Doy por supuesto que si has llegado a esta crítica, a este medio, conoces a Tame Impala y sabes el papel que el grupo ocupa en el panorama musical actual. Ser consciente de esto sirve de ayuda para reconocer la valentía que tuvo Nicholas Allbrook, a comienzos de 2013, cuando tomó la decisión de abandonar su rol de bajista de la famosa la banda australiana para centrarse en su proyecto paralelo: Pond. Esa decisión podría ser vista por muchos como un paso atrás ya que fue tomada tras el éxito de «Lonerism», álbum que otorgó a Tame Impala esas letras mayúsculas y gigantes con las que escriben su nombre en el lugar más alto de todos los carteles de los grandes festivales mundiales en los que actúan.

El trabajo que había realizado Allbrook con Pond seguía cargando con muchas influencias y lazos de los Impala, y no es hasta la grabación de su tercer trabajo en solitario, tras publicar en 2014 «Ganough, Wallis & Fatuna» y el EP «Walrus» en 2015, cuando el australiano termina de cobrar vida propia y parece quitarse el agradable envoltorio de sus anteriores grupos. Así, en «Pure Gardiya«, la música de Allbrook se nos presenta semidesnuda, frágil y repleta de detalles que la hacen especial o diferente, en el mejor de los sentidos. Es en parte, tirando de superficialidad, como vemos al australiano. Una persona peculiar a la que nos quedaríamos mirando si nos la encontráramos en el metro, aunque seguramente él hiciera lo mismo al ver en nosotros también algo especial, en nuestra mediocridad o en nuestra pose de clase media.

nicholas-allbrook-pure-gardiya-2

El australiano nos lanza sus reflexiones, sentimientos y experiencias en forma de disco repleto de sonidos psicodélicos y minimalistas con los que logra definir su compleja identidad.

A comienzos de 2015, Nick Allbrook comienza a escribir su segundo álbum con la fantasía y experiencia como difuso concepto. En un corto periodo de tiempo logró materializar experiencias, reflexiones, o simplemente lugares, a base de minimalismo y sonidos naturales, ayudado por amigos, como Evelyn Morris al piano, y por la influencia de otras bandas con las que el australiano había colaborado, como la Unknown Mortal Orchestra.

La escucha del primer tema del disco, «In the Gutter by the Park ‘n’ ride«, nos deja aroma de disco conceptual. En él la débil voz de Allbrook apenas se rodea de un piano y de leves sonidos de cuerda que nos dejan muchas ganas de querer escuchar más. Así llega la que quizás sea la prueba de fuego y el baremo con el que poder juzgar el disco como producto musical: «Advance«, single de «Pure Gardiya» en el que Allbrook reinventa el himno nacional australiano («Advance Australia Fair»). Reflexión acerca del sentimiento nacionalista que un país tan joven puede tener y que cabalga a mitad de camino de las influencias de nativos aborígenes y los colonizadores británicos. Gran canción en la que Nicholas juega con agilidad con la expresión «young and free» que aparece en ambos himnos. En «A Fool There Was» Allbrook parece reafirmarse en su identidad australiana al gritar «I don’t want to go to America«. Esta pieza me recuerda a una de las partes de la inmensa, en muchos sentidos, «Siberian Breaks» de MGMT. Una frenética sucesión de palabras y sonidos que, como conjunto, cobra mucho sentido.

En «Pure Gardiya» la música de Allbrook se nos presenta semidesnuda, frágil y repleta de detalles que la hacen especial o diferente, en el mejor de los sentidos.

«Pyramids and Cranes» comienza como la cabecera de Informe Semanal pero la melodía ochentera poco a poco va adaptándose a la extraña figura de Allbrook para terminar difuminándose en una bella armonía de cuerda que congenia a la perfección con los aullidos felinos del cantante australiano. En el caso de «Blow Up Saxophone«, sus primeros compases parecen sacados de un tenebroso bar de carretera. Según va avanzando la canción, Allbrook juega a ser Nick Cave para más tarde interpretar al vocalista de The Doors. Tras esta entretenida ‘road movie’ llegamos a «Career» que, quizás, sea la única laguna de aburrimiento de «Pure Gardiya». No todo iba a ser perfecto.

