Seguro que alguno de vosotros ha pasado las vacaciones en el mismo sitio varias veces. Puede que incluso las hayáis pasado toda vuestra vida en ese lugar, viendo cómo cada año todo era igual que el año anterior y a la vez algo parecía haber cambiado. Incluso aunque siempre hicierais lo mismo y al final tuvieseis un recuerdo conjunto de ese lugar formado por todas las veces que estuvisteis allí, sabes que cada una tuvo algo diferente de la anterior. También podemos mirarlo desde la perspectiva contraria, fijándonos en el lugar en el que has vivido siempre o has pasado (e incluso pasas) el mayor tiempo de tu vida. Seguro que te has ido de allí muchas veces durante periodos de tiempo más largos o más cortos, y cada vez que has vuelto, te has encontrado algo distinto a pesar de que todo te resultase exageradamente familiar. Y es que la vida es un flujo constante que nunca se detiene, y eso también propicia un constante cambio. Un cambio tanto exterior como interior. Nada es exactamente igual cada vez que volvemos a un sitio, e incluso sin movernos de allí podemos apreciarlo si prestamos un poco de atención, pero es que nosotros tampoco somos los mismos. Y por supuesto, este ciclo también afecta a la música. Así han decidido reflejarlo King Gizzard & The Lizard Wizard en su última referencia, “Nonagon Infinity”.

“Nonagon Infinity”: una dimensión infinita

El grupo toma un par de conceptos con los que ya llevaban tiempo trabajando y los elevan a la máxima potencia. Esos conceptos son tan simples como complejos y se encuentran estrechamente relacionados: el infinito y el presente.

A estas alturas ya deberíais saber de sobras quiénes son King Gizzard & The Lizard Wizard, pero si alguien todavía no se ha enterado, que corra a leer nuestras anteriores críticas. En realidad no habíamos planeado este bombardeo, pero ya que ellos se empeñan en seguir dando motivos de qué hablar y sacar un disco cada seis meses, no nos queda otra que seguir dándoles bombo, y más cuando su calidad aumenta con cada trabajo. Si algún día tenemos la suerte de publicar un artículo o especial sobre la escena musical australiana, tened por seguro que ellos ya habrán llegado a la cima. Pero vamos a lo que toca. “Nonagon Infinity” es el enésimo trabajo de una banda que se reinventa a sí misma dos veces al año. Una banda que se ha construido disco tras disco hasta llegar al punto en el que estamos hoy.  Desde su principal vertiente psicodélica ya clásica (“Float Along – Fill Your Lungs”, “I’m In Your Mind Fuzz“) hasta sus coqueteos con el jazz (“Quarters!”) y el pop y el folk (“Paper Mâché Dream Balloon”), siempre impregnados con su característico toque garajero. Viendo lo que nos brindan en este momento, casi pareciera que todo ha formado parte de un plan perfectamente calculado.

Probablemente lo que ha sufrido el grupo no es más que una evolución natural tras tantos meses desarrollando su sonido y agregando y experimentando con nuevos estilos. Pero lo que encontramos aquí no es simplemente un paso adelante en cuanto al aspecto sonoro. El grupo toma un par de conceptos con los que ya llevaban tiempo trabajando y los elevan a la máxima potencia. Esos conceptos son tan simples como complejos y se encuentran estrechamente relacionados: el infinito y el presente.  Ya habíamos visto en sus referencias principales la tendencia del grupo a componer temas extensos y jams sin un fin concreto, ya sea arrojándolos del tirón o dividiéndolos en partes, pero nunca en una escala tan grande. Lo que encontramos esta vez es básicamente un único tema. Dividido en varios movimientos, pasajes o como queráis llamarlo, pero una sola canción al fin y al cabo. Y lo más sorprendente es que no tiene principio ni fin, gira sobre sí misma una y otra vez. Así podemos leerlo en su Bandcamp, donde el único mensaje que dan acerca del disco es el siguiente: “play it on infinite loop”. Sí, podéis comprobarlo, si engancháis la última canción con la primera, encaja perfectamente. Para mí ese simple hecho ya hace de este un disco enorme.

