Los sesenta no murieron y ahora están conmigo. No es la letra de la nueva canción de Ángel Stanich, es la descripción que mejor le encaja al nuevo disco de Quilt. La banda de Boston ha seguido la línea psicodélica que ya nos habían presentado en sus dos anteriores trabajos aunque ahondando más en ese sonido que en los ecos más folk que tenían los otros álbumes. En este “Plaza” nos encontramos con un disco de corte muy similar, es decir: arreglos que nos remiten directamente a la época dorada de este género musical. Guitarras y voces cuajadas de efectos y ecos beatlelianos, pero sin perder el toque folkie.

Un trabajo muy cuidado que nos traslada de vuelta a los sesenta en cada uno de sus diez cortes, escogidos con mimo, para ponernos una cinta de flores en el pelo y bailar en el parque justo antes de abrazar un árbol. Olas de sonido que nos llevan desde la Costa Oeste de EEUU a las británicas playas sonoras de los Beatles o los Temples. No en vano, el disco ha sido compuesto mientras la banda estaba viajando y tocando a medio camino entre Nueva York, New Hampsire, Atlanta o incluso la ciudad italiana de Padova.

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Un trabajo muy cuidado que nos traslada de vuelta a los sesenta en cada uno de sus diez cortes, escogidos con mimo. Olas de sonido que nos llevan desde la Costa Oeste de EEUU a las británicas playas sonoras de los Beatles o los Temples.

Ese ambiente happy ya se nota desde el primer tema, “Passerby”, que incorpora unas guitarras sitarescas que van esculpiendo muescas en tu hipotálamo mientras te hacen flotar como un globo aerostático. La letra, según Anna Rochinski, compositora principal junto con Shane Butler, “se construye en torno a un fugaz momento de contacto visual con un desconocido”. El segundo corte, “Roller”, nos remite un poco más a los ochenta por esa base rítmica, aunque los arreglos siguen siendo muy lisérgicos, con ese fantasmagórico ¿hammond? que bien podría ser un theremin sonando intermitente de lado a lado de los oídos. Una canción muy poppy, aunque su letra nos remita a parajes más oscuros. La siguiente es para Shane. Aquí, la parte masculina de Quilt saca el spray del «Sgt. Peppers» y empieza a barnizar todo el tema con guitarras chillonas y sesenteras, muy al estilo del «Getting Better» que aparece en ese monumento sonoro que es la obra de los fab fourLa búsqueda de ese sonido continúa con “Searching For”, quizá uno de los candidatos más serios a single, sobre todo por culpa de su pegadizo estribillo y ese ritmo que hace imposible no mover un poco el culo. Aquí vuelve el hammond ligero y preciso y hace buenas migas con una guitarra que habría podido firmar George Harrison cuando conoció al Maharishi.

En la misma línea llega “O’Connor’s Barn”, de nuevo con ecos hindúes y que evoca… ya sabéis, muchos fractales de colores aún por inventar, señores tocando el sitar y, en definitiva, psicodelia de la vieja escuela. El trabajo de Shane a la guitarra es excelente y tiene también un toque que le recuerda a los Talking Heads, según ha explicado en alguna entrevista. Eliot St.” es, a mi parecer, la mejor canción de este álbum. Un medio tiempo delicioso que comienza con unas acústicas bastante oscuras y efectadas que se transforman pronto en un soleado día de verano. Los arreglos que contiene el estribillo llevan la firma de Anna, a pesar de que la composición es de Shane. Unos arreglos que le gustaron tanto al guitarrista que finalmente se quedaron y le dan ese toque de magia, junto con la sección de cuerdas.

Quilt llevan tiempo haciendo un ejercicio casi funambulista de acercamiento de esta música al gran público. Su vena folk facilita la escucha para los no iniciados en la materia y prepara el terreno para todo lo que vendrá después porque un viaje, como decía Bukowski, “requiere a una persona que aún no haya sido enjaulada”.

