Chance the Rapper ya daría un buen golpe en la mesa con el lanzamiento de su primera mixtape, “10 day”, allá por 2012. Su robusta incursión en el género del hip hop y su insultante juventud (por entonces tenía 19 años recién contados) llamarían la atención de los medios especializados del momento. Ese instante, y sobre todo el posterior lanzamiento de “Acid Rap” en 2013, convertirían su carrera en un fenómeno que se tornaba imparable y que llamaría la atención de los pesos pesados del mainstream (Madonna, Justin Bieber o Skrillex han colaborado con él desde entonces) y también de otros artistas del propio género que se han acercado a él y le han ayudado, sin quererlo, a conformar su propia personalidad dentro del terreno en el que nos hayamos (tales como Kanye West o Lil Wayne).

Mientras llegaba este Coloring Book, no se puede decir que Chancelor Bennett no estuviera entretenido con proyectos colaborativos tan interesantes como “Surf” junto a Donnie Trumpet y The Social Experiment (el propio grupo de Chance), en el cual indagaría en las raíces jazzísticas del género; o el más suburbano “Free (Based Freestyle Mixtape)” junto a Lil B. Aun así, más que entretenido, tendría que decirse que este conglomerado de estilos por los que ha pasado el rapero en tan poco tiempo es de vital conocimiento con tal de poder comprender como todos estos subgéneros se acuñan en parte de su experiencia vital, una mundología dentro del hip hop que hace posible el origen de la última pieza que, supuestamente, cierra la trilogía de las mixtapes de Chance the Rapper. Así pues, estamos ante un “Coloring Book” que, por una parte, acuñará todo lo que el artista ha podido conocer en su aún corta trayectoria y que, por otro lado, le ayudará a explorar los límites de un género del que, puede decirse, está escribiendo su historia contemporánea.

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“Coloring Book” por una parte acuña todo lo que el artista ha podido conocer en su aún corta trayectoria y, por otro lado, le ayuda a explorar los límites de un género del que, puede decirse, está escribiendo su historia contemporánea.

All We Got es el frenesí introductorio que necesitamos para entrar en el mood correcto dentro de este libro de colorear. El absoluto buenrollismo hecho canción donde queda patentado el optimismo frente a la vida de un Chance al que aún le quedan muchos pasos dentro de su carrera, pero del cual no podemos dudar en la autenticidad de este instante: ahora mismo, el momento vital de Chance puede resumirse en esta canción. Musicalmente, encontramos sus coqueteos con vientos jazzeros de sus colaboraciones con The Social Experiment (y, sobre todo, con su colega Donnie Trumpet) mezclados con bases hedonistas puramente hip hop; también se intuye una predisposición natural del artista a un acercamiento casi sagrado ante la música que hace de este tema (y otros muchos que nos caerán) una verdadera aproximación al gospel puramente religioso desde un prisma urbano; por último, también encontramos su admiración por los ídolos, en este caso, un Kanye West que se encarga de los coros y que queda relegado a ser un instrumento más distorsionado entre las trompetas, gesto que deja entrever la armonía absoluta que Chancelor busca entre la voz y la musicalidad y que nos acerca un poco más a las raíces del rapero. Este éxtasis que queda aún más remarcado con la aparición final del Chicago Children’s Choir da paso a No Problem, tema en el que se expone de manera reiterada (y quizá repetitiva) la advertencia sobre la libertad que demanda Chance ante las compañías discográficas. Esta independencia artística también es vital para entender el trabajo del rapero: todas y cada una de sus mixtapes (incluída esta) se han gestado y autorrealizado al margen de las grandes discográficas que ya le han ido detrás durante bastante tiempo, discográficas de las cuales Chance reniega constantemente apelando a la falta de autonomía que sufrirían sus proyectos en caso de caer en la tentación. Una jugada maestra del joven rapero es incluir en los featurings del tema a Lil Wayne, el cual ya tiene sus propios problemas legales con Cash Money Records, su antigua discográfica. El recado de la canción queda claro, y es quizá en esta redundante evidencia donde se echa en falta un pequeño tijeretazo en el minutaje del tema.

