Fotografía: Liberto Peiró

Volver herido a casa siempre es buena señal. Y escribir desde la melancolía sólo puede significar una cosa: que, de alguna manera, sientes que has vivido una experiencia irrepetible. Así es como me siento a mi vuelta del Low Festival.

Mi segundo paso por Benidorm ha superado con creces al primero (quizá porque esta vez he prescindido de expectativas) y, salvando un par de absurdidades, véanse: los cacheos a bocajarro, la prohibición de la entrada hasta de chicles al recinto (¿por riesgo de sobredosis de azúcar?), la arbitrariedad respecto a la posibilidad de sacar bebidas de la zona VIP y las menos de las esperadas ‘comodidades’ para prensa, creo que el de Benidorm ha cumplido teniendo en cuenta su condición de festival mediano, que de haters que se quejan de no estar viendo a Muse por 60 euros de abono está el mundo lleno.

VIERNES 29 DE JULIO

Un “dime qué puedo hacer para no echarte de menos” que resonó en todo el Escenario Ron Matusalem dio el pistoletazo de salida al Low Festival. Teniendo en cuenta que hacía un calor de injusticia, no sé qué tiene más mérito, si que Ángel Stanich vistiera pitillos negros o que el concierto tuviera un público bastante considerable y entregado por entero: el contoneo general que provocó la sensualidad de “Carbura” y los saltos que acompañaron (cómo no) a “Metralleta Joe” demostraron que los outsiders no fallamos y que no cualquier causa es válida para morir de insolación, pero desde luego que bailarle a Stanich sí que lo es. Testarosa cogieron el relevo, inaugurando el Escenario Budweiser. Los ganadores del concurso Budweiser_emerge hicieron un ruido de la hostia, como nos prometieron en su entrevista.

Lo que vino después fue uno de los platos fuertes de la jornada: La Maravillosa Orquesta del Alcohol. La desgarradora voz de David Ruiz proclamó en la primera canción un “quiero quedarme a vivir en ese instante en el que la montaña rusa llega arriba” alto y claro, que todos los allí presentes secundamos. “Miles Davis”, seguida de “Amanecederos” y “Los hijos de Johnny Cash”, creó una energía impresionante que se mantuvo hasta llegar al clímax en (a mi parecer) “1932”. El boca a boca habla de La M.O.D.A. como una de las bandas más potentes del panorama nacional. Y no me extraña absolutamente nada.

El subidón que llevaba por dentro no tardaría en sufrir su contrapeso: mi próxima parada era Love of Lesbian. El abuso por parte de los grupos de sus últimos temas (como fue el caso) debería estar prohibido: “El Poeta Halley” ocupó gran parte del setlist de los catalanes, lo que me parece un fallo imperdonable. “Allí donde solíamos gritar”, “1999” y “Segundo asalto” salvaron el concierto, levantando las voces de los verdaderos fans (o al menos los más puretas) de Balmes y los suyos.

Les llegaba la hora a León Benavente, uno de esos grupos que no consigue colarse entre tus favoritos pero que siempre da la talla: ver cómo Abraham Boba se queda al borde de descoyuntarse con su ya inconfundible meneo-de-cuello-contra-el-teclado se ha convertido en un imprescindible festivalero. Nos hizo vivir varios momentos de “Gloria”, pero el éxtasis llegó, cómo no, con el ya reconocido himno del indie nacional y súpertemazo (por qué no decirlo) “Ser brigada”.

