Crónica Bilbao BBK Live 2016: jueves 7, viernes 8 y sábado 9 de julio

Pixies, Arcade Fire y Belako fueron nuestros vencedores de esta undécima edición del BBK Live



El pop, el punk, el rock y toda la familia musical alternativa se dieron cita un año más en el monte Kobeta para convertir Bilbao en el foco mundial de los grupos alternativos más punteros del momento. El entorno verde y salvaje en el que transcurre el BBK Live es sin duda alguna y al margen de los músicos, el otro gran protagonista del festival. En una época de masificaciones, marcas por todos los lados, Instagram y stands ‘cool’ por doquier, el de Bilbao es un festival con una dosis extra de autenticidad y hasta hippiesmo que lo hace diferente. Hay postureo y hay todo lo anterior, pero se ve compensado en parte por el paisaje, el ambiente y la situación geográfica del BBK Live.

Con un cartel más compensado que otros años y unos cabezas variados y espectaculares, el BBK este año no consiguió hacer el sold out que llevaba dos años haciendo. La falta de un atractivo como Muse el año pasado probablemente fuese la causa, pero el caso es que eso no eclipsó el conjunto del evento en lo que fue un nuevo éxito de edición. Esta es nuestra sesgada y subjetiva visión de lo que pasó durante tres días en el Kobetamendi:

JUEVES 7 DE JULIO

Uno de los solapes más complicados se dio nada más comenzar. Por un lado los australianos DMA’s iban a cubrir de britpop la carpa, mientras que por el otro estaban CHVRCHES en el segundo escenario. El hecho de que los primeros toquen en Madrid en noviembre decantó la balanza por el trío escocés capitaneado por Lauren Mayberry. Aun así, CHVRCHES corrían el riesgo de pasar algo desapercibidos entre tanta banda basada en sintetizadores y pop para masas del jueves, y efectivamente, algo de eso hubo. Sobre todo por la poderosa sensación de cierto sonido enlatado y no fabricado en directo. El contraste positivo fue la actuación vocal de Mayberry, que clavó sus letras y se hizo querer al poner a caldo el Brexit y a Boris Johnson y decir que lamentaba la cantidad de «assholes« que hay en el Reino Unido. El final con “The Mother We Share”, con el recinto absolutamente abarrotado, compensó las carencias y dejó un buen sabor de boca para el inicio del festival.

La saturación de sintes y electrónica en la tarde del jueves alcanzó su punto álgido con el concierto de M83 en el escenario principal. Casi media hora de retraso, sospechosamente coincidiendo con la semifinal de Alemania-Francia, bastó para caldear un par de grados los ánimos de un público para nada acostumbrado a impuntualidades en Kobetamendi. Sin embargo, la fiesta se retomó sin ningún rencor cuando empezaron a sonar los hitazos grandilocuentes de “Hurry up, We’re Dreaming”, el más reciente “Junk”, y para terminar el mítico bocinazo de Briel en “Midnight City”.

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Fotografía: Óscar L. Tejeda

A la vez en el escenario Pepsi Hinds se batían con los franceses, logrando congregar un buen número de asistentes pese al complicado solape. El sonido en él no fue el mejor, y no ayudó demasiado el lo-fi destartalado de las madrileñas. Hinds se han curtido en un tiempo récord en cantidad de bolos por todo el mundo, y se nota, pero su directo en Bilbao careció de cierta fuerza y soltura por parte de sus componentes. Quizá fuera que el contexto de un festival no les favorece, aunque a priori su música se diera a ello. Con todo, los temas de su “Leave Me Alone” sonaron casi tan frescos y agradables como en el disco.

New Order fueron los grandes damnificados de los horarios del primer día. Su actuación previa a Arcade Fire y en un escenario distinto les complicó la existencia, pero los Summer, Morris y compañía defendieron su repertorio con perfecta solvencia, y dejaron para el recuerdo sus interpretaciones de “Blue Monday” o “Love Will Tear Us Apart”. Pero el plato fuerte del día, y para muchos, de todo el festival, era a continuación. Arcade Fire llenó el escenario principal hasta los topes, tanto de público como encima de él. Repitiendo por lo visto casi al milímetro su ejercicio de calentamiento previo en Barcelona, y con una Régine en plan diva y maestra de ceremonias antes de cederle el relevo a Win Butler. Comenzando por “Ready to Start”, y “The Suburbs”, y con una apoteósica “Sprawl II”, incluso los temas de «Reflektor» funcionaron de maravilla, con un juego de espejos y luces elegantísimo. Para el que suscribe, el momento álgido llegó con unas “No Cars Go” y “Power Out” inmensas y capaces de llegar directas a las entrañas. Cuando uno se rinde al barroquismo de los canadienses, sólo le queda disfrutar de  su espectáculo denso y excesivo, cabezudos incluidos. Arcade Fire son gigantescos, y con conciertos como el del otro día, sólo engrandecen su leyenda.

