Algo está pasando en el jazz, o eso quieren hacernos creer. En los últimos, digamos, 3 años, parece que el género buscara reinventarse y acercarse a un público mayor a la vez que más joven pretendiendo ensanchar aun más sus horizontes y pisoteando una y otra vez las líneas que marcan las ya difusas fronteras que separan al jazz de otros géneros no tan afines. Y aquí es cuando puedo entender a aquellas voces viejas y casposas que, en su defensa del «yo escuchaba jazz antes de que molara«, asisten estupefactos a la escalada en ventas de artistas como Kamasi Washington (autor del mejor debut del 2015 para esta casa, por cierto) o que no entienden por qué las revistas hipster de mayor tirada (ojito al oxímoron) se empeñan en promocionar ciertos artistas de la escena jazzera actual como la cosa más moderna del mundo. Y digo que les entiendo no porque comparta esa actitud esnobista, sino porque, a pesar de no ser un experto en el tema, es fácil advertir que precisamente el jazz es un género en el que nunca han dejado de ocurrir cosas. Efectivamente, lo que hace Kamasi lo hizo Coltrane hace tiempo, el Nu-Jazz con el que juega Flying Lotus mezclando el género con la electrónica ya empezó a aparecer en los años 90, al igual que A Tribe Called Quest o Digable Planets combinaron de manera más que resultona bases jazzy con hip hop antes de que Kendrick Lamar se ganara los elogios de todo el mundo. Ahora bien, ser conscientes de que el jazz no murió en la segunda mitad del siglo XX y ha resurgido de sus cenizas antes de ayer no impide reconocer el mérito de esta nueva generación. Aunque no seas de esos que claman al cielo «JAZZ IS BACK!« y tengas bien claro que el jazz ni estaba muerto, ni estaba tomando cañas, creo que la banda que presentamos hoy merece un par de escuchas atentas por tu parte.

La historia de BADBADNOTGOOD se remonta a mediados de 2010 cuando tres estudiantes de jazz de Toronto que comparten su pasión por el hip-hop se juntan para tocar covers de sus raperos favoritos. Así, en 2011 y 2012, y sin apoyo de ninguna compañía discográfica, publican “BBNG” y “BBNG2” compaginando versiones de Nas o Earl Sweatshirt con composiciones propias en las que combinan las técnicas aprendidas en la escuela con electrónica y bases de hip hop. Es en 2014 con la publicación de “III” cuando, en opinión de un servidor, la banda pega un puñetazo en la mesa con un disco totalmente conformado por material propio en el que, además, logran un sonido auténtico, dejando de sonar como tres chicos talentosos que mezclan jazz con ritmos contemporáneos para convertirse en una banda a tener en cuenta no sólo en el mundillo del jazz. Matthew Tavares, Alexander Sowinski y Chester Hansen, a pesar de ser cada vez menos puramente jazz, no dejan de ganar popularidad entre los amantes del género al tiempo que la transversalidad alcanzada les permite ganarse la admiración de un buen puñado de barbudos y aficionados al hip hop. En 2015 publican “Sour Soul”, el que hasta ahora era su último trabajo. Se trata de una colaboración con el mítico Ghostface Killah que, ya lejos de sus días de gloria, gracias al featuring con BBNG consigue publicar un disco decentillo tras casi 25 años en activo. A día de hoy considero que aquel es el disco más flojo de la carrera de BBNG, “Sour Soul” confirma lo que ya me hacían sospechar otras colaboraciones de los canadienses con artistas como Tyler, The Creator: BBNG aporta más a los raperos de lo que los raperos aportan a BBNG. Estos chicos tienen talento de sobra como para hacer de escuderos de nadie, por eso, el anuncio de “IV” (en el que BBNG volvían a tomar las riendas de su trabajo) llamó enseguida mi atención.

“IV”: Menos jazz, más jazz

«IV» se trata del primer disco de la banda en el que colaboran vocalistas y no estrictamente raperos; además, supone la transformación del trío en cuarteto con la definitiva incorporación del más que habitual colaborador Leland Whitty al saxo.

