Crónica Vida Festival 2016: jueves 30 de junio, viernes 1 y sábado 2 de julio

El Vida consolida su tercera edición con el contundente apoyo del público y reafirma su voluntad de contar con bandas más alejadas de los grandes circuitos actuales

De camino al festival Vida nos encontramos con la primera operación salida de julio, y eso sólo quiere decir una cosa: oficialmente el verano ya está aquí. Y eso, pese a la espera, llena de alegría a cualquiera. Con el mar de fondo entramos en el término municipal de Vilanova i la Geltrú y nos dirigimos a la primera jornada de conciertos del Vida, en el bucólico recinto de La Masia d’en Cabanyes. Lo primero que piensa uno al entrar en el festival es que si hay que reconocerles algo es que los detalles están bastante pensados. Ya sea el mágico camino a través de palés que nos guía hacia el bosque, o el pequeño recorrido entre los árboles en el que se descubren pequeñas sorpresas geométricas, la gente no mentía al decir que es uno de los festivales más bonitos de nuestras tierras.

JUEVES 30 DE JUNIO

A pesar de ello, el reclamo fuerte del Vida es la música y en el día de apertura las vimos de todos colores: del pop-rock sucio de los locales Mareta Bufona al groove tropical de Extraperlo. Ambas formaciones fueron la banda sonora con la que nos movimos al llegar al recinto y descubrir la originalidad arquitectónica de los escenarios. Por un lado teníamos la cabaña de madera robusta que más tarde temblaba con la psicodelia de matiz dadaísta que presentaron Zulu Zulu y bien cerca se ubicaba la famosa barca, que tuvo que esperar un día a ser montada probablemente por precaución, ya que Belako se encargaron de catapultar el público al éxtasis absoluto con los bien logrados temas de sus dos discos, que sonaron con total intensidad desde el primer momento.

VIERNES 1 DE JULIO

La segunda jornada del festival, la primera de gran formato, nos dio la oportunidad de ver el directo de Papa Topo, aquella formación que hace ya seis años cogió cierta repercusión con su divertido “Oso Panda” y que tras cambios estructurales hace nada presentó su primer largo “Ópalo Negro”. Adrià y los suyos son la fiesta personificada, si bien se han alejado del pop piruleta con el que nacieron y ahora nos recordaron a unos Fangoria apurpurinados que el público recibió la mar de bien. Solamente podríamos puntualizar un fallo y es lo bajo que sonaba la voz acompañante de Júlia, con quien no pudimos acabar de disfrutar del todo de temas duales como “Lo Que Me Gusta Del Verano Es Poder Tomar Helado”.

Tras el movido concierto de los Papa Topo se entreoían al otro lado del bosque los primeros acordes de Kiko Veneno, aliado con Refree. Ambos encima de la barca (montada, ahora sí). Delante del peculiar escenario se congregó una gran cantidad de público atento al veterano compositor que supo meterse a la audiencia en el bolsillo, con la que coreó temas tan emblemáticos como “En un Mercedes Blanco” o “Reír y Llorar”.

Sin pausa pero sin prisa, dado a que el festival es pequeño y afortunadamente no hay que ponerse histérico para no perderse nada, nos acercamos de nuevo al peculiar escenario de La Cova, justo a tiempo para escuchar el primer tema de The New Raemon. Ramón y compañía presentaban los temas de su último largo “Oh, Rompehielos” con especial aceptación entre el público de canciones como “Reina del Amazonas”, “El Yeti” y “Oh, Rompehielos”. Ramón, trajeado y con gafas de sol, mantuvo magníficamente la compostura en sus temas más antiguos que se encargaron de cerrar el set dejando muy buen sabor de boca.

Fotografía: M.G.
Fotografía: M.G.