Y sin tiempo para acomodarnos, volvemos a otro corte movido, “Hissing My Plea”, con un acorde muy funky que se repite durante casi toda la canción mientras los violines y los coros van tejiendo el entramado, que de nuevo nos remite al «Revolver» de los Beatles, en una suerte de mezcla entre «Taxman» y «Eleanor Rigby». En la siguiente oleada de este viaje sonoro, volvemos a estar de bajada con “Something There”, otro medio tiempo más bien ramplón, con una letra sobre la importancia de dar y recibir en el amor, algo de lo que no consigo acordarme si se ha escrito antes en la historia de la música…

Menos mal que no se prodigan mucho por ese camino  y pronto vuelve el indie-folk psicodélico (seña de identidad de la banda) con un ritmo que cabalga en tu cabeza, literalmente, mientras una eléctrica a modo de sitar se suma a la fiesta. Así es el viaje, a caballo por supuesto, por “Padova”, el lugar donde se escribió esta bonita canción. Dentro de una mansión, con lámpara de araña y todo, y con una guitarra desafinada que sirvió de inspiración a Shane. El artista cuenta que también estuvo influido por la reciente muerte de su madre y que esta pista “captura a la perfección ese momento sonoro”.

Y de estos ecos transcendentales al sonido de las guitarras más lo-fi y garajeras de todo el álbum. En “Your Island” el hammond sigue presente y consigue crear la atmósfera perfecta para rescatar este tema antiguo que la banda tenía guardado en un cajón, pero que ha terminado emergiendo a la superficie como esa isla de la que habla la letra. Own Ways” termina por redondear este trabajo volviendo a los pasajes lisérgicos que desembocan en un ruidoso final que es una completa locura sónica. Una buena forma de acabar este viaje tan evocador y lleno de colorines.

Un trabajo delicioso y fácil de escuchar, pero que no termina de ser una obra magna, más bien algo sencillo y delicado para pasar la tarde imaginando (o recordando) el verano del amor.

Llegados a la orilla, siempre cabe preguntarse cuáles han sido las enseñanzas que hemos recogido por el camino, y en esta ocasión, tenemos varias. Por un lado, la completa certeza de que los sesenta siguen musicalmente vigentes y cualquiera que piense lo contrario solo tiene que escuchar grupos como Quilt, como los gigantescos Tame Impala, los británicos Temples e incluso los sorprendentes Baywaves. Segundo, esta música requiere de una sensibilidad especial para no perderse en el mar de arreglos con sabor a antiguo que invitan a pensar que este género alcanzó la perfección a finales de los sesenta, tras lo cual ya nunca se hará algo mejor. Y finalmente, que Quilt llevan tiempo haciendo un ejercicio casi funambulista de acercamiento de esta música al gran público. Su vena folk facilita la escucha para los no iniciados en la materia y prepara el terreno para todo lo que vendrá después porque un viaje, como decía Bukowski, “requiere a una persona que aún no haya sido enjaulada”. Gracias Charles. ¿Para qué otra cosa íbamos a escuchar música si no es para viajar sin movernos del sitio?

Quilt – Plaza

6.5

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Quilt han vuelto a lanzar un disco repleto de psicodelia sesentera con ecos de los Beatles y Temples. Un trabajo delicioso y fácil de escuchar, pero que no termina de ser una obra magna, más bien algo sencillo y delicado para pasar la tarde imaginando (o recordando) el verano del amor.

Up

  • Psicodelia de la vieja escuela para no iniciados.
  • Producción sencilla y a la vez muy cuidada.
  • Algunos temas convierten el género en algo accesible para todos los públicos, como “Searching For” o “Eliot St.».
  • La encantadora voz, y todo lo demás, de Anne Rochinski.

Down

  • Muy similar a sus anteriores trabajos.
  • No pasará a la historia, a pesar de ser entretenido.