Ha pasado mucho tiempo desde que la banda californiana Blink-182 conquistaron nuestros oídos y nuestros corazones mediante la elaboración del pop-punk más divertido y burlón que había visto surgir la década de los noventa. Veinte años y seis álbumes después, la banda regresa al panorama musical actual con motivo del lanzamiento de California, su séptimo larga duración. En el transcurso de los años se han quedado por el camino su divertido sonido, su jocosa actitud y su irreverente descaro de juventud. El conjunto también ha sufrido la pérdida de Jerry Finn, productor de la mayor parte de su obra y de los trabajos más exitosos del trío. Y, más recientemente, han tenido que lidiar con la salida del guitarrista, vocalista y cofundador del grupo Tom DeLonge, ante el desinterés de este por el proyecto que durante tantos años compartió con Mark Hoppus y el siempre preciso y virtuoso Travis Barker.

Con el guitarrista Matt Skiba, frontman de la banda pop-punk Alkaline Trio como sustituto de DeLonge, Blink-182 han sabido suplir la carencia melódica y la contundencia de la que adolecía el quebradizo “Neighborhoods”, su anterior referencia y obra menor en el catálogo de los de San Diego, para facturar un álbum potente y repleto de ganchos que nos retrotrae al quehacer estilístico que desprendía la formación en los primeros años del nuevo siglo, aquel sonido maduro que delineaba una nueva senda, una renovada sensibilidad, en “Blink-182”, su álbum homónimo o no titulado. No podemos decir que suenen tan frescos ni tan directos como antaño, pero no cabe duda de que estos dieciséis cortes nos brindarán grandes momentos como en su día lo hicieron “Dude Ranch”, “Enema of the State” y “Take Off Your Pants And Jacket”, aunque sin esa alegría juvenil desbordante que los singularizaba.

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“California” es un paso lógico que se aleja del carácter pretencioso y forzado de “Neighborhoods”.

“California” se antoja, por tanto, la evolución natural de aquel álbum homónimo que la banda publicaba en 2003. Un paso lógico que se aleja del carácter pretencioso y forzado de “Neighborhoods”. Blink-182 han tomado el pulso a su trayectoria y han resuelto una obra de acuerdo a su saber hacer y a su carácter, ahora notablemente más maduro, usando la fórmula que siempre les ha funcionado y con la que han ganado una legión de seguidores a lo largo y ancho del globo con el paso de los años: energía, sencillez, melodías adhesivas y la búsqueda de la diversión como objetivo principal.

Son esos, precisamente, los elementos que se combinan en Cynical, la canción que abre el álbum. Dardo directo al ex guitarrista de la formación. Un trallazo que nos devuelve a los viejos Blink-182 y nos predispone a un enorme disfrute con la escucha del resto del álbum. No había un inicio tan demoledor desde aquel poderoso himno, en el sentido más literal del vocablo, que fue “Anthem Part Two”, la composición que abría el último gran trabajo del grupo, “Take Off Your Pants And Jacket”. Este es el camino que nos gusta, aunque hay que ponerle una pega: dura poco, demasiado poco. El grupo también logra sorprendernos, para bien por el gran tema que elaboran y para mal por la ausencia de ideas frescas con Bored To Death, la cual presenta un manifiesto reciclaje del sempiterno riff de la popular “Adam’s Song”, un punteo característico que no será la única vez que aparezca a lo largo del CD. Un gran estribillo tendente a lo melancólico de fácil absorción será la principal baza de un corte el que ya asoman los recurrentes oh oh oh, los cuales serán una constante y casi una pesadilla a lo largo de todo el long play.

Blink-182 han tomado el pulso a su trayectoria y han resuelto una obra de acuerdo a su saber hacer y a su carácter, ahora notablemente más maduro, usando la fórmula que siempre les ha funcionado: energía, sencillez, melodías adhesivas y la búsqueda de la diversión.

Con She’s Out Of Her Mind llega una enérgica canción de amor, pop-punk en todo su esplendor derivado directamente de sus más avezados discípulos, los Teenage Bottlerocket. El trío recoge, de esta manera, los frutos de las semillas que plantaron años atrás cuando fueron los mejores y se alzaron al Olimpo del punk junto con otras bandas destacadas de esta segunda oleada del género como Green Day, The Offspring y NOFX. En Los Angeles encontramos un estilo más cercano al nu metal, mostrando especial evidencia en las guitarras. Una canción oscura e inquietante, atípica si consideramos la alegría con la que habitualmente se canta a California y a las ciudades de la misma mientras se ensalzan sus virtudes. Una forma de proceder que bien podríamos situar a la estela de “Los Angeles Is Burning”, el tema que Bad Religion lanzaron en 2004 y que incluyeron en su álbum “The Empire Strikes First”. Un corte interpretado con convicción donde llama especialmente la atención el grito desgarrador y angustioso que inquiere: Los Angeles when will you save me?; y donde el puente resulta tan sencillo como maravilloso y efectivo, con un rápido crescendo que precipita el final de la composición.

