de comunidad que había hace unos años, el cartel de este año ha gustado mayoritariamente a la parroquia indie como pocas veces lo había hecho. Con preponderancia del pop para todos los gustos y con variedad en otros estilos desde el rock a la electrónica, un año más Aranda de Duero ha sido durante unos días la capital española indiscutible del indie.

Esta es una crónica honesta y cruda de lo que viví en el Sonorama. Con más de 140 bandas y una docena de escenarios, habrá a quien le parezca que esto es sólo una muestra poco ortodoxa de lo que pasó, y acertará de pleno. Los gustos musicales de un servidor no se ajustaron a algunos de los numerosos cabezas de cartel de este año, así que si creéis que pasé demasiado tiempo por los escenarios más pequeños, daos una vuelta por The Cavern y entenderéis que está justificado.

JUEVES 11 DE AGOSTO

Por desgracia, me fue imposible llegar a Aranda lo suficientemente pronto como para catar la primera de las fiestas que tuvieron lugar en la ya legendaria Plaza del Trigo. Una pena porque la abrieron dos de nuestras promesas de futuro más potentes, los murcianos The Purple Elephants con su «Danza Funeral» por un lado y el pop de autor del vallisoletano Siloé con «La Verdad» por el otro. Como primera de las sorpresas que nos depararía la organización del festival en la Plaza, Miss Caffeina se subieron al escenario al acabar ese último para dar una muestra de lo que tocarían al día siguiente en el escenario principal.

Llegando al recinto a media tarde, sorprendió ver a uno de los grupos de trayectoria más dilatada de nuestro país abriendo el festival. La Frontera llevan más de 30 años definiendo el rock español, y es de temer que a estas alturas de la película hayan quedado relegado a un ejercicio de nostalgia para fans, bien ejercida eso sí. Nuestro primer objetivo era Niño de Elche, cuyo horario tempranero y breve en la primera jornada no le benefició de cara a reunir mucho público. Aun así, Contreras sacó a pasear su apabullante arte flamenco de nuevo cuño de manera impecable, siempre escudado por sus aliados los Pony Bravo (que dicho sea de paso podrían haber sido metidos en el cartel aprovechando que el Duero pasa por Aranda).

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Al cantaor le sucedió el cantautor en el escenario grande. Quique González acompañado de sus Detectives tiró de viejos clásicos y nuevas perlas como las existentes en su último trabajo, “Me mata si me necesitas”. Como era de esperar, “Charo” fue uno de los momentos cumbre del bolo rotundo que se marcó el madrileño, demostrando una vez más que es uno de los músicos en mejor forma del panorama nacional. Nuestra siguiente parada fue para un hombre al que algunos precisamente buscan relación con el anterior. Ángel Stanich, sin embargo, tiene un aura tan personal que buscarle similitudes o referencias claras dentro de nuestras fronteras no parece muy razonable. La música del barbudo más misterioso del indie español, patrón de los modernos, tiene más en común con los spaghetti western y el desierto de México que con nada que se haya hecho por aquí últimamente. “Camino Ácido” y todas las alegrías que este encierra y que Stanich desgranó en Aranda sirvieron para, una vez más, hacernos desear que se ponga de nuevo a componer música lisérgica y polvorienta de la suya.

Al tío de apariencia más hipster del festival le siguió el dúo más inverosímil del mismo. “Somos los primeros indies”, proclamaron orgullosos al principio. No pretendo cerrar aquí el por otro lado irresoluble debate sobre si la inclusión del Dúo Dinámico en el cartel responde más a un homenaje a nuestros clásicos o a una extraña maniobra de marketing, pero el caso es que a un servidor le bastó con escuchar “Resistiré” (acompañados por el líder de Miss Cafeína) y “15 años tiene mi amor”, por lo anecdótico del asunto más que nada, para darse cuenta de que no era un concierto que fuera a disfrutar de verdad. Al menos la legión de señoras mayores que salió del recinto totalmente feliz al terminar el concierto compensó con creces la extrañeza del resto. Había otra razón (si hacía falta) para saltarse al Dúo Dinámico, y es que Tigres Leones tocaban en el escenario Burgos al rato de empezar los septuagenarios. El directo de los que quieren ser campeones se ganó de calle a todos los que les conocen  por aquella joya que es “Marte”, demostrando que tienen mucho más fondo de armario. ¿Qué esperar de un grupo cuyo guitarrista fue guionista de El Intermedio? Pues eso.

