El drama del segundo disco. Ese trabajo que te debe asentar como artista en un panorama musical inestable, en el que hoy estás en lo más alto y mañana, quién sabe. Si lo centramos en Tom Odell, nuestro protagonista, sería decir que vienes de haber ganado un BRIT Award y ahora toca seguir convenciendo y trabajando con tu segundo largo: “Wrong Crowd”.

«Wrong Crowd»: Maqueando el desorden del debut, ¿para bien?

Para quiénes no lo conozcáis, Tom Odell es un joven británico nacido en 1990 que empezó desde abajo, con actuaciones por pubs de la zona. Aunque no recibía atención por parte del público, le sirvió como rodaje y como experiencia vital para enfocar su futuro en esta industria. Finalmente, acabó por dar el salto a la fama tras haber recibido ese BRIT Critic’s Choice (para que sirva de referencia, es un premio que se han llevado artistas de la talla de Adele, Florence + the Machine o, más recientemente, Jack Garratt). Tras alzarse con este premio vino la consecuente publicación de un álbum debut del cual, aunque recibió críticas variadas, pudo sacar aquel “Another Love” que pegó bastante fuerte.

Aunque de aquel primer disco, “Long Way Down”, existían críticas tanto positivas como negativas, había un comentario común a lo largo de todas ellas: tiene muchos fallos y no se esfuerza en ocultarlos, lo que implica el reconocimiento de un sentimiento de capacidad de mejoría.

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Basta salirse un poco de la línea para darte cuenta de que todo lo que esconde la superficie no es más que un Tom pretencioso que ha intentado dar una vuelta a su música perdiendo su esencia y su vitalidad en aras de encontrar un sonido que lo catapulte a un ámbito más pop.

¿Ha madurado Tom Odell en este “Wrong Crowd” recién estrenado? Esa es la pregunta sobre la que voy a basar todo este escrito para intentar resolverla al final. Al menos, “Wrong Crowd”, tema con el que abre el álbum y con el que se da nombre a este trabajo, hace apuntar a que sí, a que ha cambiado y ha madurado. Tal vez haya sido la elección de una producción más controlada y menos desgarbada, amén de los toques de piano eléctrico y percusión oscura que tiene este corte y que, en conjunto, nos muestra una faceta distinta del músico. Tarda bastante en arrancar, y es que tendrán que pasar dos minutos para llegar a un estribillo más rompedor con coros, toques de sintetizadores y una percusión algo más explosiva. Es un buen sonido para abrir el álbum, y nada tiene que envidiar a “Magnetised”, pista que exhibe el nuevo camino que ha tomado el músico, apostando por territorios pop, o al menos es lo que denota su estructura. Una guitarra muteada es la encargada de arrancar para dar paso al piano (marca de la casa y especialidad de Odell) y a un estribillo precedido por una ligera bajada de intensidad para que se potencie este momento. Aunque suena razonablemente bien, me deja frío y me hace pensar por un lado en que podría pertenecer a cualquier artista (el estribillo me recuerda a John Newman sin ir más lejos), y por otro en que Tom Odell explora un camino en el que no encaja. Por contra, en “Concrete” sí hace gala de un pop más interesante y en el que parece encontrarse más cómodo.

Cuando los ánimos se empezaban a animar llega “Constellations”, la balada a piano necesaria en todo álbum. Hay una buena instrumentación, y es que se nota aquella premisa con la que Tom Odell entró al estudio diciendo que quería que las canciones sonaran potentes y dramáticas; desde luego, con el cuerpo de cuerda lo consigue. Quitando eso, no hay mucho más que sacar. Es correcto y justo para seguir adelante. “Sparrowfunciona como la continuación lógica en cuanto a melodía del tema anterior. Van subiendo las revoluciones poco a poco, y de aquí me quedaría con el piano; me gusta la melodía principal de este instrumento. También tenemos algo del debut en cuanto a tratamiento vocal. Hay superposiciones y momentos corales que hacen despertar la vena más fantasmagórica del músico, sin caer en lo desgarbado. Por añadirle un punto en contra, destacar la estructura demasiado lineal de este tema, del cual tendrán que pasar tres minutos para que rompa la melodía.

