Tarde veraniega en Madrid. Los termómetros marcan un calor asfixiante como el que cada año sufrimos los habitantes de la capital. Hemos quedado para charlar con Bosch y Payín, cantante y bajista de Mirémonos, una banda forjada en el mítico barrio de Malasaña, con mucho que decir y que aportar al pop y el rock nacional, que actuarán el próximo 13 de agosto en el Sonorama Ribera, y que empezarán a preparar en breve lo que será su segundo larga duración. Entre cervezas que van cayendo en una terraza del barrio de Usera, la música se convierte pronto en  el centro de la conversación: Radiohead, la burbuja festivalera en España, el estado crítico de la difusión de la música en directo en Madrid o el último álbum de León Benavente, van surgiendo de forma paralela a la entrevista preparada.

¿Por qué Mirémonos?

Bosch: Surgió porque un día estábamos Álex (guitarra) y yo borrachos, y llevábamos toda la noche pensando en un nombre. Teníamos ese hambre de dar con la inspiración pero no hubo suerte hasta que luego ya por la noche en una calle de Malasaña vimos un graffiti que ponía “mirémonos” con un ojo gigante encima. Y me impactó; me pareció como un comando que te obligaba a observarte, a mirar al otro… Me pareció una palabra con mucha profundidad como concepto. Entonces le saqué una foto, y hasta el día siguiente creo que no la vi y me acordé [Risas]. Y dije: “vamos a llamarnos así. Es un nombre muy raro, no hay nombres de grupos que sean verbos, y además es una palabra esdrújula…” Y ahí se quedó. Álex no lo veía muy claro al principio, pero luego sí.

El sonido de Mirémonos es marca de la casa. ¿Cómo un grupo tan joven llega a desarrollar un sonido tan propio?

Bosch: Las influencias iniciales del grupo fueron muy instrumentales. Yo diría que estábamos casi en post-rock, en una época muy Explosions In The Sky… Básicamente post-rock. Entonces, ese bagaje de hacer canciones en las que el único medio de comunicación es la música, junto con el hecho de que después les metimos letra, hizo que al final hubiera una complejidad innata y una ambición de hacer algo complejo. A eso se le juntó que cuando íbamos a grabar el primer disco llevábamos una época que nos dio por la bossanova y por ahí fue tirando todo.

Payín: Yo creo que el sonido tiene también mucho que ver con los acordes. El tipo de acordes que se usan en Mirémonos en teoría no son de pop o de rock. Son de bossanova, de jazz… Y por eso a lo mejor es un sonido distinto de lo que se suele encontrar en grupos de gente joven como nosotros.

Bosch: Claro. Son formas musicales un poco más complejas, pero aplicadas a través de un filtro pop.

“Parece Carnaval” era para finalizar “Triángulo de las Bermudas”, y “Alter Ego” es para empezar una nueva etapa.

Algo que nos llama mucho la atención del sonido Mirémonos es la reverb de la voz. ¿Cómo surge la idea de empezar a jugar de esa manera con la producción?

Bosch: Antes. De hecho, hemos ido intentando… Bueno, yo personalmente he ido cada vez quitando ese efecto de la voz porque, he de decir que una vez leí en una entrevista que John Lennon se metía un montón de moduladores porque le daba vergüenza su voz. Yo me sentía un poco igual: me daba cosa. Por eso en principio estaba la voz retocada a tope; me gustaban las voces muy shoegaze, cerradas, que no se oyeran. Pero luego realmente nos dimos cuenta de que la voz era un instrumento que en la canción tenía un protagonismo muy importante… Queda mal que lo diga pero canto bien [Risas]… Entonces lo hemos ido quitando, pero aun así es algo que nos gusta mucho, que cogemos de grupos de shoegaze, de MGMT…

Payín: Sin embargo, aunque se mantengan efectos hemos ido intentando quitar algo de carga.

Vuestros últimos lanzamientos van por un derrotero más electrónico, pero no podemos olvidar los ritmos caribeños persistentes en vuestro primer álbum en temas como “Salsa Inmoral”, “Primitivo”… ¿Esa etapa está cerrada, o volverán a aparecer?

Bosch: Yo creo que siempre va a estar ahí porque Helmut (batería) es colombiano y tiene mucha facilidad para sacar esos ritmos. Pero como propuesta estética a nivel de conjunto hemos decidido que nos vamos a alejar de ahí. Quizá combinándolo, pero pasado por otros sonidos.

Recientemente habéis editado un nuevo single, “Alter Ego”, que se une a “Parece Carnaval”. ¿Tenéis nuevo disco en el horizonte, o son lanzamientos sueltos?

Payín: Forma parte de una nueva etapa. Ahora en verano paramos actividad para centrarnos en lo que vendrá luego. En realidad “Parece Carnaval” era para finalizar “Triángulo de las Bermudas”, y “Alter Ego” es para empezar una nueva etapa. Tenemos más o menos fijado el sacar el segundo disco de cara al verano de 2017.

En los últimos dos años habéis tenido la oportunidad de tocar en salas importantes de la geografía española, especialmente de Madrid. ¿Hay algún momento o concierto con el que os quedéis en especial?

Payín: De todos se pilla algo bueno, pero así especial…

Bosch: Yo diría Sorry Kate. Ellos nos abrieron a nosotros. Es un grupo con el que hemos tocado en directo y que a mí me ha chocado del rollo “hostia, qué guay que en España haya un grupo haciendo estas cosas”. Luego obviamente Dorian es parte de la familia y aprendemos muchísimo de ellos en cuanto a puesta en escena, a directo como show… Serían por así decirlo nuestros primos mayores.