Muchas cosas han cambiado en este último año. Para empezar, se trata del primer disco de la banda en el que colaboran vocalistas y no estrictamente raperos; además, supone la transformación del trío en cuarteto con la definitiva incorporación del más que habitual colaborador Leland Whitty al saxo. Otra buena noticia es la ampliación de la gama de colores con que juegan BBNG en este LP: soul, R&B, electrónica y hip hop pasan por su particular filtro de texturas jazz haciendo de “IV” su disco más ecléctico hasta la fecha y de BBNG un conjunto menos afincado en el jazz. Lo que “IV” nos presenta es a unos BADBADNOTGOOD más maduros que conjugan diferentes especialidades evitando sonar deslavazados, que no abandonan su propia idiosincrasia, pero luchan por expandir su espectro sonoro mediante la experimentación, la improvisación y la fusión. ¿Acaso hay algo más jazz que eso?

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BBNG juegan en este LP con una gama de colores que va desde el soul, el R&B y la electrónica hasta hip hop, pasando todo por su particular filtro de texturas jazz y haciendo de “IV” su disco más ecléctico hasta la fecha.

And That, Too.” inaugura el elepé de manera delicada y sensual. Podemos escuchar las teclas de Matthew Tavares acompañadas por el bajo de Hansen y un sintetizador que contribuye a crear un ambiente nebuloso. Sólo el brillante saxo de Whitty aporta algo de claridad a un entorno tan difuminado. Tras esta suerte de híbrido entre el cool jazz y la electrónica llega “Speaking Gently”, en donde el segundo elemento pesa aún más en la receta. Y, a pesar de todo, a ver quién se atreve a negarme que esto que estoy escuchando no es jazz. Los de Toronto, no dejaré de repetirlo, saben bien cómo aprovechar la vaguedad del término jazz para, mediante la conjugación de ingredientes dispares, crear algo innovador y genuino.

Por mucho que disfrute contemplando cómo los instrumentos conversan y juguetean entre sí, he de admitir que merece la pena que dicha progresión instrumental se vea interrumpida si es por actuaciones vocales tan elegantes como las que brinda este álbum. La primera viene de la mano de “Time Moves Slow”, un suave R&B en el que participa Sam Herring (Future Islands). La frecuente trasmisión de emociones y sensaciones que acompaña a la música de este cuarteto se verá reforzada aquí gracias a la emotiva interpretación de Herring: «Running away is easy, it’s the leaving that’s hard. Loving you was easy, it was you leaving that scarred«. Pero la colaboración que realmente me ha vuelto loco es la que exhibe “Confessions, Pt. II”. Para componer la segunda parte de aquel gran tema de su tercer disco, los BBNG han podido contar con el saxo barítono de Colin Stetson, ahí es ná. Stetson y Whitty cargarán con sus instrumentos dispuestos a fundirnos el cerebro durante más de seis minutos en los que se sucederán vigorosos riffs y solos de saxo. Por el camino la sección rítmica hace de las suyas explorando todas las posibilidades del tema que atravesará momentos clásicos, de jazz rock y compases más funk.

Cada canción posee propiedades rítmicas y melódicas complejas a las que no se llega sino a base de ensayo e improvisación. Estos dos últimos principios son los que componen, sin duda, la fórmula mágica que consigue generar esa química especial existente entre los cuatro jóvenes.

Quizá no merezca la pena seguir con esa manía que tenemos quienes escribimos sobre música de etiquetarlo todo si de quien vamos a hablar es de BADBADNOTGOOD. Y es que el grupo ha adquirido un estilo tan camaleónico que lo de ‘inclasificables’ dista de ser un cliché fácil para hacer un diagnóstico rápido de su caso. En “Lavender”, por ejemplo, se juntan al DJ Kaytranada para demostrar, una vez más, que lo suyo es un juego de insinuaciones. Es en esa sutileza donde residen la magia y la eventual atracción y fascinación que el oyente pueda sentir hacia su música. Al mismo juego de seducción, interpretado desde una perspectiva menos electrónica, recurre “Chompy’s Paradise”, que contentará a quién se tire de los pelos preguntando por ese disco de jazz que le prometieron. Lo cierto es que, ya sea desde una posición más o menos vanguardista, BBNG dejan patente su habilidad técnica en cada compás. Cada canción posee propiedades rítmicas y melódicas complejas a las que no se llega sino a base de ensayo e improvisación. Estos dos últimos principios son los que componen, sin duda, la fórmula mágica que consigue generar esa química especial existente entre los cuatro jóvenes. Uno de los mejores ejemplos de esto es “IV” (la canción), repleta de trinos, solos y cambios de ritmo increíbles.

