Desde hace ya unos cuantos años, el concepto que se tenía del ‘rock progresivo’ ha ido desapareciendo, o al menos difuminándose, a favor de vertientes más relacionadas con el metal. Tanto en bandas con una base bastante más tradicional (y no siempre muy inspirada), por ejemplo Dream Theater, como agrupaciones a menudo instrumentales y más abiertas al metal moderno como Animals as Leaders, esta nueva ola de prog tiene una serie de denominadores comunes: el virtuosismo técnico o exhibitivo, compases y tempos irregulares y complejos, un importante apoyo en bajos intrincados y guitarras versátiles que adoptan técnicas conocidas en el metal (tapping, sweep picking, slap…) y con un número de cuerdas indebido para un observador poco avezado…

En este maremágnum de grupos integrados por expertos en teoría musical, subyace, sin embargo, una incómoda verdad: sin negar el talento que muchos artistas del género poseen (pero del que no todos gozan), la apuesta por la técnica hace que estas bandas tengan una forma sólida, pero poco fondo. Aquí entra en juego la preferencia por lo instrumental, que es un campo idóneo para la exhibición y la habilidad, pero que limita la posibilidad de despertar emoción en el oyente.

En este punto, Headspace se marcan un tanto con su último trabajo, “All That You Fear Is Gone”, pues, al igual que King Crimson (para quien no los conozca, prácticamente son los padres del rock progresivo) equilibran con habilidad las secciones líricas e instrumentales. Sus temas tienen un fuerte cimiento en la letra y el canto, que evoca elementos conocidos: Damian Wilson lleva una voz principal que oscila entre Greg Lake y Bruce Dickinson (no en vano Wilson es el frontman de un proyecto de tributos acústicos a Iron Maiden), mientras que los coros acompañados del piano recuerdan con fuerza a Queen.

Asimismo, el hecho de que combine elementos del metal más clásico, detalles acústicos casi folk y el prog moderno hace que el segundo elepé de Headspace sea un álbum asequible para los más nuevos en el género. Sin embargo, esto es un arma de doble filo, pues sus elementos no están tan bien hilados como podrían, arrastra algunos de los peores vicios progresivos, y la banda no termina de dejar claro cuál es su estilo.

Pero lo mejor será ir poco a poco, y tenemos setenta minutos por delante.

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El hecho de que combine elementos del metal más clásico, detalles acústicos casi folk y el prog moderno hace que el segundo elepé de Headspace sea un álbum asequible para los más nuevos en el género.

El disco abre con “Road to Supremacy”, un tema que coge carrerilla con destreza durante el primer minuto empapándonos con su letra política. Una guitarra principal oscura y las elaboradas modulaciones de la voz de Wilson armonizan con unos coros magnéticos (“Kept in the moment, kept in the moment now”). Se intercalan estrofas no entonadas, con un tono casi profético, una suerte de arenga dirigida a la subclase a la que se refiere al principio. Your Life Will Change” empieza sin dejarnos tiempo de recuperarnos del final de la canción anterior. Este cambio abrupto nos dirige a un corte donde los teclados cobran mayor protagonismo (algo que en su anterior disco, “I Am Anonymous”, no sucedía), y donde el tema vuelve a ser el alzamiento de los oprimidos, esta vez desde una perspectiva más personal. Desde el segundo minuto, el tono cambia y se vuelve luminoso, esperanzador y enérgico, fundamentado en una base de piano sólida y una guitarra solista con empuje pero que no quita espacio a otros elementos como el coro. Como punto curioso, encontramos un solo veloz y entrecortado que recuerda al de “21st Century Schizoid Man” de los ya citados King Crimson.

De forma sorprendente, el disco se desliza hacia “Polluted Alcohol”, un momento de pausa donde la acústica folk es protagonista y las letras de Wilson se tornan algo más crípticas. El piano y la batería apenas se dejan ver hasta el último tercio de la canción, pero retoman su papel en “Kill You with Kindness”. Este es uno de los puntos fuertes del álbum, donde la banda ordena sus influencias y crea un sonido propio y definido, distribuyendo el ritmo y la energía de forma muy acorde con la letra. Aquí juegan un importante papel las guitarras (que saltan y se complementan entre acústica y eléctrica) y los teclados, sobre todo en sus poderosos y atractivos estribillos.

Headspace encuentran un escollo preocupante en sus piezas más largas, que se vuelven pesadas, y llenas de transiciones innecesarias.

The Element” es un brevísimo corte de menos de dos minutos que sirve de interludio entre dos de los temas más extensos del disco, otra bajada del ritmo para tomarnos un descanso y coger fuerzas. Se sirve de sus teclados ambientales, de la voz y de la letra para crear una atmósfera onírica, preludio de “The Science Within Us”. Esta canción de 13 minutos es la más larga del disco, y debería servir de piedra angular del mismo por su posición central, pero es más una prueba de fuego: si la escuchas, escucharás el resto. No es un mal tema, pero intenta realizar transiciones como las de “Kill You with Kindness” sin el mismo acierto, no resulta fluido y aunque sus partes cumplen, el conjunto resulta pesado.

