Crónica FIB 2016: jueves 14, viernes 15, sábado 16 y domingo 17 de julio

Muse, protagonistas, Kendrick Lamar opositando a leyenda y Fidlar, Rat Boy y Mac DeMarco sobresalen entre mucha electrónica





Desde las jóvenes esnobs que recogimos en el coche compartido para ir a Benicassim, hasta la vuelta a Madrid, todo lo que ha dejado en mí la primera edición del FIB a la que asisto han sido sentimientos encontrados. No hablo ya del cartel, que me pareció uno de los más flojos de los últimos años, sino de la ‘experiencia’ general de visitar el festival más importante de nuestra geografía.

Un festival que ha celebrado su vigésimo primer aniversario con luces y sombras, sobre todo en la parcela de organización, y que desde luego no ha conseguido conquistarme como si hicieran en su día el encanto y la cercanía del Sonorama, la vena atlántica del Portamérica o el buen hacer (y el ajustado precio) del Low Festival. Nada de eso he encontrado en Benicassim, más bien un festival peligrosamente sobresaturado de hooligans que lo mismo te tiran un litro de cerveza por encima que se duermen plácidamente con la cara contra la tierra pedregosa del recinto, cansados de beber. Esto al margen de los estilismos hippies y coachelleros que, a mi parecer, no encajaban ni con el espíritu, ni con la música, ni mucho menos con el tipo de personas que son los fibers. Pero cuando acabaron los cuatro días de conciertos entendí que el festival está creado para un tipo de gente concreto y yo no soy ese tipo de gente.

Pero hablemos de música, que para eso hemos venido, y contemos que el FIB este año se ha dejado bien el presupuesto en traer a dos de los grandes del momento: Muse y Kendrick Lamar. Unos, a priori la banda con el directo más potente del planeta, otro, aspirante al trono de leyenda del hip-hop en disputada lucha con, entre otros, Kanye West. Por ahí paso, pero que me vendan como cabezas de cartel a unos efectistas, que no efectivos, Major Lazer, a los Chemical Brothers (que llevan haciendo el mismo espectáculo una década), o a los directamente aburridos Disclosure, me parece querer aparentar más de lo que ha sido esta edición.

Pero no todo son malas noticias, en la ‘clase media’ está la auténtica apuesta de este evento por lo innovador, lo que está siendo tendencia y por bandas españolas de renombre que pueblan el resto de festivales, pero no por ello queremos dejar de verlos en directo. En este sentido, otra buena noticia es la sorprendente cantidad de grupos y solistas femeninos que han actuado estos días, algunos muy reivindicativos como las islandesas Reykjavikurdaetur.

Mucha variedad y mucha calidad, aunque con un problema que para mí es capital: el solapamiento de conciertos. Me gusta ver los conciertos desde el centro del escenario, si es en primera fila mejor. Ver desde que el artista se sube y comprueba que la guitarra está afinada hasta que se despide y desenchufa el cable. Pues bien, esto es sencillamente imposible si quieres disfrutar de toda la oferta. No queda más remedio que hacer un itinerario, seleccionando unas bandas y desechando otras, y correr de una punta a otra del recinto para llegar a tiempo a las actuaciones en cada uno de los escenarios, lejanos entre sí, pero bien ambientados y correctos en su sonido.

Esto es todo lo que ha dado de sí la vigesimoprimera edición del FIB.

JUEVES 14 DE JULIO

Con muchas ganas empecé a descubrir lo que tenía preparado para mí este festival en su primera, y por ello un poco más floja, jornada. John Grvy y El Guincho eran los encargados de caldear el ambiente en el escenario principal con su música urbana y elegante, mientras el DJ David Molina creaba una auténtica fiesta de piscina en el escenario South Beach Pool Party, que en ese momento aún tenía la arena y el agua limpia y preparada para los festivaleros. Si algo tiene de especial el FIB es que sabe crear un ambiente diferente para cada zona y cada tipo de música. Tanto como que si vas de una zona a otra y te quedas a ver la oferta completa de cada escenario te puede parecer que estás en un festival diferente cada 100 metros.

