Fotografía: Nerea Coll

Llega agosto y el calor heredado de julio se hace cada vez más y más pesado. Por ello, para combatirlo, decidí que este año podría ser una buena idea estrenarme en un festival playero y adentrarme en el afamado Arenal Sound. De sobra es conocida la saturación, masificación y, en ocasiones, mala organización del festival castellonense, y desde el primer momento la sorpresa negativa se apoderó del ambiente, ya que las mochilas de varios sounders estuvieron a punto de no entrar en el maletero del autobús que se disponía a llevar a la gente desde Valladolid al festival. Desconcierto general (y personal) desde antes de empezar.

Una vez allí, tras las disputas vecinales sobre qué metro cuadrado de la parcela pertenece a quien (nadie te indica donde ponerte) observé durante las consiguientes noches que no podemos hablar de una organización espectacular. La gente tenía pulseras distintivas de cada camping, pero se podían evadir sin problemas los controles, los baños dejaban mucho que desear y una humareda de polvo se cernía de manera constante en determinadas zonas del Camping Malvarrosa. Desde luego el festival hace honor a su nombre.

El polvo sería también uno de los mayores enemigos en la zona de conciertos de Malvarrosa, ya que debido a los exultantes saltos de la gente al oír a sus artistas preferidos la humareda hacía que respirar se convirtiese en una tarea imposible y que, en más de un caso, los presentes tuviesen que dejar algún concierto a medias al no poder ni respirar. La zona de conciertos Arenal, sin embargo, se veía mucho más acondicionada, pero este año sólo se encargaría de recibir a los DJs de las dos primeras jornadas (esas previas en las que prima más la playa que la música) y a los artistas menores.

Lo importante llegó a partir del jueves y esto es lo que se pudo ver:

JUEVES 4 DE AGOSTO

Para una persona que se inclina de manera clara por el rock las jornadas del 2 y 3 de agosto supieron a muy poco, o más bien a nada. Había ganas de marcha y los primeros que pisaban fuerte en el cartel eran La Raíz. El conocidísimo grupo valenciano visitó su tierra con muchas ganas y mucho público. Se nota que están en uno de los mejores momentos de su ya considerable carrera y dieron en Burriana un espectáculo cargado de banderas, reivindicaciones políticas y protestas encajadas de manera infalible en sus letras. Se hizo corto y antes de lo esperado se empezó a escuchar un sonido que llamó poderosamente la atención de muchos desde el escenario Negrita. Sonaba una de las bandas más peculiares del cartel, Fuel Fandango, a los que incluimos en las diez razones por las que no faltar al Arenal. Nita y Ale Acosta impregnaron de alegría la tarde del jueves con su electro-flamenco y dieron un toque distinto a lo que normalmente se suele escuchar en el Arenal.

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Fotografía: Jota Martínez

La noche se iba poniendo cada vez mejor, ya que se aproximaba el turno de Love of Lesbian, la omnipresencia personificada en una banda. Como todo el mundo sabe tardaríamos menos en citar los festivales donde no acuden que a los que sí lo hacen y, aunque nunca han sido mi grupo preferido, tiene que ser por algo. Muchos tenían la esperanza de disfrutar más de su directo que sus discos, pero supo algo descafeinado. Para los fans infatigables e incansables de la banda catalana el recital se catalogaría de magnífico, pero para aquellos que lo vimos con más imparcialidad se hizo demasiado largo. Y entre canción y clases de ortografía y puntuación que daban los barceloneses la medianoche fue llegando, y con ella el siguiente grupo: All Tvvins. El combinado irlandés quizá fue la gran sorpresa de la noche, y es que su directo se exhibe completamente diferente a lo que podemos pensar escuchando sus discos. Suenan más reales, más guitarreros, más a rock y fue de agradecer a la hora de escuchar temas tan conocidos como “Thank You”, o “Darkest Ocean”. Sin duda impartieron un gran recital en el escenario Negrita ante un público no muy numeroso, debido a que la mayoría del personal se aglutinaba en el Main Stage esperando con ansia a uno de los cabezas del cartel: Crystal Fighters. La banda británica no defrauda nunca y aporta en la mayoría de sus directos espectáculo y canciones que hacen sentir de verdad que estás en un festival veraniego. Son el elemento ideal para hacer que la gente se venga arriba, y el público se animó tanto que a mitad del bolo la humareda de arena y tierra era tan densa que ni se lograba ver el escenario con nitidez. Aparte de ese ligero contratiempo, todo pasó muy rápido y con objetos de animación como pelotas gigantes los asistentes se lo pasaron en grande.

