Si algo no se le puede negar a Esperanza Spalding es haber acercado a una generación más joven y desacostumbrada al jazz, a través del pop que trabajo tras trabajo va encaminando a un mundo más elaborado y original. En su quinto trabajo de estudio: “Emily’s D+Evolution”, la canadiense pretende distanciarse de una faceta inocente, exponer un alter-ego alrededor del cual gira el álbum y que se manifiesta en su nuevo aspecto. En sus propias palabras, Emily es “un espíritu, u otra existencia, o una expresión que acabo de conocer o de la que he sido advertida. Reconozco que mi trabajo… consiste en ser sus brazos y orejas, su voz y su cuerpo”. De este modo parece dejar atrás a aquella joven de pelo a lo Angela Davis que aún no podría haber concebido que ganaría en 2011 el Premio Grammy a la Mejor Artista Revelación. Que esto no nos desencuadre. El resultado es esencialmente pop art con tintes de rhythm & blues y jazz que hacen a sus composiciones bastantes atractivas y las distancian de unos primeros trabajos de jazz vocal más genéricos. Siguiendo las directrices de muchos de sus contemporáneos, la cantante y bajista cuenta con un amplio equipo de producción, incluyéndola a ella misma, lo que se percibe de inmediato en la claridad del sonido y que inevitablemente lo barniza de una cierta artificiosidad.

Introduciéndose en el pop y el R&B de los sesenta sin abandonar sus raíces

Fundiendo estos elementos encontramos a una Joni Mitchell desmelenada, profesional de las agilidades, que deja poco descanso a su voz y respaldada por unos coros femeninos al más puro estilo soul sesentero. Bien saben Karriem Riggins y Justin Tyson, encargados de la batería, que el repertorio jazzístico ha perdido peso en los temas, mientras que el guitarrista Matthew Stevens se revela con preferencias por el género. Se echan de menos los arreglos instrumentales, pues éstos quedan relegados a sostener el trono atmosférico de Esperanza. A pesar de esta limitación, consigue algunos arrebatos de creatividad que es complicado entresacar al estilo, lo cual en definitiva instaura el marco de un trabajo entretenido y fresco, que bebe de bastantes influencias y trata de retrotraerse temporalmente. Buen trabajo el de Lawrence Azerrad y Holly Andres al diseñar y realizar la portada y también la contra.

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El resultado es esencialmente pop art con tintes de rhythm & blues y jazz que hacen a sus composiciones bastantes atractivas y las distancian de unos primeros trabajos de jazz vocal más genéricos.

Al igual que otras canciones del álbum, “Good Lava” muestra a una cantante orgullosa de sí misma y exigente, experimentando con una danza entre disonancias que termina fundiendo igual que el material candente con un género más convencional. “Unconditional Love” es una apuesta más segura, algo repetitiva. En “Judas”, Esperanza nos demuestra que su bajo todavía recuerda los tiempos pasados y sus influencias originarias. A medida que la tonalidad evoluciona, se debate entre cambiar o volver, aunque esta inestabilidad nunca crece y nos deja con ganas de algo más. Nuestros deseos parecen satisfacerse con la llegada de la pecaminosa “Earth to Heaven”, más tropical y etérea por momentos, resaltando uno de los méritos del álbum: su carácter cambiante, propio de las hormonas al alcanzar la madurez que su autora nos confiesa.

La autocompadecencia y la debilidad de “One son caracteres mucho más humanos, y la cantante sabe envolverlos con su glamour para que parezcan sólo un comentario aparte, ni mucho menos algo digno de frustración. En el fondo una balada algo austera que fue empleada como sencillo en una jugada de criterios más bien especulativos.

Un punto a mejorar podría ser el excesivo protagonismo de la voz, el decaimiento en esquemas similares, probablemente indicado para el tipo de artista en el que se ha convertido, pero que peligra de perder personalidad.

Tampoco nos llega el subidón con “Rest in Pleasure”, aunque sí tenemos tiempos irregulares y un interesante (y brevísimo) clímax entre la guitarra y el bajo, que confirma una línea prometedora a la que acudir en posteriores composiciones. El espíritu parecer haber poseído finalmente a Esperanza con el comienzo de “Ebony & Ivy”. En parte gracias a la letra, en parte gracias a la música, que por momentos recuerda a los desvaríos del genio Frank Zappa, la canción abre el cerebro a uno de los escenarios que sugiere la portada, natural pero acidificado con un componente desconocido. “Noble Nobles” mantiene el tipo, con leves intromisiones del trombón que casi parecen un efecto de sonido producto del conglomerado vocal y guitarrístico. La etérea “Farewell Dolly” sigue entre los puntos fuertes del álbum, empleando artimañas que sitúan a los intérpretes en la poblada vegetación de un estanque, paradisíaco, los coros se escuchan pero no pueden verse. Inestable pero interesante “Elevate or Operate”, con mucha rabia contenida que la angelical voz no consigue disimular. Puede parecer que los Public Enemy se han colado en la grabación al inicio de “Funk the Fear”, que como cuyo nombre indica es un alocado regreso a la era funky, bañado por un intento disonante algo reiterativo. El disco cierra con “I Want it Now” en una parodia narcisista, reclutando muchos elementos ya empleados. Esta ambición estalla en un acertado crecimiento de la melodía.

Si el propósito principal de Esperanza era elaborar un trabajo entretenido, que más de una vez nos saque de una conversación para prestar atención a sus experimentos vocales, los del coro o la guitarra, lo ha logrado. Sin embargo, un punto a mejorar podría ser el excesivo protagonismo de la voz, el decaimiento en esquemas similares, probablemente indicado para el tipo de artista en el que se ha convertido, pero que peligra de perder personalidad.

Esperanza Spalding – Emily’s D+Evolution

7.8

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Aunque el nuevo disco de Esperanza Spalding no hará las delicias de los que esperen toparse con puro jazz (etiqueta con la que se ha pretendido envolver al producto) o una nueva aportación a su mundo, sí es una buena muestra de Esperanza en el circuito comercial, y probablemente sea hasta la fecha el punto más interesante de la carrera de la artista, además de que promete grabaciones más elaboradas y creativas en el futuro.

Up

  • La inclusión de elementos de jazz en una música agradable para una gran variedad de oyentes.
  • La segunda mitad del disco, más arriesgada.

Down

  • El disco puede volverse repetitivo y cuesta prestarle demasiada atención.
  • La atmósfera no queda completa. No es cuestión de hacer una música reiterativa, sino de nutrirla de elementos nuevos, que camine, sin permitir que se resienta la homogeneidad.