Swans

Swans –
The Glowing Man

Como una figuración meramente atmosférica, o bien todo lo contrario, solicitando del usuario altos niveles de concentración, The Glowing Man tiene mucho que exponer a lo largo de sus dos horas de revelación, casi trance, aunque quizá emplee una excesiva explotación de sus materiales sonoros. Mantiene el nivel de los anteriores trabajos, pero su uniformidad lo condena a perder afiliados.

Nunca debe desatenderse el cielo sobre nuestras cabezas, especialmente a medida que las nubes se desplazan a través de la ventanilla o las estrellas se disponen para sacarnos del corazón del bosque en que hemos entrado por error. Azul, rojo, morado o negro. A medio camino entre el viaje espiritual y el atmosférico, Michael Gira, al frente de Swans, proyecto bajo cuyo nombre da salida a toda su creatividad, parece llevar a cabo un cuidado escrutinio del cielo y sus manifestaciones brutales. Motivos que se repiten, un aparente estatismo desguazado por interludios que nos devuelven a los dos trabajos previos. Para acceder a este disco doble cargado de simbolismo tenemos que dejarnos llevar por el lento desplazamiento de sus elementos, como un viento ligero, dirigido por la voz de su creador y demás integrantes, profetas de una enorme fuerza que lo controla todo.

Desarrollando las premisas de sus anteriores trabajos

Más que de temas podríamos hablar de paradas, secciones en las que la atmósfera no está tan calmada como de costumbre y en las que recordamos a los Swans más macabros.

Más que de temas podríamos hablar de paradas, secciones en las que la atmósfera no está tan calmada como de costumbre y en las que recordamos a los Swans más macabros. En cualquiera de los cortes (la mayoría de ellos de una duración muy por encima de la convencional) somos introducidos en un estado superior de meditación. Más arriba, para poder observarlo todo. Y en alguna parte del extenso mantra, recibimos el mensaje crucial, la forma definida como sobredosis de truenos, subiendo de intensidad, lo que para los amantes de las etiquetas podría definirse como un caso único de punk atmosférico. Después de la furia, regresa la calma.

Podríamos incurrir en el error de seleccionar los temas más breves del álbum como muestra de éste, que son en palabras del propio creador ‘despedidas’, pues el mérito del trabajo se encuentra en el estado hipnótico al que nos induce y la violencia eléctrica con la que nos sacude de pronto, demasiado lejos para que seamos capaces de alcanzar el botón de apagado de nuestro aparato. Un trabajo realmente maduro, que se quedará fuera del alcance de aquellos que no dispongan del tiempo necesario para enfrentarse a sus dos horas de duración.

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Fotografía: Samantha Marble

Meditación llena de sobresaltos

El mérito del trabajo se encuentra en el estado hipnótico al que nos induce y la violencia eléctrica con la que nos sacude de pronto.

El viaje comienza con “Cloud of Forgetting”, que ya anuncia la homogeneidad del álbum y abre un espacio infinito sin lugar al que asirse. Prometemos ser precavidos. La voz de Michael emerge muy humana, como la del que ha visto algo que debe contarse, y acercándose al canto difónico recita un mensaje difuso hasta para los que han decidido seguirle. Con el recato del piano van pasando los cirros, el sueño de las alturas, sosegado pero amenazante pues en su naturaleza está también la crueldad. Y ésta termina llegando. Es normal sentirse asustado. Como la carga de una tormenta, todos los instrumentos descargan el clímax de la canción hasta que regresa el celaje sin fronteras.

La exagerada duración de “Cloud of Unknowing” permite muchos cambios de humor, incremento de la percusión y la introducción de campanas y un chelo chirriante al estilo del compositor Alfred Schnittke, aunque no deja de seguir esencialmente el mismo camino que la predecesora. A la mente nos vienen Slint y Boris, especialmente la pesadez con la que violentan su música los segundos. Podemos encontrar varios momentos estremecedores, progresivos o repentinos, que disgregan la atmósfera y tratan de justificar la lentitud de su avance.

Parafraseando una letra de Sonic Youth que el propio Michael escribió, “The World Looks Red / The World Looks Black” tiene una forma más definida. Una brass band formada por guitarras y sintetizadores contrasta con las llamadas tribales, aunque no consigue aplazar el momento en que el meditabundo percibe que precisa algo más, que algo breve y directo como encontró en The Seer (2012) o en To Be Kind (2014) no vendría mal.

Una creatividad que parece no estancarse jamás

El álbum deja buen sabor de boca, aunque al rato queda la sensación de que se ha abierto un campo muy interesante para explorar y sus límites no han sido completamente fondeados.

Afortunadamente estas pretensiones son atendidas. Sin traicionar el espíritu aletargado del álbum llega “People Like Us”, un blues mestizo como una parada en un caserón abandonado. ¿Son lamentos? No piensan dar descanso a nuestra atribulada mente. “Frankie M” deshace la evolución que sugería su predecesor regresando al estilo de los primeros temas. Atravesados unos diez minutos que aportan poco nuevo encontramos un eslogan pegadizo. Así despierta de nuevo nuestro interés por el viaje. Aunque tanta cantidad de ruido ha de verse contrarrestada. Como si hubiera llegado al crepúsculo del océano, la voz femenina de la invitada y mujer del líder se lamenta en “When Will I Return”. Se trata del segundo tema breve del álbum y se revela como un receso fiel al conjunto en el que las letras de desahogo se vuelven mucho menos ambiguas.

Hemos de regresar a lo más alto en el tema que da título al álbum, “The Glowing Man”, para lo que se nos dan unos minutos de preparación. Podría decirse que los principales sabios se han reunido, todas sus voces tratan de exponer el mensaje. El resultado es un verdadero trance que se mantiene a partir del post-punk y las frecuentes mutaciones del sonido. La máquina avanza. Un cielo contaminado deja todos los cuerpos intranquilos, aunque éstos poco a poco se van sintiendo seguros en la violencia y finalmente consiguen dominarla cuando regresa la voz de Michael. Es casi bailable. Hemos sido iluminados. “Finally, Peace” nos proporciona un final exquisito, cercano a los Swans góticos de la segunda etapa, que nos hace olvidar los desasosiegos que hemos pasado a lo largo del trance y deposita en tierra con un sagaz juego de palabras (“Tu gloria es mía / Tu mente gloriosa”).

El álbum deja buen sabor de boca, aunque al rato queda la sensación de que se ha abierto un campo muy interesante para explorar y sus límites no han sido completamente fondeados. Además, en estos casos el disfrute depende mucho del grado de compenetración que dediquemos al álbum. Hay que creérselo. En caso contrario el viaje puede resultar soporífero. Para espíritus pacientes puede significar uno de los mejores del año.

Swans – The Glowing Man
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