Pero no todo se queda ahí. Hay otro detalle que caracteriza cada uno de los minutos que componen el trabajo presente: son fruto de un momento. Concretamente, del momento en que fueron grabados. Por esto venía el párrafo que abre esta crítica. A veces parece que olvidamos que un disco no es sino la captación de un momento tan efímero como la vida misma. Lo que ayer sonaba de una manera, hoy puede sonar de manera totalmente distinta. Las canciones no se graban para que permanezcan estáticas para siempre. Como cada aspecto de nuestra vida, están sujetas al cambio. Cada vez que una canción se toca en directo suena diferente. Y más aún respecto a su versión de estudio. Así es como Stu Mackenzie, cabecilla de King Gizzard, percibe al grupo y el propio disco. Para él su música es una evolución constante, y quién sabe a dónde puede llevarle una misma canción. De esta forma se concibió este “Nonagon Infinity”, grabado entre idas y venidas en un período de tiempo bastante extenso. Tan extenso que entre su comienzo y su finalización les dio tiempo a sacar “Quarters!” y “Paper Mâché Dream Balloon” para descansar un poco de la exigencia de un trabajo como éste.

“Nonagon Infinity” es como montarse en una montaña rusa dentro de una casa del terror y una casa de los espejos juntas. Es un disco que reúne todas las influencias y estilos que King Gizzard & The Lizard Wizard han desarrollado a lo largo de su no tan extensa carrera tanto en el campo musical como en el lírico y el imaginario.

Un disco sin principio ni fin está destinado a empezar de manera atropellada. Así lo hace “Robot Stop”. Rápida, agresiva e intensa desde el primer segundo. Comienza el loop y le toca al oyente intentar sumergirse en él. Pero una tarea así no es nada complicada cuando escuchamos una amalgama de riffs y versos tan divertida, que nos invita a formar parte de la fiesta con ese “Nonagon infinity opens the door” que se repite al comienzo y varias veces a lo largo del disco, funcionando como leitmotiv. La puerta al maravilloso mundo del rey molleja y el mago lagarto está abierta, y antes de que te quieras dar cuenta ya te habrán encerrado y hechizado. Sus siete componentes arremeten contra sus oyentes a través de sus instrumentos y cuando tenemos tiempo para reaccionar ya hemos pasado a “Big Fig Wasp” sin rebajar la intensidad ni un segundo. A ello hay que sumarle los versos que se recitan a lo largo de los temas. Cantos de brujería, misticismo y terror ya clásicos en el grupo que sirven en muchas ocasiones como metáfora de la vida real para criticar el consumismo y el trabajo incesante a la que está sometida la mayoría de la gente.

Así nos conducen a “Gamma Knife”, punto álgido del disco, donde el loop sigue con ese ritmo robótico tan típico en ellos y que con tanta maestría han aprendido a manejar. ¿Qué qué significa gamma knife? Literalmente, es un tratamiento realizado por radiación a adultos y niños con pequeños tumores cerebrales y otras enfermedades que provocan daño crónico. Si los temas anteriores nos hablaban de trabajar sin descanso como un robot y de avispas gigantes atacando a la humanidad, aquí se nos habla del deseo de conseguir una cura para aliviar el dolor, sin éxito alguno. Y ahí está “People Vultures”, uno de los temas más agresivos del disco, en el que se habla del lado oscuro del ser humano, comparándolo con buitres que te persiguen para obtener hasta tu última gota de energía (“people-vultures God approaches, final hearing, what else have I got to spew down?”). Es aquí, tras cuatro piezas afiladas al máximo, donde el disco toma un pequeño respiro con “Mr. Beat”, tramo que recuerda al sonido más desenfadado de “Paper Mâché Dream Balloon”, con un boogie que sin despegarse del metrónomo que cada componente parece llevar incorporado en sí mismo, baja las revoluciones y da motivos para engancharse a todos aquellos para quienes pueda resultar un álbum difícil de escuchar.

Todo este cóctel sirve para construir su trabajo más ambicioso y de mayor calidad hasta la fecha. Un álbum conceptual que llevaba tiempo pasándoseles por la cabeza y que ellos mismos han tildado como el primer disco infinito de la historia.

El toque surfero se desvanece en cuanto entra “Evil Death Roll” y la imaginería de película de terror de serie B vuelve acompañada de esos riffs que funden lo mejor del heavy-psych más clásico de grupos como Black Sabbath con el garage rock más oscuro, heredero de aquella época y que se manifiesta actualmente en gente como Ty Segall en su fabuloso “Slaughterhouse” o Thee Oh Sees en su “Carrion Crawler/The Dream”. La diferencia es que aquí tenemos una improvisación continua que gira y gira sobre sí misma y cuando parece despegarse y desarrollar una nueva idea, vuelve a la anterior y las funde, encontrando aquí una premisa del siguiente tema (“you distort the notion of the place, the universe’s other face, the speed of light has slowed apace, the universe’s other face”) con el leitmotiv una vez más y despidiéndonos con el tema en cuestión (“so let’s start killing things ‘cos you started everything, and let’s start severing limbs, evil death roll”).