El primer plato fuerte del día lo sirvió el rapero Skepta, que dejó una potente actuación justo después de unos originales Soulwax, que combinaron rock y electrónica en el escenario principal. Pero la gente había venido esa noche a ver a Major Lazer. Los estadounidenses desplegaron sobre el firme del Las Palmas toda una combinación de baile, colorido y muchísimo ritmo. Un espectáculo genial para esa hora de la noche, cuando lo que pide el cuerpo es más discoteca que buena música. El público se prestó enfervorecido al bailoteo e incluso obedeció cuando desde arriba pidieron que se quitaran las camisetas y 30.000 almas lanzaron al vuelo sus ropas como si fueran birretes en una graduación. La traca final terminó con cañones disparando papelitos y con un público que se dividía entre los que ya habían tenido suficiente para ser el primer día, los que se pasaron de revoluciones y ya dormían en el césped, y los que querían seguir la fiesta.

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Fotografía: Loles García

Para estos últimos, el DJ catalán Marc Piñol comenzaba su espectáculo justo después en el escenario J&B South Beach Dance. Pero las sorpresas más agradables de la jornada no estuvieron en los principales escenarios, sino en uno más pequeño y acogedor, el que levantó Radio 3 con la colaboración de dos de las salas de conciertos más importantes de nuestro país, el Ocho y Medio de Madrid y la Razzmatazz de Barcelona.

En este lugar, Fuckaine y Teleman divirtieron al público hasta la llegada de un concierto sorpresa de una banda que se hacía llamar The Weers. Muchos ya intuíamos que debía de ser algo parecido a las Hinds, por el nombre, y finalmente se confirmaron las sospechas: el cuarteto madrileño actuaría ante un reducido público antes de subirse a las tablas del escenario principal el viernes. Los habituales pogos de las primeras filas y la gran cantidad de adolescentes que acudieron como en éxtasis no taparon una discreta actuación que no convenció a casi nadie. Pero tranquilos, simplemente se estaban reservando para el día siguiente. Antes de irnos, también pudimos disfrutar de Anni B Sweet, que realizó una correcta actuación para cerrar este escenario en la primera jornada.

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Fotografía: Loles García

VIERNES 15 DE JULIO

Con resaca todavía del primer día, el viernes ya se dejaron ver la mayor parte de fibers que poblarían el festival durante todo el fin de semana. La saturada carretera de acceso era una buena muestra de ello. Pero pronto comenzó la buena música y las esperas se diluyeron con los primeros acordes de Gaspard Royant, esa suerte de Elvis a la francesa que nos conquistó con su estilo rockabilly. Mientras, en el escenario Visa, un rabioso Rat Boy trajo su propuesta de guitarras british que nos pueden recordar tanto a Libertines, como a Blur, pero con ramalazos a lo Clash y empapandose de influencias de rap y hip-hop como Beastie Boys o Kendrick Lamar.

Mientras el escenario principal se preparaba para la actuación de las Hinds, nos fuimos corriendo a visitar por primera vez el J&B South Beach Dance, ese lugar diseñado para las muchas bandas de hip-hop y electrónica que coparon las partes bajas del cartel del FIB. Y allí destacó Reykjavikurdaetur, una banda islandesa de nombre impronunciable y agresivo hip-hop feminista-reivindicativo. Sorprende que en un escenario de tamaño medio cupieran las 12 (creo recordar) integrantes de la banda, que no dejaron de bailar y lanzar consignas exigiendo cambios reales en la sociedad, sobre todo en materia de tolerancia, género y empoderamiento femenino.

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Fotografía: Loles García

Poco después, llegaba el verdadero momento de las Hinds. La actuación de la noche anterior ya estaba olvidada y salieron a comerse el escenario y a disfrutar de la gran cantidad de público que habían logrado reunir. Con muchas más ganas y haciendo caso a la petición de algún fan, que llevó un cartel donde podía leerse “Por favor, no desafinéis esta vez”, las más trendy de nuestras bandas patrias se metió, esta vez sí, al público en el bolsillo.

Tiempo para tomarnos algo de respiro antes de ver como La Habitación Roja traía su solvente indie-pop a un festival que no parecía entusiasmado con su actuación. Pero ellos demostraron todas sus tablas en el lugar que les corresponde, por los años que llevan en esto, y lograron conectar sobre todo con el público español de un perfil más alto de edad. Además, la gente se fue arremolinando hacia el final de su actuación para ver al primer plato fuerte de la noche: The Vaccines.

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Fotografía: Loles García

Los británicos pusieron a saltar a todos los presentes con una metralleta de sus mejores éxitos para demostrar que son algo más que un one-hit wonder, no mucho más, pero algo más. Eso no impidió que el momento más esperado fuera el final de su actuación, cuando la gente comenzó a correr desde todos los puntos del recinto como una estampida de ñús salvajes para cantar a voz en grito eso de “If I wanna come back”. Tras este hitazo, vuelta al VISA para ver el final de la actuación de Dorian, que tampoco supuso un impacto demasiado grande. La banda parece que no se cansa de actuar en festivales y trajeron un espectáculo que sus fieles corearon por todo lo alto, pero al margen de algunos singles tampoco ofrecen nada nuevo en el indie español.

