A veces ocurre. Quieres recomendar a alguien una nueva banda que acabas de conocer y cuando toca explicar a qué suena exactamente, notas que todas las etiquetas se hacen demasiado estrechas. Si quisiera definir la música que tocan Sunwatchers debería recurrir a una amalgama de géneros que, al menos a priori, podrían hacernos pensar en un auténtico caos sonoro: jazz de inspiración etíope, rock psicodélico, krautrock, drone, free jazz y hasta punk, si me apuras. La reacción lógica de cualquier lector que no tenga el cuerpo para experimentos sería la de desechar tan excéntrica macedonia musical. Por eso, lo mejor sería que yo dejara de escribir, vosotros de leer y todos nos pusiéramos a escuchar al cuarteto neoyorquino. Pero como esto es una crítica, y yo tengo un mínimo de palabras por artículo acordado con el señor EQB, voy a tener que extenderme un poco más para explicar por qué creo que estamos ante uno de los mejores debuts del año.

Sunwatchers aparecieron en algún momento a lo largo de 2014. Su reciente fundación no debe hacernos pensar que estamos ante una banda de novatos, entre los cuatro miembros y los 3 colaboradores que participaron en las grabaciones de este álbum encontramos componentes de los New Quiet Screamers de Arthur Doyle, la Solar Motel Band de Chris Forsyth y Dark Meat. Ha sido tras un par de maquetas que puedes encontrar en su perfil de Bandcamp y unos cuantos conciertos a sus espaldas cuando la banda han conseguido lanzar su primer larga duración al mercado. Para lograrlo haN contado con la ayuda de nuestro siempre reverenciado John Dwyer, que además de comandar ese grupazo que son Thee Oh Sees es fundador y uno de los jefazos de la discográfica independiente Castle Face. Sunwatchers, una especie de apuesta personal del propio Dwyer, destacan entre el elenco de bandas de garage punk que pueblan los estudios de Castle Face, pero lo estimulante de su escucha hace que no se encuentren tan lejos de grupos como nuestros adorados Thee Oh Sees. El ánimo festivo, la psicodelia viciada y la evocación de paisajes sonoros multicolores son quizá las razones por las que Dwyer fichó a estos tipos a los que ha definido alguna vez como una ‘máquina de sueños’.

Una vez ha quedado claro que etiquetar a Sunwatchers en este o aquel género resulta un ejercicio inútil, sólo nos queda rendirnos ante la exuberancia, espontaneidad y energía de la que rebosan las sugerentes siete pistas que componen su primer disco. El saxo de Jeff Tobias se mezclará una y otra vez con las guitarras, un instrumento tailandés llamado ‘electric phin’ tocado por Jim McHugh y la potente percusión de Jason Robira. También se unirán a la fiesta teclados, violines y sintetizadores. Desarrollar un disco enteramente instrumental con un arsenal tan dispar y conseguir aquello que no se convierta en un galimatías es el primero de los reconocimientos que debemos hacer a esta banda.

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Fotografía: http://www.npr.org/

Sunwatchers: La belleza de lo estridente

Aunque etiquetar a Sunwatchers es un ejercicio inútil, si quisiéramos aproximarnos deberíamos recurrir a una amalgama de géneros que podrían hacernos pensar en un auténtico caos sonoro: jazz de inspiración etíope, rock psicodélico, krautrock, drone, free jazz y hasta punk.

El álbum se inaugura con una auténtica embestida titulada “Herd Of Creeps”, una pieza cuya potencia no desmerece la elegancia del sonido de estos Sunwatchers. Así es, el cuarteto de Nueva York consigue hacer de la estridencia algo hermoso y cautivador. Aún no lo sabemos porque de momento no han pisado sobre suelo español, pero lo de estos chicos tiene pinta de ser un mar de rabia, energía y sudor en el directo. Señores promotores de conciertos, queremos a esta gente en España. De la explosión sónica que trajo consigo “Herd Of Creeps” pasamos a los compases más reposados de “For Sonny”. Aquí parecen coquetear con un blues desértico a través de la distorsión y esos slides de la guitarra cadencialmente acompañados por una percusión tibia. El saxo, al contrario, aparece y desaparece, totalmente a lo suyo, pasando por momentos muy a lo Ornette Coleman. La sensación provocada podría describirse como la de atravesar a pie una enrevesada autopista camino a San Francisco, con la camisa sudada pegada a la espalda y sufriendo los efectos del consumo de algún ácido. Cedo la idea al conjunto para un eventual videoclip de esta canción.

