Oh Pep! – Stadium Cake

Decir que Oh Pep! son folk es quedarse muy corto, o al menos, esa es la sensación que uno tiene cuando escucha “Stadium Cake”, su álbum debut, por primera vez. Pero pensar que esto es el principio es hablar muy rápido. Pongámonos en antecedentes.

Las australianas Olivia Hally y Pepita Emmerichs se agruparon musicalmente en 2009, pero no puede hablarse de Oh Pep! como tal hasta 2011, cuando convirtieron su dúo en una agrupación quíntuple que incorporaba contrabajo, mandolina y percusión. Entre 2012 y su primer álbum en el presente 2016 lanzaron tres extended play que verdaderamente pueden incluirse en el apartado de música folk, pero eso no significa que su sonido sea genérico.

Muchas de las canciones que Hally y Emmerichs (las únicas miembros constantes tras los diversos cambios de formación de la banda) fueron incluidas en “Stadium Cake”, pero al prestar atención al conjunto del álbum, es evidente que han encontrado un sonido propio. La propia Hally aseguró que el grupo estaba “más seguro de qué querían hacer exactamente con su sonido”, y el resultado es sorprendente: un poco más de pop, detalles rockeros, un punto indie y una estética vagamente naif conforman un sonido interesante y poco convencional.

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Lejos del terreno conocido de lo que originalmente fue hipster y trendy, Oh Pep! se desenvuelven en un ámbito bien distinto y valiente.

Bushwick” abre el álbum con un comienzo suave y nos lanza una percusión cuidada pero contundente a la cara que marca el ritmo con habilidad. Se nos presenta un sonido mucho más lleno y una producción más cuidada que en sus anteriores trabajos. Oh Pep! no tienen miedo de mostrar sus cartas, con nuevos instrumentos y nuevas texturas, y esto es algo que maneja con aún mayor habilidad “Wanting”, un tema algo más animado y colorido. En él encontramos una guitarra acústica marcando la base, pero acompañada de teclados y sintetizadores que ofrecen un sonido bien distinto y marcan bien las pausas.

Pero llega “Crazy Feels” y baja un poco el tono con su batería electrónica y sus dejes ambientales, y nos conduce a la calma con sus coros elegantes. Apenas un riff de violín y un par de teclados sirven para realzar el tono hacia los pequeños clímax que forman los estribillos. Entonces, “Doctor Doctor”, su sencillo más reconocido, llama a la puerta de nuestros reproductores con una idea tan sencilla como conocida: “sé lo que quiero y no es lo que necesito”. Un tema sobre dudas, obligaciones, sentimientos encontrados y repentinos, y alusiones al embarazo con un deje tétrico (“Nueve meses hasta que acabe el plazo y nueve semanas para que te decidas”), que pese a todo no pierde su carácter animado (aunque dicho así suene frívolo) y recoge la versión más evolucionada del sonido de la banda.

El grupo estaba “más seguro de qué querían hacer exactamente con su sonido”, y el resultado es sorprendente: un poco más de pop, detalles rockeros, un punto indie y una estética vagamente naif conforman un sonido interesante y poco convencional.

Trouble Now” recuerda a canciones más propias del EP como “War Song”: es más sencilla, más melancólica, y en general, más folk. Sigue, pese a todo, mostrando una de las mejores caras de Oh Pep!, y en su sencillez, es uno de los temas cruciales del álbum. En una línea similar a “Crazy Feels” aparece “Tea Milk & Honey”, una balada acústica y triste que suena a noche de verano y con una letra críptica y plagada de símbolos, pero cuya última frase resume perfectamente: “Si no entiendes dónde estoy ahora, es mejor que lo dejemos”. Only Everyone” podría hacer las veces de intento de superación del mal trago de “Tea Milk & Honey”, y es un tema casi adorable, que fluye con ligereza y despreocupación para alejarnos de ese momento tenso del corte previo. Para conseguir ese deje aniñado se sirve de su ritmo saltarín y sus notas de violín pellizcado, y transmite esa suerte de alegría apacible y plácida que tan bien encajaría en la banda sonora de Little Big Planet para recordarnos que “no hace falta que estemos solos”. Así de fácil.