Una de las mejores piezas del álbum llega conSober, escrita junto a Patrick Stump, frontman de Fall Out Boy, y John Feldmann, cantante de la banda de pop-punk Goldfinger y productor del álbum, el cual ha tomado parte en la composición de la mitad de los temas que conforman el presente registro. Asimismo, Feldmann ejerce de productor de otras bandas como 5 Seconds of Summer, motivo por el cual, probablemente, encontremos un exceso de “oh oh oh” y “na na na” en cuanto que inercia productiva, gancho facilón y prisas, pues las canciones del álbum fueron compuestas en apenas un mes de intenso trabajo. Un comodín que poco o nada aporta a los temas, especialmente cuando se abusa de tan vulgar fórmula. No obstante, los coros, los juegos de guitarras y los ligeros arreglos de piano salvan una composición que podría tener una calificación bastante notable.

Un disco en el que el guitarrista Matt Skiba se encuentra totalmente integrado y a gusto en el conjunto, aunque no ha sido capaz de estampar su marca, citando en demasiadas ocasiones al ex guitarrista Tom DeLonge, cuya alargada sombra aflora todavía a lo largo del registro.

Built This Pool, por su parte, muestra que no han perdido el humor que supuraban antaño, aunque ahora lo muestran en píldoras hiperconcentradas. Aquí está la parte más gamberra y juvenil de estos padres de familia cuarentones: I wanna see some naked dudes… That’s why I built this pool. Sí, esa es toda la canción, apenas veinte segundos que concluyen con un Travis Barker sorprendido al que se le escucha preguntar: Is that really it?. Realmente es un gran material desaprovechado. Suena potente, enérgico, cómico y desenfadado, cualidades estas dos últimas que no asoman demasiado en el álbum y que conectan a la banda con la desenvoltura de sus inicios. Una mera broma. Uno de los mejores cortes del largo llega con No Future. Grandes guitarras, una melodía pegadiza y la perfección técnica del virtuoso baterista para elaborar una proclama tan clásica a estas alturas como el mismo punk. Sólo apuntar un inconveniente: el uso nuevamente de los “nananás”, que han pasado de lo tenuemente incómodo a lo descaradamente chirriante. Y lo que nos queda, porque aún no hemos llegado al ecuador del trabajo.

Home Is Such A Lonely Place resulta una tierna balada, una reflexión sobre la soledad del hogar familiar cuando los hijos abandonan el nido. Un momento introspectivo que no podía estar mejor acompañado que por una guitarra acústica y mesurados arreglos de cuerda, lo que aporta unos cuantos enteros al sentimiento melancólico que rezuma la composición. Continuando con la reflexión se inicia Kings Of The Weekend. Una puesta en valor de las bandas de punk rock en cuanto que salvadoras, elementos liberadores, de la rutina diaria: It’s Friday nights always save my life… From the worst of times… We ever had… Thank God for punk rock bands. Un cañonazo sonoro que ya forma parte de los clásicos de la banda. Un entusiasta enaltecimiento del tiempo libre y del punk. Todo un himno para la banda y para los fans del género. El amor adolescente se da cita en Teenage Satellites. Melodías exquisitas, una batería vertiginosa y guitarras sencillas que dan lugar a un gran corte que se encuentra, una vez más, repleto de “oh oh oh”.

DeLonge parece haberse llevado consigo la originalidad y la cordura ante tal recital de tarareo de “oooooh” y “nananás”, recurso que acaba siendo ofensivo, tedioso y exasperante.

