Tormenta de verano y descargas de electricidad con Acid Mess y The Shrine

Crónica del concierto de ambas bandas en El Sol

El otro día cayó una tormenta veraniega de las que hacen época en Madrid y el ojo de la misma se situó en la sala El Sol. Lo mejor de todo es que hubo más aparato eléctrico dentro de la misma que fuera. Las guitarras afiladísimas de dos grupazos como Acid Mess primero y The Shrine después electrificaron al personal como si estuviese atado a una silla eléctrica.

Ante un público inicialmente escaso pero creciente a lo largo del concierto, Acid Mess arrancaron la velada con una alineación marcada por la sustitución de Guille del Arco, de Hum, a la guitarra. El cambio no afectó excesivamente a la formación, que defendió temas alternos de sus dos sulfúricos discos publicados hasta el momento sin contemplaciones ni complejos. El resultado hechizó a los presentes, entre los que se incluían unos The Shrine vencidos por la curiosidad generada por los asturianos.

Navegando entre las turbias aguas del stoner y la psicodelia, Acid Mess despliega un muro de sonido abrumador que se cimenta sobre una base rítmica de una batería fuerte y unas voces que aparecen puntualmente pero con efectividad. Algo similar a lo que manufacturan The Shrine, sólo que sustituyendo la sobredosis de testosterona de los segundos por una carga extra de expansión y desarrollos instrumentales narcóticos. A las 10 en punto, con una puntualidad más inglesa que californiana, los protagonistas de la noche hicieron su aparición en escena bajo acordes de western. La primera descarga fue “Tripping Corpse” y les bastó con ella y la enorme “The Vulture” para meterse a la totalidad de los presentes en el bolsillo. Gracias a un frontman con el carisma y la presencia de Josh Landau, The Shrine empiezan cada concierto con medio partido ganado. Sin camiseta, luciendo tatuajes y con su bigote y melena setenteras, los punteos extralargos y la pose de rockero old school son razones más que suficientes para pagar una entrada por verle. Pero si a ellas se le añade una voz perfecta para su estilo y un manejo impecable de la guitarra, ya tenemos la papeleta resuelta.

Fueron desfilando temazos de su reciente y brutal “Rare Breed”, como la homónima, “Coming Down Quick” o la maravilla destructiva que es “Death to Invaders”, mientras el público, con buena proporción de skaters, poblado de barbas, tatus, pantalones cortos y camisetas de Thrasher agitaba las cabelleras siguiendo la imparable batería de Jeff Murray. La violencia psicodélica que promulga The Shrine es una mezcla enajenada de hard rock, punk y stoner metal, tan ácida como contundente y lo más importante, divertida. Mientras siga habiendo grupos como el del trío californiano, el rock seguirá viviendo, aunque sea en las alcantarillas. Y  al día siguiente a un concierto seguiremos despertándonos con las cervicales contracturadas y el cuello dislocado. Y suspiraremos de alivio.

error: ¡Contenido protegido!