Es agradecido descubrir la evolución del rapero a medida que se suceden los años, puesto que cada vez encontramos a un Chancelor más cómodo en el registro hip hop en el que se mueve ya sin dificultades.

Con Summer Friends entramos en otra dinámica bien diferente, más intimista y, por tanto, más agradecida. Chance, sin posicionarse políticamente, habla de los asesinatos de negros en los veranos de Chicago. Masacres sin precedentes que le dejan sin sus amigos de toda la vida y que dejan tras de sí, en el aspecto más concreto del tema, una musicalidad y fraseos mucho más minimalistas y crudos (“First day, nigga’s shooting / Summer school get to losing students / But the CPD (Chicago Police Department) getting new recruitment) que se ven compensados por la calidez electrónica que proporciona la voz de Francis & The Lights a los coros. Este sentimiento de andar por casa, de cercanía, se multiplica con la agradabilísima D.R.A.M. Sings Special, una suerte de nana que ensalza al individuo, al poder que todos tenemos sobre nosotros mismos. A destacar en el corte la capacidad de generar un ambiente tan marcado y acogedor en tan poco tiempo (ni dos minutos), totalmente envolvente y, aun así, marcadamente optimista. Notable tema que bien podría servir como interludio, sin que esta palabra quiera desmerecer la verdadera calidad y producción que se ha generado detrás de esta pista en la cual, por cierto, no oímos ni rastro de Chance.

El rapero reaparecerá en Blessings, canción que ya marca notablemente la tónica del disco que antes parecía un tanto menos evidente. A partir de este tema, ya es innecesario discutir la evidente referencia a la religiosidad (cristiana) del artista. Es a partir del reconocimiento de este prisma espiritual mediante el cual Chancelor se permite el lujo de abrirse en canal y hablar, de manera más o menos colateral, del movimiento Black Lives Matter (el levantamiento de la batalla de Jericho que suena al final del corte no es nada gratuito); de la relación casi fortuitamente paternal que mantiene con su hija, una de las principales artífices de la conversión espiritual del artista (“I know the difference in blessings and worldly possessions / Like my ex girl getting pregnant and her becoming my everything) y, de nuevo, de su individualidad como artista que ha de seguir potenciando con tal de poder compartir su don (“I don’t make songs for free, I make ‘em for freedom / Don’t believe in kings, believe in the Kingdom). Los humos eclesiásticos se bajan profanamente con Same Drugs,  pista que no habla sobre la relación de Chance con las drogas (que la ha habido) por muy explicativo que pueda parecer el estribillo. Aquí el “We don’t do the same drugs no more sirve para establecer una metáfora sobre ese momento en el cual dos personas dejan de tener los mismos intereses de golpe y porrazo. Chance se sirve de una melodía que crece continuamente pero que no acabará en un beat de hip hop, sino en una suma final de diferentes instrumentos orgánicos y voces de coros que, junto a la alegoría de la relación entre Peter Pan y Wendy, servirán para conformar uno de los temas más redondos en cuanto a concepto y cadencia.

Su voz siempre suena apropiada en el contexto de cada uno de los diferentes y distintos temas, lo cual demuestra la versatilidad más que evidente de un Chance cada vez más ingenioso a la hora de proclamar los conceptos de sus mixtapes.