Quizás sea porque venimos de un bache por lo que sentimos mucho miedo al escuchar los primeros segundos de «Billy Leary«. Traqueteo similar al del moroso ritmo de un casiotone que servirá de hilo conductor. Un enlace que centraliza toda la gama de sonidos que Allbrook va sumando según avanza la canción. Voces, metales y distorsiones que dan sentido al épico final del bajo del cantante australiano, apuntalado por la batería, que termina sepultándolo todo. Tras la caída de la tormenta eléctrica sólo quedan las interferencias que dan paso a «Karrakatta Cemetery«. Nana funeraria que toma el nombre de un cementerio australiano. Almas como la de Heath Ledger descansan, aún más, en esa paz eterna de la que nosotros nos salvamos gracias a los pequeños ruidos de metales que nos mantienen despiertos.

«Pure Gardiya» es un disco muy coherente que roza lo conceptual sin apenas caer en la monotonía y manteniendo su calidad en casi la totalidad de su metraje.

El ritmo vuelve a remontar con la impronunciable «Mauerbauertraurigkeit«. Tema repleto de aullidos y cambios de ritmos que a ratos recuerdan a la Velvet Underground. Puede que quizás sea lo más rock de «Pure Gardiya» sin abandonar, ni un solo momento, el tono psicodélico/glam. Sobre el título se puede decir que es más fácil explicarlo que pronunciarlo ya que se trata de un término alemán que, resumiendo, viene a definir a ese impulso, natural e inexplicable, que a veces nos obliga a expulsar de nuestras a vidas a algo, o a alguien, que se supone importante. Así llegamos al tema que pone fin al disco; la instrumental «Deer«. Clausura muy lógica ya que supone una especie de ampliación o alargue del tema inicial, como si nada hubiera ocurrido entre medias. Paréntesis de cierre perfecto para «Pure Gardiya» con el fin de asentar toda la información que se nos ha sido lanzada en los casi cincuenta minutos del disco. Sin saber cómo ha ocurrido, uno siente que conoce mejor a Allbrook e incluso también tengo la sensación de saber algo más de Australia. En ese sentido, el ex Tame Impala nos muestra una forma interesante de revindicarse a sí mismo y, de paso, a una nación. Hacerlo al revés te minimiza a nada o te introduce en una masa que, igual, nada tiene ver contigo. Supongo que eso sólo puede hacerse si eres igual de ‘joven y libre’ que tu país y cuando los símbolos que lo representan son simplemente eso: símbolos.

Nicholas Allbrook – Pure Gardiya

7.7

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115Get_it_on_iTunes_Badge_ES_0209

Nicholas Allbrook, ex Tame Impala, publica su segundo disco en solitario: «Pure Gardiya». El australiano nos lanza sus reflexiones, sentimientos y experiencias en forma de disco repleto de sonidos psicodélicos y minimalistas con los que logra definir su compleja identidad.

Up

  • «Pure Gardiya» es un disco muy coherente que roza lo conceptual sin apenas caer en la monotonía y manteniendo su calidad en casi la totalidad de su metraje.
  • Muy disfrutable desde la primera escucha. Sus cambios de ritmo, lírica poco profunda pero siempre con sentido y sin caer en ningún cliché hacen que «Pure Gardiya» sea un disco muy divertido.
  • La distancia que ha tomado Allbrook con el sonido de Pond/Tame Impala le quita varias capas al sonido del disco dejando un producto con mucha personalidad.

Down

  • Irregularidad en ciertas canciones. Para terminar de forma épica no es siempre necesario comenzar de forma tan minimalista.
  • Lo que gana Allbrook en personalidad se pierde en voluptuosidad y envolvencia, si se le compara con el sonido de Pond o Tame Impala. Supongo que es cuestión de gustos y también depende del momento o situación en el que uno quiera escucharlo.

1 Comentario

  1. Me parece el cantante más original del panorama musical. No se repite, innova. Genio. No entiendo como la crítica musical no le hace más caso. Ignorancia.

Comments are closed.