Hay proyectos que, probablemente, en poco más de diez minutos estén completados. Algo similar dijo, en forma de puya, Liam Gallagher acerca de “Get Lucky”, el temazo de Daft Punk de 2013 que todos recordamos. Otros, se prolongan mucho más en el tiempo, y en ningún momento se llega a entender el por qué; y como claro ejemplo de ello está la inaguantable, aunque efectiva en taquilla (único objetivo real de tanta demora) Avatar de James Cameron. Diez años largos para dar forma a un texto carente de interés alguno, pastiche de guiones de los últimos veinticinco años, con una tecnología que no daba ni la mitad de lo que prometía, y unas actuaciones olvidables. Sin embargo, a veces, la espera no se justifica con el crecimiento exponencial de la recaudación de manera proporcional a la expectativa creada. A veces, y sólo a veces, como en el caso de The Avalanches, un proyecto iniciado en 2005, no acaba de ser pulido hasta la friolera de once años más tarde. Así, el trío australiano ha regresado con “Wildflower”, que viene a poner punto y seguido a “Since I Left You”, su álbum debut del año 2000.

El perfeccionismo que ha rodeado a Robbie Chater y los suyos se justifica con la primera escucha de un trabajo en el que se ha indagado en multiplicidad de estilos, adoptando sonidos y tendencias que van desde los parámetros más experimentales hasta las modas más masivas de las tribus urbanas actuales, con pinceladas exquisitas del mejor R&B; ése que se echa en falta en una radiofórmula copada de lo más insulso del género.

Otro aspecto en el que destaca “Wildflower” es que, en él, The Avalanches indagan en la contracultura de finales de los años 60 y principios de los 70, para fusionar rasgos de la psicodelia con la música world, y el siempre inherente hip-hop alternativo, en un estilo que recuerda mucho al “Demon Days” de Gorillaz, y del que tanto han bebido formaciones actuales como los tan de moda 21 Pilots, un dúo de Ohio que está triunfando en medio mundo con su último disco, “Blurryface”.

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El perfeccionismo que ha rodeado a Robbie Chater y los suyos se justifica con la primera escucha de un trabajo en el que se ha indagado en multiplicidad de estilos, adoptando sonidos y tendencias que van desde los parámetros más experimentales hasta las modas más masivas de las tribus urbanas actuales, con pinceladas exquisitas del mejor R&B.

Con esta fórmula consiguen que las veintiuna canciones del álbum dejen con ganas de más a pesar de la extensa duración del mismo. “The Leaves Were Falling”, una introducción de poco más de quince segundos, da paso a la magistral “Because I’m Me”, un tema que con un sonido de inicio casi amateur da pie a una lección en toda regla de R&B que rememora los grandes momentos del “What’s Going On” de Marvin Gaye. Los vientos y las cuerdas, a modo de pequeña big band, acompañan a la perfección a una sucesión de partes vocales que lo mismo trasladan al funk setentero que a los mejores cortes del polifacético Jay-Z. El final del tema enlaza con el que ha sido primer single del regreso de los australianos, y que es sin duda alguna una de las joyas del mismo: “Frankie Sinatra”. Podemos encontrar en la base samples de un tema mítico como “My Favourite Things” y de los Beatles, así como referencias de artistas de las últimas dos décadas que van desde Jamiroquai hasta Amy Winehouse. Algo que hace mágico al tema es su introducción de sonidos procedentes de las armonías tradicionales rusa y judía. La letra además está llena de ironía acerca de la decadencia del hip-hop y el R&B que toma el dinero como único objetivo, olvidándose de la reivindicación social que empapaba sus inicios, y de la que a día de hoy está desprovista, en favor del lujo y la egolatría.

Subways” incluye rasgos del soul sesentero, pero también del funk y la música disco, con ciertos pespuntes de la psicodelia, y componentes de la electrónica más actual. Su parte vocal recuerda a temas como “D.A.N.C.E.” de Justice o “Baby” de Pnau. Viene a confirmar que aunque todo el álbum esté enmarcado en un estilo cada pista acoge referencias y ejecuciones muy diferentes. El tema incita a la calma, a despojarse de la prisa y la celeridad que rodean a la vida de la globalización, y enlaza con el siguiente corte, “Going Home”, que prosiguiendo la temática anterior, invita al refugio en el calor del hogar y en saber mirar y valorar lo que uno tiene alrededor.

The Avalanches indagan en la contracultura de finales de los 60 y principios de los 70, para fusionar rasgos de la psicodelia con la música world, y el siempre inherente hip-hop alternativo, en un estilo que recuerda mucho al “Demon Days” de Gorillaz.

Con una fórmula que, como ya hemos dicho, recuerda a Gorillaz, a base de sonidos exportados del soul y ruidos callejeros aparece “If I Was A Folkstar”, cuya parte vocal es cercana a referentes de la psicodelia actual como MGMT o Tame Impala, aunque con una envoltura muy diferente. Tras ella, “Colours”, con la colaboración de Jonathan Donahue, antiguo miembro de los Flaming Lips, supone una visión completamente diferente a la convencional del desamor. En lugar de recrearse en el dolor, en el pasado, en la idealización de quien ahora está lejos y en la oportunidad perdida, es un canto a la superación, a la humanización que rodea a ese dolor, a la idea de que detrás de un corazón roto hay un corazón capaz de amar, de emocionarse, de fortalecerse y de rehacerse. Musicalmente, el tema continúa indagando en la línea psicodélica abierta en la pista anterior. El juego de voces hace de ella otro de los grandes momentos de “Wildflower”.