Y después de unos cuantos saltos estilísticos, pasamos a “Semaphore”, que imita al corte previo con mayor acierto: sus transiciones, aunque también son algo abruptas, delimitan un ‘valle’ central de tono más calmado en comparación con los extremos, con un ritmo marcado y muy guitarreros. La fórmula también surte mejor efecto que con “The Science Within Us” porque este track dura ocho minutos menos y se hace mucho menos cargante. Quizás lo más interesante sea su letra, que compara el paso del tiempo y de los momentos cruciales con prestar atención a las luces de un semáforo. The Death Bell” es la pieza más breve del disco, menos onírica que su hermana “The Element”, que evoca vagamente a Queen, aunque con un sonido más oscuro y un tanto tétrico, casi gótico en sus últimos compases. Sin embargo es una falsa alarma, y “The Day You Return” abre con una guitarra limpia, más abiertamente melancólica que el resto del disco. Incluso cuando llega el estribillo, declamado y distorsionado, o el puente que cierra la canción, con su tono luminoso, sigue evocando esa sensación.

“All That You Fear Is Gone” no es, ni de lejos, un mal disco, tiene grandes aciertos (paradójicamente, aquellos temas que más se alejan de ‘su género’), en los que deberían apoyarse para futuros trabajos.

Entonces aparece, discreta pero decidida, “All That You Fear Is Gone”, y empieza a quedar claro que el final se acerca, incrementando esa melancolía del corte anterior, con una guitarra clásica que oscila entre lo español y lo vagamente arabesco. Es otro de los grandes aciertos del disco homónimo, y en buena medida lo es gracias a su letra y a la poderosa interpretación vocal de Wilson. Un corte sin excesos ni alardes, que muestra el potencial de sus creadores sin propasarse. Es contenido y contundente donde lo necesita, y no le falta ni le sobra nada.

Borders and Days” abre en la línea más relajada de las piezas anteriores, haciendo un inteligente uso de la guitarra acústica y el teclado para ofrecer cinco minutos de calma que recuerdan, una vez más, a los primeros King Crimson (en concreto, a “Moonchild” por su tono dulce y calmado y a la mítica “Epitaph” en sus últimos compases). Otro tema comedido que no se cree más de lo que es, y resulta ser, humildemente, un cierre muy adecuado. Y la considero un cierre porque veo a “Secular Soul” no como un final, sino como un epílogo. Un añadido, algo casi evitable aunque no sea una mala pieza. Se inicia con una letra y un tono litúrgicos, oscuros y pesados, pero no tarda en alzarse con energía y contundencia. Recupera el toque político y social, renegando de los mesías y los salvadores, que considera una distracción y un engaño para los oprimidos que siguen sufriendo en la Tierra esperando que venga algo mejor después. La música, sin embargo, repite las fórmulas de los otros temas extensos del disco (este último dura diez minutos): transiciones bruscas entre sonidos diferenciados que no encajan del todo bien, y la sensación de que el tema se vuelve derivativo. El final es un clímax, sí, y la última frase (“La visión del Cielo debería morir aquí”) es brutal, pero el disco no necesitaba un cierre así.

“All That You Fear Is Gone” no es, ni de lejos, un mal disco, y supera notablemente a su predecesor. No convierte a sus guitarras en algo prioritario ni central, y distribuye bien los temas de sus letras, pero no acierta con las pistas. Headspace encuentran un escollo preocupante en sus piezas más largas, que se vuelven pesadas, y llenas de transiciones innecesarias; es como si intentasen mostrar en muy poco espacio todo lo que pueden hacer, pero al mismo tiempo no terminan de dejar claro su estilo porque se pierden en sus influencias al intentar hacer más de una cosa a la vez. Sin embargo, tiene grandes aciertos (paradójicamente, aquellos temas que más se alejan de ‘su género’), en los que deberían apoyarse para futuros trabajos. Esta es una banda con un importante bagaje de experiencia, con buen futuro, y no es una opción descabellada para quienes quieran introducirse en el metal progresivo.

Headspace – All That You Fear Is Gone

6.8

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El nuevo trabajo de Headspace es contundente, y distintivo dentro del metal progresivo, pero arrastra ciertos vicios que pueden hacer desistir de su escucha a más de un oyente. “All That You Fear Is Gone” es, sin embargo, y bajo cierto aviso, una forma no demasiado chocante de iniciarse en este género.

Up

  • Headspace es una banda experimentada que oscila entre estilos tradicionales y modernos que pueden servir como referencia a oyentes neófitos.
  • “Kill You with Kindness” y la trilogía de “The Day You Return”, “All That You Fear Is Gone” y “Borders and Days” hacen gala de la versión más sólida y definida de la banda, y sobre todo los tres últimos temas citados resultan impecables.
  • Las letras y la voz de Damian Wilson son el corazón de la banda, y sus pilares más sólidos.

Down

  • Los temas más largos son confusos, poco cohesionados y derivativos.
  • Se repiten fórmulas entre determinados temas, y los hace excesivamente parecidos.
  • “Secular Soul” era un cierre que, bien no hacía falta, bien podría haberse llevado mucho mejor, ya que rompe con la sólida atmósfera de los tres temas previos.