Este paseo por las mundanas calles de la mano de Chance después de su viaje por el paraíso cristiano continúa en Mixtape, un tema en el que se vuelve a discutir sobre las preocupaciones acerca de la autonomía del artista que, en el caso de Chancelor, continúa prefiriendo hacer mixtapes por su cuenta que álbums supuestamente independientes dominados por jefes de compañías discográficas (“How can they call themselves bosses / When they got so many bosses). Aunque el mismo tema reaparezca en el álbum, la vuelta de tuerca de “Mixtape” hacia un terreno musical más oscuro con tintes de hip hop duro y trap consigue dar otra gama (incluso divertida) al ya manido concepto de la mano de unos interesantísimos Young Thug pero, sobre todo, un atrapante Lil Yachty. En Angels tenemos a un Chance que sigue paseando por las calles más urbanitas, pero ahora desde la nueva visión que le proporciona el hecho de ser influyente y algo más famoso que antes, hecho del que empieza a ser autoconsciente a estas alturas del disco, después de haber hablado largamente de su soberanía artística. Sus raíces de chico negro de Chicago continúan ahí aún y ser ahora más grande que antes. Aun así, Chance no se vanagloria de nada, él atribuye todo su éxito a su esfuerzo y a esos ángeles que le amparan y a los que se nombra en cada estribillo. El rapero se encuentra en la búsqueda de la humildad que siempre tuvo desde esta nueva posición y, tales son las ganas de mantener sus gestos corrientes, que en este tema aparecerá como colaborador el todavía no muy conocido Saba, que ya aparecería en su segunda mixtape “Acid Rap”, la que ayudaría a Chancelor a dar su salto gigante dentro del panorama musical. Viajamos a una inocente relación del pasado de Chance con Juke Jam, un tema que nos presenta a un rapero aún ingenuo frente a una mujer que se le insinúa. El corte parece un islote a estas alturas de la mixtape, pero incluso así se agradece el toque candente y sensual de la base, sobre la cual oímos un rapeo tranquilo y quizá melancólico de un Chance siempre de acuerdo y adecuado con la musicalidad que tiene por debajo. Esta sexualidad del conjunto de la canción integra perfectamente las cálidas voces de Towkio y Justin Bieber, el cual parece que hace referencia a sus propias experiencias y, de nuevo, denotan la inteligencia de Chancelor para elegir a sus colaboradores.

“Coloring Book” sí que sería el verdadero álbum de góspel urbano del año, mucho más que “The Life of Pablo”, porque allí donde Kanye profanaba y se aprovechaba intencionadamente de los motivos religiosos, Chance consigue autodeclararse firmemente como un cristiano de a pie al 100%.

La tremendísima All Night nos despierta de este estado candente para llevarnos, a través de trompetas y la voz femenina de Knox Fortune que irán ganando importancia, a un hedonismo en el cual el rapero no está interesado en ser reconocido en medio de una fiesta, evitando cualquier tipo de contacto de interés por parte de cualquier otra persona… ya que simplemente nos invita a bailar. Este festejo en el que se convierte la mixtape a través de “All Night” nos devuelve a la luminosidad del principio del largo de manera repentina y, desgraciadamente, fortuita, ya que la duración del tema incluso se le hace corta al que escribe esta review. Tan fulminantemente como apareció “All Night” aparece How Great, que nos devuelve al pozo de espiritualidad cien por cien cristiana de Chance, que utiliza la primera mitad del tema para un canto eclesiástico. Bueno. El corte empieza a ponerse realmente interesante a partir de la mitad, en la entrada del beat y el agradable fraseo de Chancelor. A destacar la aparición dentro de la canción de Jay Electronica, declarado abiertamente musulmán y que regala un conjunto de versos dignos de enmarcar.

Smoke Break, de nuevo recurriendo a la metáfora de las drogas, nos habla del tiempo que cualquier persona necesita para sentarse en frente de su pareja y, simplemente, disfrutarse. Llama la atención la base, que consigue hacer sonar fresca la mixtape pese a estar acercándonos al final de la misma. El último estribillo, mucho más calmado, consigue dar una idea de cierre en la canción que la hace parecer casi ingenua, consiguiendo obviar sus constantes referencias a la marihuana; buena jugada esta. El listón continúa subiendo poco a poco gracias a Finish Line / Drown, un tema en el que se distinguen dos partes y entre las cuales destaca muy por encima la segunda. Ahora, ese componente religioso se carga de un buscado optimismo a partir de la unión de las voces de coros tan recurrentes durante toda la mixtape y la aparición de distintos featurings, que se sitúan recordándonos que estamos ante un álbum de hip hop que no ha tenido miedo de sumergirse en el gospel sin dejarse los pies fuera de la piscina. En “Drown” bien atentos al fraseo de Noname, que suena sosegado, apacible y, en definitiva, genial. Esta parte queda complementada posteriormente con un Kirk Franklin intentando colarse en los tremebundos coros que dejan un final acústico de voces gospel que ponen la guinda en el pastel. Cerramos “Coloring Book” con Blessings, una última vuelta necesaria y opulenta que acaba el disco en un acto que se mueve entre el agradecimiento (a Dios primero, y a los fans después) y la necesidad de mantener los pies en la tierra (de Chicago) con un Chance que más que rapear, en este caso parece recitar palabras sin mucha búsqueda armónica, lo cual convierte a este tema en único en el repertorio, en el cual cabría destacar la manera en la que Chancelor baja el volumen y gana en calidez antes de que estalle el coro final (conformado, entre otros, por Ty Dolla $ign, Raury, Anderson .Paak, el propio Chance…) que permite a “Coloring Book” acabar por todo lo alto dentro del género gospel y, por tanto, mantenerse fiel a las ideas que ya presentaba la mixtape al empezar. Por coherencia que no sea.