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Fotografía: Liberto Peiró

VIERNES 8 DE JULIO

La colocación de José González a media tarde en el escenario principal quizá no fuera la más adecuada para su folk íntimo, aunque no lo pudimos confirmar por llegar tarde imperdonablemente a Kobetamendi. A Ocean Colour Scene por fortuna sí, y menos mal. Los británicos editaron y publicaron en una hora un manual de instrucciones sobre cómo conservarse bien y no perder un ápice de genialidad en veinte años. Abrieron con un cover de los Beatles, “Day Tripper”, y a partir de ahí tocaron íntegro “Moseley Shoals” en el orden original de las canciones, para terminar tocando unos cuantos temas del que para muchos es su joya de la corona, “Marchin’ Already”.

Al final de OCS la población del BBK Live tenía dos opciones tan polarizadas que dudo bastante que muchos tuvieran un dilema moral eligiendo una de las dos. Por un lado, los reyes indiscutidos del indie nacional, Love of Lesbian, y por el otro, simplemente, Belako, que abarrotó el escenario Pepsi como pocos o ningún grupo en todo el festival. Un servidor optó por los segundos, y debo decir que fue un acierto total. Los cuatro de Mungia, que dieron un concierto absoluto, completo y sobresaliente, se acabaron de coronar como la mejor banda española del momento. Para el que no les haya visto en directo entiendo que esta afirmación le suene como un tópico o un titular barato, pero es la simple y llana realidad, visto siempre desde un punto de vista subjetivo. La única posible pega, la elección del tema final, que no desató la locura como la mayoría de las anteriores. Bueno, y la ausencia de “Molly and Pete”.

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Fotografía: Javier Rosa

Muchos agoreros no se cansaban de repetir que Pixies no son lo que eran, que la edad les ha causado estragos y que no se mueven en el escenario. Y tenían razón. Y aun así, los Pixies dieron de largo el mejor concierto de todo el BBK. Eso teniendo en cuenta que el día anterior tocaron unos tales Arcade Fire y el día siguiente se preveía cargado. Frente al pop barroco de los protagonistas del día anterior, Black Francis y sus socios ofrecieron otra alternativa igualmente válida consistente en soltar guitarrazos sin piedad y tirar de un setlist infinito (ni más ni menos que 31 canciones) con especial importancia de la Santísima Trinidad de discos del rock indie como son “Doolittle”, “Surfer Rosa y “Come On Pilgrim”. Incluso los nuevos singles, “Um Chagga Lagga” y otro llamado “Classic Masher”, sonaron grandiosos, aunque todavía bien lejos de las auténticos barbaridades que sonaron en forma de “Wave of Mutilation”, “Hey” o “Where Is My Mind?”. A destacar el papel impecable de la joven bajista suplente de Kim Deal, la argentina Paz Lenchantin. Gloria eterna a las guitarras, o lo que es lo mismo, a los Pixies.

Sin tener gran cosa que ver más allá de lo eléctrico de su apuesta, Slaves rindieron una buena continuación a los Pixies para los amantes del punk más puro y duro. Fraseos cercanos al rap y derroche absoluto de energía y potencia del dúo, con el batería puesto en pie durante todo el bolo, desatando la locura final con “The Hunter”. Para cerrar la jornada, Tim Sweeney y Erol Alkan fueron los protagonistas del único rato que pasamos en el espacio Basoa de música electrónica. El escenario, novedad de este año, resultó ser tan espectacular como se esperaba, y el contexto del bosque dotó a las sesiones de los DJs de un ambiente extraño y de fantasía que dejó alucinado al personal.