Después, llegó para mí la decepción de la noche. Biffy Clyro, una banda que había lanzado hacía unos días su último disco, para mí más potente, sucio e interesante que los anteriores, por lo que me moría de ganas de verlos. Pero claro, su repertorio no incluía demasiados de estos temas y sí muchos de los anteriores cedés, que terminaron sincronizando mi ritmo con su encefalograma plano. No sorprendieron ni tampoco maravillaron al respetable. Un concierto más sin pena ni gloria en Benicassim.

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Fotografía: Loles García

Después del jarro de agua fría, me consolé viendo a los divertidísimos Hidrogenesse. Otra banda a la que muy poca gente fue a ver (coincidía con Biffy Clyro y Jamie xx) pero que demostró que se puede hacer música de baile pseudoelectrónica con letras divertidas y bizarras con tan sólo un sintetizador y una caja de ritmos. Un 10 para un concierto en el que el humor y el cachondeo fueron los protagonistas.

Qué diferencia con The Chemical Brothers. El dúo salió a la pista a poner a bailar a todo el mundo pero con su introvertida puesta en escena, la antítesis de lo que ofrecieron Major Lazer la noche anterior, a los que por lo menos se les puede reconocer que se movieron sobre el escenario. Nada que ver con los Chemical, que tienen una sesión de hits increíbles que se disfrutan mejor entre copas y saltos abrazado a los amigos, pero que no son precisamente la alegría de la huerta. A la misma hora, Jamie xx presentaba su última creación en el escenario VISA, dando una lección de buen hacer en este tipo de música. Para quien le guste, claro.

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Fotografía: Loles García

SÁBADO 16 DE JULIO

Los verdaderos cabezas de cartel llegaban a Benicassim el sábado. Al igual que la curva de Loews en Montecarlo determina el rango máximo de giro que tiene un monoplaza de fórmula 1, la actuación de Muse determinó la creación del escenario principal del FIB, en el que habían de caber una serie de pantallas giratorias y una iluminación tan grandilocuente como minimalista fue su puesta en escena.

La banda capitaneada por Matt Bellamy concentró a la mayor cantidad de gente de todo el festival, que según TVE superó ampliamente el aforo del escenario principal, cifrado en 40.000 personas, lo que provocó que el parking del recinto agotara existencias. Nadie quería perderse el concierto, a pesar de que llevan, con ésta, 25 actuaciones en nuestro país desde que pisaran por primera vez España, allá por el año 2000. Sin embargo, eso no impidió que una manada de guiris salvajes cogiera sitio desde bien temprano para verles. Pero no adelantemos acontecimientos.

Antes, hubo tiempo para ver a unos caleidoscópicos Baywaves a los que los problemas de voces en el escenario Radio 3, que se repitieron en otros conciertos, les restaron puntos en su actuación. Más tarde, ya en el escenario VISA, “SantaZahara conquistó al público con muchos temas de su nuevo disco y alguno de sus éxitos pasados. La evolución de esta artista de cantautora suavecita a estrella de festival ha sido vertiginosa. El momentazo fue ver cómo la gente se ponía pelucas rubias para representar el nuevo videoclip que ha lanzado para su tema “Caída Libre”.

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Fotografía: Loles García

Terminada su actuación había que tomar la difícil decisión de ir a coger sitio para ver a Muse o bien seguir con la oferta musical. Nosotros nos decantamos por la segunda opción y fuimos a ver a The Coral, una versión más pragmática y menos dispersa (en su sonido) de Tame Impala. La espera se hizo muy corta entre psicodélicos destellos de guitarra y ya estábamos allí para ver a los grandes protagonistas de la noche, en todos los sentidos, Muse.

Su actuación fue todo un derroche de energía, potencia sonora (sonaron más altos que ningún otro grupo del festival) y lisérgicas proyecciones. No obstante, la peor parte vino cuando la banda tuvo que abandonar su actuación casi media hora antes de lo previsto por un problema con los cañones de confeti, que tras explotar al final de una canción, terminaron volviendo al escenario y enredándose en focos e instrumentos. Pero el trabajo ya estaba hecho y la colección de hits estaba tocada. Poquitos del nuevo e infumable “Drones” y muchos de sus clásicos como “Uprising”, “Madness”, “Time is Running Out”, “Supermassive Black Hole” y tantas otras para terminar cerrando con la sergiocorleana “Knights of Cydonia”.

