Ay, los 80. Esa maravillosa década en la que no hay cabida para nada que no sean los extremos. O la amas, o la odias. Sintiéndolo mucho, yo tengo tendencia a posicionarme más en el segundo bando. No me malinterpretéis, los 80 tuvieron cosas muy buenas. Como eso… o aquello… ya sabéis a qué me refiero… Vale, fuera de bromas, los 80 fueron una década tan caótica como cualquiera y ante el thrash metal de grandes grupos como Metallica y Slayer o el nacimiento del grunge y el noise-rock de corte indie de grupos como Nirvana en el primer caso o Pixies en el segundo, se impuso la fiebre del sábado noche: el bailoteo, las luces de discoteca, los sintetizadores, los ruiditos electrónicos marcianos, las vestimentas tan excelsas y exacerbadas, y por supuesto, el glam y el new wave. Hubo mucha música sumamente divertida, pero la línea que separa lo divertido y desenfadado de lo ridículo y hortera es tan fina que muchísimos artistas no lo supieron discernir con claridad y así nacieron esperpentos como Twisted Sister, Mötley Crüe o Bon Jovi, además de sumarse artistas ya consagrados en la década anterior que ya apuntaban maneras como Kiss y Queen.

Lo peligroso de los 80 es que su tendencia hacia lo hortera ha hecho que todas esas grandes canciones de la década hoy en día suenen a eso, y hayan envejecido mucho peor que muchas otras piezas con más años a la espalda. Es por ello que intentar revivir ese tipo de música actualmente te puede llevar a pegarte un tiro en el pie. No sé si un grupo como The 1975 era consciente de esto o no, pero en “I like it when you sleep, for you are so beautiful yet so unaware of it” da la sensación de que han pensado que ya que iban a revivir los 80, mejor hacerlo por la puerta grande y que sea lo que tenga que ser.

«I like it when you sleep, for you are so beautiful yet so unaware of it»: entre la broma y el esperpento

De tocar covers y canciones punk en el instituto pasaron a lo que son ahora mismo. Una mezcla entre boy-band, indie-rock y electro-pop. Sí, suena a mezcla chunga y el resultado confirma nuestros peores temores. Pero así son ellos y así quieren ser.

Para quienes no lo sepan, The 1975 es una banda procedente de Manchester formada por Matthew Healy (voz y guitarra), Adam Hann (guitarra), George Daniel (batería y coros) y Ross MacDonald (bajo). Tras cuatro EPs, consiguieron publicar su álbum homónimo en 2013. De tocar covers y canciones punk en el instituto pasaron a lo que son ahora mismo. Una mezcla entre boy-band, indie-rock y electro-pop. Sí, suena a mezcla chunga y el resultado confirma nuestros peores temores. Pero así son ellos y así quieren ser. Importantes. Inolvidables. El grupo de esta generación. Estrellas de rock de las que llegan al mayor número de gente posible y se convierten en un icono de la cultura popular, no quieren ser uno de esos grupos indies que según ellos hacen música insípida porque creen que el arte no se basa en gustar a cuanta más gente mejor. Quieren ser como David Bowie y como Michael Jackson. Y en términos estadísticos no se puede decir que no lo hayan conseguido. Su álbum debut, “The 1975”, alcanzó el número uno en las listas británicas, mientras que con “I like it when you sleep, for you are so beautiful yet so unaware of it” no sólo han repetido la jugada sino que además se han hecho con el número uno de las listas estadounidenses también.

¿Quiere decir esto que son verdaderamente el grupo de la generación? ¿Los nuevos Oasis, el relevo de Arctic Monkeys? Sé que aún no hemos entrado en terrenos fangosos, pero siento decir que no. No les culpo, cuando la fama llega a tu puerta es muy complicado mirarte al espejo y no ver a un dios. El problema es que Matt Healy ve exactamente eso. Ve a un dios en un mundo de borregos a los que debe iluminar y entretener para darle un sentido a su vida. De primeras, uno le concede el beneficio de la duda. “Seguro que no se toman en serio a sí mismos y sólo quieren divertirse”. Pero cuando te entregan un disco de una hora y 15 minutos compuesto por 17 canciones del pop ochentero más hortera que te puedas echar a la cara es inevitable pensar que, si bien puede que sean el grupo más atrevido del mundo, también son el más pretencioso.

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The 1975 es uno de esos grupos cuya simple imagen vale más que mil palabras. O que mil canciones. Porque a pesar de la infinidad de temas que entregan en este disco, parece que siguen más preocupados por el continente que por el contenido.

Tiene mérito que un disco tan largo de un género tan directo y poco agradecido para los LPs haya llegado al número uno tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos. Lo cierto es que en un grupo como este la clave siempre está en los singles, y The 1975 saben elegirlos bien. Así, tras una introducción con el título de “The 1975”, exactamente la misma que abría su primer disco, sólo que más recargada si cabe, arranca “Love Me” y el baile de final de curso de instituto americano está servido. Entre el pop y el funky nos dejan una canción de esas que irremediablemente se te pegan, incluso aunque la odies. El sonido ochentero impregna el ambiente y Matt habla sobre la vida de rockstar, los medios y esas estrellas que quieren ser famosas sin ofrecer ningún contenido, sólo una imagen impostada. Es curioso lo extremadamente meticuloso y paranoico que resulta ser un personaje como Matt Healy, preocupado constantemente con ofrecer algo que realmente merezca la pena y llame la atención de la gente sin ser tampoco pretencioso. Ese es precisamente su error. No sólo encuentra la inspiración en sí mismo, sino que la encuentra imprescindible y extremadamente importante para los demás. En su carrera ya ha pasado por todos y cada uno de los clichés de las estrellas del pop/rock y eso es básicamente lo que nos cuenta a lo largo del disco. Si antes hablaba de la fama, en “UGH!” nos habla de sus problemas con las drogas, en concreto con la cocaína. Los sintetizadores se apoderan del tema y damos el salto definitivo al pop. Como single funciona, pues vuelven a ofrecer una melodía adictiva.

