Del Testarossa, Ferrari decía que era un salón a 300 Km/h. Y así es exactamente como suena la banda que hoy visita nuestro garaje cavernario: a toda hostia. Si a la potencia y a la velocidad de los directos de Testarosa le sumas el influjo de la frescura del sonido de la Costa Oeste estadounidense, tendrás como resultado una escudería power-pop con tintes shoegaze que tiene pinta de encabezar en un futuro no muy lejano las carreras musicales más veraniegas de la escena nacional. Con un segundo EP que se llama “Ruido”, las expectativas sobre el sonido de la banda dejan poco a la imaginación: la distorsión es su punto fuerte.

El talento del cuarteto de Xàtiva está empezando a hacerse notar: han ganado el concurso Budweiser_emerge, y gracias a ello podremos ver a Álvaro (guitarra y voz), Álex (bajo), Gerard (batería) y Toni (sintes y voz) el viernes 29 de julio en el escenario principal del Low Festival. Para ser su séptimo concierto no está mal, ¿no?

Hemos tenido la oportunidad de hablar con Álvaro, que nos ha dejado ver que tiene muchas ganas de hacer ruido y ningún pelo en la lengua.

Has formado parte de tres bandas (Sancristóbal, Farmerbirdie, You Not Me), Alex de dos (Siberian Wolves y Dezervers) y Gerard de una (The Soda club). Con la trayectoria que lleváis, ¿qué hace especial a este proyecto? ¿Será el definitivo?

La palabra definitivo no existe en mi vocabulario. Yo soy una persona muy inquieta, he tenido mogollón de bandas, he tocado muchos palos y nunca he parado. Lo que sí es cierto es que con Testarosa estoy disfrutando mucho, siento que tengo mucha libertad, me mola que nuestras letras no estén sujetas a ningún tipo de prejuicios. De hecho, aunque a veces lleguen a sonar un poco ridículas es algo que nos da igual, lo que nos importa es pasárnoslo bien y la verdad es que nos lo pasamos de puta madre. Tengo en la banda a tres gamberros muy divertidos. Ahora, de ahí a que sea definitivo, no sé… lo que sí puedo decirte es que es de los proyectos más sólidos que he tenido, el que más repercusión está teniendo y lo estoy disfrutando muchísimo. Llevo 21 años en la música, entonces llegar ahora a un festival (al Low Festival) y codearme con la gente con la que me he criado… Vivir esa experiencia para mí es un sueño y espero que sea el principio de otros muchos más. Desde luego ahora mismo la banda está a tope y le vemos futuro. Además, viendo que tu proyecto tiene aceptación te lo pasas doblemente mejor.

Existiendo en el panorama nacional una gran representación del power-pop shoegaze que hacéis, con grupos como Odio París o Disco las Palmeras!, ¿qué crees que hace atractivo a Testarosa? ¿Qué aportáis a la escena?

Si te digo la verdad, no soy muy buen crítico para la escena nacional porque sinceramente no la sigo. No es porque no me guste, sino porque la inercia siempre me ha llevado a escuchar grupos extranjeros. De hecho, la banda que canta en castellano que más me gusta es Él Mató a un Policía Motorizado, que son argentinos. Ahora, dentro de lo nacional… Disco las Palmeras! tienen canciones que me gustan y Triángulo de Amor Bizarro me molan mucho. Es una de las bandas que a nivel de sonido, de enfoque y musicalmente me parece que están muy chulos, y el concepto que aporta la chica (Isa) me gusta.

Lo que sí que veo ‘diferente’ en Testarosa quizá son las letras, porque en general veo mucho prejuicio en lo que conozco (puede que me esté saltando a 50.000 grupos que tengan unas letras súper desinhibidas). Lo que más se oye es todo como demasiado intenso, demasiado importante… demasiado trascendental. Nosotros buscamos justamente lo contrario: cosas nada trascendentales, despiporre, reírnos de nosotros mismos, de lo que nos rodea, y pasarlo bien. Yo en mis canciones hablo de una stripper lituana, de un tío que se arregla el flequillo para salir el sábado y no se come una mierda… chorradas que se me ocurren. Por eso te digo que de lo poco que conozco de la escena nacional veo que es todo como demasiado trascendental, hay demasiado misticismo, parece que hay una obligación de hacer canciones abstractas. En cambio, en Testarosa contamos cosas concisas: “no sé ligar y acabo solo y borracho en una panadería”. ¿Qué hay de metafórico en eso? Te pillas un pedo como un piano, te vas a casa con el rabo entre las piernas (nunca mejor dicho), te comes una empanadilla y a dormir. Eso es lo que pasa en realidad, yo no me voy a casa rayado con que si el cielo está azul o si hoy los pajaritos no cantan porque te has ido. No me rayo con esas cosas, soy mucho más práctico, entonces quizá me identifico más con la escena internacional a nivel de letras o con las canciones de los 80, que pienso que eran más desinhibidas.