cronica-low-festival-2016-1-2
Fotografía: Javier Rosa

Stuart Murdoch y los suyos eran (se suponía) el plato principal de esta primera jornada del Low Festival. He de confesar: me aburrí como una ostra. Podemos achacarlo a su abuso de temas del nuevo disco (me reitero, debería estar prohibido) o a que pasada la medianoche el cuerpo empieza a pedir jaleo pero, en cualquier caso, Belle & Sebastian no fueron, ni por asomo, lo mejor del viernes (como cabía esperar). Por eso mismo me fui antes de que acabaran para ver a Belako bien cerca, ¡y menos mal! El genialísimo cuarteto de Mungia destacó como ningún otro grupo esta primera noche, y es que si bien parece imposible tener clase y tocar con una rabia digna de llevar dentro al mismísimo Satán, ellos lo consiguen. Y, por qué no decirlo, qué gusto da ver a tías dando caña encima de un escenario: la energía de Lore Nekane es de otro mundo. Así, y tras dejar en el Matusalem una parte de mis piernas con “Track Sei” y “Sea of confusion” se me presentaba el dilema Hot Chip vs. Los Nastys: contra todo sentido común, me decanté por los segundos y no me arrepentí nada de nada. Los madrileños desataron la locura en el Wiko, haciendo que los pogos se convirtieran casi en un acto reflejo desde el primer “oh, beeeeeeeibe”, que creó entre el público un estado de efervescencia que fue in crescendo hasta llegar al descontrol más turbio. Después de haber contemplado este directazo, confirmamos: nosotros tampoco queremos morir sin ensuciarnos y, como decíamos en nuestra crítica a “Noche de fantasmas con Los Nastys”: el rock está a salvo mientras nos quede gente como ellos.

cronica-low-festival-2016-3
Fotografía: Javier Rosa

SÁBADO 30 DE JULIO

Sacrificar a Sr. Chinarro y su llamada a la acción nunca fue una opción hasta que me dieron la oportunidad de entrevistar a Terrier y a Juventud Juché durante ese (caluroso) horario. Si a eso le sumamos que la reunión iba a tener lugar en la Zona VIP Pool, la balanza se decantaba sola. Después de mi charla con los dos de Sonido Muchacho, Novedades Carminha aguardaban en el Ron Matusalem. Si bien la palabra decepción suena muy fuerte, sí he de decir que me esperaba más del concierto del trío gallego: la fiesta tropical no llegó a ser tal, no sé si por falta de potencia en el sonido o porque el feedback del público no era muy allá. Ahora, a su favor he de decir que Carlangas y Jarri le echaron mucho morro e iban ‘sobraos’ de energía. Tras tocar los hits de “Campeones del mundo” (“Que Dios reparta fuerte” y “De vuelta de todo”), empezó lo bueno: “Antigua pero moderna” y “Te vas con cualquiera” marcaron la cumbre del concierto de los de Santiago.

A continuación, el dolor que me supuso no poder ver a Los Bengala lo paliaron unos Black Lips sublimes. Si alguien entiende por qué The Kooks aparecían en el cartel con una tipografía más grande que los de Atlanta que me lo explique, por favor. El papel higiénico volando marcó uno de los conciertos más tremendos del festival, y la sensual-brutalidad con la que sonó “Boys in the Wood” hizo que casi no nos importara que se dejaran “Bad Kids” en el tintero. Por poco nos desnudamos…

cronica-low-festival-2016-4
Fotografía: Javier Rosa

De pronto, me di cuenta de que estaba a punto de ver a Los Planetas y tuve miedo de implosionar. Cuando los granadinos aparecieron en escena, una gran ovación seguida de un silencio sepulcral presagiaba lo que se nos venía encima: algo épico. Que la primera canción que tocaron Jota y los suyos fuera “Los poetas” (un tema de casi 10 minutos) sembró el pánico entre los asistentes. Las caras de susto no tardarían en inundarse de emoción al sonar los primeros acordes de “Señora de las alturas”, y las primeras lágrimas del concierto llegarían al escuchar el doloroso “que te quiero más que a nadie, que te sigo queriendo lo mismo”. Tras esa primera diana, los granadinos intercalaron canciones más puretas como “Ya no me asomo a la reja” o “Si me diste la espalda” con clasicazos como “Santos que yo te pinté” o “Un buen día”. Un concierto que recordaré toda la vida, y que guardo en mi particular caja del diablo: lo de Los Planetas es “algo muy difícil de explicar con palabras”.

Después de asimilar la experiencia ultrasensorial en el motor del autobús planetario, me fui corriendo al Ron Matusalem. Llegué a La Habitación Roja tarde, pero a tiempo para escuchar las emblemáticas “Voy a hacerte recordar” y “Ayer”.