Con la madrugada entrada, lo que prima en un festival de estas características es la electrónica y los conciertos se ven más llenos a estas horas. Hay que tener claro que el Arenal tiene mayoría de público amante de la electrónica y que a las horas que se dan los conciertos de indie y rock muchos de los sounders aún siguen en sus tiendas. Vitalic y su hard-techno aburrió y abrumó a la mayoría de los asistentes en una sesión en la que no se dirigió ni una vez a su público. Por último, el DJ Vicetone cerró la noche con un espectáculo más apto para todos los públicos, más entretenido y menos duro. Según los entendidos, más de hora y media de muy buena electrónica.

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Fotografía: Abel Gimeno

VIERNES 5 DE AGOSTO

Tras una jornada playera lo mejor que se podía hacer era pasarse por L.A. y vislumbrar qué es lo que el artista balear podía aportar con su directo. Con una mezcla de temas más clásicos como “Stop the Clocks” y piezas de su último trabajo (entre las que destacan “Living by the Ocean”), consiguieron atraer con su sonido pop oceánico a los asistentes mas ‘madrugadores’. A continuación era el momento de Kaiser Chiefs en el escenario principal, pero al contrario de lo que hizo la mayoría decidí prescindir de los británicos para disfrutar de una banda que no defraudaría. Era el turno de los italianos Talco. Para ello, había que bajar en bus a la playa y dedicar unos cuantos minutos al recorrido. Los venecianos estuvieron inconmensurables una vez más y vieron como en cuestión de minutos su bolo pasaba de tener una entrada muy floja al lleno absoluto. Durante la hora y media de recital no faltó ni un solo clásico y sonaron auténticos himnos del ska europeo como “St. Pauli” o “Bella Ciao”. Tampoco se quisieron perder la cita los clásicos pogos ni las banderas de mil y un lugares. Un auténtico espectáculo para comenzar mejor que bien la noche.

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Fotografía: Nerea Coll

Tras soportar las rutinarias colas para coger el bus al intentar subir de nuevo a Malvarrosa me encaminé a disfrutar de un clásico de la Movida y del pop español. La gente, más por sorna y cachondeo que por fanatismo, tenía ganas de Fangoria, y se notó. Llenazo para ver a Alaska y compañía. Los madrileños animaron (mucho) y tocaron clásicos que hasta el más despistado conoce y que incitan a cantar a pleno pulmón. El concierto, a pesar de ser un playback descarado, estuvo entretenido y cumplió su función. La electrónica volvió de nuevo con la madrugada al Arenal de la mano de unos insulsos y aburridos Crystal Castles. Las luces y los espectaculares efectos visuales no compensaron un recital monótono. Además, por si fuera poco, un fallo de sonido obligó a los organizadores a suspender el concierto por algo más de diez minutos. Para culminar la noche el dubstep del israelí Borgore maravilló a los más fiesteros y convenció a una gran mayoría de sounders. La salida a las seis de la mañana fue un caos y los buses para aquellos que quisieran ver a Chimo Bayo en la playa no recogían a la gente, provocando numerosas protestas. Un autentico follón en el alba del sábado.

En líneas generales, esta segunda jornada de grandes directos fue, de lejos, la más floja. Conciertos interesantes a horas intempestivas debido al calor, ninguna gran referencia rockera y un cartel repleto de electrónica. Eso sí, el sábado pintaba mucho mejor para los amantes de la guitarra.

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Fotografía: Nerea Coll

SÁBADO 6 DE AGOSTO

Debido a su temprano horario apenas pude disfrutar de los mágicos Belize, pero lo poco que pude vislumbrar impresionó. Una pena que la organización decidiera poner un concierto así con toda la calorina presente. La magia se habría multiplicado al atardecer. Sin más demora el turno de Miss Caffeina llegó y una cantidad considerable de fans les arroparon. Los de Alberto Jiménez fueron una de las bandas que más feeling tuvieron con los asistentes y se metieron al público en el bolsillo a los pocos minutos de empezar su show. Sonaron numerosos temas de su último LP “Detroit” que, aunque su líder insistiese al público en que es un álbum reggaetonero que se adapta a los nuevos gustos de la gente (nada más lejos de la realidad), es un discazo.