Yo creo que al final todos lo somos, pero hay una especie de afán por ser ‘tristeresante’.

Sí. Y, joder, para mí es que la música es música, y cuando quiero leer me cojo un libro. Entonces, para mí lo primordial es la música, la parte instrumental, por lo que si la música mola, el grupo mola, y la letra… ¡Pfff! Si es que me da igual, no es una cosa que me vaya a quitar el sueño ni a cambiar la percepción de la vida. Luego hay gente buenísima que escribe canciones maravillosas con letras maravillosas, como Belle and Sebastian: Stuart me parece que es un escritor maravilloso y me encanta todo lo que hace, pero casos de esos veo muy pocos.

Entrando en las letras, ¿ser un «Cowboy De Ciudad» está a la orden del día?

Ser un cowboy de ciudad está más a la orden del día que nunca. El cowboy de ciudad es un poco el estereotipo de persona que intenta impostar algo y que vive en el postureo de aparentar lo que no es. Ahora, la canción no nace con un espíritu crítico.

Pues es bastante hater, ¿eh?

Sí, sí, sí. Lo que digo es que no hay que darle tanta importancia. Creo que explicando las letras las pienso más que cuando las escribo, porque me nacen de conceptos que me resultan graciosos, sin más. Pero bueno, la canción de lo que habla es de eso: del postureo, de las vidas inventadas en Instagram o en Facebook, de la gente que está pendiente de si un pantalón está lo suficientemente roto como para molar… Al final, de la gente que quiere ser algo que no es. Yo en ese aspecto soy muy transparente y siempre he sido muy claro.

Lo que más se escucha es demasiado intenso, demasiado importante y trascendental. Nosotros buscamos lo contrario: despiporre, reírnos de nosotros mismos, de lo que nos rodea y pasarlo bien.

“Novias de verano”, “Oh nena”, “Stripper lituana”… ¿Son las mujeres tu gran inspiración?

[Risas] Pues… no me atrevo a darte una explicación consensuada y argumentada. Escribo de mujeres porque dentro de ese recelo de no querer hablar de cosas demasiado raras, también intento hablar de temas no demasiado estridentes. Pero… tampoco, es que te lo estoy diciendo y no me lo estoy creyendo [Risas]. Si hablo de mujeres quizá es por el amor, que tiene un peso específico importante en la vida, no sé, me sale así.

Entonces, ¿existe una decisión previa en plan: voy a escribir sobre esto, o simplemente escribes?

Simplemente escribo. No pienso nunca en: «voy a escribir sobre este tema«. Saco una melodía, y en vez de hacer ‘guachiguachiguachi’ cuando canto en el local de ensayo, digo algo en castellano como: «Pepito ha bajado del monte«. Y si veo que mola y las palabras que se me han venido a la cabeza casan, pillo ese concepto y lo estiro. Muchas veces vamos en el coche y alguien dice una parida y es en plan: «hostia, pues esto mola«. Y lo metemos por ahí y sacamos la historia de una canción. No me siento a escribir en mi habitación debajo de un flexo ni nada de eso, las canciones salen más de las chorradas que surgen con cuatro cervezas y humos tóxicos. Ahora, por ejemplo, estamos haciendo una canción nueva en la que hablamos de un travesti, otra de la amistad… Lo que sí es cierto es que al escribir las canciones intento buscar enfoques nuevos para no caer siempre en los mismos temas.

¿Qué importancia crees que tienen los festivales para bandas emergentes como es vuestro caso? ¿Os importa mucho aparecer en carteles veraniegos o preferís patearos antes el circuito de salas por todo el país?

A mí los festivales me molan un huevo [Risas]. Son muy divertidos, la gente va totalmente desinhibida… Aunque he de decir que tienen su parte buena y su parte mala: unas cosas que molan y otras… tal. Para nosotros, la experiencia como músicos en un festival es muy chula, porque estás con mogollón de artistas, los escenarios están muy chulos, hay equipos muy buenos, un montón de gente, y el ambiente y la experiencia en sí mola mucho, pero las salas también nos gustan, claro: la cercanía, sentir el calor humano… tiene su punto. A nivel de un concierto nuestro, más ‘personal’, estamos más a gusto en una sala con menos gente y más contacto.

El público de las salas va exclusivamente a verte a ti, eso se tiene que notar.

