Además de como instrumento social, de ocio o consumo, la música ha sido utilizada a lo largo del tiempo por el ser humano como elemento canalizador de emociones. De eso saben mucho Julien Ehrlich y Max Kakacek, los dos ‘pesos pesados’ al volante de Whitney, una suerte de super-grupo indie que debuta este ejercicio con “Light Upon the Lake”. El primero, además de formar parte de Unknown Mortal Orchestra, compartía membresía con Kakacek en Smith Westerns desempeñando los roles de batería y guitarra respectivamente. En alguna de sus recientes entrevistas aseguran no renegar de su pasado en los Smith Westerns pero, a pesar de no querer hacer leña del árbol caído, sí afirman sentirlo como un proyecto «blanco, sin alma» en comparación con lo personales y emotivas que suenan las canciones nacidas de esta nueva colaboración que hoy os presentamos.

Lo primero que tenéis que saber es que para disfrutar de Whitney no es necesario que os gusten Smith Westerns ni Unknown Mortal Orchestra. De hecho, y aunque me reconozco seguidor de ambos grupos, la presentación de la banda por parte de los medios americanos como ‘super-grupo’ me echó para atrás en un primer momento, ya que parece que el término se usa muy a la ligera hoy en día para vender cualquier tipo de colaboración musical entre miembros de diferentes bandas. Por suerte, el jefazo de EQB me recomendó con insistencia su escucha. Una vez arrancaron los primeros acordes no hubo resistencia por mi parte, sólo había escuchado el primer single y ya estaba deseando que cayera en mis manos el LP entero. Había caído irremediablemente en las redes de aquel country/folk popero y luminoso.

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Fotografía: Laura Harvey

La repentina separación de Smith Westerns, sus recientes rupturas de las respectivas relaciones de pareja y el duro invierno de Chicago obligaron a los dos jóvenes a recluirse en su apartamento y tratar de encontrar un refugio entre los cálidos acordes que empezaban a encadenar.

Y, como decía, el componente emocional es uno de los protagonistas fundamentales en el sonido de Whitney. Esto, lejos de ser una casualidad o una actitud impostada, tiene mucho que ver con la situación en la que se encontraban sus dos compositores principales en el momento en que comenzó a gestarse el LP. La repentina separación de Smith Westerns, la reciente ruptura de las respectivas relaciones de pareja en que Ehrlich y Kakacek se habían embarcado y el duro invierno de Chicago, obligaron a los dos jóvenes a recluirse en su apartamento y tratar de encontrar un refugio entre los cálidos acordes que empezaban a encadenar. La idea era crear una especie de colección perdida de clásicos de la música Americana que, en principio, debería tener un uso terapéutico en lugar de formar el eventual repertorio de un nuevo grupo. Las letras, otro apartado en el que el dúo se dedicó a fondo, resultaron sonar tan personales que esta improvisada sociedad decidió que lo mejor era crear un personaje femenino (Whitney) al que atribuirían la autoría de las canciones. Así, Whitney se convirtió en una herramienta a través de la cual los dos amigos pudieron volcarse emocionalmente sin ningún tipo de tapujos en la composición de las delicadas piezas folk que hoy nos ocupan.

Hasta aquí podéis imaginaros un proyecto acústico, agradable y guitarrero lo suficientemente interesante como para darle, al menos, un par de escuchas. Pero lo mejor de Whitney es cómo partiendo de esa entrañable austeridad propia del formato dúo logran no perder su cara sencilla e inocente tras la incorporación a la formación de hasta cinco miembros más.

Esa maravillosa conjunción instrumental ya aparece en “No Woman”, qué absoluto temazo es “No Woman”… El «I’ ve been going through a change, I might never be sure» que Ehrlich canta mediante un delicado falsete encaja a la perfección con el personaje ficticio de Whitney, una mujer de mediana edad que reflexiona acerca de su futuro, muy consciente de que sus días de gloria quedaron muy atrás. Ese aire melancólico y actitud dubitativa ante lo que el futuro nos tiene deparado impregna gran parte de las composiciones del disco y es, en última instancia, un fiel reflejo de la situación en la que se encontraban sus autores en aquel invierno. “The Falls” reproduce la misma mirada desconfiada e incierta hacia el futuro y vuelve a dejarte claro que aquí no sólo hay tino melódico, detrás de algo como Whitney parece haber mucho talento y ensayos acumulados. Y es que el formato dúo es perfecto para muchos grupos fuertemente inspirados por la tradición americana (y Whitney es uno de ellos), pero en este caso la adición de bajo, teclado y trompetas logra enriquecer su propuesta sin que la precisión melódica de unas progresiones de acordes tan sencillas como maravillosas quede desdibujada. Acabamos de empezar a caminar de su mano y ya no nos cabe ninguna duda, Whitney son un grupo diferente.