En la gran esplanada donde se ubicaron los dos escenarios principales empezaban a sonar las notas de los irlandeses Villagers, probablemente uno de los grandes reclamos folk dentro de la clase media del cartel. Conor O’Brien adaptó sus temas a la cita añadiéndoles más fuerza a base de contrabajo y arpa. El setlist parecía preparado para poner el público a tono a medida que entraba la noche y eso hizo que el reparto sonara más contundente en directo que en sus discos, pero ese cambio de registro quedó totalmente justificado. No estuvo tan acertado el orden de canciones de los locales Manel, quiénes nos dejaron con un hype muy alto tras su paso por el Primavera Sound. Poner temas movidos como “Boomerang” seguido de su controvertida “Temptacions de Collserola” no acabó de levantar los ánimos. Un juego de velocidades en el que se demostró que si bien en general el público todavía no tiene muy controlado su disco nuevo, habría que lograr un repertorio más orgánico entre sus clásicos y sus nuevas propuestas, sin que estas choquen tan drásticamente.

Justo después de Manel tocó regresar al escenario Masia, donde se preparaba uno de los platos fuertes de la noche: Unknown Mortal Orchestra, que salieron decididos a sacudir toda la esplanada con sus archiconocidos ritmos a medio paso del funk y el disco. Hubo tiempo incluso para que Ruban Nielson se diera un baño de masas saltando a cantar entre el público, momento en el que no faltaron los selfies y los abrazos. Con toda esa energía la ovación quedo completa con el final del set, conformado por “Multi-Love” y “Can’t Keep Checking My Phone” que sonaron de maravilla en can Cabanyes.

Un poco después de medianoche empezaba el indiscutible cabeza de cartel del Vida. Wilco salieron al ruedo dispuestos a defender su notable último disco “Star Wars”, que ocupó poco más de la mitad del concierto. Que Wilco llevan ya muchos años a sus espaldas se notó y mucho, para bien y para mal, a pesar de que su comodidad y buena conjugación encima de las tablas son agradecidas, hay que reconocer que se levantó una barrera entre público y espectador, fortificada por la monotonía con la que sonaron la mayoría de los temas. Es cierto que Wilco no son un grupo de bailar a base de hits (afortunados fuimos de escuchar “Jesus, etc”), pero fue uno de esos conciertos en los que uno sale con sensación de playlist, en el que todo suena mecánicamente bien.

Tras Wilco empezaban dos grandes propuestas nacionales, Triángulo de Amor Bizarro y Delorean, que ofrecieron un incremento de intensidad considerable y necesario para acabar la primera noche grande con buen pie, antes de que Guille Milkyway hiciera de las suyas con la entrañable alegría de conocer que La Casa Azul acabaron por ser confirmados para la próxima edición del Vida.

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Fotografía: M.G.

SÁBADO 2 DE JULIO

Llegamos justo a tiempo para ver al cantautor catalán Nacho Umbert, encima de la barca y acompañado de Refree, quien bromeaba con ser el capitán de la embarcación debido a sus múltiples apariciones durante el fin de semana. El dúo de guitarras aportaba una calidez que reforzó las imágenes que canta Umbert, y de nuevo la buena acústica y el paraje idílico reforzaron mucho la calidad y la poética del concierto.

Muy distinto fue el registro que nos encontramos en uno de les escenarios grandes, dónde aparecía con un rollo muy místico el Niño de Elche, cuya puesta en escena sorprendió a más de uno. Francisco Contreras abandera una reformulación del flamenco combinándolo con electrónica y casi casi la performance y de cuyo último álbum «Voces Del Extremo» ya hemos hablado por aquí. El humor y el eclecticismo fueron plato de muy buen gusto para los asistentes del festival, que después pudieron disfrutar de una de las sorpresas más agradables de esta edición: Basia Bulat. Faltarían piropos para definir lo romántico que fue el concierto, de nuevo encima de la barca y fielmente acompañada de su autoharpa, Basia ejecutó con mucho amor cada canción, moviéndose sentimentalmente al mismo ritmo que el público, encandilado con la canadiense.