Nunca está de más ver a L.A., y menos aún después del discazo que se marcó el mallorquín el año pasado. Por desgracia, el peso de este en el setlist no es mucho en conciertos cortos como los de festivales, aunque el momento de “Love Comes Around” con Segura a la batería valió su peso en oro. Si hay unos infalibles, eso son L.A. Con el fiestón casi tradicional de Triángulo de Amor Bizarro y la versión mexicana (y de serie B) de Rage Against the Machine que son Molotov cerramos una jornada de festival completa pero que sólo era el aperitivo para el día fuerte.

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VIERNES 12 DE AGOSTO

El viernes por la mañana opté por traicionar al Trigo sustituyéndolo por La Sal, y los culpables de ello fueron los ganadores del concurso Talento Ribera: los conquenses Fizzy Soup. Aunque su cortísima actuación y el pequeño escenario en el que tocaron no dio para mucho, su sonido fuertemente vanguardista y a tramos recordando a grupos del estilo de Sigur Ros es un soplo de aire fresco y una muestra de que hay bandas en España queriendo empujar los límites de lo indie hacia terrenos más inexplorados. Bien por ellos.

Hablando de lo indie, nos había llegado un chivatazo de la sorpresa que se daría en el Trigo esta jornada, y así pudimos llegar a la actuación estelar de Love of Lesbian. Disfrazados de The Cure y versionando a estos, a los Talking Heads y a Alaska, amén de tocar algunos de sus éxitos más antiguos y recientes, dio la impresión de que Balmes y compañía se hubieran comido el centro de Aranda aunque hubiesen arrancado con una bachata.

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De vuelta al recinto de conciertos, llegamos justos para situarnos en las primeras filas de uno de los grandes nombres (si no el mayor) del cartel de este año. El problema de plantar a unos The Hives a mitad de noche es que su sombra es muy larga y puede llegar a eclipsar a grupos posteriores, aunque visto lo que les siguió no fue gran problema. Los suecos, con un enajenado Nicholaus Arson que por momentos le robó el protagonismo a Howlin’ Pelle, no tuvieron que hacer ni más ni menos que lo que hacen siempre para triunfar sobre las tablas del escenario principal. La única pega que se les puede poner es que ya llevan demasiado tiempo sin publicar material nuevo, pero lo cierto es que sus clásicos de rock garajero, que ya son unos cuantos, hicieron disfrutar a la gente durante la hora y cuarto que duró su directo sin un segundo de descanso.

No hubo ni un segundo de descanso para los que también quisimos disfrutar de León Benavente. Si ya con el debut sacudieron la escena nacional con sus letras agudísimas, con su maravilloso segundo disco han juntado una cantidad importante de temazos que en directo suenan todavía mejor que en el disco. Atreverse en un festival con “Habitación 615”, esa joya de 7 minutos sin estribillo, es un ejemplo que diferencia a Abraham Boba y los suyos del resto de mortales.

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Mientras que Love of Lesbian ofrecían uno de los conciertos con más público de toda la edición de este año, nosotros habiéndoles visto ya por la mañana, nos las dimos de alternativos dentro de lo alternativo y preferimos tirar hacia el escenario Burgos, donde The Levitants ofrecieron uno de los mejores conciertos de todo el Sonorama. Rock ’n’ roll puro y duro a partir de una guitarra, una batería y un teclado, de ese que te agita por dentro y por fuera y al acabar te deja tirado, contento y preguntando dónde puedes conseguir una camiseta de esos tipos. Hasta Javier Vielba acabó, según sus propias palabras, “subordinado” a ellos cantando juntos la última canción.

Ahí mismo nos quedamos para hacer tiempo mientras arrancaban nuestro ojito derecho en el escenario secundario, escuchando a unos Trajano! que en vivo suenan como un tiro. Una pena su solape con una de las pocas bandas a las que personalmente habría dado preferencia por encima de ellos. Pero es que Belako son mucho Belako. La verdad es que ya hemos usado en esta casa tantos adjetivos para alabar la potencia sonora de los de Mungia que esta vez me remitiré a lo que decía el sabio de Basauri, Borja Pérez: Belako son “la vida, Josebas, la vida”. Y eso que no tocaron “Sinnerman”.