Lo mejor de Whitney es cómo partiendo de esa entrañable austeridad propia del formato dúo logran no perder su cara sencilla e inocente tras la incorporación a la formación de hasta cinco miembros más.

Golden Days” es también preciosa, acaso la pieza más descaradamente pop del LP (atentos a los «Na-Na-Na-Na-Na-Na«). Una nostálgica letra en la que Whitney echan la mirada atrás para recordar sus ‘días dorados’ musicada mediante algunos de los compases más acaramelados del conjunto, lo que da como resultado una agradable sensación agridulce. El mismo efecto provoca “Dave’s Song”, una especie de country-soul en el que vuelven a manipular ingredientes del pasado sin tener miedo a recurrir al azúcar cuando este se hace imprescindible. Es, además, la primera pieza que el dúo recogió en su apartamento a través de una vieja grabadora. Sin prisa le sucede la homónima “Light Upon the Lake”, de la que puedo decir que no me costaría demasiado creer a quien me asegurase que la misma se trata de un tema perdido que Harrison escribió para los Beatles a finales de los sesenta. Como todo el disco en general, el tema nos remite al verano, pero, al contrario de lo que suelen hacer otros prototípicos discos-para-el-verano, «Light Upon the Lake» (el disco) no nos invita a surfear ni a atiborrarnos de cerveza en la playa, sino a amodorrarnos en la tumbona o en el sofá (según gustos) y dejar que pase el tiempo sin ninguna preocupación.

Y es quizá esa casi absoluta falta de pretensiones la principal pega que le pueden poner a Whitney sus detractores. Pero, chico, estamos en 2016, no puede salir mucho más de la mezcla de folk, country y pop que lo descubierto hasta ahora. ¿Cómo puede alguien encontrar la más mínima mácula entre los versos de canciones como “No Matter Where We Go”? Otra jam perfecta para las vacaciones estivales es lo que nos regala “On My Own” aderezada, como llevan haciendo durante todo el álbum, con maneras de lo más jazzy. La incursión en los terrenos del jazz se hace más que evidente en la instrumental “Red Moon”, que confirma el potencial de la banda de cara a futuros discos, aunque me temo que aquí el experimento, sin ser un patinazo, se encuentra algo por debajo del nivel del conjunto.

Media hora de auténtica orfebrería musical. Una decena de temas atemporales, emotivos sin llegar a lo empalagoso y arreglados con cariño, pero sin artificiosidad ni pretensiones.

Sin apenas dejar tiempo para que podamos dudar de la calidad de estos chicos llega “Polly”, la penúltima bala que Whitney guarda en la cartuchera. Recuperamos las letras de nostalgia y desamor y unos cálidos metales que, junto al piano, nos ofrecen un abrazo para superar nuestras horas más bajas. «And I know in the past you left me with no heart / How cheap were the nights you used to keep me warm?…«.

El nivel sigue altísimo al llegar la despedida encarnada por “Follow”, más folk soleado del bueno, capaz de dejarnos una sonrisa en la cara que dura mucho más de lo que tarda en apagarse el disco con un maravilloso fade-out.

“Light Upon the Lake” es uno de esos discos que apuntar en negrita en tu lista de sorpresas musicales de 2016. Media hora de auténtica orfebrería musical, formado por una decena de temas atemporales, emotivos sin llegar a lo empalagoso y arreglados con cariño, pero sin artificiosidad ni pretensiones. Si seguiremos escuchándolo dentro de diez años, sólo el tiempo lo dirá. En cualquier caso, no todos los artistas están llamados a la trascendencia; hay miles de discos frágiles y caducos que pueden sonar como el mejor de la Historia en un determinado momento. Este es el momento de Whitney, aprovechémoslo.

Whitney – Light Upon the Lake

8.5 HOT RECORD

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Whitney presentan uno de los debuts del año. Un disco de folk brillante y melódico aderezado con exquisitos arreglos instrumentales altamente recomendable para los amantes de bandas como Woods y todos aquellos que quieran algo fresco que consumir este verano.

Up

  • La sensación de que casi todas las canciones hubieran triunfado como single en los años 60/70.
  • Que, después de todo, encuentran un estilo resultón y reconocible con esa mezcla de vientos y estribillos pop.
  • Conseguir que los arreglos sólo sumen. Además de aportar un toque original que les hace destacar en la escena, logran que la efectividad y el dinamismo pop quede intacto.

Down

  • El falsete puede ser un arma de doble filo que emocione o acabe sobrecargando al oyente.