Vista la trayectoria que lleva este The Life of Pablo, una review nunca acabará de llegar lo suficientemente tarde: “Saint Pablo”, el último (y es-pec-ta-cu-lar) tema que pertenece al álbum y recién listado en el mismo ha llegado hace menos de un mes. Y es que esta es una de las muchas particularidades que encontraremos en lo último de Kanye West y que ya se ha apuntado desde otros muchos medios: la posibilidad del disco infinito o, dicho de otra manera, del álbum en constante gestación y parto. De hecho, el propio artista define el concepto de creación de este largo como una expresión viva, cambiante y creativa. A las pruebas y temas a los que aquí nos remitiremos a la hora de hablar de este último florecimiento de West serán a la última versión renovada que apareció del mismo, que data de este mismo mes, la cual aporta algunas variaciones leves pero significativas respecto a la primera que pudimos conocer. La pregunta ahora es: ¿Lo que está haciendo Kanye con este gesto es echarle un pulso a las leyes convencionales de la música mainstream a partir de la forma en la que ha nacido este disco? No sería la primera vez que el artista pusiera patas arriba los principales pretextos del universo pop en el cual se sabe perfectamente integrado: una vez consiguió llegar a su máxima cima comercial con “Graduation”, decidió dar una vuelta de tuerca para regalarnos el (incomprendidísimo e infravaloradísimo) ‘minimal’ “808s & Heartbreak” para disgusto de muchos; acto seguido daría un giro de 180 grados y sorprendería a crítica y público con el opulento “My Beautiful Dark Twisted Fantasy” para, finalmente antes del largo que nos ocupa, destrozar los límites de la musicalidad y adentrarse en terrenos gozosamente tecnológicos con “Yeezus”. En definitiva, lo suyo nunca ha sido conformarse.

Después de estos diferentes giros de guión, uno no sabía qué esperar del nuevo álbum de Kanye teniendo en cuenta que el espíritu de reinvención es constante en toda su trayectoria. Con esa sana incertidumbre, entramos en esta vida de Pablo casi cinco meses después de su lanzamiento, para ver cómo ha pasado el tiempo después de la sorpresa de la novedad, estado en el cual se debería hacer más de un análisis que seguro ha sido prematuro.

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¿Está Kanye con los constantes cambios y mutaciones de «The Life of Pablo» echando un pulso a las leyes convencionales de la música mainstream a partir de la forma en la que ha nacido este disco?

West ha autoproclamado en numerosas ocasiones que este es un disco de gospel, y para darnos un mazazo que nos haga entrar en esa disposición casi evangélica, entramos al álbum con Ultralight Beam, un tema opulento, repleto de coros y voces típicas de una iglesia del Bronx que, siendo escuchado el primer día sonaba fastuoso, pero ahora, después de la sorpresa, crece o decrece dependiendo del día que lleve uno. Sin duda, teniendo en cuenta todo lo que nos espera por delante, es la introducción perfecta para situarnos en ese estadio en el cual el propio West se coloca: después de “Yeezus”, el rapero ha llegado a otra fase espiritual donde es ligeramente superior al resto, y es desde estas alturas donde puede hablar con Dios de tú a tú, no como un simple y mero rezador más. En definitiva, más allá de estar a favor o no del discurso, la puesta en marcha es pomposamente efectiva. Con Father Stretch My Hands Pt. 1 arrastramos ese deje eclesiástico en los primeros segundos del tema, pero para justo después ponernos a tono en un estilo característicamente West: diferentes voces (aquí cae el amigo Kid Cudi), samples arramblados que se vuelven ecos en la melodía, catches urbanos hipnóticos para el oído… En definitiva, una canción tan contundente y redonda que sólo se puede permitir durar poco más de dos minutos. No le hace falta mucho más, tampoco. Kanye, en su estilo, nos concede esta suerte de canción romántica donde nos habla de un arrepentimiento infiel para saltar, directamente y sin vaselina, a la Pt. 2. Si en los anteriores temas ‘father’ nos hablaba de Dios, ahora esa misma palabra nos sirve para que West nos hable de su propio padre al cual referenciaba en el título del anterior tema. Hete en este tema una de las constantes que lo definirán, tanto en lo lírico como en lo estructural: por una parte, Kanye se abrirá en canal dejando al descubierto sus inquietudes más íntimas y personales, a modo de catarsis emocional; y, por otro lado, los tres samples que se unirán en un mismo tema lo hacen de una manera totalmente rupturista, al más puro estilo “Yeezus”, y es justo aquí donde encontraremos la idea germinal de todo “The Life of Pablo”, en la cual la variedad de sus estilos, totalmente periféricos entre sí, se mezclarán sin orden y casi sin sentido. Con sólo tres cortes, ya podemos agradecer este tipo de locura estilística que resulta tan renovadora y caótica.