Fotografía: M.G.
Fotografía: M.G.

Sin mucha prisa tras tan emblemático encuentro nos dirigimos hacia Balthazar, una formación muy joven de Bélgica que ha acumulado bastante buena crítica en el centro de Europa. El pop-rock reposado confirmó de nuevo la voluntad del Vida de contar con una línea sonora más tranquila de la que acostumbramos a encontrar en los festivales de sus características. Los belgas ofrecieron un concierto muy fresco y animado, conectando en todo momento con el público que a esas horas ya tenía un tamaño considerable, pues en poco menos de una hora empezaba una de las bandas más esperadas de esta edición: The Divine Comedy. Arrancaron con “National Express”, una de sus canciones más emblemáticas con la que un Neil Hannon sonriente y siempre atento embobaba a un público que recibía con los brazos abiertos cada una de sus canciones. El pop barroco de los irlandeses caló muy bien, tragicómico en sus temáticas. Hannon aprovechó para presentar algunos temas del disco que saldrá en septiembre, y son temas que a primera escucha sonaron bastante más melancólicos de lo habitual. Hubo pequeños bailoteos en el escenario, críticas al Brexit e incluso alguna que otra broma hacia la calidad de sus instrumentos. Lástima que en este concierto el sonido también estuviera un poco bajo para gusto de un servidor (lo mismo pasó con Manel y Wilco), pero tal y como están las cosas en Vilanova vamos a no quejarnos mucho por el volumen…

Fotografía: M.G.
Fotografía: M.G.

Cuando Nada Surf salieron al escenario dejaron claro que siguen en buena forma pese a llevar más de 25 años en activo. Los neoyorkinos aparecieron en formato trío, debido a que su nuevo guitarrista se había quedado colgado en algún aeropuerto (vaya, ese va a ser el hit del verano). A pesar de ello le dieron un garbo y una caña que nos dejó patidifusos, trasladando su incontinencia rock a toda velocidad con aquella rabia del inicio pero a la vez con la pulcritud del que sabe lo que hace. El pulso estaba muy arriba y llegaba el esperado turno de los Kula Shaker, quienes se mantuvieron fieles al misticismo hindú que les caracteriza. Nuevamente, otra formación que se mantiene igual de fresca que en sus inicios, sabiendo desatar de maravilla un huracán contenido entre el público, pues su regreso no les ha quitado ni ganas ni energía. Rock puntiagudo con breves toques de sítar, con el que tuvimos fiesta para rato. Increíble la motivación de la arena con “Hush”, uno de sus temas más emblemáticos.

Al otro lado del festival, y al mismo tiempo que Kula Shaker, los murcianos Perro estaban haciendo de las suyas en La Cabaña, cuya estabilidad es admirable. Los asistentes más jóvenes se agolparon para desatarse al punk nervioso de la formación, que estuvo plenamente entregada con su «Estudias, Navajas» en plena acción. Poco después, y cerrando el escenario grande los !!! salieron a la estrada. Quien escribe estas líneas no los había visto nunca y la verdad es que quedé impresionado. Escuché algún comentario de que ya se les había pasado el arroz pero, la verdad, ojalá a mí se me pase de esa manera. Qué motivación, qué locura… ese señor parecía estar en todo el escenario a la vez, había que estar pendiente de las pantallas para no perdérselo. Las canciones de su último disco (“Freedom! ’15” fue todo un temazo) se fusionaban peligrosamente bien con sus temas más míticos (locura con “One Girl/One Boy”). Hay que admitir que su línea sonora sonó bastante homogénea durante todo el concierto, pero tienen algo que motiva mucho más que en sus discos: consiguieron que nadie se quedara quieto, se levantó mucho, mucho polvo para acabar de quedar recubiertos de arenilla e irnos a casa con el fervor y la certeza de que el año que viene hay que repetir. (Por cierto, ¡Real Estate también estarán en el Vida 2017!)

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Fotografía: M.G.

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