Damon Albarn

Damon Albarn –
Everyday Robots

El debut en solitario de Damon Albarn rompe con sus propios moldes y los reinventa de nuevo con un resultado brillante. “Everyday Robots” fue un firme cimiento del trabajo de Albarn en el último disco de Blur, “The Magic Whip”, que lanzó en 2015 con evidentes influencias del primero.


Si hubo una pregunta unánime acerca del debut en solitario de Damon Albarn fue: ¿por qué ahora? ¿Por qué 25 años después de haber empezado su carrera musical, por qué después de tantos trabajos y proyectos? ¿Qué había hecho que un músico tan inquieto como él tuviese tanto recelo a la hora de poner su nombre en la carátula de un disco, y sobre todo, hubiese terminado por convencerse de lo contrario?

Las respuestas que el de Colchester dio por aquí y allá a esta pregunta fueron diversas. En cierta ocasión dijo que, a pesar de que su carácter tiene un punto egocéntrico, no le gustaba sentirse solo trabajando; tiempo después aseguró que, hasta que no se vio inmerso en las sesiones de grabación, no fue consciente de lo autobiográfico de aquel álbum. En cualquier caso, si Albarn se atrevió a grabar y lanzar “Everyday Robots” fue gracias a Richard Russell y Bobby Womack.

Albarn participó en la producción del último disco del fallecido soulman, “The Bravest Man in the Universe”, lanzado por XL Recordings. Russell fue quien propuso a Albarn realizar su primer trabajo en solitario en aquel mismo estudio. Al principio pensó en formar otra nueva banda, como ya es costumbre en él, pero Russell insistió en que quería producirlo a él, y aceptó el reto. El músico afirmaría después que “Everyday Robots” y “The Bravest Man in the Universe” compartían más que la producción: era el mismo estudio, la misma banda, aunque diferían la temática y los sentimientos.

En este extraño debut de Albarn encontramos dos vertientes temáticas que discurren paralelas: la malsana y alienante relación del ser humano con la tecnología y fragmentos de la autobiografía emocional del músico, desde 1976 hasta el presente. Por el camino se intercalan imágenes de su infancia, retazos de juventud, desamores, hundimientos, e incluso referencias esotéricas. Y como el propio autor llegó a aseverar, “cada línea del disco tuvo lugar”.

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Un sonido propio y definido

En este extraño debut de Albarn encontramos dos vertientes temáticas que discurren paralelas: la malsana y alienante relación del ser humano con la tecnología y fragmentos de la autobiografía emocional del músico, desde 1976 hasta el presente.

Everyday Robots” (canción) sirve como apertura del álbum. De la oscuridad aparece una voz extraída de un monólogo cómico, una décima de segundo de risas, y entonces empieza la música. Oscilan en el tema un riff de violines con un deje mecánico, pulsos oscuros marcados por la batería y el bajo, finos punteos de sintetizador y las manos de Albarn al piano conduciéndolo todo por detrás. En apenas unos segundos comprobamos que este es el disco más minimalista de la carrera del inglés, y hace gala de una ambientación heredera del ambient e incluso el dubstep que rehúye toda etiqueta. Además, este primer tema ya aborda el tema de la tecnología de una forma muy particular, con imágenes poderosas y casi surrealistas como “looking like standing stones” o “everyday robots just touch thumbs”. En “Hostiles”, Albarn coge su guitarra acústica de cuatro cuerdas, y con apenas un puñado de coros, arpegios y sintetizadores como ladridos de perro reverberando en la lejanía, nos empuja hacia la otra vertiente temática del disco: la melancolía introspectiva. De forma más personal, Albarn nos introduce en su letra de días silenciosos y rutinas grises, pero también de desconexión entre las personas. Temas como éste sirven de enlace entre los ejes líricos del disco.

Un poco en esta línea aparece “Lonely Press Play”, un tema más genuinamente alegre, o más bien, no tan melancólico. Al menos en cuanto a sonido se refiere, ya que su letra trata acerca de la soledad y el aislamiento, pero con una cierta luminosidad y energía. Es un tema sólido, bien conducido y con un buen manejo del ritmo y los arreglos de cuerda, sin duda uno de los puntos fuertes del álbum. Y ahora que nos sentimos menos grises, Albarn se saca un ukelele y entona “Mr Tembo”, una canción sobre un bebé elefante que conoció en Tanzania y que escribió para su hija Missy. El punto nostálgico lo pone el coro góspel de Leytonstone (donde fue criado), evocando una música casi “mágica” para el inglés, que recuerda con cariño desde su infancia. Es el tema más alegre y animado del disco, y que, sin resultar disonante, nos deja descansar de la melancolía. Un punto tan abiertamente poco serio que probablemente serviría de referente para el “Ong Ong” que Blur lanzarían un año después en «The Magic Whip«.