Acto seguido,Famous, o la canción de la discordia. Entrar en los obvios rifirrafes y pullitas que se lanzan hacia Taylor Swift (y que denotan un alarde ridículo de misoginia, también) sería una tarea pesada y ya analizada en otros lares. Así que, ciñéndonos a lo puramente musical, nos encontramos ante un tema totalmente comercial que incluso cuenta con una Rihanna (infravalorada) en estado de gracia que viene a representar la fama en su máximo exponente. En “Famous”, Kanye explora los bajos fondos de la fama, a partir de los elementos más soeces y vulgares que ya quedan expuestos en el reciente videoclip del mismo tema. A destacar el momento ruptural de la canción en el cual se hace evidente el sample de “Bam Bam” de Sister Nancy, momentazo de la canción que la eleva a terrenos totalmente hedonistas, divertidos y mainstream por los cuales Kanye jugará fuertemente en este álbum después de estar bastante tiempo alejado de esos lares. Feedback, por su parte, es pura droga y exceso, tanto en la verborrea lírica de West como en los bajos electrónicos y sucisimos de lo musical. De nuevo, otro tema contundente y tremendo, que no da pie a ningún tipo de estatismo y que supone el camino natural del anterior largo del rapero hacia este: arrastrando los dejes electrónicos de bases profundas y repetitivas de canciones como “I’m In It” hacia recovecos más aptos para todos los públicos, pero con el mérito de saber contentar a todos los sectores.

Después de “Yeezus”, el rapero ha llegado a otra fase espiritual donde es ligeramente superior al resto, y es desde estas alturas donde puede hablar con Dios de tú a tú, no como un simple y mero rezador más. Más allá de estar a favor o no del discurso, la puesta en marcha es pomposamente efectiva.

Low Lights es un rezo en medio de este despedazamiento de la fama. Por tanto, lo del disco de gospel no es un comentario baladí. Durante estos dos minutos volvemos al minimalismo electrónico que el propio Kanye ya exploró en (el recomendadísimo, de verdad) “808s & Heartbreak” en una melodía musical puramente épica y tranquilizantemente gustosa de escuchar que ha de ser entendida como un interludio que se produce en una noche de hotel aleatorio, donde nos podemos imaginar a un West en una habitación, reflexionando sobre todo lo que le rodea. Esta oración es simplemente una plegaria nebulosa, casi en vano, que nos hace ir de las “Low Lights” de la nostalgia hacia las Highlights de la copiosidad y la abundancia. Este tema sólo se puede entender a través del ego desmesurado del rapero y su convivencia en el imperio Kardashian: la vida se ha de vivir en un estado de éxtasis donde los acontecimientos cruciales se suceden unos detrás de otros. La canción sería más simbólica y asumible a estas alturas del largo si Kanye se hubiera decidido por mantener a Madonna en los coros tal y como sonaba en algunas demos; después de diferentes referencias a la demasía y la riqueza, el mensaje empieza a sonar repetitivo. Suerte que rápidamente llega Freestyle 4, track dispuesto a llevarnos a los terrenos más tenebrosos de esta fama a partir de otro ejemplo de verbosidad de West. Aquí se aprecia el riesgo de la propuesta, la cual se mueve en parcelas pantanosas que nos hablan de sexo salvaje y orgías (¿un primer vistazo al videoclip de “Famous”, quizás?) de una manera totalmente cruda y, por tanto, temerosa en la cual el rapero habla desde el subconsciente hacia sí mismo sin ningún tipo de filtros, intrépido e impávido.