El pulso vuelve a acelerarse en “White Woman”, cuya sección rítmica encajaría sin problemas en cualquier canción punk sacada de 1977. Pero, como siempre, Sunwatchers ofrecen algo distinto. Aquí lo hacen en ese endiablado matrimonio que tratan de consumar guitarra y saxo. Justo en el ecuador del LP aparece “Eusebius”. Los norteamercanos hacen totalmente suya esta reinterpretación de la decimonónica pieza de Robert Schumann. Disfrutamos, sin duda, de unos de los momentos más inspirados y embriagadores del conjunto que con esos vaivenes que experimenta el tema hacia un macabro y experimental free jazz pretenden representar el trastorno bipolar que el compositor germano padecía y que, en cierta manera, sirve para describir el ADN de esta banda.

Ese anacronismo y ambigüedad a los que uno se enfrenta al tratar de pensar en sus composiciones, resulta uno de los principales atractivos de los neoyorquinos.

A estas alturas ya habrás observado que, como tantas otras bandas que juguetean con el kraut, los Sunwatchers encuentran en la repetición de elementos con pequeñas variaciones uno de sus principales leitmotivs. Sin embargo, y a diferencia de muchos revival del krautrock, consiguen que lo suyo sea más que la pura repetición de un motivo musical. Sirva “Ape Phases” como ejemplo de lo que digo. La canción se alarga hasta los 8 minutos y medio tranformando un sencillo riff inicial en algo totalmente desquiciado y estruendoso. Eso sí, en ningún momento da la sensación de que la criatura se les haya ido de las manos; Sunwatchers mantienen en todo momento el tema donde ellos quieren procurando que el tren vaya a toda máquina, que haga giros y quiebros imposibles, pero procurando que no descarrile.

En la penúltima parada nos sorprenden con un fresco rock sureño de poco más de tres minutos titulado “Moroner”. Como llevan haciendo todo el disco, los Sunwatchers le dan su propio toque psicodélico y fascinante al asunto cuya principal responsabilidad corre a cargo de ese núcleo duro que conforman la unión de saxo y guitarra. La guinda la pone “Moonchanges” que es, desde ya, una de las mejores piezas psicodélicas del año. Parte, como en tantas ocasiones, de la calma, pero sin llegar al éxtasis explosivo de otras piezas del álbum. Durante todo el lisérgico paseo que nos proponen, el grupo mantiene la concentración y se muestran más centrados y atinados que nunca sin que eso les reste espontaneidad ni les atavíe con corsés innecesarios. En fin, toda una delicia que combina músculo y puede producir nostalgia en los fans de grupos como Can.

Durante el tiempo en que escribia esta reseña he pensado mucho en lo más o menos apropiado que resulta el adjetivo revival para una banda como esta. Está claro, su sonido nos remite de manera directa a los primeros King Crimson, Frank Zappa, The Soft Machine o los alemanes Amon Düül. Pero lo cierto es que los Sunwatchers no podrían encuadrarse en una ola musical en particular ni en un período de tiempo concreto. Precisamente ese anacronismo y ambigüedad a los que uno se enfrenta al tratar de pensar en sus composiciones, resulta uno de los principales atractivos de los neoyorquinos. A éste, su primer disco, se le pueden achacar muchas cosas, pero en pleno 2016 no he escuchado ningún álbum que salga tan bien parado si lo valoramos en la relación establecida entre los parámetros experimentación-diversión.

Sunwatchers – Sunwatchers

8.0

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En su debut en formato largo los neoyorquinos Sunwatchers ofrecen un elaborado disco en el que se dan cita el free jazz, el krautrock o la psicodelia. Géneros que pasan por la batidora de su particular arsenal de instrumentos dando lugar a uno de los discos más fascinantes y difícilmente catalogables de la temporada.

Up

  • La experimentación. Sí, pueden recordarnos a muchas cosas, pero es difícil encontrar un precedente claro.
  • La energía que desprenden. Los experimentos son mejores si incluyen un par de petardazos.

Down

  • Quizá pequen de pretenciosos en algún momento.