Tom Odell hace gala de metáforas brillantes para demostrar sentimientos encontrados, pero que no son más que un vano intento de probar algo que no es.

Para remontar algo llega Still Getting Used to Being on My Own”, con su piano marcando riffs potentes y la batería, conjunto que sonaría a bar de carretera americano de no ser por el cuerpo de cuerda que se añade. Da muy buena sensación, sinceramente. “Silhouette” juega al engaño abriendo con los violines del tema anterior, esbozando un indicio de banda sonora para romper en un piano que me recuerda a los Muse de “Starlight”. Suena bien con esos staccatos y pizzicatos de violines acompañando la melodía principal. Tal vez falta algo de explosión, pero aun así es de lo mejor que encontramos en este álbum. “Jealousy” tiene su piano, su linealidad a veces cortada por un incremento en el ánimo, y a Tom Odell sumando un tema que dice muy poco a estas alturas.

Y ha tardado en llegar, pero “Daddy” me hace recobrar la fe en un disco que, en su recta final, ya daba por perdido. Tiene una introducción apoteósica con una guitarra eléctrica, afilada y explosiva, la cual deriva en un verso más tranquilo y oscuro, que canta a la ausencia del progenitor en una infancia caótica. Ese “your dad is leaving town again” nos devuelve a la explosión del inicio y a un estribillo muy interesante. Así sí, Tom. Un tema concreto, que deja con ganas de ser escuchado otra vez. Recoge la instrumentación utilizada hasta el momento y la mira desde una perspectiva de distorsión y energía que se agradece. En “Here I Am” se sigue esa concreción anterior, aunque abandonando la distorsión y desgarre de guitarra eléctrica en aras de devolver el protagonismo al piano y al toque de sintetizador para un track que tira al neo-soul más delicioso que ha podido destilar el británico. La edición simple del álbum se cierra con “Somehow, corte de casi siete minutos que comienza íntimamente para ir creciendo, aunque de una manera demasiado lenta. Han de pasar los tres minutos de rodaje para encontrar una instrumentación más rotunda y con mayor cuerpo. Es un tema denso que no se hace querer hasta la segunda mitad del mismo, siendo la primera parte algo insulsa y anodina. Pero ojo, que cuando llega la hora de cerrar, hace lo mismo: repite la estructura hasta la eternidad para ir apagándose poco a poco. Es una composición que reducida a la mitad hubiese gustado mucho más.

Es un álbum hecho para contentar. Hay melodías facilonas y pegadizas al lado de obras más trabajadas y con las que se espera que se reconozca su madurez. Pero no, todo este álbum es un disfraz. Hay algo de progreso en las canciones, pero porque no era posible hacer un retroceso de los temas de “Long Way Down”.

La edición deluxe trae temas que justifican su presencia ahí, ya que tal vez sean aclamados por los seguidores más fieles del músico, pero que dicen más bien poco al resto de oyentes. Aunque She Don’t Belong To Me, por ejemplo, lo incluiría en la edición estándar. Tiene un ritmo rápido y animado, algo de oscuridad y lamento… Hubiese ido genial en lugar de alguno de los momentos densos y sobrecargados que hemos visto hasta ahora. Mysterysuena a crooner de hotel. Al Jamie Cullum de sus primeros discos, más íntimo, quizá. Un tema tranquilo que aunque no diga nada, se deja escuchar. Piano como protagonista, toques de guitarra por aquí y allá… Por su parte, Entertainment” podría ser la hermana pequeña y aburrida del corte anterior. Por último, I Thought I Knew What Love Wases lenta y señorial, con cuerpo y presencia, pero suena tanto a algo que ya hemos visto (con el piano arrastrándose y sonando a todo y a la vez a nada) que acaba por resultar aburrida.

