Entre las múltiples funciones que puede desempeñar la música y de las que se puede hacer uso, existe una empleada muy a menudo, tanto por compositores como por oyentes. No es otra que la de terapia. Ante las dificultades y los problemas de la vida cotidiana, multitud de artistas sienten la necesidad de desahogarse, reflexionar y afrontar traumas y retos personales a través de sus obras para liberarse. Muchos de sus oyentes llegan a sentirse identificados con su mensaje a la par que descubren que no están solos, por lo que siempre acaban encontrando en estas obras un refugio en el que permanecer cuando todo va mal. No importa el tiempo que pase, siempre seguirán saliendo obras de este tipo, pues los problemas y las dificultades forman parte de la condición humana. Hoy hablamos de uno de esos grupos que precisamente debuta con un disco cargado de emoción: “Masterpiece”, de Big Thief.

«Masterpiece»: los versos más transparentes y profundos

“Masterpiece” es un disco cocinado a fuego lento, sin prisa pero sin pausa, en el que la búsqueda de imágenes y vivencias de las que tomar inspiración así como los descansos y momentos de júbilo son tan importantes como las propias canciones.

Procedentes de Brooklyn, Big Thief son una banda formada por Adrianne Lenker (voz y guitarra), Buck Meek (guitarra), James Krivchenia (batería) y Max Oleartchik (bajo) que por casualidades del destino acabaron conociéndose y haciendo música juntos. Adrianne comenzó como una artista en solitario que en enero de 2014 publicó un trabajo llamado “Hours Were the Birds”. Más tarde conoció a Buck Meek y se convirtieron en un dúo, sacando otro par de discos titulados “A-sides” y “B-sides”. Tras un tiempo trabajando juntos, acabaron añadiendo al resto de miembros y formando un grupo completo. Adrianne cuenta que no fue nada planeado, pero que por otro lado siempre le ha gustado hacer música con más gente, ya que cada persona puede aportar distintas cosas y nunca sabes a dónde puede llevar otra persona una canción que por ti mismo no llegaría tan lejos.

“Masterpiece” es un disco cocinado a fuego lento, sin prisa pero sin pausa, en el que la búsqueda de imágenes y vivencias de las que tomar inspiración así como los descansos y momentos de júbilo son tan importantes como las propias canciones. Adrianne y el resto se encerraron durante dos semanas para componerlo y grabarlo, pero para quitarle hierro al asunto decidieron que el disco sería sólo una actividad más entre otras muchas que hacer para divertirse juntos, tales como cocinar o como su gran afición, nadar en el río, algo que ya se ha convertido en una tradición para ellos, aprovechando para hacerlo en cualquier río o lago que encuentran cuando están de gira.

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Encontramos un disco lleno de historias (más o menos personales) de amores fugaces, problemas familiares, pérdidas y momentos efímeros, motivadas por la necesidad de ser contadas, pero ante todo, por el deseo de vivir.

Así encontramos un disco lleno de historias (más o menos personales) de amores fugaces, problemas familiares, pérdidas y momentos efímeros, motivadas por la necesidad de ser contadas, pero ante todo, por el deseo de vivir. Deseo que se manifiesta ya en “Little Arrow”, un pequeño tema acústico y de sonido lo-fi en el que Adrianne llama a la puerta de manera tímida para soltar después la bomba con “Masterpiece”, uno de los mejores temas de indie-rock del año, cargado de guitarras muy potentes y un estribillo a dos voces que encaja a la perfección (“you saw the masterpiece, she looks a lot like you, wrapping her left arm around your right, ready to walk you through the night”). A esta le sigue “Vegas”, delicada en la estrofa, con una instrumentación muy sutil entre la que destacan las melodías de guitarra acompañando la voz, que se potencia en el estribillo, algo muy característico de sus canciones. La letra nos cuenta las idas y venidas de dos personas que viven su vida en la carretera y no tienen un hogar fijo (“tell me when we grow up do we ever go home? You said home becomes the highway”). En tres temas ya consiguen hacer constancia de todas sus virtudes. Canciones que proyectan una diapositiva tras otra en la mente de quien las oye, con una delicadeza al nivel de grupos como Daughter o Sharon Van Etten, pero con la garra del rock más guitarrero de los 90, recordando a gente como PJ Harvey en sus primeros años. Así explotan todas estas características en “Real Love”, uno de los momentos álgidos del disco. Una canción que te encoge el corazón desde el primer segundo para rompértelo en mil pedazos en el estribillo. Tan desquiciante como la letra, que habla sobre el maltrato y la violencia en una familia y que critica la típica frase que dice que el amor de verdad duele (“real love makes your lungs black, real love is a heart attack”). Por si no fuera poco el final de la canción nos deja con un solo de Adrienne que la lleva al borde de la locura y refleja perfectamente lo que expresa la propia letra.