Da igual si las canciones son buenas o no, si suenan a pastiche o no, si las letras son contradictorias o no, da igual la sinceridad, la honestidad y el arte por necesidad y por amor a este, lo importante para The 1975 es que los escuche cuanta más gente mejor.

El problema es que frente a un disco tan largo, enseguida entramos en la monotonía y las canciones sin rumbo ni coherencia se entremezclan con algún single puntual que consigue que evitemos darle al stop y poner otra cosa. “A Change of Heart” es una balada electropop a lo Justin Bieber, nada memorable y con una letra que mejor no mencionar. Del estereotipo de balada pasamos al estereotipo de canción de pop comercial con “She’s American”. A partir de aquí entramos en una espiral totalmente anodina con una serie de piezas extremadamente largas como “If I Believe You”, la instrumental “Please Be Naked” o el pastiche sonoro de “Lostmyhead”. No se puede decir que The 1975 anden faltos de ideas, pues en “The Ballad of Me and My Brain” se atreven a mezclar sintetizadores con coros estilo soul, pero el resultado dista mucho de ser una maravilla. Son una banda de excesos, y eso les pasa factura.

Otro de los clichés que ya deberían estar más que superados en los tiempos que corren es el del hombre terriblemente atormentado por sus problemas amorosos. De ser un rebelde que pasa del amor a ser la persona más sensible que puedas imaginar. Tan pronto te hacen una canción prácticamente reduciendo a las chicas a objetos con los que ligar como que te hacen una sobre lo única, especial y diferente que es una chica para Matt, tal y como dice en “Somebody Else”. Cuando pasas este tramo apenas has llegado a la mitad del disco pero ya parece que llevas aquí una eternidad. Llega un punto en el que cuesta distinguir un tema del anterior, y el mayor problema de esta segunda mitad es que apenas tiene una sola canción con potencial de hit: “The Sound”. Muchos teclados, coros y ganas de salir a bailar, pero hasta aquí. Los cuatro temas restantes vuelven a caer en los mismos tópicos, canciones que recuerdan a otras como “This Must Be My Dream”, que antes de escucharla ya la has oído mil veces, al igual que “Paris”, sólo que esta ya la has oído en el mismo disco. Incluso aunque te intentes creer el discurso de The 1975 y quieras entrar en su juego, es prácticamente imposible. Hasta “Nana” y “She Lays Down”, los dos últimos temas y los únicos acústicos con menos producción acaban sonando artificiales, impostados y excesivamente edulcorados.

The 1975 quieren ser héroes, estrellas, deidades, quieren ser excesivos, valiosos, inspiradores, revolucionarios e innovadores, pero acaban cayendo en todos y cada uno de los clichés de las estrellas de rock consumidas por su propia fama y ego y acaban sonando impostados, forzados, estereotipados y anodinos.

The 1975 es uno de esos grupos cuya simple imagen vale más que mil palabras. O que mil canciones. Porque a pesar de la infinidad de temas que entregan en este disco, parece que siguen más preocupados por el continente que por el contenido. Da igual si las canciones son buenas o no, lo importante es que haya muchas. Da igual si suenan a pastiche o no, lo importante es que mezclen todos los estilos posibles aunque no peguen ni con cola. Da igual si las letras son contradictorias o no, lo importante es que hablen de lo mismo que se ha hablado toda la vida y que parece que hasta ahora ha funcionado. Da igual la sinceridad, da igual la honestidad y da igual el arte por necesidad y por amor a este, lo importante es que nos escuche cuanta más gente mejor. Y para que todo cuaje, disfrazamos nuestro discurso y lo adornamos con críticas a todo aquello que nosotros estamos siguiendo punto por punto. ¿Sabéis ese dicho de ‘ves la paja en el ojo ajeno pero no ves la viga en el propio’? Pues eso.

I like it when you sleep, for you are so beautiful yet so unaware of it

4.0 CREEPY RECORD

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The 1975 quieren ser héroes, estrellas, deidades, quieren ser excesivos, valiosos, inspiradores, revolucionarios e innovadores, pero acaban cayendo en todos y cada uno de los clichés de las estrellas de rock consumidas por su propia fama y ego y suenan impostados, forzados, estereotipados y anodinos. Este disco es un quiero y no puedo de nada más y nada menos que 17 canciones entre las que ni los pocos hits consiguen salvar el resto.

Up

  • Hay cuatro o cinco temas que vale, tienen bastante pegada y si no te los tomas en serio se pueden disfrutar.
  • Discos como este te hacen apreciar mucho más otros como el “Currents” de Tame Impala.
  • Ojalá todo el mundo se quisiese tanto como Matt Healy se quiere a sí mismo.

Down

  • Quieren ser estrellas de rock y funcionarían mucho mejor sencillamente como boyband.
  • Sobran muchas canciones, con unas cuantas menos podría haber quedado algo decente.
  • Tópico, excesivo, repetitivo y pretencioso. Quieren decir mucho y al final no dicen nada.

1 Comentario

  1. En desacuerdo. La crítica parece ser pretenciosa. Se torna aburrida y en algunas partes hasta redundante.

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