Red Hot Chili Peppers

Red Hot Chili Peppers –
The Getaway

Tras cinco años desde el lanzamiento de su último álbum, la banda californiana Red Hot Chili Peppers están de vuelta con The Getaway, su undécima referencia. Una colección de canciones repleta de sensibilidad pop en la que han prescindido de la marcada presencia de guitarras y bajos a las que nos tenían acostumbrados, en beneficio de pianos y sintetizadores que llevan la música de los de Kiedis a una nueva dimensión sonora repleta de grandes melodías, especialmente en los estribillos.

Qué difícil resulta mantener el tipo cuando has tocado el cielo por juventud, por ambición, descaro, insistencia o duro trabajo. Por un momento inspirado, por una etapa de creatividad desbordante o por la conjunción de talentos en el espacio y el tiempo. O quizá por todo a la vez. Pero más difícil resulta complacer al purista, al mitómano o al nostálgico, especialmente cuando la elevada, en ocasiones desmedida, expectativa hace acto de presencia, la cual se presenta, a menudo, acompañada del prejuicio sentencioso. No venía muy revuelto el curso del presente año hasta que Red Hot Chili Peppers han lanzado nuevo trabajo y han hecho saltar la liebre, dividiendo internamente tanto a la crítica como al público. No ocurre lo mismo con el fan acérrimo, por supuesto, que actúa, la mayoría de las veces, como principal valedor de las intenciones de su grupo predilecto y de su obra.

Tras el exitoso arco temporal desarrollado entre 1999 y 2007, los de Anthony Kiedis convinieron en la necesidad de un receso en sus compromisos con respecto a la banda, dado el desgaste mental y emocional que trajo consigo dicha época. Un extenuante período en el que encadenaron tres registros esplendorosos que los llevarían a recorrer todo el globo. En 2011 el grupo irrumpía nuevamente en el panorama musical con I’m With You, un trabajo caprichoso, un álbum de transición que obtuvo una fría recepción, aunque contaba con algunas composiciones bastante respetables.

Sin el clarividente John Frusciante, motor creativo y elemento responsable de los mayores éxitos del conjunto, y con el resto de miembros del grupo en plena madurez vital, Red Hot Chili Peppers vislumbraban nuevos horizontes creativos. Habían exprimido la fórmula hasta sus últimas consecuencias. Stadium Arcadium había presentado 28 canciones en un álbum doble, y seguir por el mismo camino sólo los hubiera conducido a la repetición, la reelaboración, la monotonía y al tedioso refrito. Con Josh Klinghoffer como sustituto de Frusciante, la banda encaraba una nueva etapa y evidenciaba un cambio de rumbo, aunque siempre manteniendo el sello inconfundible del grupo.

Los Chilis despegan de nuevo

The Getaway no ofrece grandes éxitos con disposición a introducirse en la memoria colectiva, pero se presenta repleto de arreglos rebosantes de matices y expresividad que embellecen la melancolía, la melodía y la calma que reinan en su mayor parte.

Continuando con las directrices dispuestas en I’m With You, Anthony Kiedis, Josh Klinghoffer, Flea y Chad Smith regresan con The Getaway, su undécimo álbum de estudio. Una colección de canciones que muestra una acusada carencia de grandes éxitos con disposición a introducirse en la memoria colectiva de una generación, sin capacidad de erigirse en himnos imperecederos de evidente excelencia capaces de marcar y trascender su época, según aconteció con “Under The Bridge”, “Scar Tissue”, “Californication”, “By The Way”, “Can’t Stop”, “Dani California”, “Snow (Hey Oh)” y “Tell Me Baby”; pero que se presenta repleto de arreglos rebosantes de matices y expresividad que embellecen la melancolía, la melodía y la calma que reina en la mayor parte de los trece cortes que contiene este nuevo esfuerzo. Y precisamente ahí es donde reside su mayor atractivo.

En su anhelo de cambio, el grupo ha decidido, asimismo, contar con Danger Mouse (Gorillaz, The Black Keys) en las tareas de producción, relevando al histórico Rick Rubin de sus funciones para con la banda. Rubin fue una figura esencial en la consecución del éxito masivo del grupo, cuya relación empezó con la grabación del álbum Mother’s Milk, editado 1989. Más de dos décadas de trabajo conjunto que le harían granjearse el apelativo de ‘el quinto Chili Pepper’, según lo definió el batería Chad Smith en alguna ocasión. ¿Y qué hay de las canciones?

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Lento, sosegado, melancólico, nostálgico e íntimo

Este nuevo trabajo nos muestra una evolución natural por parte de Red Hot Chili Peppers. Un ligero golpe de timón con el que recuperan el espíritu de discos como Californication o By The Way, pero no pierden de vista su presente ni su ambición. No tienen veinte años, y lo saben.

Pues esta nueva colección se inicia con la homónima The Getaway, a partir de una base vocal percusiva que marcará el ritmo de la pieza a lo largo de la misma. Una creación cuasimística, sosegada y ensoñadora, repleta de sutiles coros y matices, que serán la tónica general del álbum. El aire funky retornará nuevamente y de forma vaporosa en Dark Necessities. Es aquí donde se evidencia que estamos ante un nuevo álbum de los Chili Peppers, pues aunque la anterior poseía ciertas trazas identitarias, no era sino la voz de Kiedis la única valedora del carácter de los californianos. En esta ocasión se presenta el piano como sustento armónico, un instrumento que será usado de forma más o menos recurrente a lo largo del álbum y que aporta calidez al trabajo. Especialmente remarcable resulta el estribillo, de trazas épicas, deviene en un pasaje coreable y memorable, haciendo de este tema uno de los más destacables del disco.