Chance se hace mucho más agradecido cuando se reafirma como artista independiente y, en definitiva, cuando se aleja de creencias y doctrinas para poner los pies en el suelo, como sucede en temas como “Summer Friends”, “Mixtape” o “All Night”.

Con esta última mixtape de Chance nos encontramos ante una madurez del artista respecto a sus anteriores largos. De hecho, parte de su crecimiento personal ha sido visible a través de su obra debido a la juventud con la que empieza en el mundillo. Es por eso agradecido descubrir la evolución del rapero a medida que se suceden los años, puesto que cada vez encontramos a un Chancelor más cómodo en el registro hip hop en el que se mueve ya sin dificultades. De hecho, sus fraseos y rapeos son, a día de hoy, totalmente convenientes a la base musical del tema, sin que sus apariciones se hagan notar muy visiblemente, pero dejándonos entrever que estas son imprescindibles, cualidad que no es tan fácil de encontrar en los raperos de hoy en día. Su voz siempre suena apropiada en el contexto de cada uno de los diferentes y distintos temas de “Coloring Book”, lo cual demuestra la versatilidad más que evidente de un Chance cada vez más ingenioso a la hora de proclamar los conceptos de sus mixtapes, y también totalmente inteligente a la hora de escoger a sus colaboradores, los cuales se integran desde una falsa aleatoriedad pero extremadamente bien dentro de los cortes.

Por otro lado, “Coloring Book” sí que sería el verdadero álbum de góspel urbano del año, mucho más que el recientemente revisitado “The Life of Pablo”, porque allí donde Kanye profanaba y se aprovechaba intencionadamente de los motivos religiosos, Chance consigue autodeclararse firmemente como un cristiano de a pie, al 100%, hecho que en un contexto como el nuestro, tan alejado a día de hoy del mundo eclesiástico, hace devaluar temas como “How Great” o la primera parte de “Finish Line / Drown”. Chance, en este sentido, se hace mucho más agradecido cuando se reafirma como artista independiente y, en definitiva, cuando se aleja de creencias y doctrinas y pone los pies en el suelo, como sucede en temas como “Summer friends”, “Mixtape” o “All Night”.

Chance the Rapper – Coloring Book

8.5 HOT RECORD

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A Chance the Rapper no puede negársele su posicionamiento dentro de la industria como uno de los eslabones jóvenes más interesantes a seguir la pista dentro del género urbano por excelencia. Su relación, a día de hoy, con la religión y los asuntos más profanos le convierten, con su destacado “Coloring Book”, en el único y firme pastor del hip hop.

Up

  • Chancelor frasea como pocos sobre sus propias bases musicales, integrándose en las mismas con una facilidad pasmosa que convierten la mezcla del rapeo y musicalidad en una unidad indivisible.
  • Las canciones en las que Chance se olvida de evangelios y dogmas y se dedica, puramente, a hablar de los asuntos más mundanos en temas ya imprescindibles en su repertorio como “All Night” o “All We Got”.
  • El rapero sabe escoger a sus colaboradores con un ojo avizor envidiable. De hecho, estos se afilian tan armónicamente en los temas que colaboraciones como las de Noname o Lil Yachty se convierten, directamente, en immutables.

Down

  • En un contexto como el nuestro, quizá no se pueda empatizar tan profundamente con la relación que Chance tiene con la religión y que queda patente en bastantes temas de la mixtape.