Cuando entra “Invisible Face” ya somos conscientes de que esta es una de las mayores bazas del grupo. Tomar una idea y jugar con ella para explotarla lo máximo posible, ya sea una frase, una melodía o un riff. Continuamente podemos apreciar frases que se repiten, en distintos tonos, a mayor o menor velocidad, a veces a través de los instrumentos y otras acompañadas con la voz. Y aun así, nunca serán suficientes escuchas para percibir todos los detalles que contiene este disco. Porque la cantidad de sonidos, de instrumentos y de estilos que se combinan es apabullante. Este mismo tema cae a mitad en una especie de ensoñación en la que el universo ha caído (“I climb up the stalk and plant the vean, the universe is a machine that has awoken from a dream, the universe is a machine”) para volver después al inicio, mientras que “Wah Wah” describe cómo de este universo que parece resurgir, aparece la figura maligna de Satán para hacerse con el poder y sumir el mundo en el caos y el terror otra vez, enfatizado con esas melodías de flauta que el grupo lleva incluyendo en varios discos (“I’m the chieftain of your feelings, I’m the God of air you’re breathing, you cannot escape my dealing, I will make you cry”). Así dejan claro en “Road Train” mediante riffs cercanos al stoner que es la figura diabólica por excelencia la que a través de un tren distorsiona tiempo y espacio y nos sumerge en la infinidad encerrada en este trabajo de 42 minutos que tienden a extenderse hasta el infinito. Porque como ya hemos dicho antes, aquí no hay un principio ni un final, pues, una vez más, la puerta queda abierta.

“Nonagon Infinity” es como montarse en una montaña rusa dentro de una casa del terror y una casa de los espejos juntas. Es un disco que reúne todas las influencias y estilos que King Gizzard & The Lizard Wizard han desarrollado a lo largo de su no tan extensa carrera (el grupo se formó en 2010 y su primer disco de estudio salió en 2012) tanto en el campo musical como en el lírico y el imaginario. Tenemos su sonido añejo y garajero que lo diferencia del prog más tradicional, sus riffs afilados, sus toques jazzeros, sus ritmos robóticos, sus flautas, sus improvisaciones, sus progresiones y sus melodías funcionando como motif. Y también tenemos sus letras y su imagen que combinan el terror de serie B con la ciencia ficción de las películas de los 80 además de sus referencias bíblicas, cósmicas, satánicas y místicas. Todo este cóctel sirve para construir su trabajo más ambicioso y de mayor calidad hasta la fecha. Un álbum conceptual que llevaba tiempo pasándoseles por la cabeza y que ellos mismos han tildado como el primer disco infinito de la historia. No nos atrevemos a confirmar semejante declaración, ni nos importa en realidad. Lo único que queremos es seguir disfrutando con un grupo que año tras año no hace más que darnos una alegría tras otra. Y que tú también te unas. Ya sabes: “Nonagon infinity opens the door.

King Gizzard & The Lizard Wizard – Nonagon Infinity

8.8 HOT RECORD

Si hacer un disco conceptual ya es una tarea complicada de por sí, conseguir innovar más allá de tu propio sonido es más difícil aún. Pero King Gizzard & The Wizard Lizard salen airosos de este reto con un trabajo que combina todas las características que han desarrollado a lo largo de su carrera y las funde en un álbum que nunca empieza y nunca acaba tanto instrumentalmente como por su contenido lírico.

  • El concepto: innovador, perfectamente ejecutado y con un resultado espléndido.
  • Reúne todos los grandes elementos (que son muchos) del grupo y construye un muro irrompible.
  • “Gamma Knife” funciona muy bien como hit y pieza individual.
  • Consigue su cometido: es muy adictivo y al final acabas teniendo el ‘repeat’ activado para entrar en el bucle que propone.
  • No sólo confirma al grupo como uno de los más importantes de la escena australiana y de la escena garage y psicodélica, sino que desde ya lo convierte en una leyenda gracias al misticismo y a la magia que rodean a la banda.

  • Las primeras escuchas pueden hacerse algo duras al ser 42 minutos sin parar y al tener un sonido más pesado e incluso veloz que el de sus trabajos anteriores.