En “Hyssop of Love” regresan al jazz rap mediante la participación de Mick Jenkins y yo no puedo evitar acordarme del reciente «untitled unmastered.» del gran Kendrick Lamar. Parece que la combinación de hip hop y jazz está de moda (más que cuando BBNG publicaron su “III”) y eso es una buena noticia para ambos estilos musicales. Además de Mr. Lamar, es imposible que a uno no se le venga a la cabeza “Sour Soul”, la anterior referencia de BBNG. Resulta impresionante el contraste entre los matices oscuros que vaticinaba dicha colaboración para la progresión sonora de la banda y las estructuras claras y delicadas que finalmente han sabido recoger en este disco en pistas como “Structure No. 3”.

A pesar de la variedad estilística y la cuerda floja entre el caos y la genialidad por la que muchas veces transita el álbum, es de justicia reconocer a “IV” el estar impregnado de la esencia BBNG, una esencia concreta y propia, construida a partir de la acumulación de referencias.

A pesar de todo, no podemos decir que “IV” haya traído consigo una mutación firme y bien definida para los de Toronto. Quizá sea éste el principal pero que le podamos poner al disco: la falta de una mayor cohesión entre los variados experimentos que se suceden entre los temas. De todas formas, no sé a quién puede molestarle la aparición de una balada soulera porque-sí en el penúltimo track del álbum, si de lo que estamos hablando es de una joya como “In Your Eyes” a la que, para más inri, Charlotte Day Wilson aporta un buen chorro de glamour. En cualquier caso, y a pesar de la variedad estilística y la cuerda floja entre el caos y la genialidad por la que muchas veces transita el álbum, es de justicia reconocer a “IV” el estar impregnado de la esencia BBNG, una esencia concreta y propia, construida a partir de la acumulación de referencias, lo cual no es moco de pavo teniendo en cuenta la lozanía de la banda. De ese estilo propio hace gala “Cashmere”, un post-bop burbujeante que no deja de enredarse en sus casi cinco minutos de duración.

La sensación que queda analizando la trayectoria de BADBADNOTGOOD en este momento es la de un grupo que con “IV” sólo ha tomado buenas decisiones. Buenas decisiones que les han hecho remontar un vuelo cuya ascensión amenazaba con frenarse en seco tras su anterior esfuerzo. Así, incluso de la tibieza de un disco como “Sour Soul” han sabido sacar cosas buenas: por un lado, la proyección pública que les brindó trabajar con un artista como Gostface Killah; y por otro, la capacidad de incorporar elementos negros a su música, superarse a sí mismos sin mirar al pasado y encerrarse menos que nunca en la ortodoxia del jazz para publicar su trabajo más ecléctico hasta el momento. Así, quienes les conocieran con aquel “Sour Soul” van a salir aún más sorprendidos de la cita con este “IV”.

BADBADNOTGOOD – IV

8.0

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BADBADNOTGOOD vuelven a la carga ‘en solitario’ tras publicar “III” en 2014 y lo que se encuentran es un mundo más jazz- friendly: biopics de Miles Davis, producciones de Netflix sobre Nina Simone, Kamasi Washington y Kendrick Lamar haciendo de las suyas… No les queda otra que subir la apuesta, experimentar más que nunca con diferentes estilos y rodearse de buenas colaboraciones.

Up

  • Vuelven a ser protagonistas tras una colaboración que no cumplió del todo las expectativas.
  • La diversidad estilística del disco. Hacen gala de una transversalidad cada vez mayor que impulsa su crecimiento varios metros.
  • A pesar de todo, no llega a sonar como un recopilatorio, han sabido respetar su esencia. Tenemos el espiritu BBNG por los cuatro costados.

Down

  • Quizá se le podría pedir mayor cohesión interna y una sucesión más ordenada de los tracks.