Sí. Pero en este tema también está presente el postureo. A la gente que va de: “Yo vi a esa banda en 2001”… es como: sí, igual la viste desde la barra, hablando, pegándole la chapa a una chavala, bebiendo cerveza y oíste 10 segundos de concierto. Muy bien chaval, ole por ti.

Pero bueno, yo que no soy muy elitista ni con mis letras, no voy a serlo con mi público: con que tenga ganas de pasárselo bien, echarse unas risas y escuchar ruido… ya está.

¿Haber ganado Budweiser_emerge es un paso más en vuestra carrera o creéis que os puede servir de trampolín?

Yo creo que es un trampolín importante, sinceramente. Tampoco estoy muy puesto en estas cosas y no sé cómo funciona el inframundo de la música pero yo pienso que el bombo que le da Budweiser al concurso y la oportunidad que te brinda el Low Festival de estar ahí compartiendo cartel con Suede, con Los Planetas, con Belle and Sebastian… es muy importante. Ver en el escenario principal esos meganombres y poder estar nosotros ahí… joder. Entonces, estamos seguros de que esto nos va a servir de trampolín, lo que no sabemos es si la piscina luego estará llena o vacía.

En Murcia, el SOS realiza un concurso del estilo (TalentoSOS) y los ganadores a nivel regional, Alien Tango, lo están petando a raíz de eso.

Ah, sí, Paula Quintana les está dando mucho bombo. Pero no es una regla fija que se dé bombo a las bandas que ganan concursos y tal (como debería ser). Quizá si no está el mánager pesado de turno recordando constantemente que tiene que estar sonando tal banda, no suena. O simplemente si a la persona que pincha no le gusta, puede ser que diga: tú has ganado el concurso del Low, vale, pero tu rollo no me mola nada.

Por eso creo que lo nuestro es fuerte porque hemos hecho un ‘do it yourself’ al 100%: no tenemos ninguna agencia detrás, ni contactos en Radio 3, ni nadie que nos mueva prácticamente… Y, encima, es una gilipollez, pero venimos de Xàtiva, un pueblo de 30.000 habitantes que está en medio de la montaña. Entonces, me mola mucho que sin ningún tipo de ayuda externa hayamos podido sacar un EP con nuestros propios medios, hayamos llegado a ser semifinalistas del Proyecto Demo y finalistas del concurso Movistar (Valencia), hayamos ganado el concurso del Low Festival… Me parece que hemos tenido una gran repercusión simplemente por la música que hacemos, que es lo único que conoce la gente de nosotros.

No me siento a escribir en mi habitación debajo de un flexo, las canciones salen más de las chorradas que surgen con cuatro cervezas y humos tóxicos.

Mola, porque crecer a base de enchufes no tiene tanto mérito.

Exacto. Para mí es algo de lo que estoy especialmente orgulloso: hemos salido y por nuestros huevos toreros hemos llegado y estamos apareciendo en sitios sin ayuda de nadie. Sólo tenemos nuestra música y las ganas que le echamos a esto.

Bueno, y es que lo de Xàtiva es fuerte: tenemos a Ghost Transmission que están con El Genio Equivocado, a Siberian Wolves, a Testarosa, a The Soda club, a Jorgito (parte de Luis Brea)…

Algo ha pasado allí…

Sí, sí. Yo siempre comparo Xàtiva con la aldea de Astérix, que es un poblado pequeñito que se revienta a un ejército de romanos. Aquí hay un mogollón de bandas y un mogollón de historias que salen porque molan un huevo, simple y llanamente. No sé qué ha pasado, no sé si será la herencia de Bruno Lomas pero aquí hay un buen caldo y es algo de lo que también estoy súper orgulloso, porque además somos todos amigos y eso es lo que más mola de todo.

Cuando ganasteis, dabais las gracias vía redes sociales a las bandas participantes por “mantener vivo el submundo de la industria musical es el que mola”. ¿No os gustaría salir de los suburbios?

No.

¿No? ¿Nunca?

No [Risas]. No, porque ya entras en otro tipo de cosas que no molan. A ver, hay gente que vende mogollón de discos, llega a vivir de esto y a la vez mantiene su integridad y su filosofía de banda, pero yo es que llevando veinte y pico años en la música ni siquiera me lo he planteado. Cuando alguien me pregunta: «oye, ¿te gustaría vivir de esto?» yo siempre digo: «pues… creo que no, ¿sabes?«. Porque yo tengo mi curro (soy comercial [Risas]) y si lo que es mi hobby, la música, que es mi vía de escape, se convirtiera en mi trabajo, yo creo que ya no lo vería igual.