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Fotografía: Óscar L. Tejeda

SÁBADO 9 DE JULIO

Última jornada de festival y también la que mayor densidad de grupos imprescindibles traía consigo. Era tan triste como inevitable que no se pudiera acudir a todos los que sobre el papel aparecían en rojo y subrayados. En el caso de un servidor la baja dolorosa fue la de Courtney Barnett, que abría una tarde repleta de nombres apetecibles. Por lo oído en el camping, la australiana fue más maja que las pesetas y su propuesta de rock gamberro y sin pretensiones cuajó perfectamente.

A Courtney le siguió el personaje más excéntrico, interesante y rompedor que pisó Kobetamendi este año. Y es que Father John Misty demostró que no hace falta tocar muy rápido o muy fuerte o haciendo punk con pogos salvajes para ser el agitador por excelencia de la cita. Josh Tillman (su verdadero nombre) ofreció un auténtico espectáculo en el sentido más amplio y puro de la palabra, contorsionándose en el suelo y levantándose poseído mientras intercalaba temas tanto de su majestuoso “I Love You, Honeybear” como de su predecesor “Fear Fun”. Al final de su extraordinario bolo quedaron claras dos cosas: la primera, comprensión absoluta hacia la chica que le metió la lengua hasta la tráquea al acabar el concierto; y la segunda, que menos mal que en España tenemos a un showman que se le parece y que se llama Bigott.

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Fotografía: Liberto Peiró

Con unos teloneros de semejante calibre y a una hora un tanto tempranera, Kevin Parker no las tenía todas consigo de arranque. Pero Tame Impala vive por encima de los escenarios y las circunstancias y produce su propio espectáculo único ajeno a todo lo demás. Se le podrán achacar defectos a la formación australiana, pero lo que está claro es que cada concierto suyo es una experiencia que trasciende lo estrictamente musical. El de psicodelia es un término ambiguo y flexible, pero ellos lo representan a la perfección. Por eso, temazos como el “Nangs” de arranque, “Elephant”, “Gun” o el profundamente adictivo “The Less I Know The Better” conquistaron a todos los presentes y rindieron la colina a sus pies. Tame Impala ya son grandes, pero es posible que más pronto que tarde se les otorgue el reconocimiento que merecen.

Entre los dos  grandes nombres del día se colaron unos invitados cumplidores como Editors, que a lo largo de su ya medianamente extensa trayectoria han ido acumulando una gruesa colección de buenos temas incluso a pesar del relativo bajón de sus dos últimos trabajos. “Smokers Outside the Hospital Doors”, “Munich” y “Papillon” sonaron de maravilla, y Tom Smith se dejó la piel en el escenario, cosa que siempre es de agradecer.

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Fotografía: Óscar L. Tejeda

Aunque nadie lo dijera, todos lo sabían: el hecho de haber dos co-cabezas de cartel en la jornada del sábado suponía un duelo implícito entre ambos. Un duelo de altura y para el que cada uno sacará un ganador distinto, pero para el que escribe la decisión está clara. Foals superaron el gran concierto de Tame Impala supliendo la magia psicodélica de ellos por garra, guitarrazos y el carisma de uno de los frontmen más en forma del momento. Los británicos dieron un salto de calidad abismal con su último disco, “What Went Down”, y lo mejor de todo es que son conscientes de ello. Por eso, aunque saltearon su setlist con éxitos sin paliativos como “My Number” o la magnífica “Spanish Sahara”, los “Mountain At My Gates” o “A Knife In The Ocean” son los himnos que marcan el camino a seguir por Yannis y compañía.

Mientras los gallegos Triángulo de Amor Bizarro se corrían una juerga de las suyas en el Pepsi, algunos hacíamos tiempo para ver el último gran concierto de esta edición del BBK Live. Wolf Alice se presentaron con puntualidad inglesa en la carpa con la única intención de echarla abajo a guitarrazos. El gusto por el ruido por parte de la agrupación del norte de Londres probablemente les condene a no acceder al mainstream ni a públicos tan amplios como Foals en su vida, pero si eso les mantiene fieles al sonido que han desarrollado en sus primeros pasos como banda, bienvenido sea. Ellie Rowsell, con sus 23 años escasos, se mostró como una líder en toda la dimensión de la palabra, con un manejo impactante de la guitarra y una facilidad natural para empatizar con el público (y, por qué no decirlo, enamorar a más de uno, entre los que un servidor se incluye). Y así, enamorados un año más, nos retiramos de Kobetamendi, sabiendo que el año que viene las guitarras volverán a poblar Bilbao de nuevo.

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Fotografía: Óscar L. Tejeda

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