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Si os dijesen que de toda la música que existe os tenéis que quedar con un artista clásico y con uno actual, ¿con cuáles sería?

Bosch: Yo te diría Beatles.

Payín: Yo te diría Smashing Pumpkins, pero eso de clásico suena como a que están muertos.

Bosch: Yo actual diría Radiohead. Tú dirías Foo Fighters, ¿no cabrón? [Risas].

Payín: No… Nirvana, por ejemplo. Hubiese intentado salvarle para ver un directo de ahora. De ahora no sé… Radiohead, pero los tres últimos discos, desde “In Rainbows”, no les he dado mucha importancia.

Siendo cinco, ¿os resulta fácil poneros de acuerdo durante la composición?

Bosch: Solemos partir de una idea, normalmente de una idea vocal que traigo yo, o de una melodía o un riff de guitarra, que luego desarrollamos en conjunto. Cada vez salen más improvisaciones que luego guardamos y quizá las recordamos a los seis meses.

Vuestras letras no son precisamente el cliché de amor-desamor que domina el pop y el indie convencional. ¿Hay influencias literarias o experiencias detrás de ellas que las marquen?

Bosch: Las letras las escribo yo cien por cien. Me suelo fijar mucho en letras de otros artistas. Me he influenciado a veces por letras de pop a muerte, de alguna frase que escucho… No puedo citar una sola referencia concreta. Lo que sí puedo decir es que como grupo es algo común, pero en concreto a mí me produce muchísimo rechazo escribir sobre banalidades, o ensalzar ciertos sentimientos puramente vacíos. Los temas amorosos son a veces como para rellenar texto, y siempre intento que tengan algo detrás: oscuro o positivo. Pero esa ambición creo que es común para dar forma a las letras.

¿Tenéis algún ritual antes de los conciertos?

Payín: Gritamos, bebemos mucho [Risas]… Depende de la importancia del concierto. Si hay alguno que puede ser muy importante procuramos ir bien aclaraditos. Y gritamos.

Bosch: Nos ponemos en corro y gritamos como energúmenos. No va por el nombre pero siempre procuramos recordarnos que nunca nos olvidemos de mirarnos los unos a los otros, de estar conectados… Estar con el público pero también estar entre nosotros que al final es lo que hace un buen bolo. Pasarlo bien nosotros, y eso se contagia.

¿Cómo ve un grupo emergente el objetivo de vivir de la música?

Payín: Cada vez más lejos. Es muy difícil.

Bosch: Es muy complicado. Lo hacemos porque nos gusta, porque disfrutamos, porque queremos que vaya a más…

Payín: Seguimos porque nos gusta tocar en directo, dar buenos bolos, sacar buenos temas…

Bosch: Existe una posibilidad cuando los grupos intentan salir de España. Hay mucha escena emergente del rock alternativo en países latinoamericanos como Colombia, Argentina, México… Ahí sí puede lograrse el objetivo si aunamos, como hacen Dorian, Izal… Pero sólo en España es muy complicado.

España debería ser un país que fomente mucho más la música en directo y eventos en la calle para que el público incorpore dentro de su vida social la música y la cultura en general.

¿Cómo percibís el movimiento independiente y la proliferación de bandas en Madrid?

Payín: Cerrado. Hay poca difusión de conciertos y poco riesgo de las salas.

Bosch: Yo creo que queda mucho camino por recorrer. Madrid, España debería ser un país que fomente mucho más la música en directo, más en eventos en la calle… Que se está haciendo. Yo creo que cada vez hay más. Quizá ahora aquí con Carmena ha cambiado un poco… Pero debería ir mucho más allá, para que el público incorpore dentro de su vida social la música y la cultura en general. Yo creo que el problema principal en España es que la gente no va a conciertos. No surge como plan el decir: “bueno, este finde voy a ir a un bolo”. Y más en la escena independiente tiras de un círculo concreto y cerrado. Frente a Londres, por ejemplo, que las salas tienen conciertos, y la gente va gratis… Y hay escena real.

Payín: Todos hemos notado que hay mucho nuevo festival, o mucho evento musical en los que sí hay grupos independientes, pero no deja de ser un grupo cerrado…

Bosch: Al final da la sensación de que se combinan un número de grupos de entre Izal, Supersubmarina, Zahara… Es un gran paso, pero tiene que ir a más, porque acaba pareciendo el mismo festival en diferentes ciudades.

Payín: Pero yo no veo manera de que eso cambie.

Bosch: Forma parte del riesgo que en este país no quieren tomar los promotores. En España el riesgo en la cultura es cero. No se apuesta por artistas nuevos, en el pop siempre se tira de unos cuantos hasta que se mueran… En Reino Unido están todo el tiempo sacando estrellas del pop. Ahora John Newman, ahora Sam Smith, ahora no sé qué… Siempre nuevas apuestas. Aquí es como “vamos a lo seguro, vamos a Melendi, vamos a Alejandro Sanz…”. Quiero decir, no me comparo con la escena pop, pero es una forma de explicarlo.

Payín: Tenemos a Bertín Osborne ahora que es el reflejo de nuestra escena cultural [Risas], la aversión al riesgo.

Bosch: En cualquier caso es una buena tendencia que cada vez haya más festivales y se meta la música dentro de la vida porque ahora mismo es como un accesorio cool.

¿Os veremos en algún festival proximamente?

Payín y Bosch: ¡SONORAMA!