Canciones que proyectan una diapositiva tras otra en la mente de quien las oye, con una delicadeza al nivel de grupos como Daughter o Sharon Van Etten, pero con la garra del rock más guitarrero de los 90, recordando a gente como PJ Harvey en sus primeros años.

Tras un tema tan potente, nos dan un respiro en forma de pop con “Interstate”, con uno de esos estribillos simples y efectivos a la vez para poder corear, mientras se vuelve a hacer hincapié en las relaciones familiares. Otra característica curiosa de Big Thief es que varias de sus canciones están tituladas con el nombre de alguien, no sabemos si real o ficticio, como es el caso de “Lorraine”, la pieza más minimalista del trabajo en la que sólo tenemos la voz de Adrianne y su guitarra acústica cantando a la cara más pasional del ser humano y a las relaciones fugaces fruto de esa pasión. Pero es en “Paul” donde encontramos otro de los momentos más delicados y emocionantes del disco. Adrianne se presenta aquí como una persona problemática que no quiere dañar a los demás y acaba abandonando una relación por eso mismo. El estribillo suena dulce y acogedor pero a la vez vaticina ese mismo final de la relación (“I’ll be your morning bright goodnight shadow machine, I’ll be your record player baby if you know what I mean, I’ll be your real tough cookie with the whiskey breath, I’ll be a killer and a thriller and the cause of our death”). Para “Humans” volvemos al lado más guitarrero y directo del grupo, mientras que “Velvet Ring” vuelve a profundizar en el folk y en las relaciones, esta vez  entre una chica llamada Liza y un chico llamado Benny, evitando caer en lo personal.

Su fórmula ya ha sido empleada en diversas ocasiones, pero es innegable que la manejan con gran maestría, combinando las tormentas sonoras con los momentos minimalistas de forma completamente lógica y equilibrada. En definitiva, uno de esos discos quizás no trascendentales, pero sí necesarios.

Una de las piezas más interesantes es “Animals”, una vez más con el aire noventero y cambios de ritmo que intercalan estrofas lentas y un estribillo mucho más rápido, recordando a grupos como Dinosaur Jr., sólo que con un filtro mucho más pop aquí. Antes de llegar al final nos dejan con “Randy”, última canción ‘con nombre’, que habla de una chica con depresión que no puede salir de casa y pasa el día en la cama, y de su deseo de que alguien la ayude a recuperarse y vivir. Sin embargo, lo único que hace es empeorar hasta ver alucinaciones y sentir que ya no hay vuelta atrás (“Randy, they say I’ve gone insane, so could you take me dancing in the pouring rain? You don’t know me but you know my name, will you say it till the light is gone?”). Y como no podía ser de otra manera, para acabar nos dejan “Parallels”, otra pieza cargada de emoción y tristeza, en la que la voz manifiesta que lo único que quiere y necesita es a alguien que la abrace para sentirse bien (“one hand to keep me warm, one hand to hold my chin, to be inside your arms is all I’m asking”). Instrumentalmente combina la mayoría de ingredientes dispuestos a lo largo del álbum: los arpegios que parecen una caricia, los versos desoladores y los crescendos en las guitarras, que son las encargadas de cerrar el tema.

Big Thief ha entregado en “Masterpiece” un cancionero cargado de sinceridad en el que Adrienne se muestra totalmente transparente en cada verso y consigue ponernos sensibles mediante una instrumentación tan expresiva como la propia voz. Su fórmula ya ha sido empleada en diversas ocasiones, pero es innegable que la manejan con gran maestría, combinando las tormentas sonoras con los momentos minimalistas de forma completamente lógica y equilibrada. Así nos dejan uno de esos discos para los momentos más difíciles, para cuando el exterior nos acongoja y necesitamos refugiarnos de todo. En definitiva, uno de esos discos quizás no trascendentales, pero sí necesarios.

Big Thief – Masterpiece

8.2

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“Masterpiece” es la carta de presentación de Big Thief, grupo procedente de Brooklyn que nos ofrece un disco cargado de canciones emocionantes y acogedoras muy al estilo de grupos como Daughter, aunque con la fuerza del rock más noventero. Su propuesta no es innovadora, pero el resultado es cuanto menos, notable.

Up

  • La delicadeza y a la vez la crudeza de las canciones, el equilibrio entre ambas.
  • La transparencia de las letras.
  • Las melodías y arpegios de guitarra, convierten los temas en auténticos himnos.
  • “Paul”, una de las canciones más bonitas y uno de los mejores estribillos del año.

Down

  • No es una propuesta demasiado innovadora.
  • Algunos temas como “Lorraine” palidecen un poco al lado de otros.