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Fotografía: Loles García

Un gran fin de fiesta para la buena música en el escenario principal, donde ya sólo tocaría Disclosure, otro de esos grupos que te pueden colar en cualquier festival de segunda división a las 4:30 (como te cuelan el garrafón en las copas de la Nuit) y ni te darías cuenta. Los británicos seguro que emocionaron con su electrónica a sus compatriotas que no sabían qué hacer después del zarpazo de Muse, pero El Quinto Beatle se fue a vivir otras aventuras musicales.

Entre ellas, la grata sorpresa de Delorean. Los vascos saben cómo interpretar la electrónica más bailable y fresca (con su nuevo «Muzik» bajo el brazo) y lo petaron en el escenario South Beach. Pero había que irse pronto para ver a Neuman, esa especie de L.A. a la murciana que tan buen sonido consigue con un piano, una batería y la guitarra de su líder, Paco. Al final del bolo, también se lanzaron cañones de confeti y aquello parecía la final de la Champions entre «lololos» de gente cantando “Turn it”.

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Fotografía: Loles García

DOMINGO 17 DE JULIO

Último día de festival y ya los ánimos se notaban mucho más calmados. Volvía a haber sitio en el parking del festival y las carreteras se llenaban pero en sentido inverso, el que escapa de Benicassim. Solo Astra abrió ‘nuestra’ jornada en el escenario Radio 3, que ya por esta fecha podemos decir que trajo lo mejorcito de todo el festival: propuestas alternativas variadas, novedosas y frescas. Así pues, los canarios se doctoraron en este FIB con eso de su “Anti Pop”.

Pero era el día de FIDLAR, aunque ellos no lo sabían. Su actuación fue, no tengo miedo a decirlo, la mejor del festival. Una puesta en escena sencilla, guitarras a todo rabo y ritmos de velocidad punk-rock para una colección de temas que traían ecos lo mismo de The Libertines que de Green Day o Black Lips.

Más tarde, una de las sorpresas más agradables (para el público) fue la actuación de Jess Glynne, que trajo todos sus éxitos de las pistas de baile al FIB, quizá un poco pronto, pero fue el preámbulo perfecto para ir a ver a los Chicano Bulls. Esa ‘super’ banda formada por la unión de los Nastys y los Parrots. El directo fue bastante agresivo, con buenos pogos, como manda la tradición, cantantes fumando y escupiendo cerveza en el escenario y bajistas que de vez en cuando no se enteraban de lo que estaban tocando. Pero el resultado fue prometedor.

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Fotografía: Loles García

Aunque tampoco pudimos acabar de verlos porque había que ver a la estrella de la noche (con permiso del bueno de Kendrick Lamar): Mac Demarco. El canadiense y su banda de colgados cerraban filas en Benicassim y se pusieron a hacer todas las estupideces que seguramente su major no les dejó hacer en el resto de la gira. Quemaron sus tres mejores singles entre las cinco primeras canciones y ya se dedicaron a hacer el cabra, bebiendo whisky, fingiendo un desmayo en directo o arrojándose al público para ser manteados. ¿Quién lo habría dicho escuchando el preciosista pop que tocan en sus discos?

Terminada esta actuación aún quedaban varios platos fuertes, entre ellos The Maccabees, quienes firmaron un excelente directo y The 1975, una interesante banda que tuve la suerte de conocer por primera vez en el FIB y que trae de vuelta sonidos funky ochenteros, muy en la onda de Michael Jackson. Un agradable descubrimiento.

Y por fin llegó el momento. Kendrick Lamar saltaba al escenario Las Palmas acompañado de su banda y demostrando por qué es LA estrella del hip-hop a nivel planetario. La planificación de horario, y sobre todo de día, impidió que el estadounidense rompiera el escenario a la altura que merece, aunque evidentemente consiguió congregar a una gran cantidad de gente. El “King Kunta”, además, llevó esas reminiscencias de música negra y jazz, y a ratos no parecía el típico rapero, sino un artista total, que sabía como conectar con el público y que, siendo sinceros, se comió el escenario.

Ya bien entrada la madrugada, Massive Attack pondrían el broche de oro al festival con una llamada a la acción contra el Brexit o contra los problemas raciales. Un digno final para el evento musical más global y cosmopolita que tenemos en España.

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Fotografía: Loles García

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