Si nos hablan de Islandia, automáticamente aparecen parajes fríos y una orografía abrupta, acrecentados si acaso por la imaginación de una mayoría de personas que no hemos estado por aquellas tierras. Por otro lado, si nos hablan de música islandesa, el común de los mortales pensará en unos entretenidos Of Monsters and Men, aunque los más metidos en este mundo pensarán en la avant-garde Björk, los parajes post-rock de Sigur Rós o la electrónica, volcánica de hecho, de Múm. Aunque ahora podemos incluir a este kaleidoscopio estilístico el blues rock americano de Kaleo.

Frío, volcanes, palidez y un poquito de rock and roll

Adquiriendo, si acaso, la fiereza de los volcanes que los rodean y la crudeza del frío al que son sometidos en las noches eternas invernales, Kaleo nace como cualquier otro proyecto musical al uso: tres amigos de la infancia que se juntan para hacer música juntos hasta que el proyecto pide más cuerpo y es necesario la incorporación de un cuarto miembro que termine de perfilar un carácter más profesional. Debutaron en un festival islandés en 2012, lo que propició la grabación de algunos sencillos junto a un contrato con Sena, el sello más importante del país. Los singles triunfaron en su tierra natal, lo que derivó en una gira a nivel europeo que acabó por culminar en un contrato con la multinacional Atlantic y su posterior relocalización en Austin, abandonando entonces la base de operaciones de su natal Reykjavik.

kaleo-ab-2

Kaleo van a concentrar toda la energía de «A/B» al principio, haciendo que el resto de temas vayan al rebufo. De esta forma, lo único que consiguen transmitir es linealidad y falta de ganas.

Esto último tampoco les tuvo que suponer demasiado sacrificio, ya que desde un principio apuntaban fuera de sus fronteras. Todo de lo que bebe el estilo del grupo liderado por Jökull Júliusson es de la lejana América; desde su nombre con origen en un vocablo hawaiano (significando “el sonido/la voz”) hasta el estilo de raíces americanas de todo el álbum que culmina en una middle of the road song que es “Automobile”, un medio tiempo de la segunda mitad que canta a la carretera, a viajar de San Diego a México porque aparentemente parece ser más interesante que una ruta de 24 horas a lo largo de su país. Pero empecemos por No Good, el encargado de abrir este álbum con un riff de guitarra eléctrica impactante y altamente recomendado para abrir cualquier concierto y que acaba en un punteo rápido y pegadizo que podría hacernos pensar en el “Take Me Out” de Franz Ferdinand, pero con esa influencia americana en su ser. Aunque el protagonismo se lo lleve el juego de guitarras, quiero destacar el juego vocal rasgado y con carácter en los versos, jugando en los estribillos con unos gritos que emanan satisfacción. Es fantástico, pero, ¿sabes qué no es tan fantástico? La forma en la que se configura este álbum y en nada lo vais a entender.

De momento no tengo queja con la incorporación de Way Down We Goa continuación del trallazo anterior. Se trata de un tema más tranquilo, protagonizado por el piano con las guitarras relegadas a crear efectos ambientales a base de slide. La voz se encarga de llegarte al alma mientras el vocalista establece un diálogo con su padre acerca de lo que merecemos en la vida y de cómo acabamos. Un corte brillante, que hace pensar en Hozier en cuanto a estructura y melodía. Sin embargo, lo que encontramos a partir de este punto son momentos más bien mediocres. Todo es pasable, todo suena bien, pero no hay nada destacable. Broken Bonessuena a llanto soul coral que oirías en un bar de carretera de Mississippi, escenario donde toma lugar este tema. Este lugar se llena de una batería arrastrada que me hace pensar en unas cadenas (¿relación con “the devil’s going to make me a free man?), una parte vocal que suena igual de cabizbaja y una guitarra que parece arrastrar el agotamiento causado por los primeros tracks. Hay algún momento en el que despunta, como en la recta final, pero al final queda en un recuerdo sin más.

Dejar caer el peso de la segunda mitad del álbum en un tema MOR, un medio tiempo acústico, un cierre que tarda en arrancar y el tema que les catapultó a la fama en Islandia ha sido una decisión del todo inoportuna.

Las revoluciones y la energía disipada hasta ahora parecen reaparecer en Glass House”. Me gustaría destacar la línea melódica de apertura del bajo, ese gran olvidado, que se encarga de acompañar a la perfección al incesante y repetitivo punteo de guitarra que copa todo el tema y al que se suma vocalista acompañado de coro en el estribillo, dentro de una explosión de camadería destinada a unir al público en un cántico común. Es una pieza directa, que no busca que te comas mucho la cabeza: un prêt-à-porter; de aquí a un tiempo perderá su toque, pero hay que aprovechar todo lo que funciona de él ahora. Esa enseñanza es usada en Hot Blood, que rescata los puntos fuertes y accesibles del tema anterior aunque, por contra, nos llama más que el anterior. Será porque es menos previsible o porque la guitarra del estribillo suena algo más afilada, pero me ha ganado. Hay más altibajos, no suena todo tan lineal. Por último, cabría mencionar que Kaleo consiguen idear de un corte de tres minutos y medio una historia con inicio, nudo y desenlace, gracias a la configuración que lleva y al cierre apoteósico con el que ponen fin a la primera mitad de «A/B».