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Fotografía: Nerea Coll

Poco tiempo después llegaron Kodaline, una banda que propuso un directo bastante guitarrero (quizá es que tenía las expectativas muy bajas) y entretenido, maravillando a un público mayoritariamente femenino. Los irlandeses consiguieron desquitarse de algún que otro prejuicio que los tacha de boyband y conectaron de una forma espectacular con el público de Burriana. Además de ellos hay que destacar la actuación de I’m From Barcelona, una de nuestras cinco joyas ocultas. Los suecos todavía son una banda (o coro más bien) que vive de dos éxitos, pero alegraron la noche a los asistentes que esperaban con impaciencia al plato fuerte de la jornada. Two Door Cinema Club lograron uno de los mayores llenos del fin de semana y se convirtieron, de lejos, en el nombre de onda rock (a la espera de lo que salga en “Gameshow”) con más asistencia. Tuvieron la suerte de tocar a una buena hora; el espectáculo que brindaron fue colosal y atrajeron progresivamente a más público. Celebrando el cumpleaños de su batería los irlandeses estuvieron hiperactivos, en especial su vocalista Alex Trimble. Bajó en más de una ocasión hacia el público, para desconcierto de los vigilantes de seguridad, y enloqueció a los que disfrutaban de su concierto en las primeras filas. Y no podemos hablar de los Two Door sin citar su afamado “What You Know”, tema con el que cerraron la noche entre fuegos artificiales, confeti y mucho humo.

Se creó bastante expectación con el Secret Show que cada año plantea el Arenal Sound. Sonaba Bastille para esta edición. Pero no, fueron Elyella djs, y la ilusión de más de uno cayó a los pies. La noche estaba destinada, de nuevo, a terminar entre DJs. En primer lugar llegó el turno de Felix Jaehn y después el de una de las actuaciones más esperadas por el sector electrónico: Galantis. Esta última (buena) sesión se truncó por un sonido algo deficiente en el escenario principal, una vez más.

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DOMINGO 7 DE AGOSTO

El último día pintaba muy bien, tanto para los sounders rockeros como para los electrónicos. La jornada empezaba con una de las bandas más afamadas a nivel nacional: Izal. Los madrileños son muy inteligentes y saben a la perfección qué es lo que le gusta al público y qué decir para ganárselo: anécdotas de sus primeros pasos cuando los veían cuatro gatos y homenajes al gran Freddie Mercury y sus cánticos en Wembley 1986 fueron suficiente. En lo que a música se refiere, el quinteto estuvo bastante bien impartiendo un show que cumplió con las expectativas de los izalers y los no tan izalers.

Hice una breve parada en Carlos Sadness, un artista que melena al viento y guitarra en mano hizo pasar un buen rato a aquellos que esperábamos a los peces gordos del domingo. The Hives no se hicieron esperar ni un minuto y comenzaron con su conocido “Come On!”, que llamó a los más despistados a asistir a un verdadero concierto de rock. Los fans observamos atónitos como parecía que Pelle Almqvist había sido poseído por algún alma sevillana, y es que el líder de los Hives no paraba de hablar castellano, pero no las típicas cuatro palabras que puede soltar cualquier artista internacional, sino que hiló frases, dio discursos y jaleó al público. Y una cosa dejó clara: no quería silencios entre canciones y lo consiguió animando Burriana con exitazos como “Hate to Say I Told You So” o “Walk Idiot Walk”. Los suecos se mostraron enérgicos dando un espectáculo brutal. A Almqvist sólo le faltó arrojarse al público al más puro estilo Iggy Pop para rematar la noche y se quedó muy cerca de lograrlo si no fuera por la seguridad del festival. El final fue, simplemente, una locura con “Tick Tick Boom”. El púbico estalló en un éxtasis de pogos y saltos que finalizó con la clásica sentada general final que deriva en un estallido de energía colectiva. Con diferencia, el grupo que más convenció y que obligó a decir a los menos rockeros algo tan contundente como “ahora entiendo por qué gusta tanto el rock.

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Fotografía: Jota Martínez

El siguiente directo se impartiría en el escenario Negrita y el protagonista sería una de las referencias más importantes dentro del rap nacional. Rayden ofreció un buen show junto a Mediyama y Mesh. A continuación saldrían a escena La Gran Pegatina. Este numeroso grupo brindó el concierto más extenso del Arenal Sound 2016, alcanzando las dos horas y regalando a los espectadores su sonido rumbero y alegre. Con un toque ska y funk hicieron vibrar y bailar a la gente en la que, con diferencia, fue la noche más fría. El público, como no podía ser de otra manera, enloqueció con temas tan conocidos como “Todos los días sale el Sol” o “MariCarmen”.

El encargado de cerrar la edición 2016 en la zona de conciertos Malvarrosa sería el afamado DJ Steve Aoki. Con lleno absoluto el norteamericano no se salió de las líneas habituales a la hora de realizar sus shows y con su característica hiperactividad conquistó a los amantes de la electrónica más dura. Su directo, como es habitual, terminó con el DJ arrojando tartas a sus fans y haciéndose selfies.

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Fotografía: Jota Martínez