Cuidada producción

Por el camino se intercalan imágenes de su infancia, retazos de juventud, desamores, hundimientos, e incluso referencias esotéricas. Y como el propio autor llegó a aseverar, “cada línea del disco tuvo lugar”.

Parakeet” es un brevísimo interludio instrumental casi onomatopéyico, dulce y sencillo, un puente entre la alegría de “Mr Tembo” y la nostalgia plomiza de “The Selfish Giant”. En este corte Albarn decide soltarse más con el piano, haciéndolo protagonista, mientras el trasunto tecnológico aparece de forma más gráfica si cabe, con el verso “It’s hard to be a lover when the TV is on” [“Es difícil ser amante cuando la tele está encendida”]. Sin embargo, la brillantez y la calmada belleza que despide la canción (apoyada por la voz de Bat for Lashes, que aparece como un ‘eco fantasmal’ durante el estribillo) hacen de ella otro punto fuerte del álbum, a caballo entre la melancolía gris de los nubarrones londinenses y la luz del sol que las atraviesa.

Es un adecuado preparatorio para “You and Me”, uno de los temas cruciales del álbum. Esta pista doble inicia su primera parte con un enfoque mucho más oscuro y casi inquietante cuando Albarn alza la voz para proclamar “it radiates on you”, que augura las tinieblas al hablar de que “en septiembre el Sol se oculta antes”. Existen alusiones a su consumo de drogas (“Tin foil and the lighter, the ship across”), en relación directa a la ruptura con Justine Frischmann de la que trata el tema. Sin embargo, su segunda parte tiene un aire de crescendo emocional que evoca la superación de pasadas épocas de excesos y, una vez más, distanciamientos (“The distance between us is the glamour’s cost”).

Y después, metidos en vereda, Damon Albarn nos lanza a la cara el tema más autobiográfico del disco: “Hollow Ponds”. El título hace referencia a la raíz de todo el álbum, ya que Hollow Ponds es un lago en el que Inglaterra se bañó desinhibida en el tórrido verano de 1976, uno de los momentos fundamentales de la vida de Albarn. Cuando volvió a visitar la zona antes de grabar el disco, todos esos recuerdos le asaltaron. Su letra encierra referencias a su infancia, a los inicios de la carrera de Blur (“Modern life was sprayed onto a wall in 1993”), entre otros. Acompaña a esta tonada introspectiva una trompa francesa a modo de sección de viento, mientras el resto de instrumentos permanecen sujetos a su ambientación minimalista.

Temas universales y personales

«Everyday Robots» es el enésimo reto de Damon Albarn, que le permitió quitarse los ropajes de ídolo pop resacoso y las máscaras de dibujo animado para demostrar que, con su propio nombre y apellido, tuvo una vez más el valor de reinventarse.

Tras el final declaradamente abrupto de “Hollow Ponds”, nos tomamos otro descanso con la ligera “Seven High”, la segunda pieza instrumental de corta duración del álbum, que a su vez antecede a la onírica y sintética “Photographs (You Are Taking Now)”. Damon Albarn vuelve a mostrarnos su gusto por la inclusión de grabaciones de audio (como hace no sólo al inicio del disco, sino también en “The Bravest Man in the Universe”), en una pieza fluida más cómoda y juguetona con la electrónica, que emula el sonido de la cuerda frotada entre glissandos y acoples. The History of a Cheating Heart”, la penúltima pieza del álbum, es una balada casi puramente acústica que una vez más nos acerca a la temática romántica, aunque siempre con la mirada puesta en el pasado. Es un corte que habla de miradas hacia el ayer, de momentos apartados en algún rincón de la memoria. Casi un reflejo del hermetismo del disco, nos dice muy claramente que detrás de sus letras crípticas hay “más de lo que sabemos”.

Como colofón, la voz de Brian Eno (que co-produjo el trabajo) golpea con fuerza en la épica “Heavy Seas of Love”, probablemente la única concesión a la euforia que hace el álbum. La letra es enérgica, con versos tan reconfortantes como “You can jump, you won’t fall, you’re in safe hands”. Es una canción radiante, el verdadero amanecer que deshace las nubes plomizas que cubrían el resto del álbum, donde el piano y los coros con deje góspel (una constante en la música de Albarn desde la mítica “Tender” de Blur y rescatados de “Mr Tembo”) conducen a ritmo de palmas la brillantez de este último corte.

«Everyday Robots» es el enésimo reto de Damon Albarn, que le permitió quitarse los ropajes de ídolo pop resacoso y las máscaras de dibujo animado para demostrar que, con su propio nombre y apellido, tuvo una vez más el valor de reinventarse y descubrir una parte de sí mismo que tanto público como crítica parecían haber olvidado. Sólo de un espíritu tan inquieto como el suyo podemos esperarnos siempre un nuevo y fructífero desafío artístico como éste.

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