Prefiero usar mi derecho a guardar silencio si soy preguntado sobre por qué vi a Miss Caffeina de cabo a rabo. Tan solo diré que el pop explícitamente hortera de Alberto Jiménez y los suyos parece gustar, y mucho, entre la hinchada indie, y abarrotaron un escenario principal con hambre, por lo visto, de sintetizadores y estribillos fáciles. En fin, sin faltar al respeto a nadie, representan todo lo que no me gusta del mal llamado ‘indie’ español, pero visto lo visto, debo ser minoría. Con un alegato en contra de la homofobia y el dogmatismo religioso y “Mira cómo vuelo” (no recomendada a diabéticos), cerraron la jornada, con permiso de Elyella DJs, que siguieron quemando suelas hasta altas horas.

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SÁBADO 13 DE AGOSTO

El sábado se presentaba para el que escribe como el día más flojo del festival, pero eso, en el Sonorama, es decir poco. Modelo de Respuesta Polar y Shinova triunfaron en el Trigo, sorpresa esta vez por parte de Grises incluida, mientras ya se mascaba en el ambiente las ganas de amortizar el último día grande de festival al máximo (al día siguiente Carmen Boza, Sidecars, Taburete y algunos otros daban el carpetazo definitivo a esta edición, pero un servidor tuvo que partir antes).

Los rumores a veces aciertan y otras no, y el que corrió como la pólvora de que Leiva e Iván Ferreiro actuarían el sábado en el centro al final no se cumplió, para decepción de unos y alivio de otros. Mientras calentábamos para tomar el recinto en un último asalto, disfrutamos de las notables actuaciones del folky Mayor Tom y los vitamínicos Aira en el puntazo que es el escenario del camping, aunque a algunos les agüe las siestas.

Según se iba poniendo el Sol, empezó el calor en el recinto de conciertos del Polígono, con unos Mucho mayúsculos que brindaron por las baladas mientras su pop de bajas revoluciones y letras ácidas se nos filtraba en los oídos y nos dejaba sin ganas de salir de ahí. Los que tampoco nos vendieron el aire, sino un concierto de los que hacen época, fueron Perro. Los canes murcianos salieron a morder incluso cuando se les acumularon los problemas técnicos que les obligaron a detener un par de veces su set. Con dos baterías como seña de identidad, estos tíos se aferran a un acorde y no lo sueltan hasta despedazarlo. Otra de esas bandas a priori aún pequeñas que son las que de verdad le dan a este festival el punto extra de calidad y diferenciación. Todo olrait.

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Tras semejante bolo, no me arrepentí en absoluto de haberme perdido a otro de los pocos nombres internacionales del festival. Mando Diao tienen cosas que aprender de los también suecos Hives, que el día antes hicieron bueno el dicho de que un rockero sólo es bueno si suda más que sus espectadores. El indie pop-rock en su forma más vendible y británica toma forma en el cancionero de esta banda, que levanta el vuelo gracias a momentos de gracia como los de los inapelables pepinazos de “Gloria” o “Dance With Somebody”.

Uno de los conciertos que a posteriori sí me dolió haberme perdido, más aun tras leer y escuchar lo bien que se le describió, fue el del mod por excelencia Alex Cooper. Por otro lado, de los 16.000 asistentes a esta jornada de festival (que agotó entradas) creo que Andrea Levy, doce o quince borrachos y yo debimos ser los únicos que no vimos a Izal. Nada en contra de Mikel y los suyos, más allá de una gran distancia entre su música y mi gusto personal. Los fuegos artificiales del final quedaron fetén, de eso sí puedo dar fe. Los vi de camino a la última gran cita del Sonorama de este año, la que tenía con Corizonas. Vielba y los suyos (con la baja notable de Loza, el batería, sustituido por Lete, de la banda de Stanich) conjugaron perfectamente lo mejor de su último disco, Nueva Dimensión Vital, con su debut y un magnífico cover de “Wish You Were Here” con el que otros no deberían ni atreverse. Además, se notó al vallisoletano más suelto (y a ratos dio la impresión de enfadado) que nunca, posiblemente por la libertad que le da su rol de frontman cantante. Dieciocho años seguidos dijo llevar viniendo a Aranda y le dedicó a Bo Diddley “Las paredes bailan”. Con el suyo, yo particularmente acabé esta edición del Sonorama, y por ello voy a finalizar esta crónica festivalera con una petición suya,  tan necesaria como llena de verdad:

No seáis turistas: nos vemos en las salas. Pasaré lista”.

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