Continuando con la forma de proceder de la anterior, nos topamos con We Turn Red. Vestigios funk en las estrofas y estribillos muy melódicos entre los que no hay nada especialmente destacable, salvo el tañer cristalino, sofisticado y minimalista de la guitarra eléctrica en el tercer, y último, estribillo. Una lástima que no le hayan sacado mayor provecho a tan exquisito sonido en este corte.

Donde sí han dado buena cuenta de ello ha sido en The Longest Wave. Una excelente introducción a la guitarra para dar lugar a una pieza hermosa, pegadiza e inspirada, cuyo estribillo delinea nostálgicas reminiscencias del mejor britpop de los noventa: la genuina firma de los Gallagher. Juegos electrónicos emergen en Goodbye Angels, los cuales suponen un excelente contrapunto al refinado punteo de la guitarra.

Sin ningún himno

Atrás queda la grosería y la provocación. El conjunto ha pergeñado un trabajo que no nos hará levantarnos de la silla, no llama a lo físico, al pogo, aquí no hay trallazos como “Can’t Stop” o “Give It Away”; sin embargo, han sabido concebir un álbum que apela al deleite del oído.

Poco queda de la brutalidad y la energía que antaño caracterizaba a los Chili Peppers. ¿Quién habría pensado hace unos años en la posibilidad de la integración del jazz latino por parte de los de Kiedis en una de sus composiciones? Así resulta enSick Love, el punto más bajo del álbum, un tema desacertado que cuenta con las manos de Elton John al piano. Una clara maniobra de marketing para introducirse en el mercado ‘adulto’. ¿Ya han dado todos los saltos que tenían que dar? El tiempo lo dirá, que decía una canción de Los Rodríguez.

De momento, en Go Robot, prevalece la quietud y el uso mesurado de la electrónica. Arreglos de sintetizador que llevan a las composiciones de la banda a nuevas cotas de invención y creatividad, las cuales resuelven con destreza. Recursos psicodélicos afloran en Feasting on the Flowers, un tema que guarda cierto parentesco con “Even You Brutus?” del álbum precedente, y que atesora gran belleza y calidez en los estribillos. Y aunque el trabajo instrumental resulta discreto, es preciso aplaudir el puente, al más puro estilo del R&B mainstream, que sin duda tiene la capacidad de sorprender al oyente por lo inesperado.

Con una agresividad controlada y una monotonía descontrolada se presenta Detroit. Una pieza que da cierta visibilidad nuevamente a la guitarra, la cual juega un papel muy discreto en este nuevo álbum, como discreta resulta, asimismo, la icónica firma del carismático bajista. Ambos instrumentos se encuentran casi difusos en una masa sonora sustentada por el piano en gran parte del disco, y dominada por la voz de Anthony Kiedis.

Madurez personal y grupal

Una colección de trece cortes repletos de matices para saborear de forma paciente y sosegada. Han abandonado la agresividad rítmica para abrazar la calma melódica, y el resultado ha sido francamente positivo.

Una guitarra muy saturada se extenderá a lo largo de “This Ticonderoga. Rockera, enérgica y melódica. Con partes fuertemente contrastadas y arreglos de cuerdas tan refinados como precisos, será este uno de los cortes más destacados del registro. El amor y la melancolía asomarán en Encore. Genuina interpretación vocal acompañada por unos arreglos de cuerda y una guitarra minimalista que intensifican dichos sentimientos. Una composición exquisita y bien resuelta, hecha para el deleite de nuestros oídos. La reflexión sobre el pasado y la afirmación de romper con viejos vínculos paternofiliales será el tema deThe Hunter. Un tema tan reflexivo como atmosférico, cubierto por un aura western que deviene intensificada por el solo de trompeta de Flea y la sensación desértica que provee la discreta sección de cuerdas.

Por su parte, el broche final del álbum,Dreams of Samurai, no podría empezar mejor. La epicidad que alcanza el canto melódico femenino con el acompañamiento del piano es tan sublime que no podemos creer que termine tan precipitadamente. No obstante, tan exquisita melodía no podía quedarse allí, y Red Hot Chili Peppers lo saben. Son perros viejos, y más sabe el diablo por viejo que por diablo, de manera que, como no podía ser de otra manera, entre vestigios funky, brotará tan excelsa melodía de manera más o menos recurrente, elevando, una vez más, las melodías de los estribillos hasta lo más alto, haciendo de estos los verdaderos protagonistas de este The Getaway.

De manera que este nuevo trabajo nos muestra una evolución natural por parte de Red Hot Chili Peppers. Un ligero golpe de timón con el que recuperan el espíritu de discos como Californication o By The Way, pero no pierden de vista su presente ni su ambición. No tienen veinte años, y lo saben. Atrás queda la grosería y la provocación. En su madurez personal y grupal, el conjunto ha pergeñado un trabajo que no nos hará levantarnos de la silla, no llama a lo físico, al pogo, aquí no hay trallazos como “Can’t Stop” o “Give It Away”; sin embargo, han sabido concebir un álbum que apela al deleite del oído. Una colección de trece cortes repletos de matices para saborear de forma paciente y sosegada. Han abandonado la agresividad rítmica para abrazar la calma melódica, y el resultado ha sido francamente positivo.

 

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