«It was painless, quick… Which is probably one of the reasons why the change for me, when it came, was so traumatic«

Tras leer esta cita en una entrevista de The Guardian, empiezo a creer que no todas las oportunidades llegan en el mejor momento. Sobre todo cuando se trata de un sueño que persigues desde pequeño, pisoteando los baches de una vida laboral inestable y a la vez equilibrada gracias al matrimonio prematuro. Le ha costado llegar hasta aquí, pero la vida de Laura Mvula dista de por sí un camino obstaculizado por el conservadurismo y la represión.

Estas citas representan la reacción de la cantante de Birmingham tras firmar su contrato con Sony para seis álbumes. Trabajando a media jornada como recepcionista, y víctima de las más acusadas crisis de ansiedad, daría la bienvenida a la cobertura mediática y el estrellato si todos sus planes salían a la perfección: una buena carta de presentación y reconocimiento profesional por parte de la prensa y los críticos. No tendría sentido si estuviera hablando de ella sin haber superado previamente estas metas con creces.

«The Dreaming Room»: La voz de un espíritu magníficamente indomable

Formada en el conservatorio, Mvula dio el pistoletazo de salida a su carrera con un debut prometedor, embadurnado de barroquismo jazz/soul y modulaciones atractivas, todo ello cubierto con un mágico envoltorio vocal digno de mención. Puede que no actúe pulcramente como Nina Simone, pues es su fiereza interpretativa la que eleva a la artista a una categoría implacable frente a la contención de una época más implícita en el plano femenino. Con «Sing To The Moon» consiguió aparecer en una numerosa lista de galardones excesivamente selectos como el Mercury Prize. Este año repite candidatura, y se espera que «The Dreaming Room» derribe a cualquiera de sus actuales rivales para redimir la pasada victoria de James Blake.

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Fotografía: https://fanart.tv/

Esta metáfora de ‘habitación para soñadores’ se refiere a su propio estudio de grabación, en el que pasó horas y horas confrontando sus problemas de ansiedad y depresión por un matrimonio fallido.

Considerado como un disco post-divorcio, esta metáfora de ‘habitación para soñadores’ se refiere a su propio estudio de grabación, en el que pasó horas y horas confrontando sus problemas de ansiedad y depresión por un matrimonio fallido con su futuro en la música. Y como podemos ver, esta especie de terapia ha dado sus frutos. Entre este conglomerado de doce canciones, producido por Troy Miller y la Orquesta Sinfónica de Londres, se asoma una fuerte, carismática cantante compartiendo con el mundo sus reflexiones más íntimas sobre sus mártires, para así enterrar el pasado, curar las heridas y aprender de los errores, no dejarse devorar por el mundo y valerse por sí misma.

Desde el principio, con el eco misterioso y constante de «Who I Am«, ansía una respuesta al desafortunado devenir de los acontecimientos, nada que se pueda solucionar salvo siendo tú mismo. Y lo culmina con una perfecta representación de un alma intranquila, perturbada por la presión, con un ejercicio de sintetizadores bravío y distorsionado. A duras penas supera un minuto que se nos hace incómodo, ¿pero quién dijo que ella no tuviera derecho a hacernos sentir así? Su particular voz a capela conecta instantáneamente con el primer single oficial (y colaboración) del disco: «Overcome«. El mítico guitarrista Nile Rodgers se encarga de ofrecer el punteo funky a la fusión de pequeñas percusiones y la cuerda de fondo, pero no será hasta el final cuando nos demos cuenta del potencial de este tema, cuando ella misma se haga los coros y cite un «Round the mountain, all God’s children run» en constante crescendo, aludiendo a su familia de arraigadas creencias religiosas y la población negra en general. Empieza fuerte, a ver si continúa por el mismo camino.

La habitación para soñadores en la que Laura Mvula se encerró y grabó se ha convertido en un santuario en forma de CD que reúne lo mejor del soul orquestal y el R&B más oscuro y contemplativo.