Una introducción atmosférica y minimalista iniciaLeft Alone, una obra inspiradísima cargada de rabia y sensibilidad. Un medio tiempo de los que fidelizan seguidores, y creo que no me equivoco si afirmo que esta se convertirá en la favorita de muchos. Eso sí, los “oooooh” ya pasamos de comentarlos. Recurso que ya resulta ofensivo, tedioso y exasperante junto con los “nananás”. Probablemente no hayamos escuchado algo igual en mucho tiempo. Y por supuesto, Rabbit Holeno será una excepción. No obstante, resulta un gran tema repleto de buenos coros y con una remarcable ejecución de Travis Barker, siempre preciso en sus virtuosos patrones rítmicos. San Diegocomienza con un punteo de guitarra conocido, un riff familiar, tan familiar que resulta ser el mismo con el que abrían “Bored To Death”, luego vuelven a reciclar el riff de “Adam’s Song”. Esto ya pasa de castaño oscuro. Una docena de pistas de un potencial extraordinario venidas a menos ante una desmesurada falta de originalidad. Aquí Mark Hoppus canta a su ciudad de origen, allí se formó la banda, pero lejos de dibujar un lugar amable y placentero, el bajista da una visión turbia, llena de dolor y pérdidas en una ciudad a la que no quiere volver. Se vislumbra aquí una clara referencia a la amistad perdida de DeLonge, una relación forjada a lo largo del tiempo en una ciudad que ahora le muestra imágenes repletas de éxito, felicidad y amistad. Una amistad ahora perdida. ¿Denota el uso del famoso riff del ex guitarrista una pista evidente para manifiestar tales sentimientos? Que cada uno juzgue de acuerdo a su parecer.

The Only Thing That Matters supone una sorpresa agradable. Un corte al estilo clásico del grupo. Rápido, pegadizo, directo y alegre, en sintonía con las composiciones que constituyeron el fantástico “Take Off Your Pants And Jacket”, en cuyo conjunto se hubiera integrado a la perfección. Un guiño al pasado que resulta muy placentero escuchar. Se acerca el final del álbum y nos encontramos con California, la pieza que nomina a la colección de canciones. Una pista que, como no podía ser de otra manera y siguiendo la tradición de innumerables grupos antes que ellos, alaba las virtudes del famoso Estado norteamericano. Bonita, emotiva y radiable, hubiera sido esta una manera sensacional de poner el punto y final al álbum, pero el grupo aún conserva el sentido del humor de antaño, y terminar con “California” tal vez resulte algo sensiblero, de manera que nada mejor que echar el cierre con otra broma de apenas treinta segundos de duración, Brohemian Rhapsody. Un guiño a la exitosa composición que la banda británica Queen publicaba en 1975 con la que, no obstante, no tiene relación alguna más allá del juego de palabras del título. Se trata nuevamente de una composición a la vieja usanza que nos traslada a la locura musical de “Cheshire Cat”, debut de la banda, para afirmar: There’s something about you…That I can’t quite put my finger in. Desde luego, si lo que pretendían era dejarnos con cara de póker, hemos de decir que el resultado ha sido plenamente satisfactorio. Además de divertido.

Blink-182 facturan con “California” un álbum de sonoridad madura, en consonancia con la tendencia despojada del humor que los caracterizaba y que los hizo tan populares, la cual delineaban en su álbum no titulado o de título homónimo, como es frecuentemente conocido. Un disco en el que el guitarrista Matt Skiba se encuentra totalmente integrado y a gusto en el conjunto, aunque no ha sido capaz de estampar su marca, citando en demasiadas ocasiones al ex guitarrista Tom DeLonge, cuya alargada sombra aflora todavía a lo largo del registro. Figura que, además, parece haberse llevado consigo la originalidad y la cordura ante tal recital de tarareo. No obstante, estamos ante un gran LP: potente, pegadizo y muy disfrutable. El mejor trabajo desde aquel “Take Off Your Pants And Jacket”. Ahí es nada.

Blink-182 – California

7.2

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Tras la salida del guitarrista Tom DeLonge, Blink-182 vuelven con “California”. Un registro de sonido maduro que nos devuelve a un grupo en plena forma y nos muestra que la banda de San Diego no ha perdido la capacidad de hacer grandes canciones, a pesar del bache que supuso su referencia anterior. Dieciséis cortes cargados de energía, sencillez y melodías adhesivas, pero arregladas con unos coros simplones y, lo que es peor, sin mesura alguna, lo que emborrona el gran resultado.

Up

  • Blink-182 han logrado elaborar un álbum a la altura de las expectativas, siendo coherentes con su presente y con la nueva tendencia que marcaron mediada la primera década del nuevo siglo.
  • Han recuperado el saber hacer melódico que tanto echamos en falta en su álbum precedente.
  • Un álbum extenso con el que recompensar los cinco años de espera para escuchar nuevo material de la banda.

Down

  • El uso y abuso más exagerado de “nananás” y “oh oh oh” que hemos escuchado en mucho tiempo. Un exceso que lejos de adornar las canciones termina por empañarlas.
  • Cierta falta de originalidad, tanto en lo que concierne al punto anterior como al uso reiterado del famoso riff de “Adam’s Song”. Un par de puntos en contra de Matt Skiba.