Con la más que divertida I Love Kanye entraremos en una nueva fase de “The Life of Pablo”. Para un servidor, la más notable de todas, en la que la autoconsciencia del personaje de West le llevará (y nos llevará) a lugares en los que, a partir de la autoafirmación que hace en este último tema, notaremos a un artista totalmente seguro de sí mismo. “I Love Kanye” es la necesaria patada en la entrepierna a todos los que ponen en entredicho al rapero a través de sus apariciones públicas, una oda al amor propio como vehículo de autodefensa ante los propios vaivenes profesionales y personales de la vida. Eso sí, aquí no valen melodramas: la aceptación y posterior satisfacción con uno mismo se tienen que rapear sin trampa ni cartón, y desde un sentido del humor envidiable. Este terreno emocional nos lleva, gracias a la insistencia de Chance the Rapper con que apareciera en el álbum, a Waves, pura euforia musical que queda aún más ensalzada con la aguda voz de Chris Brown. Este tema resulta aún más épico a partir de los segundos finales, donde intuimos a un Kid Cudi siempre agradecido de escuchar en manos de West. El mensaje positivista de Kanye a partir de la segunda estrofa embriaga el espíritu de todo el corte, sin duda, uno de los más redondos de todo el álbum. También es cierto que no estaríamos en un disco del artista que nos ocupa sin una pequeña dosis de realidad propia y subjetiva que nos dejara entrever las entrañas del genio… Eso aquí sucede con FML, junto a un The Weeknd que suena espectacular, tema en el que volvemos a ver su status como marido de la celebritie por excelencia, y donde musicalmente sorprende gratamente la ruptura casi lynchiana que se produce en el outro de la canción, que nos lleva a pasajes extraños de voces femeninas que reclaman nuestra atención de manera aterradora. Con este pasmo entramos al mejor tema de todo el disco, Real Friends, una vuelta a los orígenes musicales de West donde letra, tono y aportaciones extradiegéticas están en completa sintonía. En esta lírica cabe cuestionarse esos límites que tan bien conocemos sobre la vanidad de Kanye: ¿Puede un artista con semejante soberbia despotricar de sí mismo siendo consciente de todas sus faltas? Quizá ni los malos son tan malos, ni los buenos tan buenos.

“The Life of Pablo” parte de la idea de encontrarnos a un Kanye más humano, por muy imposible que parezca, dispuesto a exponer sus vergüenzas e incluso a reírse de sí mismo de una manera casi envidiable, motivos que nos hacen acercarnos un poco más a la figura del ya considerado genio.

Wolves, evidente enlace de la anterior canción, ha dado infinitas vueltas sobre sí misma hasta que al final se ha mantenido casi como surgió: con unos muy acertados Vic Mensa y Sia. Estamos ante una de las canciones sin duda más atmosféricas de todo el álbum, totalmente envolvente, en la cual se discuten sobre los diferentes sentidos de estar perdido y solo, incluso cuando estás acompañado. Frank’s Track es, en resumidas cuentas, el verdadero final de “Wolves” pero aislado de la misma, en una suerte del mismo tema pero en un registro más acústico y personal, no tan enfundado y solamente cautivador a partir de la voz de Frank Ocean. Siiiiiiiiilver Surffffeeeeer Intermission es el último interlude del álbum que nos conduce hacia su final, esta vez vehiculado por la voz de Max B que se erige como una especie de chamán energético conocedor del rumbo del propio disco. Su extraño mensaje da paso a 30 Hours, tema también misterioso en cuanto a los ecos musicales a los que remite, poco habituales en el estilo de Kanye. De nuevo aquí, otro arranque de sinceridad hecho canción (My ex says she gave me the best years of her life / I saw a recent picture of her, I guess she was right) en una tesitura totalmente melancólica que hecha de menos sus vivencias del pasado aferrándose a la realidad más presente, tal y como muestran los minutos finales de la canción, un freestyle de West no muy inspirado que ayuda a dar densidad a todo el conjunto del tema. No More Parties in L.A. es el ansiado duo del rapero con Kendrick Lamar, en un tema donde se mezclan los núcleos temáticos de ambos: la fama y la hipocresía del artista convertido en celebrity (es decir, ellos dos mismos como ejemplo). El “Suzie Thundertussy” de Junie Morrison encabalga perfectamente con la base del corte, sampleado de dicho tema; y es a partir de esta base donde tanto Kendrick como Kanye se despachan a gusto en una canción que es puro hip hop con reminiscencias de los 90, más disfrutable si se presta atención a la letra.

Facts, por su parte, se acoge a la moda del trap agresivo tan adoptada por los alumnos de Kanye, pero que en manos del artista que nos ocupa resulta quizá innecesaria a estas alturas del álbum. Aun así, “Facts” es divertida de escuchar si entramos en la vesania que West propone, con una melodía violenta que crece hacia tonos aún más bajos y que nos da alguna de las líneas más risibles de todo el álbum. Con Fade, Kanye se acerca a los ritmos tropicales y bailables tan de moda últimamente… pero no a cualquier precio. Allí donde encontramos temas de Drake o Justin Bieber con esta temática agudizada y totalmente vivaz, en “Fade” no tenemos ese componente de baile gratuito: los bajos nos hacen estar en una fiesta más suburbial que caribeña. Suerte de Saint Pablo, colocada como la última canción de “The Life of Pablo”, ya que el cierre con “Fade” nos dejaba un regusto agridulce. Esta pieza, pues, aglutina en sí misma el espíritu de cierre que un largo como este, tan repleto de viajes hacia diferentes lugares y sensaciones subconscientes, necesita. En ese sentido, “Saint Pablo”, de parecida manera a otros temas del elepé, es uno de esos cortes que tanto se agradecen en Kanye, ya que de nuevo se abre en canal en una melodía épica y emocionante, mezclada con ese espíritu distópico y urbano que aprovecha para exponerse abiertamente, sin filtro y con una elegancia que se hecha de menos en lo largo de todo el recorrido. En lo último que conocemos de “The Life of Pablo” nos hayamos un Kanye West desnudo, delante de todo lo que es respecto al universo social donde se haya tan vapuleado.