Más tarde, el solapamiento entre Suede y Juventud Juché fue doloroso, pero no tanto. Teniendo en cuenta que el acceso al Escenario Budweiser se me presentó casi imposible, pues había una única puerta de acceso habilitada y 289.522.463 personas queriendo entrar (otra colada de la organización) y que los madrileños me parecían de lo más apetitoso del festival, la decisión se esclareció enseguida. Así, los guitarrazos de los Juchés hicieron que no echáramos de menos ni “Beautiful Ones”, que ya es decir: “Dispara” y “Un Año” formaron un combo desgarrador. La voz de Javier Molina resuena en mi cabeza desde entonces.

El colofón a la segunda jornada de festival vino de la mano de Sau Poler. El Escenario Jägermusic se quedó pequeño para la talla del productor catalán, pero el trance en el que sumergió a los asistentes fue definitivo.

cronica-low-festival-2016-5
Fotografía: Liberto Peiró

DOMINGO 31 DE JULIO

La última jornada de festival comenzaba con unos sorprendentemente carismáticos Mucho quienes, pese a tocar a las siete de la tarde, nuevamente con un calor que incitaba a tomar más cervezas de lo normal, reunieron una cantidad considerable de público, que fielmente cantó con ellos hasta los temas de su más reciente LP “Pidiendo en la puertas del infierno”.

Mi siguiente cita era en el Budweiser con, a mi parecer, uno de los músicos más sobresalientes del panorama nacional: Xoel López siempre (me) gana. Con un “yo sólo quería que me llevaras a bailar”, el coruñés empezaba un concierto impecable, en el que intercaló temas de “Paramales” con otros de “Atlántico”, sin dejar de tocar la mítica “Que no” que, como siempre y como no podía ser de otra manera, hizo brincar a todos los allí presentes.

He de confesar que mis expectativas respecto a Pablo Und Destruktion se vieron tremendamente superadas: no me tocó la fibra sensible, me la retorció. La violenta belleza reivindicativa de “Pierde los dientes España” o “Limónov, desde Asturias al infierno” se clavó como un puñal entre los que ya llevábamos tres días quemando nuestra ropa.

cronica-low-festival-2016-6
Fotografía: Liberto Peiró

El sitio perfecto para reponernos de  los martillazos de Und Destruktion era el Ron Matusalem: la oda de Marky Ramone’s Blitzkrieg a los Ramones era genial, y escuchar “Blitzkrieg Bop” en directo supone un subidón de adrenalina de los que dan gusto. Pero el cuerpo bailongo no me duró mucho: Vetusta Morla estaban al caer, y con ellos, los sentimientos encontrados. Si bien es cierto que Pucho y los suyos nunca fallan, han dejado de sorprender. Y a mi juicio, la corrección respecto al arte es algo insultante. Aun así, temas como “Maldita dulzura”, “Copenhague” o la ya obligada canción-cierra-conciertos “Los días raros” siguen emocionando, aunque sólo sea por lo que un día significaron.

Por suerte, El Último Vecino me quitó ese sabor agridulce: Gerard Alegre no hace conciertos, da espectáculos. Y lo sabe. La psicodelia del catalán es contagiosa y, mientras lo escuchas, se hace tarea imposible no bailar como si estuvieras inmerso en una peli de Almodóvar de los 80. Aunque abusó de tocar temas de su último trabajo “Voces”, se lo perdono: “Tu casa nueva” y “Culebra, columna y estatua”, seguidas de cerca por “Un sueño terrible” dieron lugar al momento culmen de la noche.

Por último, Trajano! fueron los encargados de poner el punto final al festival, y confieso: nunca una voz de ultratumba me había resultado tan conquistadora. Si Ian Curtis levantara cabeza, estaría asustado. Además, el setlist de Lois Brea y los suyos fue acertadísimo, ya que tocaron los temazos de todos sus trabajos: desde “Árpad descansa” hasta “Íker Jiménez”, pasando por “El último hombre del mundo”.

cronica-low-festival-2016-7
Fotografía: Javier Rosa