Lo que encontramos a continuación, en esta cara B, es el declive, la caída en picado. Cinco temas de carácter más tranquilo que empiezan con All The Pretty Girls”. Este lo hace de manera digna, con el protagonismo de la acústica, la parte vocal de un tono más alto y frágil y un sutil cuerpo de viento metal que da algo de empaque a los estribillos. Toda la tensión generada con gracia en este tema se pierde en la antes mencionada Automobile”, que no ofrece nada auténtico. Una esencia campestre, unos islandeses enfundados en botas de cowboy a lo sumo. Recuperando Vor í Vaglaskógi”, único tema en islandés del álbum y con el que se granjearon la fama, intentan dejar patente que lo que les hizo ser lo que son no tiene nada que ver con lo que nos han enseñado hasta ahora, que todo era una broma y te lo reconocen en la cara. Necesitamos más temas como este, que empiecen en la oscuridad con un punteo de eléctrica y unas voces sufridas para ir evolucionando en matices y en luz conforme avanza el metraje, añadiendo toques sutiles de vientos, secciones de cuerda… Mención aparte merece ese cierre orquestal explosivo.

Kaleo necesitan matizar su sonido, sus influencias y no intentar abarcar todo quedándose a medias o introduciendo pasajes que ofrecen poco.

De “Save Yourselfme encargo de recuperar la superposición vocal de tono alto-bajo de los versos y la evolución que experimenta a lo largo de su minutaje. Parte de lo acústico y acaba por añadir una interesante explosión instrumental al comienzo de la segunda mitad que desaparece demasiado pronto para mi gusto y no vuelve hasta demasiado tarde. En intención es un corte que está muy bien, pero en la ejecución habría que perfilar el objetivo: ¿buscamos ir a lo fácil o hacer algo grande? No han sabido qué escoger y se han quedado a medio camino de ambos. Finalmente, I Can’t Go On Without Youy sus seis minutos de duración se encarga de salvar los muebles de este álbum. Un track lento, pero con una densidad y una oscuridad en la que no me importa sumirme. Aunque tarde en arrancar, nos acabamos viendo inmersos en el clímax de esta oscuridad: una explosión de guitarras y elementos orquestales que hacen pensar en el post-rock de su tierra natal. Todo esto para que un silbido al final de todo nos lleve al silencio.

Este álbum tiene un problema, y es algo que le pasó a Hozier, cuya sombra estilística habita en este disco: concentran toda la energía al principio de «A/B» haciendo que el resto de temas vayan al rebufo. En primera instancia buscan recuperar esa esencia del comienzo, esa energía desatada y que totalmente subrayo de “No Good”, pero al final se dan cuenta de que no sirve de nada: ¿Para qué? Vamos por otro camino. No obstante, lejos de mejorar la situación se enfrentan al problema de que lo único que consiguen transmitir es linealidad y falta de ganas.

Tal vez con un distinto orden de las canciones se hubiera podido mejorar este aspecto. Dejar caer el peso de la segunda mitad del álbum en un tema MOR, un medio tiempo acústico, un cierre que tarda en arrancar y el tema que les catapultó a la fama en Islandia (que no tiene demasiado que ver con el resto de «A/B») ha sido una decisión del todo inoportuna. Pero dejando de lado el tracklist, hay que decir que este álbum juega al despiste. En la primera escucha acabas con un buen sabor de boca, pero conforme te paras a pensarlo, ves que lo único especial que tiene es que rompe el molde de la música islandesa; traen al país frío la calidez de un rock que no se había exportado, o al menos, a nivel mainstream. Pero, una vez pasada la sorpresa inicial, ¿qué encontramos novedoso respecto a otros grupos u otro sonido? Absolutamente nada. Que sí, que reconozco que “No Good” y “Way Down We Go” son buenos temas, pero son los encargados de definir el sonido del disco y de defenderlo en su totalidad. Son dos contra ocho, tienen las de perder y aquí las predicciones no han fallado.

Si matizaran sonido, influencias y no intentaran abarcar todo quedándose a medias o introduciendo pasajes que ofrecen poco, la carrera de Kaleo a nivel de calidad musical podría mejorar mucho. Pero mientras tanto nos tendremos que conformar con verles entregar temas facilones destinados a funcionar en directo, pero no en su escucha detenida.

Kaleo – A/B


3.9 CREEPY RECORD

ES_Listen_on_Apple_Music_Badge_061115Get_it_on_iTunes_Badge_ES_0209

Kaleo se posicionan como el nuevo exponente de blues rock en Islandia, destilando un sonido que juega con las guitarras afiladas y con la acústica que bebe de la América donde ahora residen. Encontramos muchos aspectos por mejorar y matizar, pero como novedad y para pasar el rato no está mal; hay algo de entretenimiento entre tanto sinsentido.

Up

  • El inicio con “No Good” y “Way Down We Go”.
  • El final de “Hot Blood”.

Down

  • Ese punto de originalidad lo pierden ellos solos con una segunda mitad aburrida.
  • “Automobile” sobra completamente.
  • El auto-homenaje en “Glass House” intentando recuperar el sonido del inicio del álbum.