«The Life of Pablo» se entiende como la conclusión natural de la trayectoria de West después de comprender sus trabajos anteriores. De esta manera, recoge intermitentemente el minimalismo instrumental de «808s & Heartbreak», la ostentosidad de “My Beautiful Dark Twisted Fantasy” y el elemento electrónico-rupturista de “Yeezus”, todo ello desde un prisma que se acerca a la idea comercial que el propio Kanye ya vivió con largos como “Graduation” o “Late Registration”.

Después de 20 canciones totalmente diferentes entre sí, encontramos un camino común y un tipo de contenido conceptual que se puede resumir en dos ideas fundamentales dentro de la propia carrera de West. Por un lado, queda clara su posición respecto al universo de la fama. Esta fama y el propio concepto de ‘ser famoso’quedan totalmente ridiculizados durante el largo, y pasan de ser universos inexplorables para el oyente a ser lugares más profanos y comprensibles (no es casualidad que todas las celebridades que aparecen en el videoclip de “Famous” aparezcan durmiendo, una de las imágenes más frágiles del ser humano desde que el tiempo es tiempo). Por otro lado, otro de los temas recurrentes que encontramos en “The Life of Pablo” parte de la idea de encontrarnos a un Kanye más humano, por muy imposible que parezca, dispuesto a exponer sus vergüenzas e incluso a reírse de sí mismo de una manera casi envidiable, motivos que nos hacen acercarnos un poco más a la figura del ya considerado genio.

En lo que refiere a lo musical, el álbum se entiende como la conclusión natural de la trayectoria de West después de comprender sus trabajos anteriores. De esta manera, recoge intermitentemente el minimalismo instrumental de «808s & Heartbreak”, la ostentosidad de “My Beautiful Dark Twisted Fantasy” y el elemento electrónico-rupturista de “Yeezus”, todo ello desde un prisma que se acerca a la idea comercial que el propio Kanye ya vivió con largos como “Graduation” o “Late Registration” (“Famous”, “Waves” o “Father Stretch My Hands Pt. 1” como ejemplos) y, a su vez, a otra mucho más experimental y oscura que no resulta tan apta para todos los públicos (“30 Hours”, “Freestyle 4” o la rotura final de “Pt. 2”). Es en este crisol de musicalidades donde el rumbo del álbum no queda tan definido como en anteriores ocasiones, y donde los oyentes de toda la vida nos quedamos un poco desconcertados después de una escucha completa. Aun así, las decisiones que West toma ya vienen a hablarnos de ese espíritu agradecidamente precipitado, salvaje e inconsciente capaz de romper una canción hasta tres veces con tal de colocar tres samples (recordemos “Pt. 2”). Parece que ahora la batalla de Kanye, en medio de su figura pública conscientemente dañada consiste en hacer tambalear los cimientos de la industria musical a través de un álbum denso y compacto a la vez (hablamos de veinte canciones, pero de una duración media de tres minutos), con dos temas recurrentes a los que invoca interminables veces, repleto de compositores y productores diferentes… En definitiva, un auténtico ‘Body of work’ que viene a demostrar la transversalidad de un West que, sin estar en su temporada de vacas más gordas, no puede evitar sorprender incluso a aquellos que le llevamos escuchando desde casi sus orígenes. That’s power.

Kanye West – The Life of Pablo

8.7 HOT RECORD

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Kanye West, ya consagrado como genio ególatra, nos regala su particular disco de gospel donde la transversalidad y ese espíritu salvaje tan predominante en su trayectoria vuelven a hacer gala en esta veintena de canciones que, entre altibajos, nos dejan entrever que el artista ya ha hecho y continuará haciendo historia (para quien no lo supiera aún).

Up

  • Los temas donde Kanye se abre sin pudor ni filtro, exponiendo sus errores y cuestionando su propia autodeterminación ególatra, como sucede en “Real Friends” o “Saint Pablo”.
  • Las rupturas musicales que interrumpen los temas. Parecen totalmente arbitrarias, y esa es la gracia.
  • La energía rebosantemente comercial que denotan algunos de los temas, siendo el paradigma de esto “Father Stretch My Hands Pt. 1”.

Down

  • Si musicalmente el disco nunca se hace repetitivo, temáticamente West recurre constantemente a los mismos lugares.
  • No es este el disco más acertado, líricamente hablando, de Kanye, precisamente.