Hasta aquí hemos hablado del carácter melódico del álbum. Melodías que han pasado por las manos productoras del propio Tom Odell y las de Jim Abbiss, que ha estado presente en la mayor parte de los temas y es conocido por haber trabajado en los dos primeros álbumes de Adele, Kasabian y el debut de los Arctic Monkeys, por citar algunos ejemplos. Si hablamos del apartado lírico, encontramos a un Tom Odell que hace gala de metáforas brillantes para demostrar sentimientos encontrados, pero que no son más que un vano intento de demostrar algo que no es. Como cuando un niño se pone la chaqueta de traje y la corbata de su padre y le queda realmente grande y mal. Por un lado, coge versos muy buenos y maduros que planta en los estribillos y tienen su encanto, como el de “Concrete”, donde ese “I’d sleep on a bed that’s made of concrete, just the two of us and no sheet” me parece maravilloso. O la temática de “Daddy” y ese sufrimiento por la ausencia constante del padre. O “Somehow”, que aunque melódicamente no me llama, sí lo hace esa duda existencial sobre el qué hay más allá con “No, I don’t know what happens when you die” (denota la madurez de la que estábamos hablando al principio).

Te presenta esos versos junto a la idea de que el álbum sigue la narrativa de un hombre persiguiendo la libertad de su juventud y demás. Sin embargo, si investigamos un poco, es fácil comprobar que no hay nada eso. O sí que se encuentra presente pero residiendo en momentos muy concretos por los que siente la necesidad de cubrirlos líricamente con versos cualesquiera, y así encontramos frases inocuas del estilo “North to south, white to black, when you love someone that don’t love you back”, recurriendo a la rima fácil y a palabras que suenan bien pero no dicen nada. Por no decir que cae en la misma maldición romántica de siempre de cantar al ‘yo la miro, ella no me hace caso porque está con otro, me voy solo y triste’.

Al principio decía que en “Long Way Down” no tenía miedo a mostrar sus defectos, su carácter más joven y despreocupado. Por contra, en “Wrong Crowd” vemos a un Tom Odell más formal, que te lleva de A a B según quiere; basta salirse un poco de la línea para darte cuenta de que todo lo que esconde la superficie no es más que un Tom pretencioso que ha intentado dar una vuelta a su música perdiendo su esencia y su vitalidad en aras de encontrar un sonido que lo catapulte a un ámbito más pop. Es un álbum hecho para contentar. Hay melodías facilonas y pegadizas al lado de obras más trabajadas y con las que se espera que se reconozca su madurez. Pero no, todo este álbum es un disfraz. Hay algo de progreso en las canciones, pero porque no era posible un retroceso de los temas de “Long Way Down”. Lo tenía fácil para mejorar su trabajo anterior y, sin embargo, se ha acomodado y simplemente se ha dejado llevar para quitarse la etiqueta de desgarbado y desordenado de su primer álbum, algo que le ha llevado a perder ese verdadero ‘yo’ y esa energía tan pura que tenía aquel debut.

Tom Odell – Wrong Crowd

4.0 CREEPY RECORD

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Tom Odell busca en “Wrong Crowd” dejar patente por qué fue el elegido por la crítica como ganador de los BRIT con aquellos temas sinceros a piano y soul desgarbado. Después de escuchar este álbum, que no es más que un intento de maduración fallido, aún nos lo seguimos preguntando.

Up

  • Los momentos más arriesgados y rompedores, como “Daddy” o “Magnetised”.
  • No cae tanto en la repetición como en el debut.

Down

  • “Somehow” y sus siete minutos inexplicables.
  • La voz de Tom intenta abarcar más de lo que puede lograr y resulta, en ocasiones, incómoda.
  • Es un quiero y no puedo constante.

1 Comentario

  1. I think that is a very good album and is important to recognise the effort in him to make his songs 😀 best regards from Peru

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