Pero claro, tenía que aparecer “The Situation” para poner las cosas en su sitio. Eso cuesta, y esta canción lo demuestra a la perfección. Suena más madura, más consciente de que no puede obviar lo que ha sucedido, y con esa dulce melancolía nos hace comprenderlo (“Cuántas veces vendrás a mí en sueños por la noche”). Cuando la canción termina con esa breve catarsis de violín y sutil guitarra eléctrica nos hace partícipes de la superación real. “Happenstance«, por su parte, trae un deje ligeramente más urbano con sus teclados ligeros y ambientales. Muestra inteligencia a la hora de marcar las pausas, cuando la voz se queda a solas con la batería y el bajo, dejando espacio a la base para después lanzarse a los estribillos o los solos de guitarra. Junto con “The Situation”, resulta ser, discretamente, otro de los puntos fuertes del disco, tanto a nivel sonoro como de producción.

«Stadium Cake» no será una obra maestra, pero resulta un trabajo muy cuidado, con una producción casi impecable, y que no duda a la hora de mostrar aquello que es más personal y distintivo.

The Race” viene con la fuerza de sus antiguos EPs, con un ritmo muy marcado y ágil sin ser frenético, que lleva casi en volandas la voz y la mandolina. La letra vuelve a ser hermética, y podría hablar tanto de un accidente de tráfico como de vivir con prisas. Que cada cual decida e interprete. El caso es que se acerca el final del disco y llega “Seven Babies”, y aunque tiene un comienzo y un estribillo un tanto abruptos y no especialmente buenos, al final uno lo deja pasar, porque aquí los múltiples elementos del particular folk de Oh Pep! respiran y se lucen, y vuelve a evocar una atmósfera colorida y un tanto juguetona como en “Only Everyone”. El final del álbum lo decide “Afterwards”, una nueva balada cuya letra alude directamente a los eventos de “Tea Milk & Honey”. Un fiel reflejo de un momento tenso y agridulce, porque aquellos que no hace tanto tiempo eran amantes tienen que encontrarse. Y llega esa situación extrañamente dulce en la que, con un cierto dolor en el corazón, se hace evidente que está bien que exista una prudente distancia. Detrás del violín con su tono de amargo romanticismo o de los elegantes punteos de la mandolina, de la idea de que llegaron a ese punto porque crecieron “a diferentes ritmos”, subyace la idea de la maduración, de que no ha sido en vano. Un final feliz distinto para un disco distinto.

“Stadium Cake” es un disco que me ha sorprendido gratamente, y también lo han hecho las propias Oh Pep! Las australianas resultan ser muy distintas del folk al que Mumford and Sons y sus múltiples sucesores nos habían acostumbrado desde que empezó la década de 2010. Lejos del terreno conocido de lo que originalmente fue hipster y trendy, Oh Pep! se desenvuelven en un ámbito bien distinto y valiente, con voluntad de crear un sonido y un estilo propio. Su debut no será una obra maestra, pero resulta un trabajo muy cuidado, con una producción casi impecable, y que no duda a la hora de mostrar aquello que es más personal y distintivo.

Oh Pep! – Stadium Cake

7.5

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El “Stadium Cake” de Oh Pep! transforma las manidas fórmulas del folk en algo fresco y original que, sin ser maravilloso, resulta agradable de escuchar e interesante para analizar con mayor profundidad. Sin dudas, un lanzamiento recomendable.

Up

  • Oh Pep! consolidan las bases de su estilo en 12 canciones de las que ninguna sobra.
  • Su sonido, sustentado en bases reconocibles, no tiene miedo a la hora de experimentar con texturas diferentes e inesperadas.
  • Las letras, aunque a menudo herméticas, son un punto clave de la calidad del disco.
  • La labor de producción es muy cuidada, y el resultado es un disco homogéneo que deja espacio a todos los componentes, sin excesos ni alardes.

Down

  • Un disco original, de buena calidad compositiva y bien producido que, sin embargo, no resulta todo lo rompedor que podría.