«Bread» tropieza en la arritmia durante todo su metraje y repite técnica con un final portentoso y elegante. A diferencia de sus anteriores, el papel de la orquesta destaca por encima de cualquier ornamento electrónico y apuesta por la austeridad, las teclas y las cuerdas al final. Mvula brilla por su interpretación de chica sin rumbo que ‘tira migas de pan por si se pierde’, lo que nos puede dar a entender su sentimiento de añoranza hacia su ex-marido. Con «Lucky Man» de fondo atendemos a la perspicacia de la británica en jugar con las estructuras típicas de la música clásica, en generar tensión con cambios de tiempo instrumentales y un espectáculo coral que retumba en nuestros oídos. No le falta razón cuando expone que nada es imposible, ya que el amor es la única respuesta. Aunque ya va siendo hora de ponernos vanguardistas. «Let Me Fall» permite un descanso a la vertiente clásica para ofrecernos una lección de pop-soul recargado y poderoso con mensaje de superación dentro del envoltorio: «Don’t try to save me now; I wonder how it feels to be free. / And if I fall, let me fall«. De momento no consta como single, pero tiene todos los elementos para merecer serlo.

En esta ocasión, Mvula nos invita a su pesadilla convencional. «Kiss My Feet» nos introduce en un entorno tchaikovskiano engañoso que más adelante será pisoteado por la épica orquestral de viento-metal y percusión. O como bien diría la cantante, una canción que, en su momento, dejó de hablar de amor. Aunque para declaración magnánima e imponente, la que observamos en «Show Me Love«, una balada que varía entre el piano-pop convencional, la influencia cántica-eclesiástica y la épica orquestal que, en esta ocasión, ofrece un toque aún más teatral al reflejo de dolor de nuestra protagonista: «If it wasn’t real, then why does it hurt so bad? / Cause the thing that we had, it was everything«. Si no fuera por la duración (que desconfigura el transcurso de un repertorio de por sí denso y considerable), sería sin ninguna duda la joya del disco, y de por sí, una de las declaraciones más sinceras de lo que llevamos de año, en la que el matrimonio se convierte nuevamente en un martirio asfixiante.

«The Dreaming Room» es un álbum impecablemente producido, sincero, doliente, quizás dramático, pero también más que necesario.

Una pausa y volvemos. «Renaissance Moon» nos lleva a otra época con los violines mientras Mvula se va preparando para «Angel«, un mid-tempo soul que comienza nuevamente a capela hasta desembocar en una pegadiza canción con clavicordios y sitares para alzar bandera blanca a su matrimonio, muy diferente a «Show Me Love» y su mensaje, mezcolanza de desolación y añoranza. La segunda colaboración del álbum corre a cargo del rapero Wretch 32 en un tema R&B bastante oscuro titulado «People«, en el que la inglesa alcanza un nuevo registro como cantante de gospel.

Lo bueno de este disco, como todos los obstáculos que se nos interpone en el transcurso de nuestras vidas, consiste en la imposición de un final feliz. Hay veces que se consigue, otras, irremediablemente, se ve hundida por una realidad más cruel que las del resto. En el caso de «The Dreaming Room», el grado de satisfacción que alcanza el oyente (o al menos yo, en este caso) crece imparable tras el mensaje de apoyo de la madre de Mvula en «Nan«, una conversación telefónica que muestra el apoyo que recibe la cantante tras su reciente diagnóstico. En segundo lugar, gracias a «Phenomenal Woman«, un himno de empoderamiento femenino que va creciendo por cada gorgorito. El buenrollismo da final a un álbum sincero, doliente, ¿dramático?, pero más que necesario para una sociedad en la que apenas se valora el entorno, el talento o las posibilidades de llegar lejos con tus propios propósitos. Esta habitación para soñadores en la que Laura Mvula se encerró y grabó durante horas para contemplar sus reacciones al componer se ha convertido en un santuario en forma de CD que reúne lo mejor del soul orquestal y el R&B más oscuro y contemplativo.

Laura Mvula – The Dreaming Room

8.5 HOT RECORD

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La británica Laura Mvula vuelve a conseguir un álbum auténtico que, aunque no en las mejores condiciones, suma puntos en cuanto a su imponente interpretación vocal y sus letras desgarradoras y sinceras sobre su divorcio. «The Dreaming Room» es un disco que no deberías olvidar escuchar este año, al menos una vez.

Up

  • La interpretación vocal de Laura Mvula en cada uno de los temas. Auténtica, desgarradora y sublime.
  • Resultado final grandioso, con grandes topes de ornamento instrumental y pequeños atisbos de austeridad que la inglesa suple con su voz sin ninguna dificultad.
  • Impecable producción por parte de la Orquesta Sinfónica de Londres y el nuevo compañero de Mvula en su carrera, Troy Miller.
  • «Who I Am» como introducción al disco.

Down

  • Interludios que cumplen una función superficial y decorativa, como «Renaissance Moon».
  • La extensión de «Show Me Love», pese a que esto no significa que deje de ser un baladón.