Con grandes influencias de la música ligera cinematográfica de los años 40 y 50, “Zap!” supone un fantástico cambio de registro que permite no colapsar excesivamente con la densidad de la psicodelia de los anteriores cortes, por lo que resulta perfectamente colocado en el tracklist. Además, supone un punto y aparte para un nuevo regreso al hip-hop en “The Noisy Eater”, que de nuevo se vale de coros infantiles y de interludios propios de las big bands americanas de los años 30 y 40 para ensalzar un estilo que va mucho más allá del estancado hip-hop gangsta que predomina en la actualidad. La letra, que hace honor al título y relata los hábitos alimenticios de un personaje fruto de la comida rápida durante un día, está a medio camino entre la crítica y el absurdo más absoluto. Tras ella, el tema que da título al álbum, “Wildflower”, resulta perfecto en la parte central del disco. Se trata de un medio tiempo instrumental que enlaza el corte anterior con “Harmony”, donde se recupera el ritmo de los Gorillaz más gamberros. De nuevo nos encontramos ante una parte lírica que nada en un terreno ambiguo entre la crítica social y el surrealismo. Puede ser vista como una crítica a la falta de interés de las altas esferas por el sistema educativo, pues dice “para aquellos que no fallaron en la escuela, vamos a recitar el alfabeto de la a a la z”, aunque también puede ser contemplada como algo desprovisto de sentido.

Live A Lifetime Love”, en la que colaboran Ariel Pink y Paris P., de A.Dd+, recupera un hip-hop más clásico, propio de sus inicios, con numerosas partes musicales, estrofas y letras de rap que tienen mucho de los inicios de los Beastie Boys, aunque en un estilo más accesible para el oído menos endurecido. “Park Music” supone otro corte de transición para un tema más pausado como es “Livin’ Underwater (Is Something Wild)”, en el que regresa la psicodelia más ensoñadora, y que nos transporta a las profundidades del “Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band” de The Beatles, o a lanzamientos recientes como el estupendo “Currents” de sus compatriotas australianos Tame Impala.

Aunque todo el álbum esté enmarcado en un estilo cada pista acoge referencias y ejecuciones muy diferentes.

Quizá el tema de corte más extraño de todo el álbum es “The Wozard of Iz”, con su evidente juego de palabras por título. Su inicio se compone de la repetición de una sola frase que dice “hay magia en el esplendor y deseo de rendirse”. Los versos que la prosiguen cantan a la libertad de mirar más allá del camino marcado de baldosas amarillas, y de ahí el juego de palabras del título, reivindicando una reinvención de la propia realidad. Otro track de transición, “Over The Turntitles”, lleva a la barroca “Sunshine”, con samples de The Fuzz y de Bobby Goldsboro, y que recupera el sonido arcaico de los Beach Boys del “Pet Sounds” y de Marvin Gaye.

Light Up”, con sendos samples de Harpers Bizarre y The Five Stairsteps, se encuentra a mitad de camino entre la identidad propia y la transición, con un ritmo ternario de vals, y una voz retocada mediante un filtro psicodélico actual que se da un aire a los MGMT de “The Youth”. Tras ella, llega “Kaleidoskopic Lovers”, con maneras de los Animal Collective más melódicos. Una curiosidad de este tema es que es uno de los pocos (se cuentan con los dedos de una mano) que no incluye sampleados de otros temas en “Wildflower”. Parte de su magia radica en la utilización de timbres orientales, que dan un giro a todo lo escuchado antes, y que rescatan algunas de las invenciones del David Bowie de la trilogía alemana. “Stepkids”, con la colaboración del músico Warren Ellis (miembro de la banda de Nick Cave), y de la cantante Jennifer Herrema, asienta el sonido retro que se estandariza en el último tercio del disco, con un corte más clásico en relación a la psicodelia de los anteriores.

Pero si hay una colaboración estrella en el “Wildflower”, ésa es la de Father John Misty. El autor del aclamadísimo “I Love You, Honeybear”, le pone la guinda al pastel en el último corte del álbum: “Saturday Night Inside Out”, que cuenta con una parte vocal totalmente a lo Lonard Cohen, y una ambientación musical propia del rock norteamericano de los 70. Rompe así con toda la evolución del álbum y termina en euforia absoluta.

Han sido dieciséis años entre un álbum y otro, y diez desde que comenzase a fraguarse el proyecto; pero viendo el resultado y deleitando los temas de “Wildflower” una y otra vez, podemos afirmar que la espera ha merecido la pena. Esperemos no tener que aguardar hasta 2032 para encontrarnos con otra joya de los australianos.

The Avalanches – Wildflower

8.7 HOT RECORD

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The Avalanches regresan en 2016 con “Wildflower”, un álbum con multiciplicidad de influencias, que van desde la música de las big bands americanas hasta el hip-hop alternativo, pasando por géneros como la psicodelia o el rock. The Avalanches se confirman como una de las propuestas más frescas y divertidas de la temporada.

Up

  • La cantidad de influencias que lo salpican hacen de “Wildflower” un álbum atemporal.
  • Las letras, entre la crítica irónica y el surrealismo postmoderno.
  • El uso adecuado del R&B, un género que bien utilizado puede dar maravillas.

Down

  • Alguna de las canciones de transición está de más.
  • Se echa de menos algún corte más en el que no se hagan samplers de terceros.